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jueves, 14 de junio de 2018

Petro, el trabajo, el Agua y la Paz


Petro, el trabajo, el Agua y la Paz

"Si Petro cumple con la agenda del trabajo, la protección del agua y de la paz, Colombia podría pasar del lastre del atraso a la vanguardia del desarrollo; los territorios tendrían derecho a la palabra y la palabra de los pueblos sería decisiva. Las montañas y los ríos tendrían una segunda oportunidad y la democracia podría construirse sin el miedo al francotirador". 



Mauricio Rodríguez Amaya


Conozco a Petro hace más de dos décadas; cuando él era Representante a la Cámara y yo era dirigente de la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria, nos acompañó en varias escuelas y eventos políticos, lo acompañamos cuando quiso ser Alcalde de Bogotá por primera vez y su campaña pasó casi desapercibida, luego volvió al Congreso para enfrentar sin miedo la parapolítica y la corrupción. Nos volvimos a encontrar en el Polo Democrático en orillas diferentes y votamos por él es su campaña presidencial de 2010. También fui testigo de su gobierno en Bogotá, y la forma como logró darle síntesis a la agenda social iniciada ocho años atrás y que no pudieron detener, a pesar de la persecución fascista de Vargas Lleras, Ordoñez y Uribe Vélez.  





La Agenda política de Petro ha sido coherente en lo que conozco de su carrera, ha enfrentado la corrupción desde varias tribunas, supo denunciar incluso esa misma corrupción cuando El POLO la orquestó en Bogotá; ha sido contundente en su denuncia de la toma mafiosa del Estado y no ha dejado de construir con la gente una agenda de derechos, basada en la sobrevivencia del planeta, el derecho a la dignidad humana y la posibilidad de construir una sociedad más incluyente y equitativa. Es un hombre billante y académicamente riguroso, no sobrestima su capacidad y sabe rodearse de personas que piensan colectivamente las agendas y los discursos. Su Programa Progresistas se basa en lo construido con los años, con las luchas dadas de toda la vida y con los aprendizajes que le permiten combinar con audacia en sus discursos teorías y opiniones políticas. es de esos políticos que al escucharlos uno se siente en clase de economía o de Historia, o de ambas. 





Sin duda, la agenda de Petro está lejos de ser Socialista. Por lo menos del Socialismo estatista clásico que conocimos en la Europa del Este y que repetimos sin miramientos contextales en algunas latitudes de nuestra América Latina. La agenda política de Petro combina, no sin las respectivas contradicciones, la necesidad de crecer en empresas y negocios con la protección adecuada de los bienes comunes de la naturaleza; habla de productividad y también de empleo decente; conversa con las nuevas tecnologías pero no desprecia los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios, habla de energías limpias pero reconoce el poder imprescindible del petróleo para la economía global contemporanea; En lo particular, hay tres temas que hacen que la decisión de votar por Petro sea hoy el producto de la voluntad y de la razón: Primero, Un gobierno de la Colombia humana puede poner de relieve la necesidad de proteger el agua, de ordenar el territorio alrededor de la conservación de nuestras fuentes hídricas; Segundo, en la Colombia humana, se reversaría la reforma laboral del neoliberalismo, que destruyó el trabajo decente y nos condenó a la precariedad, la tercerización y la violencia contra los sindicalistas; Tercero, Petro es quien puede garantizar que el Estado cumpla la palabra dada en el Acuerdo para la terminación del Conflicto armado con las FARC y al tiempo podría proponer caminos para resolver con el diálogo la confrontación con el ELN, incluso Propone fórmulas creativas para reducir la capacidad ofensiva de los grupos paramilitares, que aliados al narcotráfico y la clase política más retardataria, amenazan con mantenernos en el capítulo casi eterno de la guerra.



 Si Petro cumple con la agenda del trabajo, la protección del agua y de la paz, Colombia podría pasar del lastre del atraso a la vanguardia del desarrollo; los territorios tendrían derecho a la palabra y la palabra de los pueblos sería decisiva. Las montañas y los ríos tendrían una segunda oportunidad y la democracia podría construirse sin el miedo al francotirador. Por supuesto que habrán perdedores si Petro Gana. Perderán las mafias el control del Estado, perderán las redes de narcóticos el control de ciertos territorios, perderá el latifundio improductivo y perderán los que se oponen a salir del atraso del extractivismo. Perderá la clase corrupta y perderá el fascismo. Perderán los dueños de la guerra y los financiadores de la muerte.




Este es un voto de aprecio personal y de compromiso colectivo. Es un voto de confianza y un voto de trabajo, pues será responsabilidad de todos y de todas hacer que el gobierno de Petro cumpla con lo dicho. Colombia está a pocas horas de iniciar un rumbo que aún no conoce, y eso asusta; pero esta vez, sabemos bien lo que significa el retorno del fascismo y no hay futuro que pueda ser peor que ese que ya vivimos y todavía nos duele. Es el momento del trabajo, del Agua y de la Paz.

 
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jueves, 31 de mayo de 2018

Aún podemos derrotar la Guerra


Aún podemos derrotar la Guerra

"le queda la tarea a la gente de a pie, a los que se cansaron de trabajar sin horas extras, a los ahogados de los créditos impagables de la educación privada, a los campesinos hartos de las explosiones de la sísmica o las bombas, a las mujeres cansadas de la exclusión patriarcal, a las madres que guardan de sus hijos asesinados las fotos y el deseo de conocer la verdad".


Mauricio Rodríguez Amaya
@MauricioRodríguezAmaya.blogspot.com

Hemos construido un país basado en el odio, en la confrontación armada y en la destrucción física y epistémica del enemigo. La guerra ha sido un sello particular de nuestra política. Pareciera que sin guerra no sabemos cómo organizar el Estado, cómo distribuir los recursos públicos ni cómo construir consensos y disensos democráticos. Hace pocos meses abandonamos una de las más largas, que costó más muertes fuera de ella que en los combates y en las confrontaciones directas entre los ejércitos en disputa;  Los fusiles fueron acallados, pero no hemos sido capaces de pensar diferente a la época en que esos fusiles lo definían todo.  

Hemos pasado la primera vuelta de las elecciones presidenciales y las sorpresas nos son pocas. En números planos, más allá de un eventual fraude, gana un candidato que a voces es la encarnación de quienes se apoderaron de las tierras, desplazaron millones de colombianos, entregaron miles de títulos mineros, promovieron el paramilitarismo y sembraron cientos de fosas. Gana quien mejor sabe vender el miedo, miedo al vecino, miedo a lo diferente, miedo a las alternativas, miedo al cambio. En eso se sustenta la agenda de quienes saben bien cómo enriquecerse haciendo exactamente lo mismo, a quienes saben combinar muy bien la retórica del odio, la práctica de la violencia institucionalizada y la economía parasitaria del narcotráfico y el extractivismo.


No sorprende que en una sociedad precarizada por la pérdida de los derechos del trabajo, violentada en la dignidad por siglos de violencia, enferma de paranoia contra los diferentes, banalizada por la publicidad y aceitada por el afán de lucro, gane el que mejor recoge la esencia de lo que esa sociedad es y conoce. No sorprende que la gente vote por medio almuerzo aunque eso represente perder el refrigerio de sus hijos, o que voten por la minería, aunque sueñen con ir a la finca o la montaña; no sorprende que se inclinen al odio, aunque cada domingo religiosamente se prometan a sí mismos perdonar a los que los ofenden. Pero lo que sí sorprende es que algunos de quienes  han luchado contra ese modelo de corrupción y explotación se hagan a un lado en un momento de definiciones cruciales que podrían ponernos en la ruta de las economías emergentes y en la posibilidad de superar la guerra devastadora.  Sorprende que los adalides de la corrupción dejen solo al candidato que en segunda vuelta puede derrotar a los corruptos. Sorprende que los que ayudaron a construir la paz se hagan a un lado para facilitar el retorno de quienes prometieron hacerla trizas. Sorprende que los que han denunciado la violencia de las mafias, dejen el camino abierto a las mafias para que ganen con sus mayorías aceitadas.



No es el momento de hacerse a un lado, sino de asumir los retos de una disputa histórica entre el poder tradicional de la guerra y la posibilidad de una era de paz; entre quienes se enriquecieron recibiendo las coimas del extractivismo y quienes proponen hacer transformaciones para recuperar la economía con producción y conocimiento. Es el momento de dar la disputa por un cambio de rumbo, que puede tener apuestas alternativas e incluso contra-hegemónicas. Algunos líderes, contrario al llamado del momento histórico, han abandonado la pelea por los cambios en esta etapa de  las definiciones. Quizás porque esos cambios no son su agenda, quizás porque aún siéndolo, temen más a los desconocido de los cambios que a lo conocido de la guerra que también les permitió  fama y prestigio. Algunos de esos líderes han abandonado a la suerte la opción de cambio; entonces, le queda la tarea a la gente de a pie, a los que se cansaron de trabajar sin horas extras, a los ahogados de los créditos impagables de la educación privada, a los campesinos hartos de las explosiones de la sísmica o las bombas, a las mujeres cansadas de la exclusión patriarcal, a las madres que guardan de sus hijos asesinados las fotos y el deseo de conocer la verdad. Esta pelea se hará sin los rostros reconocidos y mediatizados que en el momento de las definiciones abandonaron insolidariamente el cambio. Se hará con millones de rostros anónimos donde se marca la indignación y la dignidad de no desfallecer cuando sus caudillos les han dado la espalda. El cambio habrá que caminarlo sin las grandes lumbreras que se ocultaron por sobrevivencia o por estrategia; el cambio se caminará a pie, preguntando, viviendo las inclemencias del clima y el silencio de la prensa. Así como nos ha tocado siempre, con el corazón en la mano y un buen libro en la mochila, nos corresponde caminar preguntando lo que no sepamos e imaginando para explicar el mundo que nos corresponde construir; nos corresponde derrotar la guerra a los que no hemos renunciado a dejar definitivamente atrás el camino marcado por las cicatrices de las bombas y las minas. Aún podemos soñar y caminar, y mientras se camine y se sueñe, hay esperanza.


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lunes, 14 de abril de 2014

El Nacional-Chovinismo


El Nacional-Chovinismo

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Por: Mauricio Rodríguez Amaya



 
En épocas en que nos considerábamos inferiores o iguales, por debajo de nuestra verdadera condición humana, aceptamos inscribirnos en ese despreciable sistema interamericano de protección de Derechos Humanos;  ese sistema defiende  intereses de quienes sin el alcance de nuestra cultura, pretenden ponerse a nuestro nivel sin que ni su sangre ni su intelecto los legitime



Cada vez más solos, más puros, más nacionales; las instancias de justicia internacional desaparecen ante nuestros ojos como si nunca hubieran existido, para bien de nuestras propias verdades. Cada vez estamos más convencidos de nuestro propio destino manifiesto, imbuidos en nuestras locomotoras que llevan el progreso del subsuelo al puerto sin hacer ninguna parada cerca a nuestras casas. Cada vez más solos, más nacionales, más orgullosos de nuestra felicidad a borbotones, la misma que nos permite ganar premios de sonrisas año tras año, mientras las lágrimas se ocultan para mejorar el paisaje. Entre más pobres y miserables más engreídos de nuestro rotundo éxito en la brega por alcanzar el tan prometido paraíso; entre más nacionales más seguros de no hacer parte de esa plebe que contagia democracias por todo el continente en contra del deseo de los verdaderos propietarios del progreso. Esa es la fuente de nuestro renovado nacional-chovinismo, el que predica nuestro honorabilísimo Señor Presidente, heredero legítimo de Chauvin, muestra incólume de nuestra más noble pureza intelectual, referente contemporáneo de la justicia y del derecho.   

El Nacional-Chovinismo permite defendernos incluso de nosotros mismos: hace algunos años, cuando no teníamos conciencia de nuestra prolífica pureza intelectual, algunos manzanillos diplomáticos firmaron el Pacto de Bogotá; invitaron cancilleres y diplomáticos de culturas menos desarrolladas y por error y por desgracia, nos rebajamos a su nivel. En abril de 1948 nos sometimos a un requerimiento injusto con nuestro portentoso origen superior nacional; aceptamos que las controversias con nuestros vecinos serían resueltas, sin más mediación  ni dilaciones, por la Corte Internacional de Justicia de la Haya; nada más deshonroso para nuestra sangre y nuestro intelecto que someternos como iguales con pueblos inferiores, vecinos pero inferiores; para bien de nuestra superioridad nacional, nuestro Presidente y Guía Supremo, ha decidido que ese famoso Pacto de Bogotá no existe y nunca debió haber existido; ha optado por retirarnos de semejante oprobio para imponer ante nuestros ojos nuestra voluntad superior, por encima de todo esquema que limite nuestras infinitas condiciones principales.

El Nacional-Chauvinismo nos protege de los estertores democráticos que a nombre de una supuesta justicia internacional vienen imponiendo culturas despreciables e impuras; En épocas en que nos considerábamos inferiores o iguales, por debajo de nuestra verdadera condición humana, aceptamos inscribirnos en ese depravado sistema interamericano de protección de Derechos Humanos;  ese sistema defiende  intereses de quienes sin el alcance de nuestra cultura, pretenden ponerse a nuestro nivel sin que ni su sangre ni su intelecto los legitime; llaman derechos humanos a las degradaciones de pueblos infectos, a las limitaciones de gentes confinadas, a las inmundicias de culturas basabas en democracias contaminantes; Algunos nacionales de miserable cuño, han acudido a esas cortes roñosas para intentar detener nuestro futuro superior, incluso esas cortes han pretendido emitir decisiones contra nuestra razones de justicia, irrumpiendo abusivamente la superioridad de nuestro sistema jurídico, cuestionando el poder de nuestras autoridades nacionales, constituidas por la Fe Católica y por la pureza de la Raza, llamadas a protegernos de las desviaciones de quienes por error acceden a los puestos de poder que están destinados para nuestros machos y ricos más ilustres y poderosos. Sirva de ejemplo el caso Petro, ese semihombre minúsculo que promovió, para vergüenza de nuestro orgullo nacional, un proceso contra nuestro Estado ante una Comisión Interamericana. De nuevo, el Conductor de la Patria, cortó de un tajo semejante vagabundería e impuso lo que la verdad exige: que esa Comisión Interamericana no existe, que esa decisión pervertida de proteger a Petro no existe, que ese señor Petro nunca debió haber asumido un cargo de Alcalde porque esos asientos están destinados para hombres puros, dignos del poder, representantes de toda nuestra orgullosa estética nacional.

Ni las Cortes de la Haya existen, ni el Sistema interamericano existe, ni siquiera nuestros vecinos existen a los ojos de nuestro ilustre Presidente. Solo existimos nosotros y nuestras verdades, nuestro orgullo nacional y superioridad histórica; En el mundo existen dos tipos de seres humanos: nosotros, los de supremacía demostrada, y los demás, los inferiores, los débiles, los que recurren a la denigrante justicia internacional para intentar defenderse de su propia impotencia histórica. Hoy se hace más necesaria la defensa de la plataforma nacional-chovinista porque solo mirándonos a nosotros mismos y negándonos a la influencia mezquina de pueblos precarios e inferiores, podremos mantener nuestro orgullo nacional, nuestra pureza patria, nuestro intelecto límpido y nuestro perfecto e inmutable sistema de justicia.  
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miércoles, 2 de abril de 2014

Santos, el imbécil



Santos, el imbécil

Mauricio Rodríguez Amaya
https://www.google.com.co/search?q=juan+manuel+santos&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ei=Wbs8U8iKNoaV0AXfnICADw&sqi=2&ved=0CAYQ_AUoAQ&biw=1366&bih=664#facrc=_&imgdii=_&imgrc=9XsbyNcB8mTK1M%253A%3BKB6ePLBz8RP2QM%3Bhttp%253A%252F%252Fcirculodeperiodistasdebogota.com%252Fwp-content%252Fuploads%252F2012%252F10%252FImgArticulo_T1_101731_2011121_161808.jpg%3Bhttp%253A%252F%252Fcirculodeperiodistasdebogota.com%252Ftag%252Fjuan-manuel-santos%252F%3B400%3B300 

Hace unos años, el actual Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, aseguró tajantemente “solo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”; en ese momento se le cuestionaba su incoherencia política en torno a los temas de la paz. Solo los imbéciles no cambian de opinión, decía el candidato, pero pensará lo mismo el Presidente?

Analicemos primero las circunstancias; El país más rico en diversidad nativa y cultural, hoy avanza hacia un inmenso desierto de cráteres y huesos; el polvo de carbón consume la sierra Nevada y de paso las aguas de Santa Marta, que eran azules y turísticas, hoy son grises y solitarias; detrás de esta tragedia está la Drummond con sus comerciales de televisión y sus sindicalistas asesinados; las aguas del Casanare sencillamente desaparecieron de sus cuencas y brotaron como por obra de magia en los taladros modernos de las petroleras; el agua del Casanare se la robaron la B.P. y Pacific Rubiales y lo que era ese embrujo verde bajo el azul del cielo que inspirara las letras de nuestro poeta Arnulfo Briceño, hoy no es más que una estepa hedionda y cadavérica por falta de la fuente primordial de la vida. En el Huila cuatro municipios y dos resguardos indígenas desaparecerán para abrirle paso a la Represa del Quimbo, perteneciente a unos españoles sedientos de ganancias; las montañas coloridas de Cajamarca pronto serán un solo cráter amarillento y del oro de Marmato nos quedará el mercurio sobre las aguas cálidas del Cauca. Chocó es menos que miseria y ni siquiera la esperanza aguanta entre la pobreza miserable y el oro que se desaparece como el aire. En buenaventura las sociedades portuarias han instalado una nueva oficina del mercado de la muerte, para librarse de miles de negros y negras pobres que habitan la zona donde debe construirse el mega-puerto que inundará nuestro país de muñequitas chinas y basura electrónica taiwanés; el oro, el petróleo, el agua, las esmeraldas, el cacao, el azúcar, los chigüiros, las babillas, los verdes y los azules, las estepas rojizas y las cumbres doradas, sencillamente desaparecieron o están desapareciendo de  nuestra maravillosa geografía y riqueza natural.  Las cosas no son iguales desde hace más de 20 años que unos economistas decidieron que todos sobrábamos en esta inmensa espesura de riquezas que cubre más de 1 millón de kilómetros sobre este planeta también moribundo. Hemos cambiado para mal, y para mal pareciera que nuestra imbecilidad no nos permite sencillamente cambiar de rumbo; ya lo dijo un candidato en otras épocas, solo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias. 

 http://www.rcnradio.com/noticias/se-conoce-video-de-contaminacion-del-mar-de-la-bahia-de-santa-marta-48023
Pero si las circunstancias han cambiado tanto, cómo calificar a un Presidente desastroso que quiere quedarse con todo y sus desastres? sencillamente se comporta como el imbécil que no cambia de opinión, aún a pesar de la crudeza de las evidencias que lo delatan como una verdadera catástrofe política y humana. Santos, se comporta cuan imbécil que no entiende que el país cambió con él y por su extrema responsabilidad. Hay que ser suficientemente imbécil para creer que este país le permitirá continuar promoviendo esta hecatombe y ocultándola gracias a los favores meretrices de medios pervertidos y periodistas sin escrúpulos ni ética. Este presidente barrió con la democracia en Bogotá, para abrirle paso a las basuras que se adueñaron hace muchos años de los desperdicios, y a los que Petro les quitó el negocio. Pero Santos, el Imbécil, cree que la gente no vio el golpe de estado, que no se siente indignada por la pérdida del poder democrático de un gobierno que se fue por el hecho de no haberse robado un peso. Santos fracasó en cada uno de sus planes, menos en los de abrir las venas de esta tierra herida para que mafiosos y terratenientes engordaran sus bolsillos y afilaran sus fauces contra la gente y contra la vida. En Colombia la gente es menos pobre pero más miserable, ocupamos los últimos puestos en calidad educativa, el empleo es precario y la salud es el espejo del abandono y la avaricia con que se gobierna.
Cómo puede pretender quedarse en el gobierno quien no tiene respuesta con la debacle ambiental creada por el lenocinio de financistas y multinacionales? Cómo pretende quedarse en la Casa de Nariño un hombre mediocre y ciego, indolente y cobarde? Santos nombró en el ministerio de Agricultura a un terrateniente para que pudiera conservar la acumulación de tierras para las mismas familias; en la cartera de Trabajo nombró a un verdadero defensor de los empresarios, a quien le premió su indolencia entregándole una alcaldía robada; la ministra del medio ambiente no cree que sea grave el desastre ambiental mientras tapa el atraco de las multinacionales minero-energéticas echándole la culpa al clima; Santos, no puede quedarse, aunque él esté convencido que le estamos eternamente agradecidos por convertir este rincón del paraíso en el muladar de las trasnacionales.  Santos es suficiente imbécil para no darse cuenta que hoy más que nunca este país desprecia su gestión, le duele la muerte y la pobreza y está indignado por cada una de las fechorías que planea y permite desde el Solio de Bolívar.
 http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/L/lectores_opinan_criticas_y_propuestas_a_la_crisis_ambiental_en_casanare/lectores_opinan_criticas_y_propuestas_a_la_crisis_ambiental_en_casanare.asp

Santos no debería quedarse, aunque su imbecilidad le permita convencerse de lo contrario; pero si se queda, si la gente vota por él, por su despreciable gobierno de malandros y asaltantes, entonces los imbéciles seremos todos los que permitamos, que aún en medio de estas duras circunstancias, se mantenga en el poder esta clase miserable que detenta las riquezas a costa de la vida, nuestras riquezas y el agua.
http://laotracaradebuenaventura.blogspot.com/