miércoles, 20 de julio de 2022

Este 20 de Julio, sí tenemos qué celebrar

 

Este 20 de Julio, sí tenemos qué celebrar

 

“Hoy conmemoramos este 20 de julio, como una reivindicación a esos pueblos que prendieron la chispa de la independencia por todo el continente americano.  Pero al mismo tiempo celebramos el momento político que hoy vive Colombia, en donde las energías esperanzadoras del Cambio permean todos los espíritus”.

 

Mauricio Rodríguez Amaya

@Mao-rodriguez1

 


Hace 212 años, sobre las 9 de la mañana el criollo independentista Joaquín Camacho se presentó ante el Virrey Amar y Borbón para solicitarle formalmente la propuesta de conformar una Junta de Gobierno. No fue sorpresa para el patriota la respuesta negativa del virrey.  Los criollos ilustrados llevaban más de 10 años analizando y proponiendo fórmulas para hacerse partícipes en la administración del virreinato; tradujeron la carta de los derechos del hombre que se había creado con la guillotina sobre la cabeza de los reyes franceses; estudiaron en detalle la independencia de Estados Unidos; conocían de la resistencia haitiana y la valerosa sangre derramada México.  La Chispa independentista había permeado el ambiente; las revoluciones ilustradas ganaban fuerza en América y las luchas indígenas y negras empezaban a ocupar un lugar destacado en las conversaciones matutinas de los caudillos, tras las insurrecciones en Cuba, Santo Domingo y La Española. La caída del Rey de España en medio de las disputas europeas abría el camino a la autonomía política y administrativa de las colonias americanas; las fuerzas populares ya no soportaban más el yugo de los altos impuestos ni la esclavitud derivada de la mita y la encomienda. El mundo había cambiado y era menester ponerse a la altura de los cambios.  



Ese 20 de julio de 1810, en las calles los hermanos Morales montarían la trifulca mientras los chisperos se distribuían entre el mercado arengando sobre la junta de gobierno. El patriota José María Carbonell, montado en una tribuna improvisada, alertaba sobre la necesidad de mantenerse en las calles hasta que Amar y Borbón convocara la conformación de la Junta de gobierno so pena de ser fusilados como insurgentes con la aurora del próximo día en la plazoleta de San Victorino. La chispa explotó en el mercado y ya la gente no se detuvo hasta llenar la plaza Central de Santa Fe, prender las hogueras en los puentes de La Candelaria y rodear a la tropa menguada de Santa Fe. El levantamiento popular obligó al Virrey a convocar la Junta de Gobierno en cabeza de Carbonell, José Acevedo y Gómez, Camilo Torres y Joaquín Camacho, entre otros. Había triunfado la Revolución y con ella, se abrían las rejas de las cárceles para la libertad de don Antonio Nariño y del cura liberal Andrés María Rosillo. Se iniciaba un momento de esperanza colectiva del pueblo que confiaba temporalmente en la élite criolla para sacar estas tierras del dominio monárquico español.

212 años han pasado de ese capítulo fundamental de nuestra memoria colectiva. Dos siglos largos intentando construir un país en medio de las contradicciones, la violencia y las múltiples invasiones políticas, económicas y culturales, aprendiendo a desmitificar las élites y a construir un gobierno propio. Hemos aprendido y desaprendido de esa experiencia histórica; vimos caer en el pabellón de fusilamiento a sus protagonistas al tiempo que vimos nacer la generación que no claudicó hasta lograr una primera independencia definitiva. Vimos como esa independencia soñada y sufrida fue traicionada una y mil veces por las élites que a contracorriente tomaron el poder para ponerlo al servicio de aquellos que habían sido expulsados. Las nuevas dominaciones ya no recurrían a las armas, pues mantenían el poder dominante de las creencias y la potencia controladora del empréstito externo. Dos siglos han pasado entre la aspiración popular de la libertad y la adhesión permanente de las élites a sus privilegios, alcanzados tras la traición, la injusticia y la guerra. De aquella independencia a medias que se fraguó un 20 de julio, nos queda la memoria del triunfo efímero, pero sobre todo, el aprendizaje de lo que son capaces los pueblos cuando se comprometen decisivamente a cambiar el rumbo de su historia.



Y aunque nos hemos acostumbrado a los desfiles militares conmemorativos de un ejército que no existía, celebrando el triunfo de una guerra que no pelearon, este 20 de julio tiene un tono especial, un nuevo matiz que merecer ser conmemorado y reconocido. Este 20 de julio, como aquel de hace 212 años, los pueblos tienen un protagonismo diferente; las voces de los pueblos indígenas y negros, de las mujeres luchadoras, de los trabajadores, de los líderes ambientales y comunales llegan al congreso en una proporción nunca vista.

Este 20 de julio llega al Congreso la primera Bancada del Pacto Histórico, conformada por las voces sobrevivientes de la violencia; por aquellas que han defendido el agua y el rio, la semilla limpia y la paz de las comunidades. 50 congresistas, 20 senadores y 30 representantes a la Cámara, llegan a ocupar curules que en otrora pertenecieron a las élites. Esta bancada tendrá la Presidencia del Congreso, intentará sacar adelante las leyes que le devuelvan los derechos a los pueblos y tendrá la responsabilidad de aprobar el Plan de Desarrollo del Gobierno del Cambio. Su tarea no es para nada fácil, precisamente porque tendrán la responsabilidad de sacar adelante las reformas que nos pongan a la altura de este nuevo momento histórico.



Hoy conmemoramos este 20 de julio, como una reivindicación a esos pueblos que prendieron la chispa de la independencia por todo el continente americano y particularmente en las tierras valerosas de Santa Fe y Cartagena.  Pero al mismo tiempo celebramos el momento político que hoy vive Colombia, en donde las energías esperanzadoras del Cambio permean todos los espíritus. La agenda comprende reformas que van desde la recuperación de la dignidad del trabajo, la protección de la naturaleza, generar condiciones para asegurar la redistribución y la justicia social, así como una profunda reforma a nuestros modelos educativos y culturales para que los pueblos hablen desde su memoria y su historia. Es en esos momentos decisivos, donde la historia nos pone las hojas en blanco para que seamos capaces de reescribir nuestro destino. Así como hace 212 años, hoy conmemoramos que ha llegado el momento de apropiarnos decididamente del rumbo que le espera a esta patria mil veces dolida y mil veces liberada. Feliz 20 de julio.

martes, 21 de junio de 2022

Petro y el Trabajo


Petro y el trabajo


Soñemos que es posible cambiar. Hagamos posible esos cambios para que las próximas realidades sean mejores que las nuestras. Demos paso al Cambio de época que exige con urgencia la Colombia del futuro.


Mauricio Rodríguez Amaya


Quiero empezar esta reflexión, recordando una sugestiva tesis de
Eric Hobsbawm traída a la actualidad por Boaventura de Sousa Santos en su libro sobre el final del milenio. Hobsbawn ha Dicho que lo siglos no empiezan el primero de enero del primer año de una nueva centuria, sino cuando se imprime una marca en el mundo, un signo distintivo de la época precedente, una huella de define rumbos alternos del tiempo vivido, un nuevo devenir.

Y quizás pueda parecer exagerada esta afirmación, pero el nuevo siglo llega para Colombia a partir del 19 de junio de 2022. El triunfo electoral de Petro, representa un cambio de época y eso es innegable. Es el primer gobierno popular en toda la historia republicana, salvo el breve intersticio de la Revolución de Melo y el movimiento plebeyo de los artesanos a mediados del Siglo XIX; es el primer gobierno progresista de Colombia, porque durante las olas progresistas de América Latina, que alentaron cambios a mediados del siglo XX o a parir de la crisis sistémica de 1999, Colombia se mantuvo anclado a las derechas, a la violencia y al atraso. Es el primer gobierno con un programa de izquierda moderna, que combina la necesidad de hacer eficiente el estado, asegurar reglas claras para el mercado, empoderar la comunidad y promover los derechos de la naturaleza. Es el primer gobierno que ofrece moverse entre las reivindicaciones de la igualdad, y las reivindicaciones de la redistribución, empezando por asegurar el acceso a los derechos de los más desposeídos, los desarraigados, los alimentados por el hambre y el miedo durante años y años de promesas incumplidas y subsidios miserables.

Cuáles son esas señales del cambio epocal en materia de derechos del trabajo?. Hacia dónde se deben movilizar los esfuerzos y los corazones para materializar las promesas del trabajo digno, el empleo decente y el emprendimiento con derechos?. Me permito proponer algunas ideas:


1. El Estatuto del Trabajo como iniciativa ciudadana: La constitución Política de Colombia permite que los ciudadanos y las ciudadanas impulsen iniciativas legislativas. Si queremos que el Estatuto del Trabajo se convierta en una herramienta de largo plazo, debe ser pensado y construido desde abajo, a través de una gran consulta popular que involucre a todos los sectores, territorios y grupos poblacionales. El Estatuto debe asegurar tres grandes principios: 1. Devolverle a 9 millones los derechos a la estabilidad y la permanencia que durante el neoliberalismo fueron conculcados. 2. Limitar y sancionar la tercerización, fórmula eficaz para eliminar derechos y destruir el tejido organizacional de los obreros. 3. Restablecer la jornada laboral de 8 horas máximo, limitar la jornada máxima semanal a 40 horas, devolverle el valor a dominicales, festivos y horas extras.




2. Sindicalismo para un Cambio de época: El sindicalismo colombiano ha sido reducido a su mínima expresión, como producto de las reformas neoliberales, la violencia contra sindicalistas y por la fragmentación, el ostracismo y la burocratización de muchas de sus direcciones. Su poca capacidad de respuesta a los ajustes neoliberales no le permitió responder adecuadamente a la ola destructiva de los derechos laborales, no supo asumir la defensa de la perspectiva colectiva de los derechos y le dejó el camino abierto a la individualización. Es el momento del cambio de mentalidad y de perspectiva, será un sindicalismo con capacidad de poder, capaz de defender en las calles sus agendas, recuperar la credibilidad para aumentar la afiliación y, con mentalidad autocrítica, ser capaz de liderar la agenda de cambios desde las iniciativas populares y sus aliados en el congreso. El sindicalismo debe aspirar al menos a triplicar sus afiliados, para alcanzar si quiera las cifras pico de sindicalización que ha tenido Colombia en otras épocas; ello implicaría pasar de 800 mil a 3 millones de sindicalistas.

 
3. Proteger el Trabajo Rural: Uno de los grandes retos propios del cambio de época, será cerrar definitivamente las heridas de la guerra, de la expropiación latifundista y la violencia contra el campesinado. Eso solo será posible cumpliendo el Acuerdo de Paz y devolviéndole al campesinado la tierra, la capacidad productiva y sus derechos al trabajo, la seguridad social y a la paz. Aquí la clave será establecer un marco regulatorio para la protección y promoción de la economía familiar, la productividad comunal y el cooperativismo. La agroindustria por su parte debe garantizar que sus obreros sean tratados como tales y no como esclavos del feudalismo moderno.


 4. Promover el emprendimiento comunitario: La Comunidad sucumbió al mercado y fue desprotegida por el Estado. Así que se hace necesario redistribuir las cargas y las responsabilidades entre Estado, mercado y comunidad. Una clave para asegurar esa redistribución pasa por generar procesos productivos comunitarios, devolverle a la gente la posibilidad de gestionar las obras públicas, los caminos veredales los acueductos comunitarios, la protección colectiva de la naturaleza, la recuperación de la productividad local. El emprendedurismo ha sido el discurso para legitimar la precariedad laboral, pero también hay una dimensión positiva del concepto y es precisamente aquel en que dicho emprendimiento no está ligado al obrero explotado en condición de creerse su "propio jefe", sino en el cual el proyecto le pertenece a la comunidad. Regiones enteras podrían recuperar sus potencialidades de capital social colectivo, redirigiendo recursos para promover Alianzas Público-Populares, emprendimientos del barrio, empresas de la cuadra.



5. Pasar de la Economía Corporativa a la economía Cooperativa. El neoliberalismo endiosó los bancos y satanizó las economías sociales y cooperativas. Incluso instrumentalizó las formas cooperativas de producir, para asegurar los recursos del capital corporativo nacional y trasnacional. Pero si hubo un sector que demostró su capacidad de sobrevivir a la pandemia sin apoyo del Estado, fue precisamente la economía social y solidaria. Ahí tenemos un potencial transformador enorme, que no solo genera bienes, sino sobre todo, una cultura basada en la solidaridad, el colaboracionismo, la cooperación. Este enfoque ha salvado pueblos enteros de la América Nuestra mil veces devastada por el capital y reconstruida por los corazones entrelazados en la cooperación comunitaria.

 

Un cambio de época no es el producto del cambio de gobierno; es cuando la gente de a pie, las instituciones y las comunidades, cambian sus paradigmas, sus deseos, e incluso sus formas de desear. Soñemos que es posible cambiar. Hagamos posible esos cambios para que las próximas realidades sean mejores que las nuestras. Demos paso al Cambio de época que exige con urgencia la Colombia del futuro.

 

lunes, 1 de marzo de 2021

Minga: prestar las manos y tejer la palabra

 

Minga: Prestar las manos y tejer la palabra


Por: Mauricio Rodríguez Amaya
@apuntadelengua

Semanario Voz
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1 marzo, 2021

La minga multiétnica, popular y comunitaria es la oportunidad para compartir vivencias y pedagogías propias de cada pueblo, experiencia y lugar; es celebrar la resistencia organizada y el largo camino que ha recorrido el CRIC

Para el CRIC, “estar en minga es juntarnos todos y todas, es prestar nuestras manos, nuestro corazón, sentires y saberes para tejer un camino comunitario”. En ese camino, según el senador Feliciano Valencia: Se va avanzando; la conmemoración de los 50 años del CRIC expresa una minga diversa y seguramente nos prepararemos allí, en la junta que tendremos en el departamento del Cauca, para afinar la agenda preparatoria a nuestro decimosexto congreso del CRIC, el próximo mes de junio del 2021.

De las mingas indígenas del Cauca convocadas por el CRIC, con participación exclusiva de cabildos afiliados, se fue dando forma a la minga, en un sentido popular, multiétnico y comunitario, fortaleciendo un espacio de confluencia de luchas, agendas y las perspectivas territoriales contra el poder terrateniente y financiero, contra el colonialismo, y en la última etapa, contra el patriarcado.

Formas de violencia en el Cauca

El Cauca ha sufrido la violencia estatal-colonial, desde la invasión y los procesos independentistas, con la continuidad de las instituciones coloniales que legitimaban la esclavitud y el desarraigo de los pueblos negros e indígenas. El poder del centro quiso destruir el tejido social comunitario de los pueblos indígenas, pero la palabra fue reconstruyendo las identidades y acrisoló las perspectivas de resistencia y de lucha.

En palabras de Feliciano: “El Cauca ha sido asediado por la pobreza, el abandono social, el conflicto armado, el narcotráfico y la violencia que nunca termina; estos conflictos manifiestan intereses del sector privado y los grupos armados que buscan apropiarse de las riquezas minerales, ambientales, hídricas de la región. La ubicación geoestratégica del Cauca ha hecho que todas las fuerzas quieran dominarlo y controlarlo, pasando por encima de la autonomía y la autoridad de sus pueblos originarios; esto ha contribuido a agudizar la violencia para el control territorial contra los pobladores milenarios, ancestrales y comunitarios”.

Pero la lucha indígena ha tenido que lidiar por épocas enteras los intereses extractivistas y colonizadores sobre el territorio; durante todo el siglo XX los indígenas enfrentaron el poder terrateniente, de la mano del campesinado y los pueblos afrodescendientes. En un principio las mingas respondían a la agenda de los pueblos indígenas, pero esta realidad llevó a que en los años ochenta se abriera el debate sobre su carácter diverso y contradictorio, nutrida por las experiencias de lucha de los pueblos afrodescendientes, del campesinado, la clase obrera, el estudiantado caucano y el movimiento popular.

        Feliciano Valencia. Foto Mauricio Rodríguez

La Minga por la Vida

El recorrido histórico de la minga permite comprender que ha logrado ir más allá de las fronteras de la identidad indígena. La Minga de 2004 fue significativa en ese sentido. La ONIC, lanzó la “Propuesta política y de acción de los pueblos indígenas”, para convocar “la Minga por la Vida, la Justicia, la Autonomía y la libertad”, que contó con un numeroso respaldo de organizaciones indígenas, campesinas, obreras, locales y nacionales, logrando ampliar el campo de la solidaridad y la capacidad de articulación de las luchas. En el 2006 la minga convocó al Encuentro Nacional Popular, que articuló los esfuerzos de resistencia social y comunitaria para enfrentar las políticas de despojo del gobierno de Álvaro Uribe.

En 2008 se inició la Minga por la Resistencia Social y Comunitaria, que recogió el acumulado anterior de articulación popular, los paros agrarios y campesinos en el sur del país y las luchas por la defensa del territorio y contra la violencia del suroccidente colombiano. El 9 de octubre, en la hacienda La María (municipio de Piendamó), se dieron cita las autoridades indígenas, representantes de organizaciones comunitarias afrodescendientes y campesinas, invitando al presidente Uribe para dialogar; pero la respuesta del gobierno fue el intento de desprestigio y la violencia institucional contra los mingueros.

La minga convocó a la conformación de un poder político alternativo para hacer frente a la presión violenta del gobierno nacional y local. La fuerza de la minga llevó a un acuerdo con el gobierno de Colombia, con el compromiso por parte de los indígenas de desbloquear las vías, el retiro de la fuerza pública de La María, y el inicio de los diálogos entre el gobierno y las conversaciones en Cali. El gobierno no cumplió la cita y los mingueros decidieron volver a La María y retomar el control sobre la Vía Panamericana.

Ante la enorme presión indígena y popular, Uribe debió aceptar que se realizara la reunión en la María. Ayda Quilcué recuerda que Uribe no ocultó su enfado por que los voceros de la minga no cantaron el himno nacional, a lo que ella debió recordarle, que no se puede hablar de respeto por los símbolos patrios cuando días atrás los agentes del Estado habían ingresado a la hacienda La María a quemar las banderas y destruir los símbolos del CRIC.

Para el 2016 se declaró la hora cero de la Minga Nacional Agraria, campesina, étnica y popular; este proceso potenció el acumulado anterior con las agendas de lucha territoriales y nacionales, con encuentros en distintos lugares de Colombia, contagiando todo el territorio colombiano con el entusiasmo de los mingueros que viajaban a sus puntos de encuentro. Sin embargo, los ataques violentos se volvieron a presentar por parte de la policía y el ejército que agredieron a los mingueros en varios lugares de Colombia. Ante los actos violentos del Estado, la ONIC se declaró en alerta máxima el 3 de junio de 2016.

Caminando por Colombia

Las expresiones de la Minga mantenían sus actividades en varias regiones de Colombia; en el Huila recargaban energía con rituales tradicionales; los Awa, Eperara Siapidara en Nariño resistían en la vía Pasto -Tumaco; en el Urabá Antioqueño, los mingueros de la Organización Nacional Indígena de Antioquia taponaron varias vías de la región; en Chocó, los Emberas reabastecieron de provisiones como plátano ´patachuma´, pescado y carne, para continuar la  concentración; también los Pueblos Indígenas del Caribe se sumaron por la defensa del territorio y la pervivencia del Pueblo Yukpa; el pueblo Wayuu, de la Alta Guajira, exigía la restitución de sus tierras ancestrales y la posibilidad de explotar la riqueza salinera de Manaure. La minga llegó a la frontera con Venezuela, tras la vinculación de los pueblos indígenas de Puerto Carreño Vichada, Arauca y de toda la Orinoquía. La Minga de 2016 logró consolidarse como un movimiento nacional popular capaz de construirse con la fuerza de las movilizaciones sociales territoriales y con la identidad de los pueblos originarios, campesinos, negros y raizales.

Duque no va, el pueblo sí

En el 2020 las organizaciones indígenas, negras, campesinas, comunitarias, obreras o populares del Cauca decidieron iniciar el camino hasta Bogotá, para que el Gobierno nacional atendiera las reclamaciones de las organizaciones, respondiera por los incumplimientos y tomara medidas para detener las masacres y asesinatos de líderes sociales en el país. Más de 10 mil indígenas se desplazaron hacia Cali para realizar el recorrido hasta Bogotá. La Minga invitó al Presidente Duque a reunirse en el Cauca, pero el mandatario se negó a ir. Al llegar la Minga a Bogotá, el Presidente evitó el encuentro, así que la minga produjo una enorme movilización por la Calles de la Capital desde el Palacio de los Deportes hasta la Plaza de Bolívar.

Esta visión estructural de los problemas nacionales le dio a la minga una legitimidad nacional, lo cual ha contribuido a la unidad de las experiencias de luchas nacionales y territoriales, incluyendo los profundos esfuerzos por reconstruir el tejido social y popular en el suroccidente colombiano, gestado desde el CRIC.

Así mismo, “las mingas populares y comunitarias han logrado configurar espacios colectivos, donde los pueblos indígenas han jugado un papel significativo, con el anhelo necesario de tejer un nuevo poder”, concluye Feliciano. Los acuerdos siguen sin cumplirse, la violencia contra los pueblos indígenas sigue siendo el pan diario en los territorios; según Feliciano Valencia: “los indígenas y muchos sectores estamos trabajando en una apuesta comprometida y definida y pronto saldrá la fecha para la próxima minga que partirá del suroccidente colombiano, llegará a Bogotá; estamos pensando en darle la vuelta al país, en esa minga diversa, colorida, amplia e incluyente, para convocar a más sectores; porque entendemos que con lucha y movilización es posible hacer las reformas que necesita el campo y el país”.

La minga seguirá tejiendo los esfuerzos por una auténtica reforma agraria, el cumplimiento del Acuerdo de Paz y de los derechos planteados en la Constitución Política de Colombia. La palabra tejida es palabra que cambia, la minga es la forma de tejer la palabra para labrar otra historia, una historia posible y escrita desde los pueblos, desde las voces excluidas, los saberes originarios y las prácticas emancipatorias.

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Fotos: Mauricio Rodríguez Amaya 

sábado, 15 de junio de 2019

Hija


Hija






Almaro

Nací el mismo día cuando vi tus ojos. Ya tenía sospechas que vendrías para revolcarlo todo, para poner a latir este corazón inagotable, para llenar de vida la vida completa, para que cada paso y cada palabra tuya lo cambiara todo, lo hiciera letra, flor, caricia, amor, alimento, calma. Llegaste entre los vientos de abril y las esperanzas de la juventud; traías entre tus manos la estrella que me guía.
 

Fuimos caminando desde la casa al primer día del colegio y ni tú, ni tu mami ni yo queríamos movernos de la puerta; vivimos heridas de los primeros días y aprendimos a curarnos juntos; luego todo era una fiesta entre colores y dibujos mágicos que aun conservo como se conservan los tesoros de la Atlántida. Luego fuimos muchos días a la escuela y al parque, a la tienda y al cine; en las noches, leímos muchas historias que se iban quedando en tu memoria mientras venían los sueños, y cuando sentías que mi voz se apagaba, entre el cansancio y las horas, volvías en sí para pedir con tu voz entre dormida, sigue leyendo. 




También nos separamos muchos días y las lágrimas nos hicieron abrazarnos infinitamente para recordarnos que en nuestros brazos están los secretos que se necesitan para respirar. Luego vinieron tus palabras bellas, tu amor por las divinas, tu canto a tientas de las letras de las populares, y tu sonrisa milagrosa en la que se olvidaban todas las angustias.



Aprendimos a leernos los cuentos y los ojos, a quedarnos en silencio sobre los dibujos y sobre la pradera de los parques. Aprendimos a respirar al mismo tiempo y aprendí a subir las escaleras mientras me ganabas todas las carreras. Aprendí a vivir por primera vez siguiendo cada uno de tus pasos. Aprendimos a viajar juntos y a conocer de la mano otros destinos, otros idiomas, otras geografías de este planeta que se nos quiere volver más pequeñito.

Vas creciendo y en tus ojos es donde quedan los secretos de la esperanza; en cada marca de este calendario estás más grande, y a veces a mi lado, sueñas con alcanzar mi estatura mediana. Reconoces que te falta trabajo, pero estás tranquila porque sabes que más temprano que tarde me mirarás desde más arriba y besarás mi cabeza cuando me abraces en silencio y mi corazón brinque como niño cerquita de tus brazos.


Hija, tu tallaste la forma perfecta de este corazón, has acompañado mis triunfos y me has visto llorar en esos días de las cosas difíciles; hemos conversado por horas, sobre las cosas que nos enseñan y nos desenseñan estos días turbulentos, donde el odio pareciera ganarle la batalla al amor y en donde las gentes se estrellan en los paraderos de sus propios afanes. Pero tu hija mía, sigues vertiendo calma en esta vida que respira para tenerte cerca, que no se rinde, porque tú eres el más grande de los triunfos, el más perfectamente sencillo deseo de vivir.



Gracias por acompañar este camino, gracias por haber mirado hacia este planeta, cuando antes de venir, decidiste escogernos a tu mami y sus ojos gigantes y a mí, con este corazón que ya te pertenecía antes de conocerte. Gracias por caminar a mi lado y por ganarme las carreras en las escaleras y los parques, gracias por escribir tan bello como lo haces, gracias por compartir esta pasión por las letras y las lecturas y gracias por enseñarme que el tamaño del amor está hecho a la medida de tu sonrisa y a la forma exacta de tus abrazos. El camino nos llevará a nuevos destinos y también volveremos de vez en cuando a los senderos ya  caminados para recordarme, recordarnos, que el aire de tu aliento es el que necesito diariamente para respirar.







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miércoles, 12 de junio de 2019

Buenaventura, el pueblo no se rinde carajo



Buenaventura: el pueblo no se rinde carajo



Mauricio Rodríguez Amaya
@apuntadelengua




Hoy los bonaverenses conmemoran dos años del Paro Cívico y saben que la forma de presionar el cumplimiento de los acuerdos es manteniendo viva la llama que ya encendieron

 Aspectos de la movilización en mayo del 2017 en las distintas calles de Buenaventura, Valle del Cauca. Foto: Mauricio Rodríguez Amaya
  
A las 5 de la mañana del 16 de mayo de 2017, en el puente El Piñal, que une la isla y el continente, se dio inicio al Paro Cívico de Buenaventura. Se establecieron los puntos de encuentro comunitario y el comercio cerró sus puertas hasta nueva orden. Al medio día ya Buenaventura estaba bajo el control de la comunidad, de las gentes en las calles, de los jóvenes y niños jugando fútbol en las avenidas, de los grupos de marimba de chonta elevando una sola voz: El pueblo no se rinde carajo.

Así inició el que sin duda es el capítulo más importante de la historia colectiva de esta ciudad portuaria del Pacífico colombiano. Los bonaverenses, cansados de los abusos de las sociedades portuarias, de la falta de oportunidades de trabajo decente y del silencio cómplice del Estado departamental y nacional, decidieron convocar el Paro Cívico que partió en dos la historia de Buenaventura.
Un escalofriante diagnóstico
El pliego conjunto presentado al Gobierno nacional, contenía en un solo documento las exigencias sociales, laborales y de infraestructura que la ciudad requiere para salir del rezago al que durante años la han sometido el Estado y el capital portuario nacional y trasnacional.
De acuerdo con el Diagnóstico Sociolaboral del sector portuario de Buenaventura (2018) el 88,7 % de la población es afrocolombiana, siendo el tercer municipio del país con mayor población afro. El 6 % es de origen indígena, y el 11 % es de origen blanco y mestizo. Según el DANE, el municipio tiene una población aproximada de 415 mil habitantes, el 51,37 % de la población son hombres y 48,63 % mujeres.
Acudiendo al informe del Observatorio Regional de Mercados del Trabajo – Ormet (2018), la cobertura neta en educación media para el año 2015 en Buenaventura fue de 22,3 %, lo cual la ubica lejos de la media departamental para el mismo año que fue de 40,0 %, la tasa de analfabetismo en mayores de 15 años (2005) fue de 9,2 %, superior a la departamental (5,3%); la tasa de mortalidad infantil (2014) fue de 25,3 % superior en 14 puntos a la tasa departamental (11,3).
En Buenaventura el índice de Necesidades Básicas Insatisfechas – NBI es de 36 %, esto es dos veces mayor que el del Valle, que se ubicó en el 15 %, y muy por encima del nacional que se encuentra en el 27,7 % (DANE, 2014). De acuerdo con la Encuesta de Hogares (DANE-GEIH, 2016) el 66 % de la población bonaverense vive en condiciones de pobreza y reporta una tasa de desempleo del 49 % y una tasa de informalidad que alcanza un 90.3 % (DANE-GEIH, 2016).
El Distrito de Buenaventura alcanza un índice de pobreza multidimensional IPM de 66 %. De acuerdo con el informe de Pobreza Multimodal, que establece el nivel de privación de una población con los indicadores establecidos para esta medición, Buenaventura cuenta con altos niveles de privación en nivel educativo (82,6 %), viviendas inadecuadas (68%), analfabetismo (67%), bajo acceso a fuentes de agua mejorada (51%), ausencia de aseguramiento en salud (30%), desempleo de larga duración (14%), entre otros indicadores.
Crisis humanitaria y paro cívico
Según el Plan de Desarrollo Distrital 2015-2019, las principales causas del rezago de Buenaventura, son en gran medida, la poca capacidad de gestión gerencial de lo público; la sistemática violación de derechos humanos y étnicos territoriales y la débil legitimidad política del gobierno local para liderar la gestión y el desarrollo de lo público en el territorio, entre otras causas.
Sin embargo, hace falta decir que los grandes capitales nacionales y trasnacionales de los servicios de logística y comercio portuario, han sido claves para someter a los trabajadores a condiciones de precariedad y tercerización, han incrementado la conflictividad territorial en aras de tomar nuevas zonas para las actividades portuarias, produciendo nuevos desplazamientos internos y violencia local.
El Paro Cívico puso en evidencia la profunda crisis social y humanitaria de Buenaventura, y permitió reorientar los esfuerzos al impulso de una sola agenda conjunta. Por esta razón, procesos comunitarios, sindicales, de mujeres, jóvenes, campesinos y consejos comunitarios, hacen parte de las más de 180 organizaciones que suscriben las agendas y los pliegos sobre los cuales se firmó el Acuerdo con el Gobierno nacional en junio de 2017, y que permitió tomar la decisión de suspender el Paro Cívico, en aras a que el gobierno nacional dé cumplimiento a lo pactado.
Conquistas del movimiento
Durante estos dos años, aunque no se cumplen los acuerdos en su totalidad, el Comité del Paro ha logrado, gracias a la presión territorial, nacional e internacional, varios aspectos claves para el desarrollo territorial; en primer lugar, se logró que el Congreso de la República, creara el Fondo Autónomo para Buenaventura, mediante la ley 1872 de 2017.
Este fondo cuenta con recursos que suman $1,6 billones, los cuales serán destinados para inversiones estratégicas del municipio, y tendrá una vigencia de 10 años. Los principales proyectos que serán cubiertos y financiados son, Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado que contará con $350.000 millones; la Ciudadela Hospitalaria, con una inversión de $183.000 millones en cuatro años; la Unidad de Cuidados, que contará con $12.500 millones, y el acueducto rural con una inversión de $25.000 millones; otros proyectos como el parque pesquero, las mejoras en la infraestructura educativa, la diversificación económica del Distrito, hacen parte de los proyectos contemplados por el Fondo Autónomo y que serán ejecutados en los próximos años.
Gracias a la presión de las comunidades y del Comité Ejecutivo del Paro Cívico, el Plan de Desarrollo del Gobierno nacional incluyó a última hora el compromiso de transferir los recursos que requiere el Fondo para su funcionamiento y la ejecución de los proyectos en este cuatrienio.
Otros compromisos relevantes se están discutiendo y construyendo en las mesas temáticas.  Particularmente, en la Mesa de Productividad y Empleo, se viene trabajando con el Ministerio del Trabajo para producir la legislación para la formalización laboral del trabajo portuario, con la cual los obreros de este sector pretenden recuperar los derechos laborales que les fueron arrebatados tras la privatización de las sociedades portuarias a partir de 1991.
Aunque este compromiso no ha logrado grandes desarrollos, las organizaciones sindicales siguen presionando su cumplimiento, a partir de los procesos de organización y negociación colectiva. Este año, producto de este nuevo contexto, la Sociedad Portuaria de Buenaventura, firmó la nueva convención colectiva con el Sindicato Unión Portuaria, en el que la compañía se compromete a garantizar la estabilidad de los trabajadores que se encuentran vinculados con contratos a término fijo.
Aunque las agendas con el gobierno se muevan lento, la comunidad de Buenaventura sabe que su lucha cambió la historia, que su compromiso durante el Paro Cívico permitió que todo un país volviera su rostro sobre esta región olvidada y condenada a la violencia y al atraso.
Hoy los bonaverenses conmemoran dos años del Paro Cívico y saben que la forma de presionar el cumplimiento de los acuerdos es manteniendo viva la llama que ya encendieron por la defensa de sus derechos, de la posibilidad de volver a tener la esperanza de que se puede vivir con dignidad y paz en el territorio, porque, como dice su consigna central, “el pueblo no se rinde carajo”.

Mi corazón, mi entendimiento


Mi corazón, mi entendimiento
Pquyquy Cho
(Corazón bonito)

Almaro





He venido de tierras lejanas que ahora me parecen extrañas y de las que pareciera que se borraran las memorias. He venido a la conquista de tus secretos, al amasijo profano de tu vientre y al tejido paciente de tus deseos. He conocido el lugar recóndito en donde guardas mil riquezas, entre poemas en lenguas milenarias y pasos caminados por hombres y mujeres que crearon este mundo que ahora tú me enseñas viajando en las estrellas de tu cielo; me has llevado al sitio donde ocultas tus libros secretos y las pócimas donde aprendiste a cambiar el mundo solo con tronar tus dedos. No conocía tu lengua, pero de ella aprendí que corazón y entendimiento son la misma cosa, se pronuncian con la misma fuerza y en las mismas siete letras, como siete misterios. No sabía de los parajes profundos en donde reyes y reinas entregaban al sol y a la luna sus tesoros fundidos en jornadas extenuantes de saberes y fiestas; no conocía este mundo tuyo, repleto de imaginación y de misterios, que ahora me parece tan cercano y tan propio.






Vine a conquistar la cumbre pronunciada de tus labios, y a beber en tus besos esos lenguajes nuevos que se escriben con el color de la montaña o las aguas prodigiosas de tus ríos; vine a saborear el idilio sagrado de tus mejillas, en donde el frío reposa tiernamente mientras mis manos temblorosas conocen poro a poro esos nuevos senderos. Tomaré posesión de las alturas de tus senos y desde sus cumbres majestuosas y tibias proclamaré mi nuevo reino; te tomaré por la cintura y clavaré mi espada en la tierra fértil de tu cuerpo, dejaré en tus oídos una oración profana de jadeos en donde prometeré no salir jamás de este paraíso sagrado que me ofreces hasta morir idolatrando tu presencia y tus diosas. Bajaré a las profundidades de formas cóncavas y dúctiles y con mi lengua tallaré mi nombre con la suavidad de las aguas que nacen desde el fondo de tu vientre y vienen a alimentarme y a beberme. Besaré cada valle y cada curvatura de tu espalda y cabalgaré sobre ese terciopelo majestuoso que solo conocen los frailejones y los duraznos, y la recorreré palmo a palmo, a veces con la fuerza raudal del aguacero, a veces con la suavidad del rocío que hace el amor al alba en cada pétalo.

 

Ya no pronunciaré mi lengua, y aprenderé la tuya en la que corazón y entendimiento son la misma cosa. Quiero morir enterrado en tu cuerpo, dejar que mi espíritu sea liberado en los cielos radiantes de tus constelaciones, y quiero vivir mil años entre las caricias de tus manos que labran la historia de tu pueblo, ese pueblo que ha fraguado mil batallas para recuperar la memoria profanada por almas invasoras y pérfidas y para lamer las cicatrices que en otras guerras avasallaron sus cuerpos.  No volveré a partir, moriré complacido en las orillas de tus mares y tus lagunas de oro y cielo; quemaré mis navíos y ya no conoceré otros destinos que no vengan de la extensión maravillosa de tu cabello o de la oscuridad profunda de tus ojos o de la paz sincera de tus besos. Naceré de nuevo, entre tu lengua, entre los hijos bellos de tus tierras, y me quedaré mil años hecho polvo y cieno, planta natural y pétalo, aquí en donde estarás tú, mi corazón, mi entendimiento.

 
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sábado, 18 de mayo de 2019

La Revolución de Francia


La Revolución de Francia
"En este contexto de luchas, de revoluciones por la tierra y el agua, emergió el corazón rebelde de Francia Márquez, mujer negra, ambientalista y líder social, quien, desde La Toma lanzó un grito de indignación que se sintió en toda la región caucana y mucho más allá de las fronteras nacionales." 




 Mauricio Rodríguez Amaya
@apuntadelengua
  
Desde las montañas imponentes de Suárez que alimentan al Cauca y vierten el agua que da vida a la región y al país, se escucha la voz del Consejo Comunitario de La Toma, donde a partir de pequeñas revoluciones, hombres y mujeres afrodescendientes han enfrentado, no sin riesgos, el impacto de la minería del oro, tanto de la ilegal, que poco a poco ha desplazado el barequeo artesanal de los pueblos negros, como la minería trasnacional, que cada día impone su política extractivista en los territorios colombianos.  El Consejo Comunitario de la Toma, ha logrado luchas memorables en la defensa de su territorio ante los intereses trasnacionales extractivistas y de la minería ilegal apoyada con los brazos paraestatales de la violencia. Tras una larga lucha política y jurídica, este Consejo Comunitario logró la suspensión de varios títulos mineros otorgados a compañías trasnacionales como Anglogold Ashanti, tras un histórico fallo de la Corte Constitucional que protegió los derechos de los pueblos negros a la consulta previa.



En este contexto de luchas, de revoluciones por la tierra y el agua, emergió el corazón rebelde de Francia Márquez, mujer negra, ambientalista y líder social, quien, desde La Toma lanzó un grito de indignación que se sintió en toda la región caucana y mucho más allá de las fronteras nacionales. De niña vivió los rigores de la violencia, y con su familia se desplazó de Yolombó al Cauca para surcar nuevos caminos. En medio de la guerra y la minería, decidió estudiar derecho y hacerse abogada para comprender los intríngulis de los lenguajes institucionales desde los cuales el Estado habla a los mineros artesanales para irlos sacando de los territorios; se vinculó a procesos de investigación territorial, de la mano de académicos como Arturo Escobar e Hildebrando Vélez, con los cuales trabajó para construir nuevos referentes teóricos y políticos en la defensa del agua, la cultura y el territorio. En 2018 aspiró a la Cámara de Representantes por la Circunscripción Afrodescendiente con el respaldo del Consejo Comunitario del Río Yurumanguí, al lado de líder juvenil de Buenaventura, Leonard Rentería, y aunque los votos no le alcanzaron para llegar al Congreso, Francia se consolidó como un ícono de las luchas de los pueblos negros por la defensa de los bienes comunes.


En 2018, recibió el Premio Goldman como reconocimiento a su incansable lucha por los derechos de la naturaleza y de los pueblos afrodescendientes. Este galardón le ha permitido visibilizar las difíciles circunstancias en que las organizaciones comunitarias del Cauca deben enfrentar las presiones de la minería, la violencia institucionalizada, la pobreza y la desigualdad. Su voz ha alcanzado un importante reconocimiento internacional, y sin embargo, sigue siendo la luchadora que desde el Cauca enfrenta las políticas de desarraigo, al mismo tiempo que  lucha por alcanzar la paz de Colombia. Hace pocos días fue víctima de un atentado contra su vida y la de otros líderes afrodescendientes en hechos que aun no han sido esclarecidos por el Estado Colombiano.


 

Francia Márquez hace parte de ese complejo grupo de líderes sociales, que hoy enfrentan no solo los intereses del extractivismo trasnacional, sino que al mismo tiempo, deben salvaguardarse de las amenazas y los atentados ante el silencio impune de las instituciones nacionales; por esa razón, ella y otro grupo de representantes de las luchas territoriales, lanzaron hace pocos días una campaña de visibilización denominada #UnLíderEnMiLugar.


Así como ella, cientos de líderes enfrentan hoy en el Cauca una lucha intensa en defensa de los bienes comunes y para limitar la intensificación de los proyectos mineros; de acuerdo con los datos de la Agencia Nacional de Minas (2017), en esta región se han expedido más  de 200 títulos mineros para la explotación del oro, el Estado colombiano ha otorgado 399 contratos de concesión minera y ha autorizado más de 160 solicitudes temporales de explotación aurífera, sin contar los contratos y concesiones para la explotación de carbón y materiales de construcción. La minería del oro a gran escala en el departamento del Cauca, representa cerca del 10% del total nacional, y sus efectos sobre los ríos y regiones productivas ha sido devastador, ya sea por la utilización de químicos que envenenan las aguas, o por el impacto que tiene la explotación minera en el incremento del desplazamiento de las poblaciones de las áreas otorgadas a las empresas concesionarias.

También en esta región se han incrementado los asesinatos de líderes sociales, las amenazas y los atentados, como el sufrido por Francia Márquez y otros dirigentes afrodescendientes; el Cauca es el departamento donde se han producido más asesinatos a líderes sociales, en lo que va corrido del Gobierno del Presidente Duque. La protección de los representantes de las organizaciones comunitarias es incipiente y no hay manera de mitigar los riesgos de la violencia institucionalizada.
 
Pero en medio de estas difíciles circunstancias, los pueblos negros del Cauca siguen tejiendo sus pequeñas revoluciones, las revoluciones en defensa del Agua y de la tierra, de la siembra y el pan. En el Cauca se viven las revoluciones de pueblos que desde cientos de años han luchado por su libertad y que hoy siguen en la brega por la liberación de la madre tierra. Son las rebeliones contra la minería y por el derecho a la vida; son las rebeliones contra el extractivismo y por el derecho al territorio, las revoluciones por la paz, que resurgen desde las montañas de Suarez para proteger la vida del Rio Cauca, la vida de todos y todas que desde esas montañas claman por la paz, y esperan contar con el despertar de un país que pareciera condenado al silencio eterno.

 

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