lunes, 28 de septiembre de 2009

Gustavo Petro, Presidente




Gustavo Petro, Presidente


Ganó el trabajo de campo, perdió la excesiva confianza y quedó en deuda un Partido que aspira a gobernar. Opiniones para un balance sobre la consulta del domingo 26 de septiembre.



Mauricio Rodríguez Amaya

El 1 de marzo de 2009 Gustavo Petro prometió que sería candidato de una gran alianza en defensa de la Constitución del 91, propuso quitarle el Estado a las mafias, imponer lo social sobre el mercado y recuperar la democracia sobre la seguridad. Petro aceptó ir a la consulta del Polo a sabiendas que la gran mayoría de los parlamentarios y parlamentarias respaldaban a Carlos Gaviria; el Polo (de Gaviria) aceptó el reto de someterse a una consulta abierta; ambas decisiones resultaron ser altamente beneficiosas tanto para el Polo como para el País, primero porque el Polo demostró que es más que su propia maquinaria y segundo, porque la opinión expresada en los votos del domingo implica una discusión profunda al interior del partido y en la izquierda colombiana sobre métodos y contenidos.




Carlos Gaviria es un hombre insigne por su coherencia, ejemplar por su sabiduría y un referente de honestidad para un país en donde los subsidios se entregan a los ricos y donde a los pobres se les asesina y luego se les coloca el camuflado. Pero Gaviria no logró eludir la imagen que a su alrededor se fue construyendo, principalmente por su excesivo entusiasmo con el sectarismo del MOIR y en gran parte por el exceso de confianza en su triunfo. Sus problemas empezaron el mismo día del congreso; ese día, sus más cercanos seguidores lo convencieron de ser candidato presidencial y aceptar reelegirse en la presidencia del Polo. Luego en el reparto de la burocracia, el sector de Petro tuvo que ver los toros desde la barrera.




Petro aceptó ir a la consulta, a pesar que en el Polo se daba como descontada su derrota; Gaviria fue a la consulta con las encuestas y la burocracia a su favor. Ambas perdieron y Petro ganó para demostrar que en la política nada está escrito. Petro ganó porque hizo una campaña de puerta a puerta, municipio por municipio; una campaña de campo le permitió a Gustavo Petro persuadir a miles de colombianos de ir a las urnas para apoyarlo. Petro tenía claro que cada paso era una ganancia, que cada voto era uno más en el reducido campo de posibilidades que deja una campaña en negativo, tal y como llaman los expertos a este tipo de estrategia. En el campo de Gaviria, todos se sentían ganadores, un ambiente de triunfalismo absorbió a los estrategas y bajaron la guardia.




Con el resultado ganó el trabajo de campo, ese que el Polo debe hacer todos los días, en un país embrujado por las migajas que caen de la mesa en algún consejo comunitario y por la propaganda oficial de los grandes medios que pretenden mantener en el poder al capo que los manda. Ganó la estrategia de Petro de no darse por perdido un solo instante, a pesar de encuestas y declaraciones casi que oficiales. Por el otro lado, perdió el exceso de confianza, el triunfalismo y esa pretenciosa postura que hace de ciertos caudillos de la izquierda cargar con el hálito de la verdad revelada; Gaviria no es triunfalista, puedo dar fe de ello, no cree en mesianismos, pero en su campaña sí triunfó la arrogancia que da la certeza en el triunfo seguro y la despreocupación por lo poco, cuando se tiene por asegurado lo mucho.

Pero la deuda de ayer la dejó el Polo, pues la votación general es baja para un partido que sabe que su reto consiste en cambiar la historia política de Colombia. Las maquinarias internas del partido vieron la consulta como asunto de trámite, algunos más y otros menos, pero todos al fin y al cabo no entusiasmaron lo suficiente a las bases para hacer de la consulta una ruptura y un éxito. El Polo desaprovechó la consulta para anotarse un triunfo electoral, más allá del candidato. La estrategia fue insuficiente para lograr una participación mayor el pasado domingo.

Falta entusiasmo en un partido que sabe que cualquier esfuerzo para ganarle terreno al unanimismo uribista es un triunfo necesario en la batalla por la democracia. Faltaron ganas, las ganas de otros años, cuando todos sabíamos que cada voto era imprescindible para crecer como proyecto. Si el Polo aspira seriamente a ser gobierno debe recuperar, el anhelo de la voluntad de un país cansado de promesas infames, desfalcos del fisco sin perdón ni olvido y muertes por doquier a nombre de la dictadura que se impone. El Reto del Polo, no solo el de Petro, será buscar en dónde están los millones de colombianos y colombianas que no creemos en la dictadura como forma de gobierno, ni en el plebiscito presidencial con máscara de referendo, ni en el pillaje de lujo de ministros y exministros, ni en la guerra contra todo aquel que opine distinto al ABC que impone la oficialidad armada y mediática. El reto es el gobierno, y eso se consigue concitando las ganas y los votos por un país distinto, justo y democrático.