martes, 4 de mayo de 2010

10 razones para votar por Santos

 
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lunes, 3 de mayo de 2010

Noemí y Juan Manuel: ¡Únanse!


 
Noemí y Juan Manuel: ¡Únanse!
Por Daniel Samper Ospina


Juan Manuel me preocupa. Esta semana salió con poncho y sombrero aguadeño. Ya se está disfrazando de Uribe.
 

El uribismo hace agua y el espectáculo es deprimente: ¿cómo creen que nos sentimos nosotros, los uribistas de toda una vida, los que creemos que merecemos un subsidio agrícola, una embajada, al menos una notaría, al ver cómo se insultan entre sí Juan Manuel, Noemí y 'el Pincher' Arias? ¿No merecíamos un final menos miserable?

Por eso, me permito convocar una alianza para que no perdamos el poder. De lo contrario ganará Mockus y no me quiero imaginar lo que sería un gobierno suyo, decente y libre de escándalos y de politiquería: sería casi tan aburrido como irse de puente a una finca con Rafael Pardo: ¿de qué habla uno? ¿Qué se puede decir?

No permitamos que naufrague el uribismo. Debemos congregarnos. Llamo a la mesura. Noemí sugiere que Juan Manuel es un mentiroso; Juan Manuel sugiere que Noemí es una imbécil; Noemí no se retracta de decirle ladrón al 'Pincher': señores, ¡cálmense! No peleen por eso, que todos tienen la razón; a todos los asiste la verdad.

Mejor consolidemos nuestra alianza. Mi primer clamor es por la unión de Noemí y Juan Manuel: ¡únanse! ¡Junten sus ideas! Aprovechen que ambos son unos verdaderos animales políticos, aunque Noemí sea un poco más animal que Juan Manuel.

Desunidos nos derrotan y se nos viene la hecatombe: nos investigan a todos. Le quitan la embajada a Édgar Perea. José Obdulio queda desempleado. El cultivo de palma se viene abajo. Le dan la concesión de las carreteras a contratistas que sí las saben construir, y no a nuestros amigos.

En definitiva, lo perdemos todo. No lo permitamos. Llamemos a las fuerzas vivas del Partido Conservador; rescatemos a José Galat, que se retiró a la vida académica: ahora hace parte de la muestra de Bodies. Él mismo se donó. Lo pusieron en el ala derecha de la exposición, con los dedos en V, como salía en su propaganda. Traigámoslo de vuelta para que adhiera a Juan Manuel y se sume a esa histórica fotografía en la que, como prueba de que la suya es la campaña de la renovación, el candidato sale acompañado del hijo de Laureano Gómez, la hija de Mariano Ospina, el hijo de Guillermo León Valencia y el hijo de Antonio José Amar y Borbón, entre otros adolescentes que representan un aire nuevo y que son contemporáneos entre sí.

Reconozcamos con valor que vamos por mal camino. Miremos a Noemí. Ya comenzó su derrumbe. La verdad es que sus asesores no han podido ser más torpes. Vean al vicepresidente que escogieron. El de Santos, al menos, suma votos: cualquiera sabe que Angelino Garzón captura el sentir del colombiano belfo, que es casi el 38 por ciento de la población.

En cambio, la fórmula de Noemí no podía ser más insulsa. ¿Cómo nombran a un gordito desconocido como vicepresidente, en vez de poner a alguien que de verdad le sea útil a la candidata? Yo habría puesto a Norberto, el estilista. Con Norberto, Noemí hubiera neutralizado a Fajardo, que vive obsesionado por su pelo, parte fundamental de su pinta de arquero, ahora suplente; y el país habría evitado que ella tuviera una costosa nómina paralela de peluqueros y manicuristas. Con ese ahorro se podría solucionar la crisis de vivienda social. Habría sido una jugada responsable y hábil a la vez.

Ahora bien: Juan Manuel también me preocupa. Se le comienza a notar el desespero. Esta semana, para no ir más lejos, salió vestido con poncho de arriero y sombrero aguadeño. Ya se está disfrazando de Uribe: ¿es eso de adultos? ¿No podría asumir su temperamento de camaleón con algo más de dignidad?

Y lo digo con cariño, porque lo quiero de verdad. Pero pobre: está a minutos de vestirse con un frac ombliguero, hablar con acento paisa y decir que Jorge Noguera es un buen muchacho con tal de ganar las elecciones.

Pero no las va a ganar. Y no lo digo por su físico, con el cual, faltaría más, no me meto: sería de mal gusto. Creo que cualquier persona está en su derecho de someterse a una rinoplastia, aunque habría sido más prudente no hacer campaña en pleno posoperatorio. Era mejor esperar a desinflamarse. No lo digo por eso, sino porque se empieza a notar que de candidato es aun menos carismático que de ministro.

Amigos uribistas: hacemos agua. Clamo por la unidad. Demostremos que, juntos, somos mejor opción que los verdes: ¿ahora resulta que el Twitter, el Facebook y demás pendejadas de esas son más efectivas que el voto amarrado, la prebenda y todos nuestros sistemas de hacer política? ¡Nada de eso! Sería una vergüenza que el uribismo sea derrotado por un poco de universitarios, de intelectuales, de ciudadanos ordinarios que no tienen ganados ni sembradíos ni temen a la hecatombe. ¡Convoquemos, pues, a nuestros gamonales! ¡Llamemos a nuestros caciques de provincia, a los pastores cristianos, a los cabezas rapadas, a la gente del Opus Dei: a todos los nuestros! ¡Invoquemos todas las fuerzas del uribismo! ¡Todas! Juntémonos con el PIN si es preciso; con 'la Gata', si es necesario. Y unamos la potencia de los congresistas que los apoyan por separado, y que son grandes gendarmes de la moral y de la ética: ¡doctor Omar Yepes, salve la patria! ¡Trabaje con el doctor Name! ¡Doctor Gerlein: saque esto adelante con Piedad Zuccardi!

Amigos uribistas: evitemos la derrota a toda costa. Aún estamos a tiempo de reaccionar. Aprovechemos que somos, antes que nada, unos reaccionarios.



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    martes, 27 de abril de 2010

    Encuesta Rápida

    Encuesta Rápida:
     

    ¿si usted fuera presidente de Colombia, extraditaría a Alvaro Uribe Vélez?

    responda sí, no o no sabe.
     
     

     

    sábado, 24 de abril de 2010

    Soneto a los párpados de Juan Manuel Santos...

    Soneto a los párpados de Juan Manuel Santos

    Por Daniel Samper Ospina
    (Emitido Hoy x Hoy 23/04/10)


    Opérate los párpados, doctor:
    Respíngate de nuevo aquellas ñatas:
    Oh Juan Manuel del tiempo que abaratas
    Tus posturas postizas sin color.

    Ponte una U en las cejas tan bonitas,
    Consigue un senador azul y rojo
    Inflámate las bolsas de los ojos
    Y usa delineador si no te irritas.

    ¿Te me estás operando como en Jaque
    esta vez en tus ojos y en su empaque
    de párpados henchidos como espantos?

    Qué miedo y qué postizo tu gobierno
    Parecido a tus párpados de invierno
    Parecidos a ti, Juan Manuel Santos

    martes, 20 de abril de 2010

    El Efecto Gossaín

    El efecto Gossaín

     

    Mauricio Rodríguez Amaya

    www.bajolamole.blogspot.com

     

    Apoye esta nota con

    http://www.youtube.com/watch?v=oLucvgmXVNI

     

    Hace pocos días, Juan Gossaín, Director de noticias de RCN, presentó en su editorial matutina, su opinión sobre el escándalo producido por la interceptación ilegal del DAS, su papel de persecución a la oposición y su capacidad para crear la hecatombe que buscaba Uribe para su segunda reelección.  

     

    El veterano periodista colombiano, en un ataque sorpresivo de ética, después de prestar sus servicios por años al canal radiofónico del régimen, mostró la radiografía de la seguridad democrática: terrorismo de estado, montajes, sabotajes y desprestigio social y jurídico a los opositores del uribismo. Sorpresa para la mayoría, que durante años hemos escuchado al periodista preferido de San Bernardo adular a gobernantes de turno, uno por uno, a esconder verdades para favorecer posturas oficiales, a vivir del chiste mientras el país se sume en sus tristezas. Desconcierto para sus jefes y émulos, por semejante respuesta con tan alto grado de dignidad y estoicismo, en medio de tanto periodismo bursátil y de bolsillo.

     

    Juan Gossaín es un periodista colombiano que además de contar con una mente brillante y una oratoria métrica, rigurosa y creativa, ha servido juiciosamente a la prensa de los Ardila Lulle por más de 20 años,  fue Pastranista hasta cuando tocó y ha sido Uribista mientras los dueños de la marca lo definan. Ahora, precisamente ahora, cuando está en pleno debate la concesión del tercer canal de Televisión y los intereses de la casa Santos (cuyo candidato presidencial es precisamente el del gobierno)  y los de los socios de RCN están enfrentados, Gossain se despacha en denuncias y señalamientos sobre la función del DAS como aparato del gobierno para confrontar la oposición a partir de operaciones, estrategias y acciones que el mismo periodista califica de monstruosas. Pero supongamos que este detalle empresarial no tiene ninguna influencia sobre la opinión del editorialista, y que efectivamente su opinión es el reflejo de un acto de estupor y vergüenza.

     

    Si Juan Gossaín, que ha servido tan disciplinadamente a los intereses de los medios que construyeron el efecto que Amnistía Internacional denominó El embrujo autoritario; que ha servido a los medios que mantienen postrada la opinión pública a favor del régimen impuesto por el finquero; que han contribuido al señalamiento de la oposición y alimentar el odio contra los vecinos; si Juan Gossaín logró ver y entender las macabras operaciones de la oficina de seguridad del presidente y fue capaz se plantear la necesidad de superar el estado de manipulación, zozobra y engaño impuesto por el ubérrimo, ¿porqué no atrevernos a pensar que otros miles de colombianos y colombianas, igualmente frustrados y estupefactos puedan cambiar de opinión a favor de los cambios que requiere el país, para poder  superar toda la porqueriza impuesta en los últimos 8 años de corrupción, persecución antidemocrática y falsos positivos?. En Perú fue posible un cambio que permitió llevar a la cárcel a Fujimori y a Montesinos. Si en Colombia hay gente decente, del tamaño de este Gossain que hoy nos sorprende,  ¿por qué no incentivar su participación para que cambiemos el rumbo de la historia, y en un futuro próximo puedan ir a la cárcel los ubérrimos, sus respectivos santos y los JoséObdulios?

     

    Quizás Gossaín no votará por Petro, que sería lo más consecuente con su  nueva postura. Pero es posible que, apoyados en el material del periodista, impulsemos a más personas a acompañar el proyecto del Polo en las elecciones presidenciales de mayo. Aún no hemos perdido y queda por venir la próxima batalla.

     


     

    miércoles, 7 de abril de 2010

    Por que Mockus?


    ¿POR QUÉ MOCKUS?

    L.A. Restrepo

    Casi estoy siendo arrollado por una desbandada: muchos amigos de diferentes oficios —comerciantes, académicos, profesores, estudiantes, uno que otro profesional, uno que otro trabajador— corren frenéticos hacia el regocijante abrazo del Doctor Antanas Mokus. Un muy educadamente violento griterío emerge del tumulto "A la violencia y la corrupción hay que combatirlas con cultura ciudadana. Para lograrla se requiere de la pedagogía de un maestro. Por tanto, el próximo presidente debe ser un político que, aunque mal político, haya sido profesor y que hable de cultura ciudadana: ¡la inteligencia al poder, muerte a los corruptos!" así, con un tufillo raramente profesoral y típicamente dogmático.

    Interesante el discurso aquel: para resolver todos los problemas de Colombia necesitamos un maestro que nos enseñe cultura ciudadana. Así como, hace ocho años, necesitábamos un padre que nos protegiera de los malos. Y así como hace doce años necesitábamos de un santo que nos trajera la paz. Quedo con la sensación de estar siendo burlado por ciertas manipulaciones no carentes de astucia: como el santo no trajo la paz, el padre trajo la guerra para expulsar al malo. Una vez expulsado el malo ahora queremos al maestro para que nos enseñe a ser buenos muchachos.

    Pues no creo que el padre haya expulsado al malo porque no creo que ese malo exista como tal y, además, la guerra que se propuso terminar continúa con diferentes intensidades. Y no creo que los problemas del país los resuelva la cultura ciudadana que un maestro viene a enseñarnos. Si todos estamos de acuerdo con que la cultura ciudadana es la solución ¿Por qué pensamos que es a los otros a los que hay que educar? En otras palabras ¿por qué no hemos empezado con nosotros mismos? Llega a mi mente el proyecto de Germania, la capital del Tercer Reich: una ciudad perfecta con buenos ciudadanos y calles limpias de basura, polución, corrupción y violencia; toda edificada sobre bella mampostería de mármol esculpido por esclavos gitanos y judíos, tan anónimos como en su momento los cartuchinos del parque Tercer Milenio.

    Soy un convencido de que las materias de religión y ética en los colegios y en las universidades no sirven para enseñar ni ética ni moral. Si no funciona en un aula de clases, mucho menos en un país tan grande, diverso y complejo, al cual se quiere convertir en un gran paraninfo. Quiero decir que la cultura ciudadana, así como la ética o la moral, no se enseñan como se enseñan aritmética o física moderna; el que quiera resolver los problemas del país con cultura ciudadana debe empezar practicándola, y para eso no necesita a un presidente que se lo enseñe.

    En cambio creo que para resolver esos problemas, que son en esencia problemas políticos, debe atacárselos con soluciones políticas. Las soluciones espirituales a los problemas espirituales serán posibles por cambios en la cultura, cambios que no dependen de un Presidente. Empero, las soluciones políticas en Colombia sólo se construyen cambiando la ruta de los acontecimientos políticos actuales, que son los mismos de hace más de 40 años. Por ello a todos mis amigos que corren a los lejos hacia la montaña verde, les digo que su algarabía tumultuaria no me inclinará a votar por el buen Mokus. Votaré por Petro.


    viernes, 26 de marzo de 2010

    Ser Falso es Positivo



    Ser Falso es Positivo

    Reflexiones que podrían ser para tu blog, si te parece

    ¿Qué heredamos de la cultura precolombina en territorios de América?

     

    Manuel Caicedo Paz

    Santiago de Cali

    Programa Camino al Barrio, TV Comunitaria

    www.bajolamole.blogspot.com

     

    Si nos atenemos a lo fundamental, espectacular y grandilocuente de las instituciones políticas que nos rigen, ¡nada! Los vencedores suelen siempre -como ocurre nada más hoy con los asentamientos judíos en territorios palestinos ocupados a sangre y fuego-, borrar en lo posible todo vestigio del pasado, fundamentalmente con dos objetivos: a) impedir que la persistencia de las estructuras preexistentes esté recordando la infamia, y b) aplicar borrón y cuenta nueva en el devenir histórico de la comunidad agredida. Al fin y al cabo, toda invasión y arrasamiento de otro pueblo parte de considerarlo inferior, atrasado, y en consecuencia el ingreso triunfal de la contraparte no solo es una azaña militar transitoria sino, en esa lógica, el advenimiento del progreso, la civilización, la forma de vida superior. Ninguna agresión contra otras naciones suele justificarse en la idea de llevar el atraso, la pobreza y la decadencia, sino en valores absolutamente trascendentes, épicos (Testigo de excepción Don Alonso de Ercilla, escritor monarquista del siglo xvi, y su largo poema La Araucana).

     

    El caso de la presencia europea en América da cuenta cabal de estas dinámicas: más allá del anecdotario casi fabuloso en que se ha convertido la perplejidad de conquistadores y avanzados ante la majestuosa y exuberante naturaleza americana, lo cierto es que, a poco andar por estas tierras, y cuando aún no se hibridaba la sistemática resistencia que años después habría de caracterizar la historia continental de aquellos tiempos -es decir, cuando aún era posible, digamos ingenuamente, establecer vínculos de amistad propuestos en la mayoría de los casos por el liderato de los pueblos invadidos, como Anacaona y Caupolicán, para no ir más lejos-, el asombro cuasi místico no debió impedir a los civilizados ocupantes apreciar en toda su magnitud la colosal proeza arquitectónica, sanitaria, política, social, cultural y religiosa -atenida esta última a sus dioses tutelares- creada por quienes -¡oh ironía!- habría de tildárseles luego como bárbaros, déspotas, incultos, paganos y otros epítetos del vademécum imperial, arma poderosa del dominio posterior.

     

    Vista semejante imponencia de las formas -remember Machu Pichu, Tlaxcala, Guatemala, Santa Martha y más portentos-, y en ellas la estricta aplicabilidad de sus meandros -tempranísima versión de arquitecturas funcionales posmodernas-, cualquiera con dos dedos de frente debió intuir que se encontraba ante civilizaciones avanzadas, solo posibles entre hombres y mujeres de elevada inteligencia, vasta formación tecno/científica, arraigados hábitos de trabajo y esfuerzo, así como sólidas formas políticas que, en conjunto, traducían estables y progresistas sociedades.

     

    España, que sufría una insoportable guerra de diez siglos con la vecindad extra continental morisca -de la que había recibido, aún a troche y moche, ingentes aportes culturales en lo hablado, pulido y construido-, bien habría podido remozar sus ímpetus de potencia cultural y espiritual disminuidos en la prolongada contienda, e incorporar buenamente, a su atractivo acervo multiétnico, esta ignota resonancia de colores rutilantes, que sin duda habría venido a iluminar la ya oscurecida y decadente mensajería espiritual de la península. ¡Goza la mente imaginando la enorme consecuencia positiva que habría resultado del sincrético proceso, en la formación de una más poderosa  civilización conjunta!

     

    Pero no fue ese el derrotero: rindiendo culto a los hados de la infamia, se procedió a preparar y ejecutar, fría y profesionalmente, una barbarie arrasadora -contra los bárbaros, vea usted- que no solo liquidó una inaudita herencia propiedad de la humanidad entera, sino que privó a esta de un nuevo advenimiento, de un nuevo florecer, cuyo potencial impacto en el destino humano está por medirse. La destrucción de todo vestigio en las civilizaciones invadidas, su reducción a monumentos para asombro de la humanidad contemporánea o -en el mejor de los casos- su débil referencia mediante tradición oral y lenguajes arqueológicos -tenue evocación cifrada que no consigue desentrañar la magnitud de la epopeya destruida- constituyó una pérdida -para no decir crimen, eludiendo lenguajes tremendistas- de la cual la humanidad ya no podrá reponerse.

     

    ¿Y que decir entonces de la herencia comportamental, ámbito de preocupación en nuestros días? ¡Enigma! Qué tipo de hombres y mujeres habrían resultado si el 14-92 hubiese resultado un verdadero encuentro de culturas, no es fácil de intuir; al fin y al cabo, tal personalidad así emanada recibiría sin esguinces la influencia del quehacer contemporáneo, en aras de cuyos dioses iracundos -mercado, individualismo a ultranza, egoísmo sin límites, hechizos héroes televisivos, abandono de utopías- habría ofrendado en holocausto buena parte de su construcción seglar. En cambio, brillantes creaciones sociológicas colectivistas -la minga, las borracheras y otros usos agoreros- apenas dejan asomar sus virtudes en hombros de necesidades cotidianas insatisfechas por grandes mayorías, manera de paliar en parte toda clase de carencias.

     

    ¿Cómo encontrar en el indigenato de hoy sumas alegrías a la manera occidental, tan arraigada ya en nuestra psiquis? ¿Cómo no cargar el peso de la terrible desconfianza hacia la mestiza y otras etnias, si se interrumpió abrupta, salvajemente su decurso histórico, sus instituciones políticas, su infraestructura y base económica pero, sobre todo, su vasta cultura milenaria, su música y otros goces del espíritu?

     

    Pero en la que hoy llamamos malicia indígena, mezcla de fingimientos, melancolías y provechos indebidos -dicen quienes indebidamente se aprovechan de toda riqueza societal-, de odios y resquemores, tiene también su cuota el escenario de la tal independencia: cuando ya es un hecho que el invasor ha sido derrotado por patriotas en armas -largo ciclo del reloj con que iniciamos esta nota-, acobardado como todo poderoso en batahola de sucesos victimiza a población civil y castiga su opinión, obligando al populacho a silencios espectrales, a diálogos por señas en las esquinas asediadas de la fría Santa Fe; abundan los falsos positivos por presuntos apoyos a la gesta de Bolívar, pero 1810 y los Morales rompen temporal y parcialmente esa modorra expresiva, despertando júbilos y juramentos contenidos que muy pronto, malaya sea, serán sofocados por la contraofensiva imperial. Será hasta los prolegómenos del agosto memorable, nueve años más tarde, cuando de nuevo la euforia permita explosiones de contento. Días antes, sin embargo, los rostros embozados en las ruanas y tupidos chales, los ojillos apenas asomados y perplejos, solo veían una densa polvareda que venía del norte, oliendo aún a Boyacá, sin saber quien regresaba: si el Ejército Libertador, vencedor del dicho puente,  o las hordas imperiales, triunfantes otra vez. La terrible incertidumbre de previas calendas numerosas dejaría su imborrable impronta en los siseos de dicción que, 140 años después, recogerá magistralmente el escritor mexicano Carlos Fuentes,  receptor consciente de esa herencia colosal. Tal siseo, mirando de reojo y no a la cara, medio cubierta con la mano derecha que porta la punta del chal, aumentará una gestualización inconfundible que tiene su remoto origen en la inenarrable opresión de posconquista.                                    

     




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    jueves, 25 de marzo de 2010

    viernes, 12 de marzo de 2010

    Gloria, Hernando y Lucho: un Voto decente


    Gloria, Hernando y Lucho:
    No es un voto seguro, pero sí decente



    Mauricio Rodríguez Amaya
    www.bajolamole.blogspot.com

    En una democracia marginal como la nuestra, mucha gente se orienta por lo que la gran prensa indique, y si es en temas electorales, muchos y muchas optan por votar por el más seguro, dizque con el propósito de “no perder el voto”. De las consecuencias de este desatino ni hablar. Mi voto no será seguro, (porque la competencia está durísima) pero será un voto de conciencia, un voto decente, una apuesta por personas que harán mucho por recuperar la democracia, luchar por la paz y cambiar el rumbo de un país que está quedando en ruinas.

    Al Senado, votaré por Gloria Inés Ramírez; maestra, dirigente sindical, excelente madre e intachable comunista. Ella representa una mirada honesta y una práctica ejemplar de la política de la izquierda colombiana. Gloria Inés Ramírez, es una mujer valiente que ha sufrido las asechanzas del régimen; que vivió el exilio, pero volvió para enfrentar con la frente en alto el poder del ubérrimo desde el Senado de la República. Este será su segundo periodo en el parlamento y estoy seguro que no dará el brazo a torcer en la defensa de los derechos y la paz.

    A la Cámara por Bogotá, votaré por Hernando Gómez Serrano; entrañable amigo, orador inagotable, gran conversador y con un excepcional conocimiento sobre la realidad del país, la región y Bogotá. Cualquiera que se haya gozado una conferencia de Hernando Gómez Serrano sobre megaproyectos, planes estratégicos o sobre el POT de la capital, o quien haya tenido el gusto de caminarse la ciudad con él, con sus historias y sus enseñanzas, la tendrá difícil si piensa votar por otro. Si llega a la Cámara, no tengo duda que hará historia en el Parlamento colombiano.

    Votaré con Lucho en la consulta presidencial del Partido Verde; porque ha sido un político honesto; reversó la privatización de la educación y la salud durante su alcaldía de Bogotá, y porque habla sin rodeos, directo al hígado, y con la frescura de quien no tiene nada que temer, ni nada que deber. Lucho, de ganar la consulta, le dará un tono nuevo a esta campaña presidencial, tan aburrida y prefabricada.

    Colombia requiere que su congreso funcione en el Parlamento y las regiones y no la Picota, que los legisladores y legisladoras trabajen para que se fortalezca la democracia y no para servir de escuderos del presidente de turno. Colombia puede cambiar de rumbo; esta decisión está en las manos de cada uno y cada una de los votantes. El reto es duro, pero no imposible.

    jueves, 4 de marzo de 2010

    Bogotá Está parada, y el alcalde ahí




    Bogotá está parada, y el alcalde ahí



    Son varias las causas: un gremio que se niega a regalarse a los monopolios, una ciudadanía que no asume una postura frente a los hechos, una ciudad repleta de carros, trancones obras inconclusas y un alcalde inútil.



    Por: Despertandogente


    Me permito proponer algunos puntos de vista sobre los factores que en este momento tienen paralizada la ciudad y algunas propuestas que pudieran servir, no para solucionar el problema, sino para enredar un trisito más la cuerda.



    En primera medida, los autodenominados pequeños empresarios del transporte público en Bogotá, constituyen uno de los gremios (por no decir mafias) más fuertes de la capital. Cada alcalde pasa primero por ellos, luego por los votos. Viven del trabajo al destajo de los choferes; no pagan impuestos de acuerdo con el valor real de sus rentas, porque sencillamente no se pueden medir sus ganancias en la forma como actualmente está organizada la prestación de su servicio; gozan de un negocio redondo: Invierten en un bus, y en adelante viven de quienes se ven obligados a comprarles el cupo, llevarles diaria o semanalmente las ganancias, mantener el vehículo y asumir los partes que les claven al día. Un chofer de bus se gana 40 pesos por pasajero, el resto queda en los bolsillos del humilde dueño del busesito. Pero ahora andan preocupados; los monopolios del transporte vienen por todo en Bogotá, se cansaron de tanta estorbosa máquina que inunda las calles sin que representen ganancias para ellos. El monopolio es la clave de la estructura económica que defienden alcalde y ministro tan aunadamente. Los pequeños andan preocupados, porque están amenazados de salir del baile, y han decidido parar hasta que las condiciones de su absorción por los más poderosos se haga en unas condiciones de mayor rentabilidad. Los propietarios por sus números, los choferes por orden del patrón y los demás por que les toca, tienen parada a la ciudad, hasta que el más rico les diga bueno, o el alcalde ceda en su pretensión de venderlos con todo y chatarras.



    El segundo factor, en mi opinión más grave, consiste en una ciudadanía desmovilizada, pero no por la falta de buses sino por el exceso de opinión pública, que es el nombre real de la falta de opinión propia. Una ciudadanía que se deja manipular sin escrúpulo de los errecenes o los caracoles que les cantan al oído que el paro es producto del terrorismo, que los vándalos son hijos de choferes, y que el pobre ministro vino a salvar al alcalde inútil de tan inmisericorde porfía. Hacer paros en estos días, ¡a quien se le ocurre, en medio de tanta seguridad democrática! ¡Por Dios!. Ciudadanos y ciudadanas que cierran los sentidos a la realidad, se cuelgan de lo que sea para llegar al trabajo, caminan horas enteras por el miserable mínimo que impuso el gobierno en diciembre. Se creen el cuento mentiroso de alcalde y noticieros de que el paro se levantó el martes, y el miércoles y ahora sí mañana. Ciudadanos y ciudadanas que no opinan, que son materia dócil y manipulable del dictamen que se generaliza en las cadenas de radio y en la televisión. Qué podríamos hacer para que entiendan de una vez por todas que estamos en paro. En paro, sencillamente así: En paro.



    Del tercer factor de inmovilidad, ni hablar: basta ir por la décima, la del trancón eterno; o ver la desastrosa desaparición de la calle 26, la misma que construyó el abuelo del alcalde inútil; por cada calle un trancón, por cada obra inconclusa cientos de carros y miles de personas soportando con hastío el inmenso mar de autos inmóviles y contaminantes. No es dignidad, ni se puede llamar calidad de vida, la manera absurda como los bogotanos y bogotanas deben soportar las obras que exige el progreso. Del metro ni un centímetro, del Sistema de Integrado, solo desintegración de los más chiquitos a favor del pez grande, de la fase tres del Transmilenio solo el desfase en la entrega de las obras. Las calles de barro siguen siendo de barro, invertimos en echar el cemento sobre el cemento; el gobierno está decidido a montar como sea, al costo que sea, la infraestructura que requieren las multinacionales para que Bogotá sea un puerto de paso de mercancías y materias primas; vemos sin mirar y la vista no nos alcanza para comprender que a los gobiernos de Uribe y de Samuel les importa un bledo la indignidad de los bogotanos, el abuso diario y la falta de planeación efectiva a favor de los pobres.



    Y por último, pero no menos importante: Bogotá está paralizada por un alcalde inútil. Este personaje mediático y desinteligente (como diría el filólogo y comentarista Carlos Antonio Vélez), no le importa la ciudad sino su imagen. Esta es la hora en la que el alcalde no ha asistido a ninguna reunión directa con los transportadores. Tiene a funcionarios de segunda y de tercera, en la mesa de negociación, en la que no se puede negociar porque no está el dueño de la marca. Este alcalde mediocre, entregó millones de millones a los amigos del ministro Andrés (el de transporte, aclaro), para que se llenaran los bolsillos sin que cumplieran con sus respectivas concesiones. Este galán de poca iniciativa, no atiende a los problemas de la gente, los agrava; aplica picante para bajar el reconcomio. Cansada la gente de trancones y trancones, él se inventa otros para que no exista duda sobre su estupidez. El alcalde inútil tiene la ciudad parada por las obras y la falta de capacidad para enfrentar con altura una negociación de intereses económicos. Pero, para completar, ha decidido sitiar la ciudad con los chapetones del ESMAD y el ejército (no ha podido meter la armada, porque las pirañas no caben por el Arzobispo). Más violencia en las calles; provocadores profesionales que a nombre de la Ley y el orden público, pueden, en cuestión de minutos, fomentar la más enconada batalla campal, claro, unos a piedra y ellos a bala, como debe ser, en un estado de derecha. El alcalde de Bogotá no renuncia (aún), pero tampoco busca alternativas para volver a la normalidad. Cerrado a la banda por la legitimidad que le ofrece la violencia oficial, anda amenazando a los huelguistas, a los mismos que no ha querido escuchar directamente. Bogotá está sitiada, amenazada y en paro; y el alcalde ahí, mirando pasar la vida desde el Liévano, sin atreverse a constatar con sus propios ojos lo que ya se le salió de las manos: la ciudad entera.



    Las soluciones realmente son pocas: una podría ser que el Alcalde cesara en su intento de vender los pequeños a los grandes a precios irrisorios y ridículos; pero esto lo metería en problemas con los monopolios y su amigo el ministro. Otra podría ser que el alcalde renunciara, para que el Polo tuviera tiempo de corregir en algo la mediocridad y el daño; pero los costos políticos ya son insalvables, y mientras se hunde el alcalde en su tontería, se entierran con él las posibilidades de que el Polo demuestre que es capaz de gobernar la ciudad más importante de Colombia.



    Por donde se vea las opciones son pocas, y parece que por hoy, la gente seguirá echando quimba la mitad del día, los taxistas seguirán haciendo de las suyas, aprovechándose del cansancio y las necesidades de sus pasajeros; Los pequeños transportadores seguirán en la casa o en las barricadas, y la prensa seguirá insistiendo en que el paro ya fue levantado. Sobre el alcalde inútil, no tenemos la menor idea a que dedicará el día; seguramente estará en la casa, con su mamita, esperando que se levante el paro.

    martes, 16 de febrero de 2010

    Uribe es nocivo y perjudicial para la salud. Decreto-Ley 129 de Enero de 2010



     

    "El presidente Uribe es nocivo y perjudicial para la salud. Decreto-Ley 129 de Enero de 2010"

     

     

     

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    GRACIAS PRESIDENTE URIBE





    Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade todo su gabinete.


    Contrario a lo que piensan algunos desconsiderados que lo tildaron de populista por su noble intención de visitar Haití, yo no sólo estoy de acuerdo con que el presidente Uribe viaje a ese país, sino que creo que debe instalarse allá por varios años.

    Sé que es un gran sacrificio para Colombia, pero entendámoslo: ya gozamos el privilegio de tenerlo durante dos períodos y ahora es justo compartirlo con otros países que también merecen salir del subdesarrollo.
    Seamos solidarios de verdad. Haití necesita una ayuda verdadera. No se trata de pequeños paliativos: no se trata de que Galy Galiano organice un concierto en beneficio de los haitianos o de que Claudia Hoyos vuelva a vestirse de pilandera para recaudar fondos. Sé que en Colombia sobra gente solidaria como Marlon Becerra, que seguramente ofrecerá diseños de sonrisa a los damnificados con muy buenos descuentos.

    Pero no nos engañemos: esas no son ayudas estructurales. Son limosnas. El único de esos gestos que me parece justificable es el de René Higuita, que aprovechará su partido de despedida este domingo para recaudar fondos que ayuden en la reconstrucción de Haití; a su vez, unos damnificados jugarán fútbol en Puerto Príncipe para recaudar fondos que ayuden a la reconstrucción de René Higuita.

    Salvo ese caso, los demás son débiles.. Si el propósito verdadero es hacer de Haití ya no digamos un pueblo que supere un terremoto, sino un país moderno, que ingrese al Primer Mundo y que respete las leyes y la Constitución, no podemos ser mezquinos: debemos desprendernos del presidente Uribe y compartirlo con ellos.

    No es fácil para mí solicitarlo. Lo hago reteniendo las lágrimas. Pero su misma doctrina me enseñó a tener el corazón grande, y por eso tomo impulso para decírselo:

    Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade a todo su gabinete a esa tierra devastada para sacarla adelante.

    No deje uno solo de sus ministros acá, salvo, quizás al de Hacienda: la mueca de tragedia con la que siempre anda es lo que menos necesitan ver los damnificados en estos momentos.

    Salvo él, vaya con todos.

    Y aplíquele a ese sufrido pueblo la misma receta milagrosa con que cocinó nuestro despegue definitivo.

    Ordénele al ministro de Obras que inicie las tareas de reconstrucción de Puerto Príncipe cuanto antes; que construya autopistas y carreteras de doble calzada; que edifique rápidamente el aeropuerto, tal y como lo hizo con el de Bogotá; solicítele que haga todo de forma clara y expedita a través de unas licitaciones transparentes que pueda ganar el doctor William Vélez. Porque el doctor Vélez también debe ir allá, a Haití, a colaborar con su ímpetu empresarial.

    Para apaciguar socialmente a la población, convenza a el 'Píncher' Arias de que retire su candidatura y se vaya con usted a organizar la repartición de tierras: que otorgue subsidios y expida incentivos a los menos necesitados para que en Haití reine la paz social.

    Llévese a Tomás y Jerónimo para que ayuden a organizar el asunto de las basuras; anime a César Mauricio Velásquez para que evangelice a la población, casi toda entregada al vudú; pídale a Luis Carlos Restrepo que trate siquiátricamente a las víctimas del terremoto; convoque a los hijos de Name, de Dáger, de Turbay, para que ocupen las embajadas de Haití en el mundo, y lo representen con dignidad y preparación.

    Y llévese a Valencia Cossio, Presidente, que seguro le será útil. Él ya estuvo una vez allá, ayudando: trepado en una de las bases de un helicóptero, con el mechón canoso trepidando en el aire, tiraba a manos llenas raciones de comida y demás estímulos, como si allá abajo no hubiera damnificados sino congresistas de la U.

    Lo hizo con tanta destreza, que vale la pena que se instale del todo en Puerto Príncipe y reeduque a la clase política de Haití: que les enseñe a ser decentes, a no comprar apoyos, a no ser nepotistas.

    Presidente: váyase con los detectives del DAS, que son expertos en chuzar y pueden servir para poner vacunas; y llévese, de paso, a algunos miembros de las Fuerzas Armadas: estoy seguro de que encontrarán en esa isla gran materia prima para sus próximos falsos positivos.

    Aproveche que la doctora Guerra acaba de dejar el ministerio y llévesela para allá, que Haití merece tener un satélite propio; y permita que con ella se instale la Comisión Nacional de Televisión, que ese sufrido pueblo merece entretenerse con un canal, y sólo ellos pueden hacerlo realidad.

    Allá hay bastante prado, Presidente, para que monte a caballo; y bonitos ríos, para que chapotee en ellos con todo su gabinete.

    Quedaremos a la deriva, es cierto; y nadie podrá reemplazarlo. ¿Juan Manuel Santos, acaso? No, Presidente: nos sacrificamos de nuevo: es mejor que se lo lleve con usted, para que ayude a recuperar la seguridad de la isla. Ellos lo necesitan más que nosotros. Acá ya todo está bien a ese respecto.

    Presidente Uribe: sabemos que no le gusta descansar. Y usted ya ha hecho demasiado por nosotros. Siga trabajando, ni más faltaba; pero esta vez ya como un prohombre internacional, más allá de las fronteras. Será duro para los colombianos. Pero comprenderemos con estoicismo que la luz de su faro debe alumbrar otras aguas; más ahora, cuando el agua está tan cara.