Un doce de octubre, conspirar es necesario
Mauricio Rodríguez Amaya
Descamisados, sedientos y a punto de morir de inanición, cerca de ochenta hombres desembarcaron en las Antillas, para sobrevivir primero y luego, con más fuerzas, arrasar la vida sobre estas tierras novedosas e indómitas; hoy los nuevos conquistadores vienen en aviones privados abastecidos hasta el derroche, con ni siquiera el más mínimo problema pero con el doble de las posibilidades de éxito.
Cuando el Almirante genovés besó estas tierras, eran vírgenes multimillonarias en productos y especies; en el Caribe, los pueblos vivían de sus propios cultivos, las tierras no eran de nadie porque eran de todos y de todas; habían imperios y grupos y guerras, y dominios, pero la vida tenía valor y la naturaleza alimentaba todos los estómagos y alcanzaba para vivir todos los sueños. Los nuevos conquistadores, tienen que lidiar con un pueblo esencialmente pobre, endeudado y desterrado; más de la mitad de América Latina es Pobre y otro 30% está en la indigencia. En vez de bosques inhóspitos y frondosos, estas tierras están condenadas al monocultivo del cacao, el café, el azúcar, el algodón, las flores o el banano, o cualquier otro producto de conspicuo gusto en los paladares europeos o norteamericanos. La tercera parte de la selva brasilera ha sido transformada en caucho, otra tercera parte sufre los rigores de la explotación maderera; en Colombia, donde la tierra respiraba limpio, pululan palmas aceiteras para producir combustibles; en Haití no nace un árbol porque el monocultivo de la caña quemó las tierras por más de cuatrocientos años; la selva chilena ha sido prácticamente destruida y en Guatemala, el banano devastó la comida de más de 15 millones de indígenas.
Con Colón nació la circulación mundial del dinero, antes era solo una quimera del mundo moderno europeo. Hoy los billetes circulan mucho menos que las inflaciones en las bolsas, los capitales inexistentes especulan en el país que se les da la gana; al parecer nadie los controla, pero la verdad es que es un sistema global que engorda un día a un pueblo, empresarios y gobierno y a las pocas horas los hace vomitar todo cuanto tengan en lo más íntimo de sus entrañas. Los banqueros tienen más dinero acumulado que los conquistadores industriales; producir es un riesgo innecesario, y si se hace, debe ser para alimentar el modo de vida europeo o norteamericano; al fin de cuentas, este continente, África y gran parte de Asia, siguen proveyendo las materias primas necesarias para producir el fomento industrial y financiero de los nuevos conquistadores.
Cada doce de octubre, algunos de nuestros gobiernos hacen eventos y proclaman discursos elevando aleluyas a la sacrosanta modernización. Hacen ritos en conmemoración de Colón y su tropa de harapientos y mercachifles, en donde participan gustosamente los nuevos conquistadores con la anuencia de los nuevos ricos de acá, cuyas riquezas se deben a que han permitido que todo cuanto tenemos valioso viaje casi gratis hacia allá.
En muchos rinconcitos hay gente conspirando contra esos nuevos ricos, porque conspirar en Nuestra América consiste en esa vilipendiada herejía de soñar con alimento, con educación digna y para todos, con empleos estables y decentes, con derecho a un techo, con servicios básicos y con espacio para todos los hijos, las hijas y las nietas; soñar y vivir con aire fresco y con agua limpia, con mares propios y con montañas coloridas y valles verdes. En América conspirar es pensar que tenemos derecho a realizar nuestra propia historia, aunque implique siquiera sea un poquito, sacrificar el gusto de los nuevos conquistadores.
Cada doce de octubre, es un día que necesita conspirarse más, hasta que logremos que por fin, no nos acordemos de esta fecha sino como parte de una ignominiosa campaña que nos partió la historia y nos condenó al olvido. Hasta que olvidemos las celebraciones y recuperemos las conspiraciones, hasta ese día, conspirar en octubre será necesario.
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Octubre 12, 2012




