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domingo, 21 de mayo de 2017

Buenaventura y Chocó: La Revolución Pacífica

Buenaventura y Chocó:
La Revolución Pacífica

El Paro en el pacífico dejó al descubierto el abandono en que durante décadas el Estado Colombiano, centralista, racista y capitalista, ha sometido a los pobladores del Chocó y Buenaventura.

Por Mauricio Rodríguez Amaya




El chocó no aguantó más y desde cada casa se construyó el Paro Cívico, la gente salió a las calles, cerró el comercio y empezó uno de los capítulos más bellos por la dignidad del pueblo chocoano. Algo parecido sucedió en Buenaventura, la hora cero decretada fue el pasado martes 16 de mayo a las 5:00 a.m.; a partir de entonces, se clausuró el comercio en su totalidad, las vías fueron cerradas y la multitud se tomó las calles. Lo que antes eran estacionamientos de tracto mulas, se volvieron improvisadas canchas de futbol, lugares de canto y currulao, puntos de encuentro entre amigos y vecinas. Así nació el paro, como su región, pacífico, valiente, solidario; un Paro que sólo ha recibido por parte del Estado, la acostumbrada represión policial y estigmatización y señalamientos por parte de los medios de  comunicación dominantes.

El Paro en el pacífico dejó al descubierto el abandono en que durante décadas el Estado Colombiano, centralista, racista y capitalista, ha sometido a los pobladores del Chocó y Buenaventura. El pacífico colombiano pide servicios públicos, pide agua potable, pide escuelas y colegios, pide desarrollo económico, pide paz, esa paz con la que se sueña después de la guerra, esa paz que implica pan y salud, trabajo y dignidad. Esa región ha sido marginada y estigmatizada por siglos. Fue construida a fuerza del cimarronaje libertario del pueblo afro decsendiente  y de la resistencia indígena y mestiza. El pacífico colombiano se quedó rezagado del desarrollo centralista, machista y racista con el que se construyó el Estado; detrás de la cordillera quedó el desarraigo y el abandono.  En esa región, la minería y la industria maderera esclavizan pueblos enteros y destruyen ríos y montañas que sirvieron de refugio a pueblos libertarios; por esa región entra y sale el libre comercio, el 60% de las importaciones que recibe Colombia, pero en su pueblo solo quedan los desperdicios de los contenedores y la contaminación producida por los buques. En toda la región pacífica, sus habitantes son precarizados y tercerizados en su trabajo, estigmatizados por su condición negra o indígena, y condenados a la pobreza y al olvido. A Buenaventura la baña el Dagua y el Danubio, pero no tiene agua potable; su naturaleza produce maderas finas y fieles, pero no tiene industria maderera, la pesca es diaria y abundante, pero no hay mercado pesquero, y los barcos que antes hacían la pesca se oxidan en el mar del abandono. El Chocó tiene las tierras más fértiles de toda Colombia, pero no hay alimentos, las aguas más torrenciales, pero no hay energía y la gente más noble, pero no hay escuelas. El poder central del Estado se queda con todo, con las riquezas del puerto y la industria maderera, con la fuerza de trabajo y la exigencia del oro.



12 familias son dueñas de la Sociedad Portuaria de Buenaventura, ninguno de sus dueños vive en Colombia, pero el puerto vincula 4000 obreros que no tienen contratos de trabajo, estar tercerizados, ganan menos de veinte dólares al mes y no cuentan con seguridad social ni derecho a pensiones.  4000 obreros producen la riqueza de 12 familias, las mismas que controlan los Ministerios de Comercio Exterior y del Trabajo, la Superintendencia de Puertos y la Presidencia de la República, la Gobernación del Valle y la Alcaldía de Buenaventura. Ellos lo controlan todo, pero no viven en Colombia para ver las consecuencias trágicas del modelo de explotación violenta que imponen en el puerto más importante de Colombia.


Los pueblos del Pacífico no aguantan más y han lanzado a la historia un grito de rebeldía, han iniciado una revolución pacífica, libertaria y bella, una revolución negra, indígena y mestiza; una revolución que desde el mar atravesará las montañas de los Andes y se escuchará en cada Rincón de la América Nuestra. La Revolución del Pacífico, es la revolución de todos nosotros y nosotras, los que luchamos por un país donde valga la pena vivir y sembrar, danzar la ritmo del currulao y la marimba, disfrutar los ritos y los mitos de las gentes bellas que conversando con la tierra y el océano han decidido iniciar una nueva lucha por la libertad y han prometido no dar marcha atrás.
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sábado, 8 de octubre de 2016

Dr. Vargas Lleras, renuncie a la Vicepresidencia

Dr. Vargas Lleras, renuncie a la Vicepresidencia


Sabe usted que no comparte el proyecto de Paz del actual Jefe de Estado; que usted representa las esperanzas de poder de una fuerza macabra de corte fascista que se empeña estoicamente en echar por la borda los intentos de superar la guerra más antigua de nuestra historia republicana.

Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com


Creo que si queda algo de altura política en su personalidad, su conciencia debe conducirlo inequívocamente a renunciar a la Vicepresidencia de Colombia; Sabe usted que no comparte el proyecto de Paz del Jefe de Estado, que usted camina de la mano de una fuerza macabra de corte fascista que se empeña estoicamente en echar por la borda los intentos de superar la guerra más antigua de nuestra historia republicana. No deje usted que se repita la novela del golpe ultraconservador de Laureano Gómez contra Alfonso López Pumarejo, que su abuelo político (Alberto Lleras Camargo) supo aprovechar hábilmente para convertirse en Presidente de la República y allanar el camino a las fuerzas más retardatarias del país encabezadas por Gómez y Mariano Ospina Pérez.



Es cierto que en la élite colombiana se repiten los nombres y los cargos; usted es un hijo legítimo de esa élite (sus dos abuelos, Carlos Lleras y Alberto Lleras fueron presidentes de Colombia); conoce a profundidad los intríngulis de un poder que se baraja contra la Paz y contra el Progreso, como en las épocas de sus abuelos. Su abuelo político, Alberto Lleras, lleva el triste destino de haber sucedido en la Presidencia al Sr. Alfonso López después de la pugnaz presión ultraconservadora que lo llevó a renunciar. No tiene usted que encabezar vergonzosamente una Presidencia signada por un golpe de Estado que se cocina con mentiras, patrañas y cuyo plan principal es garantizar la continuidad de la Guerra, pues esa ha sido la forma y la fuente del Poder que ha enriquecido por más de un siglo a esa élite, incluyendo por supuesto a su familia.



Usted tiene derecho a tener la aspiraciones de ocupar el Solio de Bolívar, pero no tiene que hacerlo bajo el amparo maligno del grupo más reaccionario de la política colombiana; hágalo como lo hacen los demócratas, renuncie y sométase al escrutinio popular en las próximas elecciones, busque su legitimidad en los votos; no haga parte de esa cocina infernal donde se calienta un golpe de Estado, con la esperanza de que usted, en su condición de vicepresidente, asuma la primera magistratura del País y les devuelva a sus auspiciadores el poder que creen han perdido y que sin duda perderán si se consolida en anhelado sueño de la paz.


Usted es un hombre de Estado, la tradición de su familia le precede, su enorme riqueza le permite darse la pelea entre la élite nacional para garantizar adeptos a sus aspiraciones. No haga parte de la emboscada a la democracia que preparan las fuerzas que lo empujan a mantenerse en la oposición a la paz, aun siendo la segunda persona en importancia dentro de un gobierno que está jugado en superar la guerra de forma definitiva. Si quiere ser presidente, busque el respaldo en las Urnas, no en una camarilla que prepara golpes, y que seguramente hará lo mismo con usted, para reposicionar en el poder al Asesino de los 5000 falsos positivos durante primera década del siglo XXI. No se preste para encochinar la ya maltrecha democracia colombiana, renuncie a la Vicepresidencia de Colombia.


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lunes, 19 de septiembre de 2016

Un octubre 3, después de la Guerra

Un octubre 3, después de la Guerra


Mauricio Rodríguez Amaya


Las cosas se parecen al pasado, los pobres seguimos siendo pobres, las multinacionales siguen explotando nuestro carbón, envenenando nuestras aguas con mercurio y destrozando pueblos; todo sigue como ayer, como hace unos años; pero hay algo nuevo, algo poderosamente nuevo, se respira otro aire de esperanza.



Hoy Salí a trabajar, temprano como de costumbre, tomé el transporte de siempre, los mismos rostros, las mismas sillas llenas; algo era más extraño; por alguna razón, más gente venía conversando sobre ayer, sobre los acontecimientos de la mañana y las angustias de la tarde mientras se esperaban los resultados en casi todos los televisores y en todas las radios. En casi todas las ciudades, salvo algunas pequeñas y remotas, había ganado el Sí, un sí de un país entero por la Paz, como una manifestación colectiva del agotamiento que sentimos con la guerra. Había ganado el Sí; cerca de las 7 de la noche, ya los resultados confirmaban un deseo colectivo, una posibilidad peleada y soñada; la diferencia era abrumadora, quienes salimos a votar fuimos muchos, los que votaron por el Sí fueron casi tres veces el número de aquellos que dijeron no.

La tarde estuvo igual; en el almuerzo la paz era el tema y las sonrisas la constante; en la tarde, en el café, todo hablaba de paz, todo hablaba de ganas de parar y superar la guerra. Al final, mientras compartía algunas notas en el cafetín de la ventana grande, dos mujeres, trabajadoras treintañeras, simpáticas, discutían fervorosamente sobre el tema, ellas conversaban sobre la síntesis de este escrito que aún no había nacido. La mayor dijo, pues al fin y al cabo,  todo sigue igual, hoy me tocó madrugar igual y trabajar como si nada; nada ha cambiado; la chica, la más joven, respondió, sí, tienes razón, todo sigue igual, pero no podrás quitarme, al menos por hoy, la sonrisa que produce esta nueva esperanza.

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jueves, 8 de septiembre de 2016

Mi voto será por Osar, porque él diría que Sí


Mauricio Rodríguez Amaya

El 13 de Septiembre de 2008, los paramilitares del Gobierno de Alvaro Uribe Vélez asesinaron a mi hermano Oscar Orlando Rodríguez Amaya; una mañana sofocante en una calle desolada de Cúcuta; los paramilitares que Uribe desmovilizó sin proceso judicial alguno, convertidos en “vigilantes de barrio” a través de empresas privadas de seguridad, cumplieron las amenazas que tiempo atrás habían hecho de eliminarlo. Era la época del Terror uribista, de la legalización de las bandas paramilitares, de la impunidad, del miedo. Ese 13 de septiembre, Oscar murió acribillado cerca de su casa; el amigo que caminaba con él, aún yace cuadripléjico a la espera de su propia suerte, sin destino, sin vida pero respirando, pegado de la esperanza de ver en la cárcel a los asesinos.  

Oscar es una de las miles de víctimas del régimen de terror y odio que impuso Alvaro Uribe Vélez y los grupos paramilitares, no solo cuando fue presidente, sino desde que promovió su legalización a través de las Convivir.  Uribe representa ese sector del Poder que ha construido su discurso, su riqueza y su legitimación política en nombre de la muerte, de la muerte de los más humildes, de los jóvenes que no alcanzaron a concretar sus esperanzas; de los campesinos que murieron arañando la aridez de un país que olvidó el campo, de los líderes sociales y comunitarios, de los indígenas, de los artistas como mi hermano, que no pudieron ver crecer a sus hijos en un país en paz. La guerra es el factor detonante de su poder, la muerte su principal arma y los capitales ilegales la gasolina que alimenta su maquinaria.


Si las balas miserables de los paramilitares del gobierno de Uribe Vélez no hubieran terminado abruptamente la vida de Oscar, estaría rapeando sus  líricas, construyendo parrafadas enteras de canciones, discutiendo en algún buen sitio, sobre la importancia de consolidar la paz, estaría pensando en que por fin, nuestros hijos, se merecen un país donde el terror no lo domine todo, donde valga la pena la esperanza y donde el pan pueda volver a las mesas humildes en cada rinconcito de la patria.  Si Oscar estuviera entre nosotros, sería un compulsivo promotor del Sí, un abnegado combatiente de la paz. Porque si de algo estoy absolutamente convencido, es que entre las miles de voces que la guerra calló, clama la de Oscar pidiendo paz, cantándole a la paz y denunciando a los que insisten en hacer sus glorias a costa del dolor ajeno. El 2 de Octubre, votaré por Oscar, porque si estuviera aún entre nosotros, andaría calle a calle, tarima por tarima, letra a letra, promoviendo el Sí. #SíalaPAZ #VotoSÍ.

domingo, 1 de mayo de 2016

Trabajo para la Paz



Mauricio Rodríguez Amaya
#trabajoesPAZ


Más de treinta años de retrocesos en políticas de protección del trabajo han transformado la realidad laboral en Colombia; como paradoja fundamental, la Constitución del 91, trajo consigo la promesa de proteger los derechos sociales y la implementación del Estado Social de Derecho, al tiempo que desarrolló el marco constitucional para la libertad de Empresa, el incremento de la inversión extranjera, la reducción de la protección de derechos sociales al amparo del neoliberalismo internacional.

La reducción del Estado, la privatización de las empresas industriales y comerciales del Estado, de la educación y de los servicios de salud, lanzaron a las calles un enorme ejército de desempleados que cuando volvieron al mundo del trabajo lo hicieron en condiciones de precariedad, tercerización e informalidad. Ninguna de estas políticas  hubiera alcanzado resultados tan eficaces y rápidos si no estuvieran acompañadas de una intensa ola de violencia antisindical que ha cobrado la vida de más de 5000 sindicalistas, otro tanto desaparecidos y un sinnúmero condenados y condenadas al desplazamiento interno y al Exilio. La guerra se convirtió en el pretexto para aniquilar sindicatos y sindicalistas, destrozar convenciones colectivas y desaparecer las conquistas obreras alcanzadas durante la segunda mitad del Siglo XX.


El nuevo contexto de superación de la guerra, ofrece un campo de expectativas y oportunidades para los y las trabajadoras colombianas; expectativas de superar el conflicto armado en el territorio colombiano y oportunidades de desarrollar un nuevo marco de conflictos sociales y políticos sin recurrir a la eliminación física de los oponentes. La paz en Colombia no será la superación de la desigualdad y las injusticias; la Paz en Colombia es un nuevo marco político para asumir los conflictos estratégicos que están por resolverse en la sociedad Colombiana; uno de ellos, es indiscutiblemente, la lucha por materializar los derechos individuales y colectivos del Trabajo.


Colombia requiere un nuevo marco normativo e institucional que cumpla por fin las promesas del Estado Social de Derecho y las aproxime a las expectativas  sociales creadas por el proyecto constitucional de 1991. Una Política Pública para el Trabajo Decente y la formalización Laboral, puede contribuir a construir una agenda que en el mediano plazo recupere la fuerza institucional en la defensa de los derechos del trabajo, genere un nuevo marco de relaciones entre obreros y empleadores que no esté mediado por la violencia y nuevas condiciones donde se acepte que los derechos de los trabajadores son tanto o más importantes que los de la libre empresa. La paz es una oportunidad, el trabajo es la herramienta fundamental para hacer posible la paz.

viernes, 13 de junio de 2014

Los caminos de la Paz



Los caminos de la paz


Mauricio Rodríguez Amaya


Primero fue el camino de la Uribe en 1982, donde la comisión del Gobierno de Belisario Betancourt se encontró con las FARC para discutir los términos de una paz negociada. De ese intento surgió la Unión Patriótica como movimiento político nacional de la izquierda, pero dos grandes fenómenos llevaron al traste esta posibilidad: la retoma a sangre y fuego del Palacio de Justicia en Cabeza de Jaime Castro y el General Plazas Vega, y el asesinato de los parlamentarios, concejales y alcaldes electos de la UP, que en las elecciones de 1986 logró 5 senadores, 9 representantes (incluido Iván Márquez, por el Caquetá), 14 diputados, 351 alcaldes y 23 concejales; también fue asesinado el Candidato presidencial Jaime Pardo Leal, en  la noche triste del 28 de marzo de 1987. La democracia quedaba herida de muerte y la paz, calcinada entre los escombros del Palacio. Se fulminó la ley de amnistía del año 82 y la tregua se esfumó con su estela de muerte y dolor.  

Belisario Betancur Cuartas 1982-1986 / negociaciones con las FarcTras algunos encuentros secretos del expresidente con esa guerrilla se llegó a los acuerdos de La Uribe, que dieron pie a la creación a la extinta Unión Patriótica.  

Otro intento de paz en medio del baño de sangre nacional, se creaba desde las tierras de Corinto, en el Cauca, donde el M-19 buscaba la negociación a pesar del asesinato del candidato Liberal Luis Carlos Galán  Sarmiento el 18 de agosto de 1989; en efecto, el 8 de marzo de 1990 el eme entregó las armas para impulsar una nueva Colombia desde las vías de la democracia; La respuesta ofrecida por el establecimiento colombiano fue contundente y unívoca: el candidato a la Presidencia por la Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo Ossa, fue asesinado en la mañana del 22 de marzo, en el Puente Aéreo de Bogotá, y Carlos Pizarro, Jefe Máximo de la Alianza Democrática M-19, fue acribillado solo mes y medio después de entregar las armas, dentro de un avión, un miserable 26 de abril. 
 http://www.kienyke.com/wp-content/uploads/2014/02/Carlos-Pizarro.jpg

Un nuevo intento surgió en los diálogos de Cravo Norte, en el Arauca, donde el ELN, el EPL y las FARC, buscaron de nuevo la alternativa de la negociación, a pesar de la masacre contra la Unión Patriótica, el asesinato de Bernardo y Pizarro y de la fracasada operación “Casa Verde” con que el Presidente de Colombia pensaba acabar la dirigencia de las FARC el mismo día que escogía la Nueva Asamblea Nacional Constituyente, el 9 de diciembre de 1990. El 15 de mayo de 1991, la Coordinadora Guerrillera y el Gobierno Nacional acordaron realizar diálogos de Paz en Caracas los cuales se iniciaron en 1992, año en que el entonces Coronel Hugo Chávez Frías intentó una toma militar del Gobierno de Venezuela, lo que obligó a la mesa de negociaciones trasladarse a Tlaxcala, en México, donde los diálogos se suspendieron después de la muerte en cautiverio del Ex ministro colombiano Argelino Durán Quintero; de nuevo, la esperanza de la paz volvía a cerrarse el 22 de mayo de 1992. 


Andrés Pastrana Arango  
1998-2002 / Negociaciones del Caguán 
En marzo de 1999 se dio una reunión secreta en Costa Rica entre 'Raúl Reyes' (Farc), Philip Chicola (Gobierno de EE. UU.) y el secretario de Palacio Juan Hernández. El excomisionado Víctor G. Ricardo no pudo viajar.Fueron casi diez años más de guerra, acercamientos y conversaciones en diferentes lugares del planeta,  giras internacionales, países amigos, reuniones de alto nivel, y miles de muertos en los barrios y los pueblos de Colombia y una inversión incalculable en defensa, para que en el 2000 gobierno y guerrilla volvieran a asumir una postura decisiva frente a la paz. Con el acuerdo de Los Pozos, volvimos a pensar en serio en la posibilidad de un acuerdo que nos permitiera vivir el final del conflicto armado; varias veces fuimos a Los Pozos a participar en las reuniones convocadas por el comité Temático, desde Neiva por la vía de Balsillas, una trocha inexpugnable de más de 18 horas en la que había que bajarse de los carros para rellenar con piedras y palos los tremendos huecos producidos por la lluvia y el barro, hasta llegar a San Vicente del Caguán. Muchas veces fuimos con la esperanza de aportar a los cambios desde la perspectiva de las organizaciones juveniles y estudiantiles; pero el proceso tenía tres grandes enemigos: la estrategia paramilitar que se había consolidado después de 20 años de desolación y terror por todo el territorio colombiano, el Plan Colombia que redimensionó la arrogancia guerrerista de las fuerzas militares y la soberbia de una guerrilla que creyó que la negociación no era más que una táctica en su estrategia de derrota militar al Establecimiento colombiano. Álvaro Uribe Vélez encarnó los intereses de los dos primeros enemigos del proceso y supo aprovechar políticamente los errores de la estrategia guerrillera.

Quizá en ese momento no entendimos que Uribe representaba toda la escoria del establecimiento, empoderado bajo el influjo del narcotráfico y protegido por los ejércitos privados de los Castaño, los Bernas y los Mancuso. Con su llegada a la presidencia desapareció la esperanza de paz y se agudizó la conflagración con todas sus barbaridades y estertores; en su gobierno vimos cientos de pueblos despedazados y millones de campesinos condenados a la expulsión de sus propias tierras, rutas del narcotráfico consolidadas so pretexto de la estrategia contrainsurgente y un gobierno dedicado al saqueo y al engaño. Con Alvaro Uribe Vélez se volvieron pan de cada día las ejecuciones extrajudiciales, a las que el eufemismo de nuestra doctrina militar determinó Falsos positivos; con Uribe creció la corrupción de las instituciones, incrementaron los montajes judiciales contra la izquierda y contra los detractores del nuevo régimen; con Uribe llegamos más cerca del Fascismo y tuvimos que vivir doce años más de guerra, de dolor y de muerte; de exclusión y pobreza, de atraso y venganza. 


Juan Manuel Santos, es heredero genuino de Alvaro Uribe Vélez,  hijo legítimo del establecimiento que condenó a estas tierras a la guerra, el mismo establecimiento que ha sabido aprovechar la guerra como medio para enriquecerse,  para desolar el campo, para reprimir la lucha popular y para eliminar a los opositores. Santos representa la misma agenda de exclusión colonial que Colombia ha debido soportar desde 1990; fue ministro de todos los gobiernos neoliberales y dirigió directamente la economía de muerte y la guerra de exterminio de los últimos 30 años. Él es un representante de quienes se han enriquecido en nombre de la guerra, de quienes han liquidado las esperanzas de paz y que han hecho de Colombia un cráter insondable de terror y miseria. 

Pero Santos volvió a abrir la puerta de la esperanza de la paz, avanzó dos años en diálogos con la Guerrilla y se ha comprometido a llevar dichos diálogos hasta la firma de un acuerdo para el fin del conflicto. Ese hecho histórico lo diferencia radicalmente de su antecesor y lo distancia definitivamente de quienes necesitan la guerra para mantener vivo el pretexto de las rutas seguras del narcotráfico, la expropiación de la tierra y la corrupción medular del Estado. Lo que sucede en la Habana con las FARC y la posibilidad de diálogo con el ELN, son hoy ventanas determinantes para creer que nuestras hijas y nuestros nietos tendrán derecho a vivir sin la guerra, sin la muerte amparada en las guarniciones militares o escondida en cualquier rincón de la patria. Esos diálogos no son más que una mera expectativa, pero de esa expectativa depende el futuro. Santos y la clase que representa debe cumplir su palabra de firmar el fin de la confrontación armada, para poder empezar otro largo y tortuoso camino de recomposición nacional, de verdad, de justicia, de no repetición y de reparación integral a las víctimas.
http://www.colombia.com/actualidad/nacionales/sdi/62132/inicia-la-novena-ronda-de-negociaciones-en-la-habana

 Permitir el retorno de Uribe a la jefatura del Estado es condenar a mis hijas a otros 20 años de miseria y muerte, de guerra descomunal contra los pobres, de narcotráfico y paramilitarismo. Permitir el retorno de Uribe, es declarar que quienes hemos vivido ya más de 30 años de guerra y solo cuatro intentos de paz, hemos sido derrotados por el guerrerismo y las mafias, que nos han ganado la tiranía del narcotráfico y sus bandas paramilitares, que merecemos la miseria y la muerte, porque no supimos actuar consecuentemente en momentos decisivos como estas elecciones presidenciales. 

Voy a votar por la Paz, porque las futuras generaciones merecen otro mundo, otra Colombia, otros sueños. Para que los mercaderes de la muerte dejen por fin de azuzar el odio y producir miseria, para que algún día, condenados por sus crímenes, reconozcan que teníamos razón  y la negociación política era el camino posible hacia la paz.
     

miércoles, 28 de mayo de 2014

Carta al Candidato Santos



Carta al Candidato Santos

Pugna en la campaña reeleccionista .


Por Mauricio Rodríguez Amaya


Señor candidato Juan Manuel Santos, como usted sabrá mejor que yo, varias voces significativas de la izquierda colombiana, de los sectores progresistas y de reconocidos y reconocidas demócratas, indudablemente más inteligentes que yo, vienen planteando la tesis de votar por usted en la Segunda Vuelta presidencial, como un aporte generoso y sincero por la continuidad del Proceso de Paz. Pese a semejante nivel de altruismo que representa para la izquierda votar por usted, yo aún no me convenzo de que ese hecho represente la continuidad del proceso en la Habana, ni el arranque de Diálogos con el ELN, ni mucho menos cambios favorables para los trabajadores y trabajadoras ni para las clases populares, que representan más del 70% de la población colombiana.

Sin embargo, con el ánimo de tomar una decisión a conciencia, me permito presentar a Usted muy respetuosamente el presente formulario, con el cual quiero tener una mirada más clara de lo que significaría acompañarlo con mi voto el próximo 15 de Junio, o por el contrario, saber a qué me atengo si me quedo en mi casa esperando el cierre definitivo de esta campaña indecorosa, ausente de debates y vacío de propuestas de no haber sido por el programa presentado por las Doctoras Clara López y Aida Avella. 

1.      Si es reelegido en la Presidencia de Colombia, llevará hasta la firma de un acuerdo los diálogos que se adelantan en la Habana con las FARC-EP, asumirá hasta las últimas consecuencias ese diálogo?

2.      Iniciará diálogos de paz con el ELN?

3.      Promoverá una asamblea Constituyente o un referendo que ratifique los compromisos firmados con la Guerrilla?

4.      Está dispuesto a cumplir los compromisos hechos con el Gobierno de los Estados Unidos para promover la formalización efectiva del empleo, garantizar la estabilidad laboral y los derechos de los trabajadores a la libre asociación y a la negociación colectiva, teniendo en cuenta que su Ministro del Trabajo, no solo no cumplió el Plan de Acción, sino que estimuló la impunidad y la persecución antisindical, la tercerización laboral y el desmantelamiento de la negociación colectiva?

5.      Suspenderá definitivamente las licencias que permiten operar a la multinacional DRUMOND, o permitirá que esta empresa continúe destruyendo el mar y las riquezas naturales del Magdalena y La Guajira?

6.      Exigirá a Ecopetrol que asuma la operación directa de los campos petroleros operados en el Meta por la Multinacional Pacific Rubiales, o se quedará callado como hasta ahora, ante el incumplimiento de los compromisos sociales, la persecución sindical y las violaciones a los derechos humanos que esta empresa produce diariamente en Puerto Gaitán?

7.      Detendrá la destrucción de Cajamarca y de la reserva natural del Tolima que ahora está entregada en concesión a la Anglo-Gold, o dejará pasar la devastación natural más grande del país?

8.      Exigirá que el Fiscal General de la Nación asuma en serio las investigaciones de los más de 4000 asesinatos extrajudiciales (falsos positivos) o dejará que la impunidad y el dolor consuman definitivamente a las víctimas?

9.      Devolverá y titulará la tierra a los campesinos beneficiarios de reforma agraria o seguirá permitiendo que los grandes ricos y las empresas multinacionales se hagan titular las tierras que fueron despobladas por la violencia paramilitar?

10.  Solicitará el retiro inmediato del proyecto de reforma a la Salud, o permitirá que con este las EPS logren alcanzar más beneficios y libertades en contra de los pacientes, los médicos y los hospitales?

11.  Exigirá al Ministerio de Educación que entregue los recursos que requieren las universidades públicas, o seguirá amenazando con entregar los centros educativos al capital privado?
  

Agradezco la prontitud de su respuesta,  pues de ella dependerá si salgo a votar o no el próximo 15 de junio de 2014, el mismo día en que usted deberá asumir la responsabilidad por lo que hizo, por lo que no hizo y por lo que piensa hacer.