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martes, 26 de octubre de 2010

La viga en el ojo propio

La viga en el ojo propio




Mauricio Rodríguez Amaya

www.bajolamole.blogspot.com



Algunas opiniones al respecto de las respuestas del Polo Democrático a las acusaciones hechas por la Comisión encabezada por Gustavo Petro.

El cristianismo, tradición secular que asumimos como propia hace más de quinientos años, ha impuesto por la vía de la fuerza y de la fe (y de la fuerza de la fe, por supuesto) un catálogo de valores, reglas y principios que incluso están por encima de lo que hemos logrado formalizar en nuestros sistemas de normas positivas. Por ejemplo, su teoría de la justicia, exige que, según Jesucristo, solo pueda juzgar quien esté libre de pecado; lo que aplicado a nuestros días sería necesariamente el culmen de la impunidad, ya suficientemente apoderada de nuestras instituciones e impregnada en todo nuestro derecho distributivo y sancionatorio. En el capítulo siete de su libro, el evangelista Mateo, nos indica que quien no haya sacado antes la viga de su ojo, no puede mirar la paja que se anida en la vista de su hermano. Indica más adelante que Jesús impuso como ley que solo el que estuviera libre de Pecado podría lanzar la primera piedra. Eso estaría bien, tratándose de ángeles, pero el mismo cristianismo y sobre todo la tradición judía se ha encargado de persuadirnos que la gran distancia entre Dios y nosotros es precisamente, además de nuestra inefable condición perecedera, la ineludible capacidad de cometer pecados. Por lo tanto, desde este punto de vista, el único ser capaz de impartir justicia, juicios de valor y demás cargas valorativas, sería Dios y su séquito de ángeles, únicas ánimas impolutas sobre la faz del mundo.


Todos somos o hemos sido cristianos, por palabra, obra u omisión, pero difícilmente podríamos recurrir a semejante teoría para poder medio organizarnos en este azaroso mundo de pecado y ruina. Aplicado a casos concretos, no me imagino al opus-procurador renunciando a sus profundas creencias en su maestro Escribá, para poder limpiar su ojo y atacar con toda su ojeriza a la pobre Piedad. Cuánto habría que esperar para que Moralesrussi se quitase de encima más de una viguita que le ha entrado en su ojito picarón para que empiece en serio a investigar a los funcionarios del gobierno local que presuntamente están contaminados por el yerro mortal de la corrupción.



Pero vamos al grano, el tema que inspira esta nota es la respuesta casi unísona que ha dado el Polo Democrático a los resultado de la comisión contra la corrupción encabezada por Gustavo Petro, Luis Carlos Avellaneda y Carlos Vicente de Roux (de todos, el más cercano a la canonización, si se tiene en cuenta su profunda herencia jesuita). Hace unos días, el excandidato presidencial del Polo, pecador de cabo a rabo, se atrevió a hurgar con sus ojos saltones, los contratos del Distrito capital, sus agentes y sus formas. El otrora valiente senador (en palabras de sus antiguos camaradas), puso sobre la mesa lo que él llamó indicios sobre las presuntas prácticas corruptas del Alcalde Moreno y de su hermano. Las mafias existentes sobre los contratistas y los contratistas que abarcan las obras de la capital del país. La respuesta del Polo Democrático no se hizo esperar; su primera respuesta fue anunciar que existe un plan de la ultraderecha, (seguramente con el apoyo del pentágono y la CIA) para destruirlo. Afirmación que resulta cierta de acuerdo con los mismos documentos del DAS, que la prensa ha mostrado como parte de los planes estratégicos del uribismo. No paró ahí, la Presidenta del Polo dejó casi por sentado que Petro trabaja para el DAS, o por lo menos comparte los mismos objetivos, en su entrevista del domingo pasado en El Espectador. Luego vino la declaración unánime del Comité Ejecutivo (al que por su-puesto no asistieron todos) que Petro y la ultraderecha son la misma cosa. Iván Moreno, Senador y hermano del Alcalde acuso a Gustavo Petro de pedirle gabelas y puestos de trabajo (extraña manera de defenderse de la acusación de clientelista, por cierto) y el Alcalde anunció demandas contra todos los que han hablado mal de su familia y de su propia persona, empezando por Gustavo Petro.



En mi opinión todas las respuestas del Polo son justas y seguramente ciertas: que el interés de la derecha y de la ultraderecha (e incluso de Petro) es acabar el polo, podemos darla por aceptada. Que Petro se parece a la derecha y que en muchos casos comparte los mismos objetivos, démoslo por hecho. Que le pidió contratos y clientelas a Iván Moreno, podemos admitirlo, pues es de sentido común que la gente busque trabajo donde dan. Todas estas legítimas respuestas intentan sustentarse en la tesis de la falta de legitimidad en la causa de Gustavo Petro, porque en todos los casos es más pecador que a los que acusa. Traidor, infiltrado, ultraderechista, santista, clientelista. Supongamos que Gustavo Petro es todo esto y mucho más.


Pero tristemente los ataques, improperios o descripciones para reducir el tamaño del acusador no son suficientes para responder el problema de fondo. Es decir, si hay o no hay corrupción en Bogotá; si se han favorecido familias con prebendas, gabelas, coimas, cuotas y demás formas de pagar contratos y favores. Ese tema no lo asume nadie. Todo se le deja en manos a las legítimas autoridades, las mismas a las que acusaba el polo por su corrupción e impunidad en tiempos no tan pretéritos. No me cabe en la cabeza que si la gente pregunta si existe corrupción en el distrito, sea suficiente respuesta decirle que el acusador es un traidor o un lapa.


Y más aún, suponiendo que toda la contratación ha sido límpida y traslúcida, ha de ser muy grande la viga del ojo propio para no alcanzar a mirar la inconformidad de la ciudadanía bogotana por la manera cómo está la ciudad. La falta de planeación en las obras, todas al tiempo y sin prioridad, los atrasos y las repetidas prórrogas a los contratistas, los contratos caídos o cedidos, las enormes cantidades de dinero perdidas y el hueco fiscal del distrito después de años enteros de finanzas más o menos sanas, son inocultables. Sin hablar del metro (ya escuché a Clara López decir que Moreno nunca habló de eso). O qué decir del estado actual de los comedores comunitarios, o del incremento de la delincuencia común, entre otros muchos temas que tienen en el vórtice del huracán a la actual administración del Distrito. Cerrar los ojos a las equivocaciones, a los pasos en falso a nombre de una supuesta treta supraoligárquica para acabar con el Polo Democrático, aún si ésta existe, no es factor de justificación para una administración cada vez más desprestigiada entre los transeúntes y más alejada de su proyecto de origen.


El debate abierto por Petro y su comisión, antes que poner a todo el mundo a rasgarse las vestiduras y a buscar pecadores más impíos que los acusados, debería ser una buena oportunidad para que el POLO reconociera que esta administración en más de una oportunidad ha actuado en contravía de las mismas definiciones del partido y por supuesto de las mayorías bogotanas. El Plan Centro sigue su marcha y la revisión del POT solo sirvió para acelerar su paso. El alcalde insiste en regalar la ETB a una empresa extranjera y estimular el retiro forzado de los trabajadores. La ciudad se mueve a medias y la movilidad ya casi no se mueve; cada bogotano gasta más de dos horas diarias en trancones y la calidad de vida ha bajado en los últimos tres años. Algo debería decir el Polo al respecto; al fin de cuentas es tan pecador el que malgasta las monedas que quien las entierra para no gastarlas, recurriendo a otra hermosa parábola de nuestra poderosa tradición cristiana.


Lo cierto es que mientras el Polo guarda silencio ante lo fundamental y el alcalde evade el debate en sus monólogos frente a la prensa, no dejan de llover piedras lanzadas por corruptos de talla gigante, por relapsos de concesiones magnánimas, por paganos que ha hecho de la patria un verdadero infierno y por oportunistas de todo pelambre que se mueren por ver el proyecto político de la alternativa convertido en carroña; pecadores todos ellos que a pesar de sus profundas convicciones cristianas, no van a dejar de tirar escarnios sobre lo que se está haciendo a nombre del polo (y casi sin el Polo). Por ahora el debate está abierto, y en cualquier caso su solución no podrá dejarse en manos de ningún tipo de tribunal divino.


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ADENDA 1: Petro ha dicho que sus acciones responden al compromiso que tiene con más de un millón y medio de votantes. Quiero decirle que desde hoy debe preocuparse de un votante menos; no se preocupe más por mí Doctor Petro, que yo mejor me defiendo solo.


ADENDA2: Comparto totalmente la posición del Representante Iván Cepeda, esa sí cesuda, ecuánime y exacta.

ADENDA 3: Vale la pena recordar la experiencia del Doctor Serpa; peridó las elecciones presidenciales porque se quedó cargando solo el peso del elefante de su jefe Ernesto Samper. ¿Debe cargar el Polo el elefante de Moreno?.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Gustavo Petro, Presidente




Gustavo Petro, Presidente


Ganó el trabajo de campo, perdió la excesiva confianza y quedó en deuda un Partido que aspira a gobernar. Opiniones para un balance sobre la consulta del domingo 26 de septiembre.



Mauricio Rodríguez Amaya

El 1 de marzo de 2009 Gustavo Petro prometió que sería candidato de una gran alianza en defensa de la Constitución del 91, propuso quitarle el Estado a las mafias, imponer lo social sobre el mercado y recuperar la democracia sobre la seguridad. Petro aceptó ir a la consulta del Polo a sabiendas que la gran mayoría de los parlamentarios y parlamentarias respaldaban a Carlos Gaviria; el Polo (de Gaviria) aceptó el reto de someterse a una consulta abierta; ambas decisiones resultaron ser altamente beneficiosas tanto para el Polo como para el País, primero porque el Polo demostró que es más que su propia maquinaria y segundo, porque la opinión expresada en los votos del domingo implica una discusión profunda al interior del partido y en la izquierda colombiana sobre métodos y contenidos.




Carlos Gaviria es un hombre insigne por su coherencia, ejemplar por su sabiduría y un referente de honestidad para un país en donde los subsidios se entregan a los ricos y donde a los pobres se les asesina y luego se les coloca el camuflado. Pero Gaviria no logró eludir la imagen que a su alrededor se fue construyendo, principalmente por su excesivo entusiasmo con el sectarismo del MOIR y en gran parte por el exceso de confianza en su triunfo. Sus problemas empezaron el mismo día del congreso; ese día, sus más cercanos seguidores lo convencieron de ser candidato presidencial y aceptar reelegirse en la presidencia del Polo. Luego en el reparto de la burocracia, el sector de Petro tuvo que ver los toros desde la barrera.




Petro aceptó ir a la consulta, a pesar que en el Polo se daba como descontada su derrota; Gaviria fue a la consulta con las encuestas y la burocracia a su favor. Ambas perdieron y Petro ganó para demostrar que en la política nada está escrito. Petro ganó porque hizo una campaña de puerta a puerta, municipio por municipio; una campaña de campo le permitió a Gustavo Petro persuadir a miles de colombianos de ir a las urnas para apoyarlo. Petro tenía claro que cada paso era una ganancia, que cada voto era uno más en el reducido campo de posibilidades que deja una campaña en negativo, tal y como llaman los expertos a este tipo de estrategia. En el campo de Gaviria, todos se sentían ganadores, un ambiente de triunfalismo absorbió a los estrategas y bajaron la guardia.




Con el resultado ganó el trabajo de campo, ese que el Polo debe hacer todos los días, en un país embrujado por las migajas que caen de la mesa en algún consejo comunitario y por la propaganda oficial de los grandes medios que pretenden mantener en el poder al capo que los manda. Ganó la estrategia de Petro de no darse por perdido un solo instante, a pesar de encuestas y declaraciones casi que oficiales. Por el otro lado, perdió el exceso de confianza, el triunfalismo y esa pretenciosa postura que hace de ciertos caudillos de la izquierda cargar con el hálito de la verdad revelada; Gaviria no es triunfalista, puedo dar fe de ello, no cree en mesianismos, pero en su campaña sí triunfó la arrogancia que da la certeza en el triunfo seguro y la despreocupación por lo poco, cuando se tiene por asegurado lo mucho.

Pero la deuda de ayer la dejó el Polo, pues la votación general es baja para un partido que sabe que su reto consiste en cambiar la historia política de Colombia. Las maquinarias internas del partido vieron la consulta como asunto de trámite, algunos más y otros menos, pero todos al fin y al cabo no entusiasmaron lo suficiente a las bases para hacer de la consulta una ruptura y un éxito. El Polo desaprovechó la consulta para anotarse un triunfo electoral, más allá del candidato. La estrategia fue insuficiente para lograr una participación mayor el pasado domingo.

Falta entusiasmo en un partido que sabe que cualquier esfuerzo para ganarle terreno al unanimismo uribista es un triunfo necesario en la batalla por la democracia. Faltaron ganas, las ganas de otros años, cuando todos sabíamos que cada voto era imprescindible para crecer como proyecto. Si el Polo aspira seriamente a ser gobierno debe recuperar, el anhelo de la voluntad de un país cansado de promesas infames, desfalcos del fisco sin perdón ni olvido y muertes por doquier a nombre de la dictadura que se impone. El Reto del Polo, no solo el de Petro, será buscar en dónde están los millones de colombianos y colombianas que no creemos en la dictadura como forma de gobierno, ni en el plebiscito presidencial con máscara de referendo, ni en el pillaje de lujo de ministros y exministros, ni en la guerra contra todo aquel que opine distinto al ABC que impone la oficialidad armada y mediática. El reto es el gobierno, y eso se consigue concitando las ganas y los votos por un país distinto, justo y democrático.