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miércoles, 12 de junio de 2019

Buenaventura, el pueblo no se rinde carajo



Buenaventura: el pueblo no se rinde carajo



Mauricio Rodríguez Amaya
@apuntadelengua




Hoy los bonaverenses conmemoran dos años del Paro Cívico y saben que la forma de presionar el cumplimiento de los acuerdos es manteniendo viva la llama que ya encendieron

 Aspectos de la movilización en mayo del 2017 en las distintas calles de Buenaventura, Valle del Cauca. Foto: Mauricio Rodríguez Amaya
  
A las 5 de la mañana del 16 de mayo de 2017, en el puente El Piñal, que une la isla y el continente, se dio inicio al Paro Cívico de Buenaventura. Se establecieron los puntos de encuentro comunitario y el comercio cerró sus puertas hasta nueva orden. Al medio día ya Buenaventura estaba bajo el control de la comunidad, de las gentes en las calles, de los jóvenes y niños jugando fútbol en las avenidas, de los grupos de marimba de chonta elevando una sola voz: El pueblo no se rinde carajo.

Así inició el que sin duda es el capítulo más importante de la historia colectiva de esta ciudad portuaria del Pacífico colombiano. Los bonaverenses, cansados de los abusos de las sociedades portuarias, de la falta de oportunidades de trabajo decente y del silencio cómplice del Estado departamental y nacional, decidieron convocar el Paro Cívico que partió en dos la historia de Buenaventura.
Un escalofriante diagnóstico
El pliego conjunto presentado al Gobierno nacional, contenía en un solo documento las exigencias sociales, laborales y de infraestructura que la ciudad requiere para salir del rezago al que durante años la han sometido el Estado y el capital portuario nacional y trasnacional.
De acuerdo con el Diagnóstico Sociolaboral del sector portuario de Buenaventura (2018) el 88,7 % de la población es afrocolombiana, siendo el tercer municipio del país con mayor población afro. El 6 % es de origen indígena, y el 11 % es de origen blanco y mestizo. Según el DANE, el municipio tiene una población aproximada de 415 mil habitantes, el 51,37 % de la población son hombres y 48,63 % mujeres.
Acudiendo al informe del Observatorio Regional de Mercados del Trabajo – Ormet (2018), la cobertura neta en educación media para el año 2015 en Buenaventura fue de 22,3 %, lo cual la ubica lejos de la media departamental para el mismo año que fue de 40,0 %, la tasa de analfabetismo en mayores de 15 años (2005) fue de 9,2 %, superior a la departamental (5,3%); la tasa de mortalidad infantil (2014) fue de 25,3 % superior en 14 puntos a la tasa departamental (11,3).
En Buenaventura el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas – NBI es de 36 %, esto es dos veces mayor que el del Valle, que se ubicó en el 15 %, y muy por encima del nacional que se encuentra en el 27,7 % (DANE, 2014). De acuerdo con la Encuesta de Hogares (DANE-GEIH, 2016) el 66 % de la población bonaverense vive en condiciones de pobreza y reporta una tasa de desempleo del 49 % y una tasa de informalidad que alcanza un 90.3 % (DANE-GEIH, 2016).
El Distrito de Buenaventura alcanza un índice de pobreza multidimensional IPM de 66 %. De acuerdo con el informe de Pobreza Multimodal, que establece el nivel de privación de una población con los indicadores establecidos para esta medición, Buenaventura cuenta con altos niveles de privación en nivel educativo (82,6 %), viviendas inadecuadas (68%), analfabetismo (67%), bajo acceso a fuentes de agua mejorada (51%), ausencia de aseguramiento en salud (30%), desempleo de larga duración (14%), entre otros indicadores.
Crisis humanitaria y paro cívico
Según el Plan de Desarrollo Distrital 2015-2019, las principales causas del rezago de Buenaventura, son en gran medida, la poca capacidad de gestión gerencial de lo público; la sistemática violación de derechos humanos y étnicos territoriales y la débil legitimidad política del gobierno local para liderar la gestión y el desarrollo de lo público en el territorio, entre otras causas.
Sin embargo, hace falta decir que los grandes capitales nacionales y trasnacionales de los servicios de logística y comercio portuario, han sido claves para someter a los trabajadores a condiciones de precariedad y tercerización, han incrementado la conflictividad territorial en aras de tomar nuevas zonas para las actividades portuarias, produciendo nuevos desplazamientos internos y violencia local.
El Paro Cívico puso en evidencia la profunda crisis social y humanitaria de Buenaventura, y permitió reorientar los esfuerzos al impulso de una sola agenda conjunta. Por esta razón, procesos comunitarios, sindicales, de mujeres, jóvenes, campesinos y consejos comunitarios, hacen parte de las más de 180 organizaciones que suscriben las agendas y los pliegos sobre los cuales se firmó el Acuerdo con el Gobierno nacional en junio de 2017, y que permitió tomar la decisión de suspender el Paro Cívico, en aras a que el gobierno nacional dé cumplimiento a lo pactado.
Conquistas del movimiento
Durante estos dos años, aunque no se cumplen los acuerdos en su totalidad, el Comité del Paro ha logrado, gracias a la presión territorial, nacional e internacional, varios aspectos claves para el desarrollo territorial; en primer lugar, se logró que el Congreso de la República, creara el Fondo Autónomo para Buenaventura, mediante la ley 1872 de 2017.
Este fondo cuenta con recursos que suman $1,6 billones, los cuales serán destinados para inversiones estratégicas del municipio, y tendrá una vigencia de 10 años. Los principales proyectos que serán cubiertos y financiados son, Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado que contará con $350.000 millones; la Ciudadela Hospitalaria, con una inversión de $183.000 millones en cuatro años; la Unidad de Cuidados, que contará con $12.500 millones, y el acueducto rural con una inversión de $25.000 millones; otros proyectos como el parque pesquero, las mejoras en la infraestructura educativa, la diversificación económica del Distrito, hacen parte de los proyectos contemplados por el Fondo Autónomo y que serán ejecutados en los próximos años.
Gracias a la presión de las comunidades y del Comité Ejecutivo del Paro Cívico, el Plan de Desarrollo del Gobierno nacional incluyó a última hora el compromiso de transferir los recursos que requiere el Fondo para su funcionamiento y la ejecución de los proyectos en este cuatrienio.
Otros compromisos relevantes se están discutiendo y construyendo en las mesas temáticas.  Particularmente, en la Mesa de Productividad y Empleo, se viene trabajando con el Ministerio del Trabajo para producir la legislación para la formalización laboral del trabajo portuario, con la cual los obreros de este sector pretenden recuperar los derechos laborales que les fueron arrebatados tras la privatización de las sociedades portuarias a partir de 1991.
Aunque este compromiso no ha logrado grandes desarrollos, las organizaciones sindicales siguen presionando su cumplimiento, a partir de los procesos de organización y negociación colectiva. Este año, producto de este nuevo contexto, la Sociedad Portuaria de Buenaventura, firmó la nueva convención colectiva con el Sindicato Unión Portuaria, en el que la compañía se compromete a garantizar la estabilidad de los trabajadores que se encuentran vinculados con contratos a término fijo.
Aunque las agendas con el gobierno se muevan lento, la comunidad de Buenaventura sabe que su lucha cambió la historia, que su compromiso durante el Paro Cívico permitió que todo un país volviera su rostro sobre esta región olvidada y condenada a la violencia y al atraso.
Hoy los bonaverenses conmemoran dos años del Paro Cívico y saben que la forma de presionar el cumplimiento de los acuerdos es manteniendo viva la llama que ya encendieron por la defensa de sus derechos, de la posibilidad de volver a tener la esperanza de que se puede vivir con dignidad y paz en el territorio, porque, como dice su consigna central, “el pueblo no se rinde carajo”.

jueves, 11 de octubre de 2012

Un doce de octubre, conspirar es necesario


Un doce de octubre,  conspirar es necesario

Mauricio Rodríguez Amaya
Descamisados, sedientos y a punto de morir de inanición, cerca de ochenta hombres desembarcaron en las Antillas, para sobrevivir primero y luego, con más fuerzas, arrasar la vida sobre estas tierras novedosas e indómitas; hoy los nuevos conquistadores vienen en aviones privados abastecidos hasta el derroche, con ni siquiera el más mínimo problema pero con el doble de las posibilidades de éxito.


Cuando el Almirante genovés besó estas tierras, eran vírgenes multimillonarias en productos y especies; en el Caribe, los pueblos vivían de sus propios cultivos, las tierras no eran de nadie porque eran de todos y de todas; habían imperios y grupos y guerras, y dominios, pero la vida tenía valor y la naturaleza alimentaba todos los estómagos y alcanzaba para vivir todos los sueños. Los nuevos conquistadores, tienen que lidiar con un pueblo esencialmente pobre, endeudado y desterrado; más de  la  mitad de América Latina es Pobre y otro 30% está en la indigencia. En vez de bosques inhóspitos y frondosos, estas tierras están condenadas al monocultivo del cacao, el café, el azúcar, el algodón, las flores o el banano, o cualquier otro producto de conspicuo gusto en los paladares europeos o norteamericanos. La tercera parte de la selva brasilera ha sido transformada en caucho,  otra  tercera  parte sufre los rigores de la explotación maderera; en Colombia, donde la tierra respiraba limpio, pululan palmas aceiteras para producir combustibles;  en Haití no nace un árbol porque el monocultivo de la caña quemó las tierras por más de cuatrocientos años; la selva chilena ha sido prácticamente destruida y en Guatemala, el banano devastó la comida de más de 15 millones de indígenas.

Hace quinientos veinte años, los camellones de américa brillaban de noche como si fueran estrellas; los cerros de Potosí, en Bolivia, Huancavelica en Chile, Zacatecas y Guanajuato en México, guiaban a los desprevenidos en las noches con su brillo y de día producían refulgencias sobre los cielos en gamas de colores incontables. Hoy, los nuevos conquistadores analizan desde sus aparatos electrónicos la explotación minera del continente entero. Ecuador vive condenada a la extracción, el 10% del territorio chileno es un cráter inconmensurable; en Bolivia las reservas de Plata son limitadas después de surtir por más de doscientos años al mercado europeo y luego al de Estados Unidos; en Colombia, más del 60% del territorio está entregado a empresas cuyos dueños ni siquiera conocen el Español, o el lugar exacto de las minas que sus empresas explotan. Centroamérica agotó sus reservas de oro, y el cobre y el níquel van directo de la mina al mar.

Cuando Colón llegó debió utilizar sus embarcaciones para llevarse todo cuanto era posible y poder, de esta manera, iniciar la larga historia de la extracción, la desolación americana y el desarraigo. Hoy, pareciera que no hubiera pasado nada; que el mundo que vivimos es el mismo que instauró Colón y su pléyade de delincuentes y extraditados; algunos cambios, por su puesto, han operado en el modelo de extracción: antes de abrir la tierra de nuestro continente, ésta ya ha sido vendida en las Bolsas de Nueva York o Londres; en los escritorios de Washington o Toronto se reparten las ganancias de la explotación minera o energética; en Francia, Alemania o España, los grupos empresariales deciden cuantas palmas se deben sembrar para producir el combustible suficiente para los carros de Norteamérica; En España, los grupos empresariales deciden el agua que deben acumular para luego venderla en pequeñas provisiones en su continente, ante la inminencia de quedarse seco. Antes de expurgar las entrañas de los llanos o las montañas, ya es posible saber la cantidad de lo exportable y los eventuales rendimientos, los cuales, de no ser alcanzados, son pagados por el Estado gracias a los modernísimos negocios de Joint Venture.

Con Colón nació la circulación mundial del dinero, antes era solo una quimera del mundo moderno europeo. Hoy los billetes circulan mucho menos que las inflaciones en las bolsas, los capitales inexistentes especulan en el país que se les da la gana; al parecer nadie los controla, pero la verdad es que es un sistema global que engorda un día a un pueblo, empresarios y gobierno y a las pocas horas los hace vomitar todo cuanto tengan en lo más íntimo de sus entrañas. Los banqueros tienen más dinero acumulado que los conquistadores industriales; producir es un riesgo innecesario, y si se hace, debe ser para alimentar el modo de vida europeo o norteamericano; al fin de cuentas, este continente, África y gran parte de Asia, siguen proveyendo las materias primas necesarias para producir el fomento industrial y financiero de los nuevos conquistadores.

Más de 600 multinacionales europeas o norteamericanas son dueñas de más del 50% del territorio de Nuestra América; pero al día, crecen el desplazamiento y la miseria. En Puerto Gaitán, principal municipio petrolero en Colombia, las multinacionales Pacific Rubiales, de Canadá, y CEPSA, de España, extraen más de 320 mil barriles de petróleo por día y venden una porción a las refinerías colombianas a precio internacional -otra parte va directamente a sus refinerías en el resto del mundo-. Pero en Puerto Gaitán, el 44% de los pobladores viven en la miseria; en la zona de principal explotación, no existe red eléctrica, aunque la Empresa canadiense tiene su propia subestación; los cables de energía pasan por encima de las casas pero la luz no baja hasta sus viviendas; más de 200 familias toman agua contaminada con petróleo o derivados diariamente; no hay acueducto, ni alcantarillado, ni carretera pavimentada, ni centro de salud, ni siquiera puesto de Policía, la seguridad local también está en manos de una empresa privada al servicio de la multinacional.

Cada doce de octubre, algunos de nuestros gobiernos hacen eventos y proclaman discursos elevando aleluyas a la sacrosanta modernización. Hacen ritos en conmemoración de Colón y su tropa de harapientos y mercachifles, en donde participan gustosamente los nuevos conquistadores con la anuencia de los nuevos ricos de acá, cuyas riquezas se deben a que han permitido que todo cuanto tenemos valioso viaje casi gratis hacia allá.

No siempre ha sido así; hace cerca de doscientos treinta años, miles de negros arrasaron las zafras de azúcar en casi todo el Caribe; los cimarrones de Haití se elevaron a las montañas y desde allí proclamaron su independencia y la de su nueva patria. En Colombia, un  campesino convertido en comerciante, declaró a orillas del Magdalena la libertad de los esclavos y la abolición de la encomienda, el negro Galán gritó para Colombia por primera vez independencia; por la misma época, un hombre misterioso y gigante reunió a más de 20 mil indígenas, hermanos y hermanas de su misma sangre, y declaró la expulsión de España de sus tierras y de su reino, proclamó que el español no volvería a comer del trabajo del Indio, Tupac Amaru hizo la primera independencia posible en la capital del imperio español; años después, otra generación se aventuró a la independencia y la alcanzaron, liberaron al continente de España, Portugal, Francia y Holanda, aunque no lograron liberarla del atraso, las deudas ni la presión de los Estados Unidos. Pero hubo una época donde era posible soñar y construir mundos libres, poderosos, soberanos, decentes. Hoy otra generación de hombres y mujeres están intentando recuperar esas rutas que el atolondramiento de las clases dominantes dejó perder, o borraron  para su propia  comodidad. En Venezuela y  Bolivia, en Brasil y en Cuba; en Ecuador y en la histórica ciudad de Lima; en los Andes del Sur y en los valles del Rio de la Plata, el sueño de la libertad sigue retumbando los oídos de los sórdidos nuevos conquistadores.

En muchos rinconcitos hay gente conspirando contra esos nuevos ricos, porque conspirar en Nuestra América consiste en esa vilipendiada herejía de soñar con alimento, con educación digna y para todos, con empleos estables y decentes, con derecho a un techo, con servicios básicos y con espacio para todos los hijos, las hijas y las nietas; soñar y vivir con aire fresco y con agua limpia, con mares propios y con montañas coloridas y valles verdes. En América conspirar es pensar que tenemos derecho a realizar nuestra propia historia, aunque implique siquiera sea un poquito, sacrificar el gusto de los nuevos conquistadores.

Cada doce de octubre, es un día que necesita conspirarse más, hasta que logremos que por fin, no nos acordemos de esta fecha sino como parte de una ignominiosa campaña que nos partió la historia y nos condenó al olvido. Hasta que olvidemos las celebraciones y recuperemos las conspiraciones, hasta ese día, conspirar en octubre será necesario.
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Octubre 12, 2012