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jueves, 5 de agosto de 2010

LA HORA DEL NECIO: Despedida de Uribe


LA HORA DEL NECIO 8

¡DESPEDIDA DE URIBE!

El 7 de Agosto próximo tenemos fiesta patria. Claro que si, se va el "Uberrimo" después de 8 años en los que manejó nuestro país como una finca lechera. En la Hora del Necio #8 estamos de "placemes" y por ello dedicaremos nuestro programa a despedir a "Don Alvarito".


A partir de esta semana y por todo el mes de Agosto, recordaremos a nuestro "sen sei" Jaime Garzón. Además, nuestras acostumbradas secciones semanales:


  • Tema del día: Despedida a Alvaro Uribe Vélez.
  • In…cultura: Protocolo para una Santa posesión.
  • Palabras Misteriosas: Vocabulus Uribisticus.
  • Top 5 de Animales Extremos: 5 Hienas Uribistas.
  • Homenaje a Jaime Garzón: Godofredo Cínico Caspa profetiza a Uribe.

Escuchenos Aquí:



www.agenciadeinformacion.info


www.bajolamole.blogspot.com




martes, 2 de febrero de 2010

Hacerse matar por Cien mil pesos no da la base




Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com

Además de sumarme a las miles de voces sensatas que han rechazado de plano el anuncio del Uberrimo sobre su política de empleo para los jóvenes de Medellín -voces que han desnudado el perverso enfoque guerrerista con que se devana las sienes en su onanismo insólito el señor presidente; manifestaciones de indignación sobre la pobreza de ideas y la vileza de intereses del facho que gobierna; declaraciones prudentes que llaman a la cordura al mandatario, con la ingenuidad de quien cree que las vacas vuelan-. Además de sumarme a esas voces, quiero permitirme dar un punto de vista sobre economía básica, de esa economía que se usa en las finanzas familiares o en las tiendas de barrio, al respecto de la cuota correspondiente a salario establecida por el presidente a los jóvenes que decidan convertirse en sapos.

Mi abuela materna tuvo durante años una pequeña venta de helados, ella acostumbraba decir que los refrescos debían venderse a cierto precio, porque el ofrecimiento por debajo “no daba la base del negocio”, para referirse a las eventuales pérdidas. La empresa quebró al fin de cuentas, no por las reglas de oferta y demanda, sino por el desmesurado deleite de cinco nietos a quienes nos salía gratis el esfuerzo financiero de la nona. No da la base, repetía resignada cada vez que se veía compungida a convertir su producto en nuestro suculento obsequio.

Pues por estos días, en que Medellín se encuentra en un enfrentamiento cruel entre paramilitares sin jefes y narcotraficantes con más ínfulas, en donde el sicariato ha crecido y los muertos pululan en las barriadas, donde Don Berna dejó a su deleite a los nuevos cabecillas paramilitares que hoy se presentan como bandas, o águilas negras o paracos gaitanistas, etc.; donde las flores de la ciudad no dan abasto con tantas tumbas por estos días, El presidentico paisa se le ocurrió poner en riesgo la vida de los estudiantes, convertir las escuelas en campos de guerra y volver a su lógica de vincular a la sociedad civil al conflicto.

Este apostata de la justicia, este justiciero de mano dura para sus enemigos y corazón grande para los mancusos, los bernas y los joséobdulios (me acabo de percatar que este último aún no está preso), creó un nuevo empleo para subsanar el desastre de su seguridad democrática, y volver a los años de las CONVIVIR: el sapeo estudiantil clasificado. Para acceder a un trabajo de estos se requiere, poner en riesgo la vida y la de toda la familia, denunciar al cual más cualquier comportamiento que a criterio del empleado le parezca análogo del terrorismo; para ser un buen sapo, se requiere el mayor desprecio por la vida, por el futuro y por los suyos, quien se emplee en el área no tendrá que pensar en pensión, porque seguramente terminará muerto producto de los informes que provea.
El sueldo, más pírrico que el mínimo. Más perverso que la propuesta misma: cien mil pesos. Quien sapee en las calles o en las aulas de clase, se ganará cien mil pesos, devaluados y sin derecho a prestaciones, sin horas extras, porque horas extras será las que empiece a vivir quien se comprometa en este empleo. Regalar la vida por cien mil pesos, parece ser la consigna del presidentico paisa, que tanto quiere a sus coterráneos, que tanto dice amar a los estudiantes de su natal provincia; hacerse matar por cien mil pesos, cree el decrépito tirano que es una alternativa saludable para los jóvenes de Medellín a quienes el crimen habrá de cobrarles el servicio prestado con sus propias carnitas y sus propios huesitos.

Sicariar en las calles de la capital paisa, costaba hace unos años (en las épocas de Escobar Gaviria, cuando el Ubérrimo era el consentido de los capo) algo cercano a los dos millones; seguramente el precio ha bajado después de que el negocio quedó monopolizado por los castaño, los de la terraza o don Berna. Pero no debe estar por debajo de los quinientos mil pesitos. Supongamos que el sueldo del sicario por actividad cumplida no pase de los quinientos mil. Quien asesina a este precio, desprecia su vida misma. Estará dispuesto a seguirlo haciendo, hasta gratis de ser necesario, si medio se entera de que algunos muchachitos de la escuela de arriba (basta revisar donde están los colegios de las comunas paisas), están dando dedo al zoco para ganarse los cien mil miserables pesos que les prometió el presidente.

Este negocio, como diría mi abuela, no da la base. El sicario que se gana cinco veces lo que le dan al sapo, sabe matar, por gusto o por hambre, o por ambas. El niño sapo, no tiene la menor idea del peligro que le asecha y el precio de su esfuerzo puede ser una bala; Al presidente no parece importarle nada de esto. Al presidente le interesa el odio y los muertos, no la paz. A Este crápula de sonrisa pedante y mirada de odre no le importan los jóvenes; solo quiere echarle más candela al infierno que vive Medellín, en medio de nuevos reacomodos y cuentas por cobrar de los capos de la mafia y los asesinos asalariados de los grupos paramilitares.

Para un escolar de una comuna paisa, este negocio no le da la base. Es común que algunos muchachos den su vida por unos cuantos millones, que al fin de cuentas dejará a su familia para mitigar la miseria en que se vive cotidianamente; esto es cierto; pero difícilmente se harán matar los paisas por un salario que no cubre ni el carro que lo conducirá a la tumba. Este negocio nefasto y pervertido, no da la base.

miércoles, 28 de enero de 2009

El Alcalde Papaya y la ciudad de las chivas

Mauricio Rodríguez Amaya
Bajolamole.blogspot.com

En una ciudad lejana, muy lejana (del progreso) gobernaba un hombre moreno, vacilante de espíritu y mediocre de talento. Llegó al gobierno gracias a una expectativa creada por su antecesor, el amor en la causa de quienes lo seguimos y, de cierta forma, por falta de competencia efectiva en elecciones. Prometió continuar la senda construida años anteriores, mejorar la vida de los ciudadanos, en temas medulares como, construir un sistema integrado de transporte, avanzar en el mejoramiento de la infraestructura y mejorar los derechos de la gente, toda ellas aspiraciones muy positivas. Tanto así que a su gobierno le llamó “positivo”, demostrando su profundo poder de ingenio y creatividad, a la hora de crear una marca para la ciudad que dirigiría en adelante.

Pero vinieron entonces a la fiesta de bienvenida, sus mejores amigos, entre ellos un ex presidente de la Patria del Coco, de quien se conocen de sobra sus vínculos con los carteles de la droga. Gordito él, bajito de estatura, pero grande en astucia, logró hacer que la administración del Alcalde Papaya se convirtiera sin más cortapisas, en el gobierno de la gente, de la gente de él, por supuesto. Y fue más, la familia entera del nuevo burgomaestre trabajó ardorosamente en la repartición de las huestes; madre y hermano dirigieron uno a uno cada nombramiento, empresa por empresa, institución por institución, hasta estar lo suficientemente seguros de que sus amigos y los amigos de sus amigos quedaran bien acomodados para ver desde sus poltronas el nuevo espectáculo. Esta práctica meritocrática (pues constituye un buen mérito ser amigo de algún amigo del alcalde Papaya), quedó en el silencio y aquellos que realmente trabajaron para llevar a Papaya a la casa de gobierno se fueron quedando con las migajas y uno que otro título honorario. Reparte y comerás, era la consigna de la ciudad positiva.

Pasó el tiempo y la expectativa creada fue tornándose en un manto de dudas que con los días dio paso a las frustraciones. Al primer año, el alcalde Papaya no había logrado empezar su gestión, de hecho, algunos ciudadanos habían olvidado ya el cambio de gobierno, no recordaban si la ciudad tenía alcalde, o si en las entidades existían directores, o si los funcionarios de la administración gozaban seriamente de los beneficios de los contratos. Poco se hacía por los habitantes, y por cumplir aquello que con tanto aspaviento se prometió el primer día. “No es que no lo queramos, es que el tipo está dedicado a dar papaya”, comentaba la gente en los corrillos, las calles sin asfalto y en las charlas amenizadas en medio de horas eternas de trancones.


Faltaba contar que desde la casa del Gobierno de la República del Coco, el gobernante de la Patria, enemigo declarado de los amigos del Alcalde Papaya, se había dedicado a aprovechar cualquier error, cualquier descuido, cualquier caída, que como se sabe, sobran en medio de la mediocridad y el desorden. , “cobren, cobren, aprovechen lo que sea, papaya puesta, papaya que recogemos”, declaraba y ordenaba diariamente. Exigía ingenio en el cobro a sus secuaces, reprochaba mayor compromiso a los medios de comunicación del régimen del Coco: “denle duro a Papaya, entrevisten a sus opositores, armen el escándalo que sea con el más mínimo de sus papayazos, no bajen la guardia que el tipo es lo suficientemente papayudo como para que no tengamos algo nuevo que decir contra él todos los días”. Así fue y así se hizo. En adelante, cada vez que Papaya concurría a cualquiera de sus innumerables equivocaciones, al minuto, los más instigadores y los menos hábiles en el arte del cobro, saltaban a los micrófonos y las cámaras, a las columnas de prensa y a las sesiones de debates públicos, para exigir retracciones, cambios de rumbo y cumplimiento de lo prometido. Papaya, absorto de la realidad, convencido de su buen gobierno, respondía con alguna otra caída, a veces peor que la primera.


Se hizo fácil la tarea de los promotores del desencanto, pues las salidas en falso del gobierno Papaya se volvieron constantes, como el día aquel en que las calles fueron levantadas sin ningún escrúpulo para poder adelantar las obras en las cuales correrían las Chivas. Hago un paréntesis para contar que el sistema de transporte masivo de la ciudad aquella, lo constituyen prioritariamente uno aparatos articulados llamados chivas, pues tienen la capacidad de correr entre las calles destapadas, entre el barro y los charcos incontables que se producen donde las lozas de asfalto se levantan paulatinamente o se entierran hasta que no queda rastro de los materiales de la obra. También se les llama chivas porque la gente que tiene la necesidad de recurrir a este servicio, bebe correr, saltar, empujar, avanzar atropelladamente a quien se encuentre delante de la fila, arrumar a los ancianos y coscorronear a los niños; y ya adentro, se deben hacer todos los esfuerzos para acomodarse sobre otros, o sobre las otras, montarse sobre las barandas porque las sillas son casi inexistentes, colgar la cabeza por las ventanas o esconder las manos en las bolsas de los vecinos. Las chivas llevan tanta agente acumulada al tiempo, que en algunos casos los pasajeros alcanzan a tener los mismos pensamientos; entre ellos, el más común: ¿Cuándo hará algo Papaya por mejorar esta indignación?... Solo algo más. La gente no se baja o se sube, los empellones de la masa informe de beneficiaros, te sube o te baja, depende del descuido.

Volvamos. Vino el día en que las pocas calles fueron cerradas para abrir las obras de las nuevas chivas, y como si fuera poco se aumentaron las restricciones a los ciudadanos que contaban con un carro propio, sin distingo de raza, estrato o credo. Para que la gente pudiera acceder al servicio de chivístico, se clausuraron rutas de buses y busetas; pero las chivas ya no daban a basto con la nueva oferta; la ciudad se hizo un caos. Papaya pensaba, y muy en serio, que ahora que no habrían calles debido a las obras iniciadas, debía haber menos carros. Y claro, no pensó en los efectos reales sobre la vida de los ciudadanos, ni en las bajas en el empleo, ni en las pérdidas empresariales, ni el tormentoso servicio de las pocas chivas existentes. Como era de esperarse, contra estas medidas calló el mundo entero, pero no solo los áulicos del gobierno del Coco, sino también los transeúntes que no podrían usar sus propios carros, y los de a pié, que verían como su sistema de transporte se rebosaría aún más de los cotidianamente acostumbrado.

La última vez que tuve noticias del gobierno del Alcalde Papaya, estaba hablando de edificar ahora sí, un metro. Pero parece que no hará más que reconstruir el monorriel que lleva a la sabana, porque si para meter las chivas que le hacen falta al lucrativo negocio de unos cuantos, ha afectado la ciudad entera, no me imagino lo que pensará hacer para convencernos de las bondades de su nueva obra. Queda esperar y ver cómo, por un lado, agoniza la expectativa de quienes creyeron en un gobierno que acentuara los cambios y que no han visto más que dispersión y mezquindad y, por el otro, ver a quienes gozan del banquete de papayas servido por el burgomaestre y a partir de los cuales se alimentan ahora los nuevos discursos electorales que se avecinan en la patria del Coco.

P.D. cualquier parecido con la realidad, nos podría dejar algo positivo.