martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Noemí y Juan Manuel: ¡Únanse!
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jueves, 29 de abril de 2010
martes, 27 de abril de 2010
Encuesta Rápida
Encuesta Rápida: ¿si usted fuera presidente de Colombia, extraditaría a Alvaro Uribe Vélez? responda sí, no o no sabe. |
sábado, 24 de abril de 2010
Soneto a los párpados de Juan Manuel Santos...
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jueves, 22 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
El Efecto Gossaín
El efecto Gossaín Mauricio Rodríguez Amaya Apoye esta nota con http://www.youtube.com/watch?v=oLucvgmXVNI Hace pocos días, Juan Gossaín, Director de noticias de RCN, presentó en su editorial matutina, su opinión sobre el escándalo producido por la interceptación ilegal del DAS, su papel de persecución a la oposición y su capacidad para crear la hecatombe que buscaba Uribe para su segunda reelección. El veterano periodista colombiano, en un ataque sorpresivo de ética, después de prestar sus servicios por años al canal radiofónico del régimen, mostró la radiografía de la seguridad democrática: terrorismo de estado, montajes, sabotajes y desprestigio social y jurídico a los opositores del uribismo. Sorpresa para la mayoría, que durante años hemos escuchado al periodista preferido de San Bernardo adular a gobernantes de turno, uno por uno, a esconder verdades para favorecer posturas oficiales, a vivir del chiste mientras el país se sume en sus tristezas. Desconcierto para sus jefes y émulos, por semejante respuesta con tan alto grado de dignidad y estoicismo, en medio de tanto periodismo bursátil y de bolsillo. Juan Gossaín es un periodista colombiano que además de contar con una mente brillante y una oratoria métrica, rigurosa y creativa, ha servido juiciosamente a la prensa de los Ardila Lulle por más de 20 años, fue Pastranista hasta cuando tocó y ha sido Uribista mientras los dueños de la marca lo definan. Ahora, precisamente ahora, cuando está en pleno debate la concesión del tercer canal de Televisión y los intereses de la casa Santos (cuyo candidato presidencial es precisamente el del gobierno) y los de los socios de RCN están enfrentados, Gossain se despacha en denuncias y señalamientos sobre la función del DAS como aparato del gobierno para confrontar la oposición a partir de operaciones, estrategias y acciones que el mismo periodista califica de monstruosas. Pero supongamos que este detalle empresarial no tiene ninguna influencia sobre la opinión del editorialista, y que efectivamente su opinión es el reflejo de un acto de estupor y vergüenza. Si Juan Gossaín, que ha servido tan disciplinadamente a los intereses de los medios que construyeron el efecto que Amnistía Internacional denominó El embrujo autoritario; que ha servido a los medios que mantienen postrada la opinión pública a favor del régimen impuesto por el finquero; que han contribuido al señalamiento de la oposición y alimentar el odio contra los vecinos; si Juan Gossaín logró ver y entender las macabras operaciones de la oficina de seguridad del presidente y fue capaz se plantear la necesidad de superar el estado de manipulación, zozobra y engaño impuesto por el ubérrimo, ¿porqué no atrevernos a pensar que otros miles de colombianos y colombianas, igualmente frustrados y estupefactos puedan cambiar de opinión a favor de los cambios que requiere el país, para poder superar toda la porqueriza impuesta en los últimos 8 años de corrupción, persecución antidemocrática y falsos positivos?. En Perú fue posible un cambio que permitió llevar a la cárcel a Fujimori y a Montesinos. Si en Colombia hay gente decente, del tamaño de este Gossain que hoy nos sorprende, ¿por qué no incentivar su participación para que cambiemos el rumbo de la historia, y en un futuro próximo puedan ir a la cárcel los ubérrimos, sus respectivos santos y los JoséObdulios? Quizás Gossaín no votará por Petro, que sería lo más consecuente con su nueva postura. Pero es posible que, apoyados en el material del periodista, impulsemos a más personas a acompañar el proyecto del Polo en las elecciones presidenciales de mayo. Aún no hemos perdido y queda por venir la próxima batalla. |
miércoles, 7 de abril de 2010
Por que Mockus?
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martes, 6 de abril de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
viernes, 26 de marzo de 2010
Reflexiones que podrían ser para tu blog, si te parece
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jueves, 25 de marzo de 2010
Ley Conmutativa
mauricio Rodríguez Amaya Ley Conmutativa |
¡Todo sobre la Liga Mexicana de fútbol!
Estadísticas, resultados, calendario, fotos y más:
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viernes, 12 de marzo de 2010
Gloria, Hernando y Lucho: un Voto decente

Gloria, Hernando y Lucho:
No es un voto seguro, pero sí decente
Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com
En una democracia marginal como la nuestra, mucha gente se orienta por lo que la gran prensa indique, y si es en temas electorales, muchos y muchas optan por votar por el más seguro, dizque con el propósito de “no perder el voto”. De las consecuencias de este desatino ni hablar. Mi voto no será seguro, (porque la competencia está durísima) pero será un voto de conciencia, un voto decente, una apuesta por personas que harán mucho por recuperar la democracia, luchar por la paz y cambiar el rumbo de un país que está quedando en ruinas.
Al Senado, votaré por Gloria Inés Ramírez; maestra, dirigente sindical, excelente madre e intachable comunista. Ella representa una mirada honesta y una práctica ejemplar de la política de la izquierda colombiana. Gloria Inés Ramírez, es una mujer valiente que ha sufrido las asechanzas del régimen; que vivió el exilio, pero volvió para enfrentar con la frente en alto el poder del ubérrimo desde el Senado de la República. Este será su segundo periodo en el parlamento y estoy seguro que no dará el brazo a torcer en la defensa de los derechos y la paz.
A la Cámara por Bogotá, votaré por Hernando Gómez Serrano; entrañable amigo, orador inagotable, gran conversador y con un excepcional conocimiento sobre la realidad del país, la región y Bogotá. Cualquiera que se haya gozado una conferencia de Hernando Gómez Serrano sobre megaproyectos, planes estratégicos o sobre el POT de la capital, o quien haya tenido el gusto de caminarse la ciudad con él, con sus historias y sus enseñanzas, la tendrá difícil si piensa votar por otro. Si llega a la Cámara, no tengo duda que hará historia en el Parlamento colombiano.
Votaré con Lucho en la consulta presidencial del Partido Verde; porque ha sido un político honesto; reversó la privatización de la educación y la salud durante su alcaldía de Bogotá, y porque habla sin rodeos, directo al hígado, y con la frescura de quien no tiene nada que temer, ni nada que deber. Lucho, de ganar la consulta, le dará un tono nuevo a esta campaña presidencial, tan aburrida y prefabricada.
Colombia requiere que su congreso funcione en el Parlamento y las regiones y no la Picota, que los legisladores y legisladoras trabajen para que se fortalezca la democracia y no para servir de escuderos del presidente de turno. Colombia puede cambiar de rumbo; esta decisión está en las manos de cada uno y cada una de los votantes. El reto es duro, pero no imposible.
jueves, 4 de marzo de 2010
Bogotá Está parada, y el alcalde ahí



Bogotá está parada, y el alcalde ahí
Son varias las causas: un gremio que se niega a regalarse a los monopolios, una ciudadanía que no asume una postura frente a los hechos, una ciudad repleta de carros, trancones obras inconclusas y un alcalde inútil.
Por: Despertandogente
Me permito proponer algunos puntos de vista sobre los factores que en este momento tienen paralizada la ciudad y algunas propuestas que pudieran servir, no para solucionar el problema, sino para enredar un trisito más la cuerda.
En primera medida, los autodenominados pequeños empresarios del transporte público en Bogotá, constituyen uno de los gremios (por no decir mafias) más fuertes de la capital. Cada alcalde pasa primero por ellos, luego por los votos. Viven del trabajo al destajo de los choferes; no pagan impuestos de acuerdo con el valor real de sus rentas, porque sencillamente no se pueden medir sus ganancias en la forma como actualmente está organizada la prestación de su servicio; gozan de un negocio redondo: Invierten en un bus, y en adelante viven de quienes se ven obligados a comprarles el cupo, llevarles diaria o semanalmente las ganancias, mantener el vehículo y asumir los partes que les claven al día. Un chofer de bus se gana 40 pesos por pasajero, el resto queda en los bolsillos del humilde dueño del busesito. Pero ahora andan preocupados; los monopolios del transporte vienen por todo en Bogotá, se cansaron de tanta estorbosa máquina que inunda las calles sin que representen ganancias para ellos. El monopolio es la clave de la estructura económica que defienden alcalde y ministro tan aunadamente. Los pequeños andan preocupados, porque están amenazados de salir del baile, y han decidido parar hasta que las condiciones de su absorción por los más poderosos se haga en unas condiciones de mayor rentabilidad. Los propietarios por sus números, los choferes por orden del patrón y los demás por que les toca, tienen parada a la ciudad, hasta que el más rico les diga bueno, o el alcalde ceda en su pretensión de venderlos con todo y chatarras.
El segundo factor, en mi opinión más grave, consiste en una ciudadanía desmovilizada, pero no por la falta de buses sino por el exceso de opinión pública, que es el nombre real de la falta de opinión propia. Una ciudadanía que se deja manipular sin escrúpulo de los errecenes o los caracoles que les cantan al oído que el paro es producto del terrorismo, que los vándalos son hijos de choferes, y que el pobre ministro vino a salvar al alcalde inútil de tan inmisericorde porfía. Hacer paros en estos días, ¡a quien se le ocurre, en medio de tanta seguridad democrática! ¡Por Dios!. Ciudadanos y ciudadanas que cierran los sentidos a la realidad, se cuelgan de lo que sea para llegar al trabajo, caminan horas enteras por el miserable mínimo que impuso el gobierno en diciembre. Se creen el cuento mentiroso de alcalde y noticieros de que el paro se levantó el martes, y el miércoles y ahora sí mañana. Ciudadanos y ciudadanas que no opinan, que son materia dócil y manipulable del dictamen que se generaliza en las cadenas de radio y en la televisión. Qué podríamos hacer para que entiendan de una vez por todas que estamos en paro. En paro, sencillamente así: En paro.
Del tercer factor de inmovilidad, ni hablar: basta ir por la décima, la del trancón eterno; o ver la desastrosa desaparición de la calle 26, la misma que construyó el abuelo del alcalde inútil; por cada calle un trancón, por cada obra inconclusa cientos de carros y miles de personas soportando con hastío el inmenso mar de autos inmóviles y contaminantes. No es dignidad, ni se puede llamar calidad de vida, la manera absurda como los bogotanos y bogotanas deben soportar las obras que exige el progreso. Del metro ni un centímetro, del Sistema de Integrado, solo desintegración de los más chiquitos a favor del pez grande, de la fase tres del Transmilenio solo el desfase en la entrega de las obras. Las calles de barro siguen siendo de barro, invertimos en echar el cemento sobre el cemento; el gobierno está decidido a montar como sea, al costo que sea, la infraestructura que requieren las multinacionales para que Bogotá sea un puerto de paso de mercancías y materias primas; vemos sin mirar y la vista no nos alcanza para comprender que a los gobiernos de Uribe y de Samuel les importa un bledo la indignidad de los bogotanos, el abuso diario y la falta de planeación efectiva a favor de los pobres.
Y por último, pero no menos importante: Bogotá está paralizada por un alcalde inútil. Este personaje mediático y desinteligente (como diría el filólogo y comentarista Carlos Antonio Vélez), no le importa la ciudad sino su imagen. Esta es la hora en la que el alcalde no ha asistido a ninguna reunión directa con los transportadores. Tiene a funcionarios de segunda y de tercera, en la mesa de negociación, en la que no se puede negociar porque no está el dueño de la marca. Este alcalde mediocre, entregó millones de millones a los amigos del ministro Andrés (el de transporte, aclaro), para que se llenaran los bolsillos sin que cumplieran con sus respectivas concesiones. Este galán de poca iniciativa, no atiende a los problemas de la gente, los agrava; aplica picante para bajar el reconcomio. Cansada la gente de trancones y trancones, él se inventa otros para que no exista duda sobre su estupidez. El alcalde inútil tiene la ciudad parada por las obras y la falta de capacidad para enfrentar con altura una negociación de intereses económicos. Pero, para completar, ha decidido sitiar la ciudad con los chapetones del ESMAD y el ejército (no ha podido meter la armada, porque las pirañas no caben por el Arzobispo). Más violencia en las calles; provocadores profesionales que a nombre de la Ley y el orden público, pueden, en cuestión de minutos, fomentar la más enconada batalla campal, claro, unos a piedra y ellos a bala, como debe ser, en un estado de derecha. El alcalde de Bogotá no renuncia (aún), pero tampoco busca alternativas para volver a la normalidad. Cerrado a la banda por la legitimidad que le ofrece la violencia oficial, anda amenazando a los huelguistas, a los mismos que no ha querido escuchar directamente. Bogotá está sitiada, amenazada y en paro; y el alcalde ahí, mirando pasar la vida desde el Liévano, sin atreverse a constatar con sus propios ojos lo que ya se le salió de las manos: la ciudad entera.
Las soluciones realmente son pocas: una podría ser que el Alcalde cesara en su intento de vender los pequeños a los grandes a precios irrisorios y ridículos; pero esto lo metería en problemas con los monopolios y su amigo el ministro. Otra podría ser que el alcalde renunciara, para que el Polo tuviera tiempo de corregir en algo la mediocridad y el daño; pero los costos políticos ya son insalvables, y mientras se hunde el alcalde en su tontería, se entierran con él las posibilidades de que el Polo demuestre que es capaz de gobernar la ciudad más importante de Colombia.
Por donde se vea las opciones son pocas, y parece que por hoy, la gente seguirá echando quimba la mitad del día, los taxistas seguirán haciendo de las suyas, aprovechándose del cansancio y las necesidades de sus pasajeros; Los pequeños transportadores seguirán en la casa o en las barricadas, y la prensa seguirá insistiendo en que el paro ya fue levantado. Sobre el alcalde inútil, no tenemos la menor idea a que dedicará el día; seguramente estará en la casa, con su mamita, esperando que se levante el paro.
martes, 16 de febrero de 2010
Uribe es nocivo y perjudicial para la salud. Decreto-Ley 129 de Enero de 2010
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GRACIAS PRESIDENTE URIBE

Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade todo su gabinete.
Contrario a lo que piensan algunos desconsiderados que lo tildaron de populista por su noble intención de visitar Haití, yo no sólo estoy de acuerdo con que el presidente Uribe viaje a ese país, sino que creo que debe instalarse allá por varios años.
Sé que es un gran sacrificio para Colombia, pero entendámoslo: ya gozamos el privilegio de tenerlo durante dos períodos y ahora es justo compartirlo con otros países que también merecen salir del subdesarrollo.
Seamos solidarios de verdad. Haití necesita una ayuda verdadera. No se trata de pequeños paliativos: no se trata de que Galy Galiano organice un concierto en beneficio de los haitianos o de que Claudia Hoyos vuelva a vestirse de pilandera para recaudar fondos. Sé que en Colombia sobra gente solidaria como Marlon Becerra, que seguramente ofrecerá diseños de sonrisa a los damnificados con muy buenos descuentos.
Pero no nos engañemos: esas no son ayudas estructurales. Son limosnas. El único de esos gestos que me parece justificable es el de René Higuita, que aprovechará su partido de despedida este domingo para recaudar fondos que ayuden en la reconstrucción de Haití; a su vez, unos damnificados jugarán fútbol en Puerto Príncipe para recaudar fondos que ayuden a la reconstrucción de René Higuita.
Salvo ese caso, los demás son débiles.. Si el propósito verdadero es hacer de Haití ya no digamos un pueblo que supere un terremoto, sino un país moderno, que ingrese al Primer Mundo y que respete las leyes y la Constitución, no podemos ser mezquinos: debemos desprendernos del presidente Uribe y compartirlo con ellos.
No es fácil para mí solicitarlo. Lo hago reteniendo las lágrimas. Pero su misma doctrina me enseñó a tener el corazón grande, y por eso tomo impulso para decírselo:
Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade a todo su gabinete a esa tierra devastada para sacarla adelante.
No deje uno solo de sus ministros acá, salvo, quizás al de Hacienda: la mueca de tragedia con la que siempre anda es lo que menos necesitan ver los damnificados en estos momentos.
Salvo él, vaya con todos.
Y aplíquele a ese sufrido pueblo la misma receta milagrosa con que cocinó nuestro despegue definitivo.
Ordénele al ministro de Obras que inicie las tareas de reconstrucción de Puerto Príncipe cuanto antes; que construya autopistas y carreteras de doble calzada; que edifique rápidamente el aeropuerto, tal y como lo hizo con el de Bogotá; solicítele que haga todo de forma clara y expedita a través de unas licitaciones transparentes que pueda ganar el doctor William Vélez. Porque el doctor Vélez también debe ir allá, a Haití, a colaborar con su ímpetu empresarial.
Para apaciguar socialmente a la población, convenza a el 'Píncher' Arias de que retire su candidatura y se vaya con usted a organizar la repartición de tierras: que otorgue subsidios y expida incentivos a los menos necesitados para que en Haití reine la paz social.
Llévese a Tomás y Jerónimo para que ayuden a organizar el asunto de las basuras; anime a César Mauricio Velásquez para que evangelice a la población, casi toda entregada al vudú; pídale a Luis Carlos Restrepo que trate siquiátricamente a las víctimas del terremoto; convoque a los hijos de Name, de Dáger, de Turbay, para que ocupen las embajadas de Haití en el mundo, y lo representen con dignidad y preparación.
Y llévese a Valencia Cossio, Presidente, que seguro le será útil. Él ya estuvo una vez allá, ayudando: trepado en una de las bases de un helicóptero, con el mechón canoso trepidando en el aire, tiraba a manos llenas raciones de comida y demás estímulos, como si allá abajo no hubiera damnificados sino congresistas de la U.
Lo hizo con tanta destreza, que vale la pena que se instale del todo en Puerto Príncipe y reeduque a la clase política de Haití: que les enseñe a ser decentes, a no comprar apoyos, a no ser nepotistas.
Presidente: váyase con los detectives del DAS, que son expertos en chuzar y pueden servir para poner vacunas; y llévese, de paso, a algunos miembros de las Fuerzas Armadas: estoy seguro de que encontrarán en esa isla gran materia prima para sus próximos falsos positivos.
Aproveche que la doctora Guerra acaba de dejar el ministerio y llévesela para allá, que Haití merece tener un satélite propio; y permita que con ella se instale la Comisión Nacional de Televisión, que ese sufrido pueblo merece entretenerse con un canal, y sólo ellos pueden hacerlo realidad.
Allá hay bastante prado, Presidente, para que monte a caballo; y bonitos ríos, para que chapotee en ellos con todo su gabinete.
Quedaremos a la deriva, es cierto; y nadie podrá reemplazarlo. ¿Juan Manuel Santos, acaso? No, Presidente: nos sacrificamos de nuevo: es mejor que se lo lleve con usted, para que ayude a recuperar la seguridad de la isla. Ellos lo necesitan más que nosotros. Acá ya todo está bien a ese respecto.
Presidente Uribe: sabemos que no le gusta descansar. Y usted ya ha hecho demasiado por nosotros. Siga trabajando, ni más faltaba; pero esta vez ya como un prohombre internacional, más allá de las fronteras. Será duro para los colombianos. Pero comprenderemos con estoicismo que la luz de su faro debe alumbrar otras aguas; más ahora, cuando el agua está tan cara.








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