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jueves, 13 de noviembre de 2008

nuestro Magno Guillermo


Nuestro Magno Guillermo

"No perdono a la muerte enamorada

No perdono a la vida desatenta

No perdono a la tierra ni a la nada"

Miguel Hernández

Se fué Guillermo

desde la mañana

en un abril de grises madrugadas

se perdió entre la bruma

y la metralla

salió Guillermo

y lo robó el olvido

La muerte atónica

encogió los hombros

se estremeció al saber

que era Guillermo

no lo esperaba

nadie lo esperaba

pues a Guillermo

lo mató la nada


Las calles

se llenaron de carteles

tropas de gentes

exclamaron su nombre

Guillermo fue a las marchas

hechas miles

hecho miles

de voces en silencio

Guillermo ya no viene

lo raparon las hordas asesinas

de verde olvido

vestidas verde muerte

negro de tristeza

negro olvido

murió la carne

y vive su entereza

Guillermo vino ayer

para quedarse

cerquita de su casa

la vida se acabó

lejos del vientre

del calor / del amor

de la paz vertida

en su morada

A dónde irá Guillermo?

nadie sabe

y no podrán cogerlo

amordazarlo

ni golpear su cerviz

ni sus rodillas

será libre

como lo fue siempre

Combatirá el silencio

Y melancólico

no dejará de llorar

por lo dejado

abrazará los vientos

y en los mares

ahogará el olvido

y sus cenizas

volarán de la tierra

a las memorias

y en la conciencia viva

de este pueblo

se quedará Guillermo

atrincherado

Almaro





martes, 30 de septiembre de 2008

EL QUINCE TRISTE QUE ENTERRÉ A MI HERMANO

Ayer, quince de septiembre, todo estaba puesto contra el mundo, fue el día en que tuve que darle sepultura a Oscar, mi hermano menor, al niño de la casa. Mis hermanas, mi padre y mi madre, muchos amigos y una misma ausencia. Oscar Orlando, fue asesinado en Cúcuta, muy cerca de su casa, donde volvió después de años largos de recorridos, aprendizajes, orgullos y desventuras. Volvió a la casa buscando nuevos rumbos, En poco tiempo, montó su propia zapataría y tinturería, cuidó a nuestra madre con la mayor contemplación y cariño; estudió en el SENA reparación de computadores y ya estaba listo para iniciar un nuevo ciclo académico.

Oscar Rodríguez Amaya, era un hombre integral, un artísta, cantante de música urbana, un hombre limpio. hace nueve años tuvo que salir de Cúcuta, su tierra y su casa, por la presión de la que son víctimas miles de jóvenes por todo el país, por parte de los grupos paramilitares ("hoy ya extintos" de acuerdo con reportes oficiales).

Era un estudiante, autodidacta, buen lector, compositor de sus propios temas, y creador de las músicas que acompañaban sus líricas. En poco tiempo se ganó un reconocimiento enorme en Bogotá por su calidad y por el contenido de su música. Pero en Colombia, ser talentoso no es suficiente, y aveces se vuelve peligroso. A pesar de su incansable esfuerzo, se fueron reduciendo las opciones para hacer de su música su vida. trazó un paréntesis y viajó a trabajar al lado de mamita.

En Bogotá quedaron Samuelito, su niño de dos años, y Jenny, su compañera, para esperar el cumplimiento de una promesa clara: salir de tantas penúrias económicas, construir el hogar digno y en paz, alcanzar una casa para que el niño se sintiera orgulloso de su padre, su madre y su familia.

Con Oscar todos hemos muerto un poquito. Ha muerto un poco más esta patria agobiada con la sangre de miles de sus hijos. Ha muerto un poco más la democracia ya destrozada por la "seguridad"; mi mamita, mis hermanas, mi padre y yo, todos hemos muerto en algo más. Y sin embargo, la vida nos enseña que hay que morir para que todo nazca. Hemos revivido instantes inolvidables, hemos recuperado la memoria; hemos decidido hacer que renazca la unidad al medio del fuego que nos abraza y nos redime. Hemos vuelto a nacer en Dios.


A sus amigos, a sus amigas, a sus camaradas, sus parceros, a todos los que tuvimos el honor de conocer a este hombre grande, les propongo como tarea recordarlo por su mirada límpia y siempre franca, por su sencibilidad humana y por su verticalidad contra la injusticia. Vamos a recordar a Oscar por todos los días maravillosos de su vida, y no por el minúto triste de su muerte.
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Mauricio Rodríguez Amaya