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domingo, 17 de marzo de 2019

Escuela, adoctrinamiento y censura


Escuela, adoctrinamiento y censura

Mauricio Rodríguez Amaya


“El Estado intervino para regular la manifestación de las ideas de los ciudadanos: (…) Quiere que el pensamiento expresado sea uniforme. Toda originalidad le resulta nociva a los intereses públicos. Está prohibido el lujo, la diversión de pensar, la ostentación de la inteligencia, de la riqueza interior(...). La censura de esa riqueza ha sido inexorable, ha secuestrado, ha quemado, ha destruido.”
Antonio Gramsci, 1916 – Se Pregunta la Censura
  


El miedo se vende fácil. Solo basta con aplicar ciertas gotas de indefensión de la gente frente a un riesgo, y con ello, se propaga como fuego en la pradera. El miedo es fácil de vender en sociedades adormecidas, reprimidas y violentadas; El miedo no necesita sustentarse en cosas reales, simplemente basta con que cree una atmósfera de intimidación y peligro para que los menos precavidos constituyan hordas y cruzadas para contener, quemar, destrozar y eliminar aquellos factores que les han sido presentados como susceptibles de ser temidos.

Por estas épocas, donde la sensación de inseguridad individual y social se incrementa, producto de la publicidad permanente del miedo a todo, - a las comidas, a las calles, a las enfermedades nuevas, a la adultez, a la niñez, a cualquier cosa- las empresas que fabrican miedos han creado un estado de desrealización colectiva, en donde, lo fíctico aparece como real y lo real es ocultado o presentado como irrelevante. La desrealización consiste en ese fenómeno de destrozar la realidad a partir de nuevas creaciones imaginarias que la suplantan o la ocultan.




Por estos días, en nuestra intimidada opinión pública, el fascismo ha sembrado el temor sobre el adoctrinamiento de nuestros hijos en las escuelas públicas, por parte de docentes inescrupulosos que usan su poder en el aula para insuflar ideas subversivas en las prístinas mentes de sus estudiantes. Esta tesis ha sido, como acostumbran, ampliamente difundida por medios de comunicación enriquecidos por el lucrativo negocio de vender miedo. En el fondo de esta campaña se oculta la censura contra los docentes; no es que los maestros y maestras, de manera organizada y consciente hayan emprendido una campaña ideologizadora para controlar mentes imberbes y dominar conciencias; francamente, estamos lejos de una escuela que promueva sistemáticamente ideas críticas, miradas alternas a la realidad formalizada; lejos estamos de una escuela que estimule el libre pensamiento y se aleje de la estandarización, o que propenda por impulsar decididamente la creatividad. Muy lejos estamos de ello; nuestra escuela es la representación de una sociedad colonizada que sigue enseñando los valores de la colonización, es una escuela que, en términos generales, promueve la competencia por encima de la solidaridad y que estimula la uniformidad en detrimento de la diversidad. No solo la gran mayoría de nuestros queridos docentes aún están lejos de optar por una escuela crítica, transformadora y renovada, sino que el famoso adoctrinamiento, denunciado por las élites fascistas, está fuera de toda realidad.  

Se trata de un fenómeno de opinión basado en la desrealización de lo que sucede, con el fin de crear una nueva cortina de humo que le permita a esa élite actuar libre de toda observación de la ciudadanía, atontada por falsos problemas y manipulada por el poder coercitivo de los medios dominantes. Mientras esa élite impone sus negocios por medio del control del Estado, desvía la atención contra los maestros a nombre del tal adoctrinamiento en las aulas. Así mata dos pájaros de un solo tiro: primero, quita la atención frente a los problemas reales de un país carcomido por la corrupción, la violencia institucional y los negocios privados contra la gente, mientras, por otro lado, crea una atmósfera de censura contra los maestros, para estigmatizar su acción, para promover el epistemicidio y la negación de las opiniones que eventualmente puedan ponerse al régimen.

 

La campaña de censura oculta la realidad, al tiempo que crea nuevos ejércitos de inquisidores en pos de la sacrosanta neutralidad axiológica en la aulas, en contra de la labor docente y de paso, contra toda opinión que no esté controlada por la masificación democrática de las instituciones del miedo. Esta práctica es propia de los fascismos sociales y políticos, de los más acérrimos autoritarismos y de las dictaduras más eficientes.

Mientras pasa desapercibido el proyecto de Plan Nacional de Desarrollo del actual gobierno, -que propone incrementar el extractivismo, ampliar la frontera agrícola, privatizar la riqueza natural genética, perseguir las semillas naturales, eliminar el salario mínimo e incumplir los acuerdos que dieron fin al conflicto armado- la artillería mediática se dispone a flanquear a los maestros que se atrevan a cometer el injurioso pecado de pensar. Así que la respuesta debe estar precisamente en no callar, en no doblegarse a los estertores mediáticos de las nuevas antorchas de la inquisición contemporánea. La respuesta será necesariamente la de enfrentar con ideas renovadas y fecundas la imposición democrática del miedo, la masificación del fascismo y la persecución cavernaria contra las ideas; nos corresponde ponernos del lado de las maestras y los maestros, porque el ataque no es solo contra ellos, contra ellas, sino contra toda forma de pensar que se atreva a romper los ribetes de la censura fascista. Nuestra lucha seguirá siendo la lucha de las ideas, la lucha por poderlas expresar libremente, aun contra las barreras impuestas por la censura; el único adoctrinamiento que debemos combatir es el de las fábricas del miedo mediatizado,  que crean espíritus dóciles, manipulables y puestos al servicio de sus propios victimarios.


lunes, 25 de febrero de 2019

Gasolina, veneno y espacio público


Gasolina, veneno y espacio público

Mauricio Rodríguez Amaya




“La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes”

  


La radicalización del autoritarismo está cobrando una nueva batalla por el control absoluto del espacio público; mientras, por un lado, los regímenes autoritarios golpean con sevicia a quienes salen a las marchas por sus derechos, como en Barcelona, Colombia o París; por otro lado, se promueven manifestaciones públicas con gran cobertura mediática contra gobiernos que claramente no siguen las directrices del pentágono. Mientras se estimulan conciertos masivos con transmisión directa por más de 6 horas, como en Cúcuta, al mismo tiempo, se reprimen los manifestantes en Ituango o el Cauca; son expresiones diferentes con el mismo objetivo, consistente en controlar el espacio público, en uniformar los discursos e incentivar el odio y el fascismo social.




En Colombia, por ejemplo, mientras las manifestaciones estudiantiles por el derecho a la educación fueron brutalmente reprimidas entre octubre y diciembre de 2018, el mismo régimen garantizó todas las condiciones para que el fascismo se movilizara a favor de la guerra y se exacerbara el odio en una jornada a la que asistió el mismo Presidente de la República, en enero de 2019. Igual sucede en la frontera, igual sucede en Europa, en Estados Unidos y en Haití. La disputa por el espacio público cobra vidas cuando se trata de las movilizaciones callejeras contra regímenes corruptos, pero incentiva la toma de las calles, la quema con gasolina de alimentos o las balas perdidas, cuando se trata de legitimar el odio y la guerra. El fascismo envenena empanadas de las ventas ambulantes en Bogotá, mientras ve morir de hambre a los niños de la Guajira o Haití; Celebra conciertos con artistas de Bolsillo en Cúcuta, pero reprime brutalmente el arte callejero y las mingas indígenas en el Cauca o en la Guajira. El fascismo estimula movilizaciones masivas a favor de la guerra, pero prohíbe las marchas de los campesinos que luchan por la vida en Antioquia.
La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes; como en Bogotá, por ejemplo donde se reprime a quienes protestan contra las ceremonias elitistas de sacrificio animal en la Plaza de “Todos”  La Santa María, mientras la Policía crea corredores exclusivos para que esa misma élite pueda ingresar al disfrute de la sevicia de la sangre en el ruedo.


Lo que está en juego, no es poco; es nada más y nada menos que el control fascista de las calles, de los teatros, de los centros comerciales, incluso de los parques donde aún es mal visto a mujeres que amamantan a sus hijos menores. La icónica fascista del dolor y el control se expresan como omnipotentes, en decisiones policivas y en directrices desde las tarimas; la icónica del odio cobra terreno y las estéticas de la élite se basan el uso machista y patriarcal de los cuerpos de mujeres y hombres. El control fascista del espacio público impone un patrón democratizado, amplificado por la moda y controlado por losa medios de comunicación. El espacio público televisado es la imposición aparentemente diversa del control fascista sobre los cuerpos, las estéticas y el poder político.


Como lo plantearía Boaventura de Sousa Santos, no se trata solo del fascismo político del Siglo XX; hoy enfrentamos también un fascismo social, que desde cierto pluralismo desprecia lo diferente, lo racializado, lo pobre y lo extraño. La sociedad ha sido uniformada por la moda y todo aquello que la controvierte es susceptible de ser cuestionado o agredido. Los casos se multiplican por miles; y esta faceta de la nueva fase del capitalismo global, impone la métrica uniformemente diversa de las prácticas secularizadas del odio, la discriminación y el miedo.


No es un buen momento para quienes han luchado por el acceso democrático al espacio público, es un momento de revés donde el fascismo político y social imponen sus prácticas de adoctrinamiento corporal, y mental. Ni los arboles de los parques se salvan de esta arremetida en ciudades como Bogotá, donde el Alcalde ha decidido incrementar la tala, en una ciudad que se calienta diariamente por el efecto invernadero. No son buenas noticias, ni son buenos momentos. Quizás es necesario observar con detalle este fenómeno controlador del espacio público para que reorientemos los esfuerzos por la reconquista democrática y cosmopoliticista de las calles y los parques, las escuelas y los centros culturales. Es hora de detenerse un poco, tomar distancia y alcanzar a percibir las grietas desde las cuales es posible aun insistir en la brega diaria por el derecho democrático del espacio público.



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miércoles, 19 de octubre de 2016

Quién Ganó con el NO? El Fascismo Social

Quién Ganó con el NO? El Fascismo Social

Esta nota no es un balance más sobre las causas del triunfo del No en las elecciones plebiscitarias del 2 de Octubre, con las que Colombia anhelaba salir definitivamente de la Guerra, sino más bien, una alerta sobre lo que se cocina en los púlpitos, en los cultos y en los comedores de un grupo dirigente que promueve el fascismo como mecanismo de ascenso al poder.




Mauricio Rodríguez Amaya


En una época plagada de incertidumbres, marcada por la precariedad del trabajo, el vaciamiento de la democracia, el surgimiento de nuevos enemigos,  la  pauperización del pensamiento, y  la banalización del espíritu, resurgen los fascismos sociales como mecanismos para dar respuestas rápidas a problemas complejos; los fascismos sociales son arquetipos de justificación de la violencia contra el otro, contra el diferente, contra el oprimido.  Esta nota no es un balance más sobre las causas del triunfo del No en las elecciones plebiscitarias del 2 de Octubre, con las que Colombia anhelaba salir definitivamente de la Guerra, sino más bien, una alerta sobre lo que se cocina en los púlpitos, en los cultos y en los comedores de un grupo dirigente que promueve el fascismo como mecanismo de ascenso al poder.

El fascismo social, se alimenta de los miedos más comunes, los que produjo la sociedad de la discriminación, el consumo desenfrenado, el hedonismo y la ignorancia, impuestos por el Capitalismo. Según De Sousa (2009) existen al menos cuatro tipos de fascismo Social; el fascismo del apartheid social, es decir, la segregación de los excluidos a través de la división de ciudades en zonas salvajes y civilizadas. El Fascismo paraestatal,  donde actores (individuos o corporaciones) muy poderosos, usurpan, con Estado o sin Estado, los derechos fundamentales de las personas y de las sociedades; Este fascismo tiene dos dimensiones, el fascismo contractual, en donde la discrepancia de poder entre las partes es tal, que la parte más débil se ve compelida a aceptar las condiciones impuestas por la parte más fuerte; y el fascismo  territorial, en donde actores muy poderosos se disputan el control de los territorios, a través de la cooptación o la coacción del  Estado local a la manera de los viejos y nuevos dominios coloniales. La tercera forma, es el fascismo financiero, que controla los mercados, expulsa de sus casas a los deudores, condena a la pobreza a los trabajadores y excluye a los más humildes de los beneficios del mercado.



La cuarta forma de Fascismo social es el fascismo de la inseguridad. Consiste en la manipulación discrecional del sentido de inseguridad  de las personas y grupos sociales vulnerables, debido a la precariedad del trabajo o a causa de accidentes o eventos desestabilizadores (recordar el 11S). Esto produce una fuerte incertidumbre hacia el futuro que lleva a las personas a reducir sus expectativas y a renunciar a sus derechos, con tal de reducir la condición de riesgo. Aquí juegan un papel determinante los negociantes del miedo, los mercaderes del infierno y los prometedores de paraísos. Dentro de los principios comunicacionales de Goebbels (propagandista del Fascismo alemán), encontramos el principio de transfusión, consistente en que “Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas” y no hay herramienta  más fácil de difundirse primitivamente como el miedo.  

Al fascismo social, hay que sumarle otros dispositivos ideológicos del fascismo tradicional, al cual ha estado sometida América Latina en los últimos 500 años; basta recordar el predominio de un solo dios sobre cualquier otro, que legitima matar culturas en nombre de su iglesia; o el fascismo de Género que condena a la mujer a condiciones de sumisión permanente frente al hombre, también muy propio de la tradición judío-cristiana; o al fascismo homofóbico, que en nombre del mismo dios, condena a la exclusión y a la muerte a quienes optaron por opciones sexuales diversas; o el fascismo de la Escuela, que niega la experiencia del niño para imponer las verdades del  maestro; o el fascismo político, que nos condena a reducir las libertades a nombre de la seguridad; o el fascismo de la televisión o el cine que nos enseñó que el “bueno” está legitimado para matar “malos”, “indios”, “comunistas” o incluso desafortunados transeúntes. O el fascismo xenófobo que odia a los amarillos, a los extranjeros, a los negros, a los raros, a los diferentes. O el fascismo del hogar, donde el poderoso padre está autorizado por dios para golpear a su mujer y a sus hijos a nombre de la sagrada institución de la familia. O el fascismo de la propaganda Nazi, con la que se recurre a exacerbar el sentido de incertidumbre humana para cundir el miedo, la rabia y la tergiversación.

Quien ganó con el No? El partido fascista, apoyado en los fascismos sociales de la segregación cultural, social, racial y sexual; quién financió el triunfo del No? el fascismo de las corporaciones que viven del trabajo ajeno pero no lo pagan, que impiden los sindicatos y asesinan sindicalistas;  quiénes se benefician con el triunfo del No? El fascismo territorial de los dueños de la tierra, de los que han suplantado, cooptado y coaccionado a las instituciones para tener más tierras, más armas, más poder; quiénes alimentaron el triunfo del no? El fascismo tradicional de la homofobia, la misoginia y la xenofobia, del patriarcalismo y el machismo impuesto por la ideología de género judío en sus iglesias y en sus cultos. Con qué argumento ganó el no? Con las trampas epistemológicas del fascismo de la inseguridad, que vendió el miedo al homosexualismo como el riesgo supremo de la familia, como si eso tuviera algo que ver con los acuerdos de la Habana.

Esto es una alerta significativa; el rezago cultural, la precariedad del trabajo, la guerra y el estado de inseguridad, han creado una sociedad sumisa y miedosa, dispuesta a dejarse seducir cada vez más por el fascismo político y los fascismos sociales, los nuevos y los clásicos; una sociedad asustada por todo aquello que no está en la doctrina de la Fe. Esa sociedad siempre ha estado ahí, pero el momento de refrendar la superación de la guerra terminó siendo un detonante que nos debe alertar, pues el futuro puede ser, en vez de una era de reconciliación y de paz, una nueva oscura noche de persecución, segregación y violencia de corte fascista.



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