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miércoles, 24 de abril de 2019

La decadencia del Capo


La decadencia del capo
Almaro

“Para perseguir a este tirano búho, hay que bajar con él hasta el fondo del abismo, siguiéndolo en su voloteo vertiginoso en las tinieblas (…) era un despreciable y oscuro soñador de crímenes; aquel déspota, fue un arcaísmo político, un extraño en este siglo, una especie de fraile loco, escapado de su celda, y tocado del misticismo de la destrucción”.
José María Vargas Vila, De los divinos y los Humanos. Sobre otro déspota parecido al protagonista de esta nota.

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Son famosas las decadencias de los usurpadores, de los déspotas y los sátrapas. Pero las caídas de sus cuerpos descompuestos no son silenciosas ni calmadas; por el contrario, están repletas de jadeos y gritos espantosos, de olores hediondos de la fetidez que despliegan mientras caen. No hay caída de un tirano que no termine estrellada sobre la sangre que derramó en los cuerpos de su pueblo; no hay silencio en la decadencia de los asesinos; precisamente porque esos estertores melancólicos y dramáticos son su voz agónica ante la inevitable circunstancia de su desgracia.

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Este hombre minúsculo se hizo grande en la felonía de la trampa y la traición; creció rodeado de los capos que le formaron para ser uno de los mismos, uno de ellos, el más servil y útil capo de entre ellos; aprendió de lealtades y de rutas, aprendió que era útil matar comunistas para ocultar las guerras de la mafia; su padre manejaba todo, conocía muy bien a sus enemigos y sus amigos eran pocos. Era poderoso como solo él pero la muerte le llegó pronto, producto de las mismas traiciones e inquinas que le habían llevado a convertirse en uno de esos hombres duros que la mafia protege. El estudiante se hizo maestro y burócrata, hizo aeropuertos y limpió las rutas de competidores indeseados; muchos murieron hasta que él se convirtió en esa especie de jefe medio que manda pero que obedece, que grita pero que calla, que mata pero pide permiso. En las épocas en que los capos se volvían héroes, él se escondió en la fila trastera de los cobardes; así que la furia cayó sobre la arrogancia de los poderosos y él se quedó abajo, esperando el momento de asaltar el vacío dejado por sus antiguos dirigentes. Era la época de la opulencia y la arrogancia, de los escándalos y los espectáculos como muestras de poder y de encanto; amenazar, cumplir, matar, seguir reinando, era la línea poderosa de los capos mayores; él aprendió el arte de encubrirse, de pasar por debajo desapercibido. Se hizo gobernante muy joven y acumuló su propio poder. Cada día dependía menos de sus mentores hasta que le estorbaron y entonces vino la difícil pero plácida tarea de exterminarlos. Sus ejércitos, ahora al servicio del Estado que combatían, llevaron a la muerte al más grande de sus maestros.

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Ya sin aspavientos, él tomó su lugar, de a poco, como crece la hiedra y el regaliz en selvas húmedas de ansias de poder y secas de decencia. Se tornó imprescindible, consolidó su ejército, controló las rutas del narco, los contactos, los jefes medios, unificó a los narcos regionales, refundó la patria ante el poder impotente de su insignia mafiosa y llegó a Presidente. Ya en el gobierno, amnistió a sus socios y exilió a sus contradictores, aquellos que quedaban de otroras épocas cuando él no era más que el mensajero, el aprendiz, el joven dúctil y locuaz que consumaba cumplidamente las órdenes que le eran asignadas.

Gobernó largo tiempo; instauró el miedo, creó escombreras de tumbas, mató miles y los vistió para la muerte, tomó el derecho para destruir el derecho, creó leyes para asegurar su impunidad y se hizo reelegir usando las trampas y las balas que desde joven había aprendido a cultivar pacientemente. Quiso mantenerse en el poder que envenena su espíritu engreído y paciente, pero las cosas habían cambiado, y aquellos que lo usaron para limpiar el país de sindicalistas y campesinos, ya no necesitaban de la misma forma de sus servicios. Le ofrecieron un partido propio y un puesto en el Congreso, como otros sátrapas en otras geografías, que después de matar se hicieron senadores.

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Vinieron épocas de cierta calma, donde su poder se convirtió en problema para una parte de los poderosos que representaba. Nunca dejó de ser el mensajero aquel que cumplía cabalmente cada orden, nunca pudo ponerse a la cima del mundo, porque el mundo le pertenece a los que alimentan la guerra que lo usa.

Sigue presentándose como el gran jefe, pero siempre ha sido el mensajero otrora preferido, ahora medio incomodo mensajero. Hizo la guerra, alimentó la guerra, necesita la guerra porque ahí es cuando más lo necesitan. Controla sus redes de asesinos, los pájaros oscuros de la muerte que lo siguen tratándo como el capo supremo entre los capos. Pero ineludiblemente estorba a las élites que lo usaron y él lo sabe. Ha empezado la caída, su caída funesta, su desaparición trágica.

Ha iniciado su ocaso; su final melancólico y trágico. Pero él, tan cobarde y paciente, no quiere dejar de ser, de aparentar ser la sombra que todo lo oscurece, el buitre que decide la carroña, el apóstol santificado de la decadencia. Ahora, en su caída impredecible, grita, amenaza, deja las babas exaltadas en la mesa, gruñe inverosímil, dispara bocanadas inefables de insultos. Su caída será lenta y dolorosa, su final será escandaloso y perverso, él es la perversión. Ha empezado su degeneración y del estadista que quiso ser, quedarán sus sombras y las miles de tumbas en que sostuvo su oscuro mandato. Viene su fin, por eso grita, por eso enloquece y no hay medicina natural que atenúe el desespero de su alma mordaz y sucia ante la inminencia de su caída al fondo del abismo.
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martes, 26 de marzo de 2019

Nuevo Plan de Desarrollo en contra de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030



Nuevo Plan de Desarrollo en contra de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030[1]


Mauricio Rodríguez Amaya[2]




Uribe no miente, de él se puede criticar su espíritu autoritario, su engreimiento fascista y su coherencia para defender a sus amigos, aún a los más delincuentes. Pero no miente. En campaña, él y sus aliados propusieron hacer trizas la recién nacida paz, incrementar la confianza inversionista, ampliar la base tributaria de las personas y reducir la de las empresas, aumentar el extractivismo y consolidar la apropiación terrateniente sobre la tierra. El Proyecto de Plan Nacional de Desarrollo para el próximo cuatrienio, no es más que la ratificación de las promesas hechas en campaña.

El proyecto de Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno Duque denominado “Pacto por Colombia, pacto por la equidad” es la continuidad de la agenda de la precarización laboral, social y ambiental; representa la prolongación del extractivismo minero energético, la destrucción de la reserva natural colombiana y la privatización de las empresas del Estado y los servicios públicos. Lo que ofrecen los “Pactos” a través de los cuales se estructura el proyecto de ley, no solo incrementan los procesos de destrucción de la economía nacional, sino que exacerba la explotación indiscriminada de los bienes comunes, aumentará las desigualdades sociales, exacerbará las pugnas territoriales y alimentará la violencia institucionalizada.

El Proyecto de Plan es en muchos aspectos contrario a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) 2030 establecidos por la ONU y que al menos de dientes para afuera, Colombia comparte; incluso, el mismo proyecto menciona la intención de materializar los ODS, aunque su contenido vaya en contravía de ellos. A continuación, queremos presentar algunos ejemplos de la manera como el proyecto de Plan de Desarrollo va en contravía de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y su aplicación alejaría a Colombia de alcanzar la equidad social, la reducción de la pobreza y la protección de la naturaleza y la paz. En primera medida debemos recordar que los ODS fueron adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre de 2015. De los 17 Objetivos, el Proyecto de Plan de Desarrollo pone en riesgo el alcance de al menos cinco de ellos.

A continuación, presentamos algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que entran en disputa con el Proyecto de Plan de Desarrollo, con el fin de promover el debate público sobre la necesidad de producir propuestas para evitar que Colombia se aleje cada día más de los objetivos de reducción de la pobreza, alcanzar la equidad, la protección del medio ambiente y la Paz.




1.     ODS 4: Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa, y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos.

Mientras Naciones Unidas se orienta al fortalecimiento y la garantía de los derechos a la educación y la promoción de todos y de todas, el Proyecto de Plan Nacional de Desarrollo (PPND) está pensado para reducir la investigación, la innovación científica, el acceso a la educación pública de calidad y da continuidad a la agenda neoliberal encaminada a la privatización, la financiación bancaria de la investigación y el desmantelamiento de las entidades públicas encargadas de estos temas.

El proyecto del Plan contempla la privatización de los conocimientos ancestrales y la explotación comercial de los conocimientos biológicos sobre nuestra riqueza natural, muy en la línea neoliberal tendiente a la privatización de la propiedad colectiva de los bienes comunes. En efecto, el Art. 6 del PPND, crea los Contratos de Acceso a Recursos Genéticos y sus Productos Derivados (CARG) con los cuales los particulares, nacionales o extranjeros, podrán seguir haciendo a sus anchas investigaciones sobre nuestra riqueza genética, con fines eminentemente privados.  Aun sin la firma del Contrato, “desde la radicación de la solicitud y hasta la celebración y perfeccionamiento del Contrato de Acceso a Recursos Genéticos y/o sus Productos Derivados o hasta la denegación del trámite, el solicitante podrá continuar accediendo al recurso genético y/o sus productos derivados”.


Es PPND pone en riesgo la propiedad colectiva sobre los bienes intangibles de la nación, el conocimiento ancestral y el patrimonio cultural, el cual podrá ser privatizado, de acuerdo con lo planteado por el Art.  105, que pretende facultar a las entidades públicas que sean titulares de bienes intangibles y derechos de propiedad intelectual (marcas, patentes, diseños industriales, esquemas de trazado de circuito, variedades de vegetales, derechos de autor, entre otros), negociar la explotación comercial de dichos bienes, lo que implica incluso su enajenación.

Estos temas han sido fuente de cientos de disputas, entre las comunidades, los pueblos originarios y afrodescendientes, campesinos, organizaciones académicas y de DD.HH. frente al Estado y las Empresas Trasnacionales (ETN), pues durante años, estos movimientos han hecho resistencia a la privatización de la riqueza natural, han protegido la información genética de las semillas nativas y han luchado contra los procesos de implementación obligatoria de utilización de semillas genéticamente manipuladas.

El proyecto no solo se estimula a apropiación de los bienes comunes mediante contratos de acceso a recursos, sino que se castiga duramente la investigación científica nacional y la innovación tecnológica. El Art. 84 del PPND, prevé la eliminación de Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación –COLCIENCIAS, mediante su fusión con el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Aunque Colombia no ha desarrollado una política sólida orientada a la investigación y la innovación científica, la desaparición de Colciencias pone aun más en riesgo la ya precaria investigación académica nacional.


Como si fuera poco, el Art. 101, condena la investigación científica y la innovación al crédito de la Banca, destina los recursos públicos para apalancar la investigación privada, dando continuidad a la política de desmantelamiento de los proyectos de investigación de universidades públicas para privilegiar la financiación de la iniciativa privada. Contrario a las exigencias del movimiento universitario, quienes realizaron un histórico paro de más de tres meses durante 2018, el PPND estimula el incremento del crédito bancario a través del ICETEX para el acceso a la Educación Superior. El artículo 110 establece la vinculación de población vulnerable a través de créditos con esta entidad, mientras que el Art. 111, pretende garantizar que el Estado pague las deudas y demás obligaciones que el mismo ICETEX haya adquirido; es decir, que con los excedentes de los créditos de educación que el ICETEX gira a la nación, ahora el ICETEX pagará sus propias deudas. Un negocio redondo para una entidad cuestionada por su enfoque bancario y especulador.


2.     ODS 8: Fomentar el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo, y el trabajo decente para todos.

Contrario a lo planteado por este objetivo global, el proyecto de Plan de Desarrollo del gobierno de Iván Duque apela a la precarización laboral, al contrato por horas y al incremento de la desprotección de la seguridad social y las pensiones. El Art. 58, pretende eliminar el derecho que tienen los trabajadores que han sufrido accidentes de origen laboral de gozar de manera simultánea de la pensión de vejez y la pensión de invalidez. El nuevo artículo modifica lo establecido al respecto por el Art. 13 de la Ley 100, haciendo así más gravosa la situación de quienes sufrieron accidentes laborales que les obligó a suspender sus actividades productivas.

Por otro lado, el PPND pretende incrementar la precarización del trabajo, legalizar la remuneración por debajo del Salario mínimo y establecer un sistema de beneficios económicos periódicos (BEPS). Esta idea es un duro revés a los derechos del trabajo, pues lo que pretende es condenar a los obreros a subsidios, en vez de promover decididamente el trabajo digno y decente, tal como lo establecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El Art. 113 crea el Piso Mínimo de Protección Social, como un conjunto de garantías mínimas en materia de seguridad social para los trabajadores, cuyos contenidos no son claros ni sabemos si se enmarcan en los criterios de trabajo decente, formalización laboral y lucha contra la tercerización y la intermediación laboral ilegal que han impulsado las organizaciones de trabajadores en los últimos años.

El Proyecto del Plan crea el subsistema de formación para el trabajo por competencias y el Sistema Nacional de Cualificaciones, mediante el Art. 114, conformado en varios niveles por, el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, las Instituciones de Educación para el Trabajo y Desarrollo Humano -ETDH, las Instituciones de Educación Superior con oferta de formación para el trabajo y los demás oferentes que formen por competencias y cumplan los requisitos y mecanismos que para tal fin se establezcan, con lo cual se legaliza todo el proceso de privatización de la formación para el trabajo y se continúa en la tarea paulatina de desmontar el SENA.

Como puede observarse, el PPND, camina en contravía del ODS que se orienta al mejoramiento de las condiciones del trabajo, a la promoción del trabajo decente y a la lucha contra la pobreza a través de puestos de trabajo dignos y estables.



3.     El ODS 9: Desarrollar infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible, y fomentar la innovación.

El Proyecto de Plan es una estocada más a los esfuerzos de industrialización de algunos sectores en Colombia; continúa la senda marcada por el extractivismo minero, y se orienta a garantizar las condiciones de explotación de las empresas trasnacionales, al tiempo que hace más gravosas las condiciones para la minería artesanal y comunitaria de metales preciosos. El Art. 18 del Plan crea un conjunto de procedimientos complejos para exigir lo que el gobierno llama “la formalización minera”, que no es otra cosa que continuar los procesos de exclusión y criminalización de la minería artesanal y comunal.

Pero al tiempo que crea más trabas y condiciones gravosas para la minería artesanal y comunal, garantiza la extensión de las grandes concesiones mineras hasta por treinta años más, tal como lo pretende en el Art. 21 del proyecto. El desastre de la minería a gran escala, no tiene controles ni limites en el Nuevo Plan de Desarrollo, por el contrario, su contenido se orienta a darle continuidad a los proyectos e incrementar la titulación para la explotación minera a gran escala. Aquello de la industrialización inclusiva y sostenible, con fomento de la innovación es un objetivo que no verá ningún desarrollo en el presente cuatrienio.


4.     Los ODS 13 y 15: Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos. Proteger, restaurar y promover la utilización sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar de manera sostenible los bosques, combatir la desertificación y detener y revertir la degradación de la tierra, y frenar la pérdida de diversidad biológica.

El Plan de Desarrollo va por el camino contrario a los esfuerzos globales necesarios para combatir el cambio climático y reducir el efecto invernadero, al tiempo que desarrollará la destrucción extensiva de bosques y el incremento de la destrucción de importantes reservas naturales con las que aun cuenta el país. El Art. 106, propone incentivos tributarios, con deducciones de hasta el 50% de la inversión realizada, hasta por los próximos 15 años, para quienes desarrollen proyectos de explotación de fuentes no convencionales (como los hidrocarburos extraídos mediante fracturamiento hidráulico). Además de las ya poderosas exenciones a quienes desarrollen proyectos de explotación de crudos no convencionales, se suma este nuevo impulso basado en la deducción de impuestos sobre la inversión realizada.

Vale recalcar que los artículos 7 al 10 del Proyecto del PND, incrementan el riesgo ambiental, impulsan a los más pobres a ir más allá de la frontera agrícola, estimulará la privatización del conocimiento común de la naturaleza a través de Contrato de Acceso a Recursos Genéticos y sus Productos Derivados.

5.     El ODS 16: Promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible, facilitar acceso a la justicia para todos y crear instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.
Contrario a los propósitos globales, el PPND es una nueva carta para el incremento de las privatizaciones de las entidades del Estado y particularmente de las Empresas públicas más rentables. El proyecto establece nuevas reglas para facilitar la enajenación de activos del Estado, y la venta de entidades públicas en todos los niveles territoriales y de servicios. Así se expresa en el Art. 14, Núm 2:, que faculta a todas las entidades para vender sus activos y aportes.  En el mismo sentido, el Art. 162 del PPND pretende la venta de participaciones minoritarias de las Empresas y Entidades Estatales. Lo que se anuncia, contrario a consolidar el Estado, es el incremento de la privatización y el desmonte de las Empresas estatales, puestas al servicio del Capital privado. Bastante negativa ha sido la experiencia de poner los servicios públicos en manos privadas, pero el nuevo Plan insiste en cometer los mismos errores de los últimos treinta años, alejando a la sociedad colombiana de crear entidades eficientes, empresas públicas transparentes y sólidas y redistribuir desde el Estado los dividendos de sus actividades económicas.

Por último, es importante mencionar que las Víctimas del conflicto armado, también serán revictimizadas con el nuevo Plan de Desarrollo, pues invierte la responsabilidad del Estado con respecto a la reparación integral y deja la financiación de la reparación a que las FARC entreguen los supuestos bienes que aún no han entregado. Este portazo a las víctimas no solo es contrario a los Acuerdos para la terminación del conflicto Armado suscritos en 2016, sino que incrementa la desolación de quienes más sufrieron los efectos devastadores de la violencia institucionalizada y de la guerra.

El proyecto de Plan de Desarrollo del gobierno Duque es una continuidad de la política económica basada en la primarización y la desidustrialización, incrementa el extractivismo, y por esa vía aumentará las conflictividades territoriales y sociales; el nuevo plan se orienta a la privatización del Estado y a dejar la educación y la investigación a quienes puedan pagarla, aumenta la destrucción de los bienes comunes e incentiva a apropiación privada de la información genética; el nuevo plan impone la precarización del trabajo y la desprotección de los trabajadores; es un plan contra la paz, contra la naturaleza y contra el trabajo, al tiempo que propende por facilitar los rendimientos económicos del capital nacional y trasnacional. Un Plan de Desarrollo con las características descritas anteriormente, solo puede dar como resultado el aumento de la pobreza y la desigualdad y la violencia; es un plan contra la paz y para la guerra, y es un plan contra la naturaleza y contra la gente.

6.     La Respuesta: Alianzas territoriales, por el Agua, el trabajo y la Paz.


La respuesta al Plan debe prepararse desde ahora, y tendrá que materializarse a través de la movilización social y el empoderamiento de los actores territoriales en los próximos años, por esa razón, consideramos que es necesario proponer Alianzas territoriales, por el agua, el trabajo y la paz, con el fin de ir tejiendo las resistencias y las alternativas que intenten frenar la destrucción de nuestros bienes comunes y la privatización del Estado. La Alianzas territoriales, pueden ser espacios que permitan la articulación eficiente de las indignaciones, espacios de plataforma para la respuesta conjunta de las organizaciones y los movimientos sociales a la arremetida del capital nacional y trasnacional. Estas alianzas, podrían contribuir a movilizar la indignación, a partir del reconocimiento de la diferencia de los actores sociales y desde ahí, tejer los puntos en común que nos permitan fomentar poderes territoriales capaces de constituirse en alternativas en el plano local y nacional.

Vienen épocas de luchas y resistencias, vienen vientos de confrontación, pero también de esperanza si logramos articular las luchas, aprovechar nuestras capacidades colectivas y de fomentar la ecología de saberes, de esos saberes populares y académicos que sean capaces de enfrentar el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, como un todo integrador de las luchas emancipatorias de los próximos años.





[1] Marzo 15 de 2019. Ponencia presentada en el Encuentro de  Escuelas Sindicales territoriales de FECODE.
[2] Abogado, especialista en Derecho Público; investigador y educador popular; Coordinador de la Red de Investigación “Globalización, Trabajo y Territorios”, RED-GTT.

sábado, 8 de octubre de 2016

Dr. Vargas Lleras, renuncie a la Vicepresidencia

Dr. Vargas Lleras, renuncie a la Vicepresidencia


Sabe usted que no comparte el proyecto de Paz del actual Jefe de Estado; que usted representa las esperanzas de poder de una fuerza macabra de corte fascista que se empeña estoicamente en echar por la borda los intentos de superar la guerra más antigua de nuestra historia republicana.

Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com


Creo que si queda algo de altura política en su personalidad, su conciencia debe conducirlo inequívocamente a renunciar a la Vicepresidencia de Colombia; Sabe usted que no comparte el proyecto de Paz del Jefe de Estado, que usted camina de la mano de una fuerza macabra de corte fascista que se empeña estoicamente en echar por la borda los intentos de superar la guerra más antigua de nuestra historia republicana. No deje usted que se repita la novela del golpe ultraconservador de Laureano Gómez contra Alfonso López Pumarejo, que su abuelo político (Alberto Lleras Camargo) supo aprovechar hábilmente para convertirse en Presidente de la República y allanar el camino a las fuerzas más retardatarias del país encabezadas por Gómez y Mariano Ospina Pérez.



Es cierto que en la élite colombiana se repiten los nombres y los cargos; usted es un hijo legítimo de esa élite (sus dos abuelos, Carlos Lleras y Alberto Lleras fueron presidentes de Colombia); conoce a profundidad los intríngulis de un poder que se baraja contra la Paz y contra el Progreso, como en las épocas de sus abuelos. Su abuelo político, Alberto Lleras, lleva el triste destino de haber sucedido en la Presidencia al Sr. Alfonso López después de la pugnaz presión ultraconservadora que lo llevó a renunciar. No tiene usted que encabezar vergonzosamente una Presidencia signada por un golpe de Estado que se cocina con mentiras, patrañas y cuyo plan principal es garantizar la continuidad de la Guerra, pues esa ha sido la forma y la fuente del Poder que ha enriquecido por más de un siglo a esa élite, incluyendo por supuesto a su familia.



Usted tiene derecho a tener la aspiraciones de ocupar el Solio de Bolívar, pero no tiene que hacerlo bajo el amparo maligno del grupo más reaccionario de la política colombiana; hágalo como lo hacen los demócratas, renuncie y sométase al escrutinio popular en las próximas elecciones, busque su legitimidad en los votos; no haga parte de esa cocina infernal donde se calienta un golpe de Estado, con la esperanza de que usted, en su condición de vicepresidente, asuma la primera magistratura del País y les devuelva a sus auspiciadores el poder que creen han perdido y que sin duda perderán si se consolida en anhelado sueño de la paz.


Usted es un hombre de Estado, la tradición de su familia le precede, su enorme riqueza le permite darse la pelea entre la élite nacional para garantizar adeptos a sus aspiraciones. No haga parte de la emboscada a la democracia que preparan las fuerzas que lo empujan a mantenerse en la oposición a la paz, aun siendo la segunda persona en importancia dentro de un gobierno que está jugado en superar la guerra de forma definitiva. Si quiere ser presidente, busque el respaldo en las Urnas, no en una camarilla que prepara golpes, y que seguramente hará lo mismo con usted, para reposicionar en el poder al Asesino de los 5000 falsos positivos durante primera década del siglo XXI. No se preste para encochinar la ya maltrecha democracia colombiana, renuncie a la Vicepresidencia de Colombia.


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jueves, 8 de septiembre de 2016

Mi voto será por Osar, porque él diría que Sí


Mauricio Rodríguez Amaya

El 13 de Septiembre de 2008, los paramilitares del Gobierno de Alvaro Uribe Vélez asesinaron a mi hermano Oscar Orlando Rodríguez Amaya; una mañana sofocante en una calle desolada de Cúcuta; los paramilitares que Uribe desmovilizó sin proceso judicial alguno, convertidos en “vigilantes de barrio” a través de empresas privadas de seguridad, cumplieron las amenazas que tiempo atrás habían hecho de eliminarlo. Era la época del Terror uribista, de la legalización de las bandas paramilitares, de la impunidad, del miedo. Ese 13 de septiembre, Oscar murió acribillado cerca de su casa; el amigo que caminaba con él, aún yace cuadripléjico a la espera de su propia suerte, sin destino, sin vida pero respirando, pegado de la esperanza de ver en la cárcel a los asesinos.  

Oscar es una de las miles de víctimas del régimen de terror y odio que impuso Alvaro Uribe Vélez y los grupos paramilitares, no solo cuando fue presidente, sino desde que promovió su legalización a través de las Convivir.  Uribe representa ese sector del Poder que ha construido su discurso, su riqueza y su legitimación política en nombre de la muerte, de la muerte de los más humildes, de los jóvenes que no alcanzaron a concretar sus esperanzas; de los campesinos que murieron arañando la aridez de un país que olvidó el campo, de los líderes sociales y comunitarios, de los indígenas, de los artistas como mi hermano, que no pudieron ver crecer a sus hijos en un país en paz. La guerra es el factor detonante de su poder, la muerte su principal arma y los capitales ilegales la gasolina que alimenta su maquinaria.


Si las balas miserables de los paramilitares del gobierno de Uribe Vélez no hubieran terminado abruptamente la vida de Oscar, estaría rapeando sus  líricas, construyendo parrafadas enteras de canciones, discutiendo en algún buen sitio, sobre la importancia de consolidar la paz, estaría pensando en que por fin, nuestros hijos, se merecen un país donde el terror no lo domine todo, donde valga la pena la esperanza y donde el pan pueda volver a las mesas humildes en cada rinconcito de la patria.  Si Oscar estuviera entre nosotros, sería un compulsivo promotor del Sí, un abnegado combatiente de la paz. Porque si de algo estoy absolutamente convencido, es que entre las miles de voces que la guerra calló, clama la de Oscar pidiendo paz, cantándole a la paz y denunciando a los que insisten en hacer sus glorias a costa del dolor ajeno. El 2 de Octubre, votaré por Oscar, porque si estuviera aún entre nosotros, andaría calle a calle, tarima por tarima, letra a letra, promoviendo el Sí. #SíalaPAZ #VotoSÍ.

viernes, 13 de junio de 2014

Los caminos de la Paz



Los caminos de la paz


Mauricio Rodríguez Amaya


Primero fue el camino de la Uribe en 1982, donde la comisión del Gobierno de Belisario Betancourt se encontró con las FARC para discutir los términos de una paz negociada. De ese intento surgió la Unión Patriótica como movimiento político nacional de la izquierda, pero dos grandes fenómenos llevaron al traste esta posibilidad: la retoma a sangre y fuego del Palacio de Justicia en Cabeza de Jaime Castro y el General Plazas Vega, y el asesinato de los parlamentarios, concejales y alcaldes electos de la UP, que en las elecciones de 1986 logró 5 senadores, 9 representantes (incluido Iván Márquez, por el Caquetá), 14 diputados, 351 alcaldes y 23 concejales; también fue asesinado el Candidato presidencial Jaime Pardo Leal, en  la noche triste del 28 de marzo de 1987. La democracia quedaba herida de muerte y la paz, calcinada entre los escombros del Palacio. Se fulminó la ley de amnistía del año 82 y la tregua se esfumó con su estela de muerte y dolor.  

Belisario Betancur Cuartas 1982-1986 / negociaciones con las FarcTras algunos encuentros secretos del expresidente con esa guerrilla se llegó a los acuerdos de La Uribe, que dieron pie a la creación a la extinta Unión Patriótica.  

Otro intento de paz en medio del baño de sangre nacional, se creaba desde las tierras de Corinto, en el Cauca, donde el M-19 buscaba la negociación a pesar del asesinato del candidato Liberal Luis Carlos Galán  Sarmiento el 18 de agosto de 1989; en efecto, el 8 de marzo de 1990 el eme entregó las armas para impulsar una nueva Colombia desde las vías de la democracia; La respuesta ofrecida por el establecimiento colombiano fue contundente y unívoca: el candidato a la Presidencia por la Unión Patriótica, Bernardo Jaramillo Ossa, fue asesinado en la mañana del 22 de marzo, en el Puente Aéreo de Bogotá, y Carlos Pizarro, Jefe Máximo de la Alianza Democrática M-19, fue acribillado solo mes y medio después de entregar las armas, dentro de un avión, un miserable 26 de abril. 
 http://www.kienyke.com/wp-content/uploads/2014/02/Carlos-Pizarro.jpg

Un nuevo intento surgió en los diálogos de Cravo Norte, en el Arauca, donde el ELN, el EPL y las FARC, buscaron de nuevo la alternativa de la negociación, a pesar de la masacre contra la Unión Patriótica, el asesinato de Bernardo y Pizarro y de la fracasada operación “Casa Verde” con que el Presidente de Colombia pensaba acabar la dirigencia de las FARC el mismo día que escogía la Nueva Asamblea Nacional Constituyente, el 9 de diciembre de 1990. El 15 de mayo de 1991, la Coordinadora Guerrillera y el Gobierno Nacional acordaron realizar diálogos de Paz en Caracas los cuales se iniciaron en 1992, año en que el entonces Coronel Hugo Chávez Frías intentó una toma militar del Gobierno de Venezuela, lo que obligó a la mesa de negociaciones trasladarse a Tlaxcala, en México, donde los diálogos se suspendieron después de la muerte en cautiverio del Ex ministro colombiano Argelino Durán Quintero; de nuevo, la esperanza de la paz volvía a cerrarse el 22 de mayo de 1992. 


Andrés Pastrana Arango  
1998-2002 / Negociaciones del Caguán 
En marzo de 1999 se dio una reunión secreta en Costa Rica entre 'Raúl Reyes' (Farc), Philip Chicola (Gobierno de EE. UU.) y el secretario de Palacio Juan Hernández. El excomisionado Víctor G. Ricardo no pudo viajar.Fueron casi diez años más de guerra, acercamientos y conversaciones en diferentes lugares del planeta,  giras internacionales, países amigos, reuniones de alto nivel, y miles de muertos en los barrios y los pueblos de Colombia y una inversión incalculable en defensa, para que en el 2000 gobierno y guerrilla volvieran a asumir una postura decisiva frente a la paz. Con el acuerdo de Los Pozos, volvimos a pensar en serio en la posibilidad de un acuerdo que nos permitiera vivir el final del conflicto armado; varias veces fuimos a Los Pozos a participar en las reuniones convocadas por el comité Temático, desde Neiva por la vía de Balsillas, una trocha inexpugnable de más de 18 horas en la que había que bajarse de los carros para rellenar con piedras y palos los tremendos huecos producidos por la lluvia y el barro, hasta llegar a San Vicente del Caguán. Muchas veces fuimos con la esperanza de aportar a los cambios desde la perspectiva de las organizaciones juveniles y estudiantiles; pero el proceso tenía tres grandes enemigos: la estrategia paramilitar que se había consolidado después de 20 años de desolación y terror por todo el territorio colombiano, el Plan Colombia que redimensionó la arrogancia guerrerista de las fuerzas militares y la soberbia de una guerrilla que creyó que la negociación no era más que una táctica en su estrategia de derrota militar al Establecimiento colombiano. Álvaro Uribe Vélez encarnó los intereses de los dos primeros enemigos del proceso y supo aprovechar políticamente los errores de la estrategia guerrillera.

Quizá en ese momento no entendimos que Uribe representaba toda la escoria del establecimiento, empoderado bajo el influjo del narcotráfico y protegido por los ejércitos privados de los Castaño, los Bernas y los Mancuso. Con su llegada a la presidencia desapareció la esperanza de paz y se agudizó la conflagración con todas sus barbaridades y estertores; en su gobierno vimos cientos de pueblos despedazados y millones de campesinos condenados a la expulsión de sus propias tierras, rutas del narcotráfico consolidadas so pretexto de la estrategia contrainsurgente y un gobierno dedicado al saqueo y al engaño. Con Alvaro Uribe Vélez se volvieron pan de cada día las ejecuciones extrajudiciales, a las que el eufemismo de nuestra doctrina militar determinó Falsos positivos; con Uribe creció la corrupción de las instituciones, incrementaron los montajes judiciales contra la izquierda y contra los detractores del nuevo régimen; con Uribe llegamos más cerca del Fascismo y tuvimos que vivir doce años más de guerra, de dolor y de muerte; de exclusión y pobreza, de atraso y venganza. 


Juan Manuel Santos, es heredero genuino de Alvaro Uribe Vélez,  hijo legítimo del establecimiento que condenó a estas tierras a la guerra, el mismo establecimiento que ha sabido aprovechar la guerra como medio para enriquecerse,  para desolar el campo, para reprimir la lucha popular y para eliminar a los opositores. Santos representa la misma agenda de exclusión colonial que Colombia ha debido soportar desde 1990; fue ministro de todos los gobiernos neoliberales y dirigió directamente la economía de muerte y la guerra de exterminio de los últimos 30 años. Él es un representante de quienes se han enriquecido en nombre de la guerra, de quienes han liquidado las esperanzas de paz y que han hecho de Colombia un cráter insondable de terror y miseria. 

Pero Santos volvió a abrir la puerta de la esperanza de la paz, avanzó dos años en diálogos con la Guerrilla y se ha comprometido a llevar dichos diálogos hasta la firma de un acuerdo para el fin del conflicto. Ese hecho histórico lo diferencia radicalmente de su antecesor y lo distancia definitivamente de quienes necesitan la guerra para mantener vivo el pretexto de las rutas seguras del narcotráfico, la expropiación de la tierra y la corrupción medular del Estado. Lo que sucede en la Habana con las FARC y la posibilidad de diálogo con el ELN, son hoy ventanas determinantes para creer que nuestras hijas y nuestros nietos tendrán derecho a vivir sin la guerra, sin la muerte amparada en las guarniciones militares o escondida en cualquier rincón de la patria. Esos diálogos no son más que una mera expectativa, pero de esa expectativa depende el futuro. Santos y la clase que representa debe cumplir su palabra de firmar el fin de la confrontación armada, para poder empezar otro largo y tortuoso camino de recomposición nacional, de verdad, de justicia, de no repetición y de reparación integral a las víctimas.
http://www.colombia.com/actualidad/nacionales/sdi/62132/inicia-la-novena-ronda-de-negociaciones-en-la-habana

 Permitir el retorno de Uribe a la jefatura del Estado es condenar a mis hijas a otros 20 años de miseria y muerte, de guerra descomunal contra los pobres, de narcotráfico y paramilitarismo. Permitir el retorno de Uribe, es declarar que quienes hemos vivido ya más de 30 años de guerra y solo cuatro intentos de paz, hemos sido derrotados por el guerrerismo y las mafias, que nos han ganado la tiranía del narcotráfico y sus bandas paramilitares, que merecemos la miseria y la muerte, porque no supimos actuar consecuentemente en momentos decisivos como estas elecciones presidenciales. 

Voy a votar por la Paz, porque las futuras generaciones merecen otro mundo, otra Colombia, otros sueños. Para que los mercaderes de la muerte dejen por fin de azuzar el odio y producir miseria, para que algún día, condenados por sus crímenes, reconozcan que teníamos razón  y la negociación política era el camino posible hacia la paz.