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miércoles, 21 de enero de 2009

Obama: tez negra, corazón blanco




Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com
Enero 21 de 2008

El mito de un presidente negro, no implica un cambio en la mentalidad del Estado norteamericano, pero sí ayuda a mejorar las condiciones de la intervención en las “colonias”, basta observar algunos apartes de su discurso de posesión.



América del Norte, -o como diría el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, Europa en América- es el heredero de toda la tradición moderna eurocéntrica, blanca y protestante. Su mentalidad se ha construido sobre los valores de la mentalidad burguesa de Inglaterra: pragmatismo, utilitarismo, individualismo y liberalismo económico. Es la síntesis de las ideas de Smith, Calvino, Locke y Bentham y más recientemente los aportes de Ford, Roosevelt y Friedman, por mencionar solo algunos. El sueño americano se soporta en la idea de que la fortuna es la fuente de la justicia y el éxito consiste en la acumulación de bienes; quienes acceden a la fortuna y al éxito, son los hombres que gozan del buen designio. Hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales, aseguró el Presidente Obama en el discurso de su posesión.

La modernidad norteamericana ha exacerbado el individualismo, el racismo y el fetichismo del dinero: No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, sentenció el primer presidente negro de Estados Unidos. Pero la imposición de este estilo de vida le ha costado al mundo su desgaste, su calentamiento y su destrucción prematura. El sur provee las riquezas y el norte establece el derroche como modelo de consumo. Esta cruda realidad encuentra en el nuevo mandatario una respuesta contundente: utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas.

Barack Obama, es un exitoso político del Partido Democráta que con cierta facilidad logró llegar al Senado norteamericano y desde entonces ha contado con la fortaleza de conseguir los aliados necesarios para ser Presidente. No es presidente por ser negro, Obama es presidente por ser rico. Su riqueza billonaria lo coloca en la lista de los 600 hombres más ricos del mundo. Sin embargo, parte estratégica de su impecable campaña electoral consistió en aprovechar su tez, al punto que intelectuales y opinadores del mundo no-blanco, consideran ésta como una condición de cambio en la dirección del imperio. Un poco de ingeniudad, pero también de conformismo y comodidad.

Es innegable el avance de los y las inmigrantes en las luchas políticas y de resistencia en el corazón de los Estados Unidos. Movilizaciones que en abril y mayo del año anterior, mostraron un viraje significativo en el contenido político de las reivindicaciones de esta población, a pesar de no lograr cambios sustanciales en la política migratoria norteamericana. Este target electoral estaba en dudas y solo faltaba poner un candidato más parecido a sus colores (negros, mestizos, indígenas) para cautivar sus votos y dinero y menguar significativamente el alcance de sus reclamos. Obama fue entendiendo la importancia de esta población para colocar la balanza a su favor, al punto que en el discurso de posesión, aseguro: …sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Y así es, pues el trabajo de los inmigrantes representa el 15% del Población Económicamente Activa (PEA) norteamericana, a pesar que solo uno de cada cinco tiene nacionalidad estadounidense y que la mitad de ellos recibe menos de 20 mil dólares al año.




Obama, insiste – con menos tiza- en los elementos estructurales de la política de seguridad del imperio; la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, dice. Y este principio de autolegitimación le ha servido tanto a demócratas como a republicanos, forjar más de un capítulo guerrerista contra los demás pueblos del mundo. Para efectos de nuestro trabajo, presentemos solo algunos ejemplos de demócratas blancos que han defendido la misma tesis: Truman, responsable nada más y nada menos que de los miles de muertos y víctimas futuras de Hiroshima y Nagasaki; Kennedy, planeó y realizó la invasión a Cuba en 1961, inició el brutal bloqueo contra la Isla, y en Vietnam impuso el uso del Napalm y otras armas químicas, que luego se fueron esparciendo en pequeñas guerras por todo el mundo, incluida Colombia. Y Clinton, a quien le debemos el Plan Colombia con el cual se financia actualmente la guerra interna, y que dio al traste con las aspiraciones de una negociación política que diera término definitivo al conflicto armado colombiano. Blancos o negros, los presidentes norteamericanos, siguen en el lugar de los juzgadores del destino del mundo. Siguen suponiendo, para aferrarse a sus estrategias militares, que el mundo los odia: Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio, afirmó Obama, en medio de la esperanzas de paz de pueblos enteros que han sido usurpados para saciar los intereses de Estados Unidos.

En Política económica, el color de la tez de Barack Obama no significa cambios en la dirección del imperio, por el contrario asegura que se defenderá el estilo norteamericano, quizás con más mesura, pero alimentando la base de su riqueza: El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no solo del tamaño de nuestro producto nacional bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por cariad sino porque es la vía más segura hacia el bien común, aseveró el nuevo presidente norteamericano. Sea por caridad o por convicción, las oportunidades aún no llegan a México después de 15 años de TLC; por el contrario, su economía sigue el camino de la miseria y la sobre explotación. En Chile, los milagros anunciados no aparecen y más fabricas siguen cerrando, más trabajadores quedan por fuera del aparato productivo y más pobres se apoderan de las plazoletas y las calles. Gracias a las oportunidades ofrecidas por Estados Unidos, Nuestra América ha recorrido el camino de la sumisión, la explotación de materias primas y mano de obra barata, la miseria y el analfabetismo. Las oportunidades llevadas a Irak para ampliar el alcance de la prosperidad norteamericana, han costado más de 30 mil muertos, un país hecho añicos y entregado por trozos.

Obama, deja abiertas expectativas interesantes para mirar el futuro de su gobierno y que de cumplirse podrían contribuir al mejoramiento de las condiciones del planeta y de la vida humana: primero, la posibilidad de que sea cierto que Estados Unidos deje de destruir la soberanía alimentaria de las naciones: nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias. Esperemos qué dirán Monsanto, Nestle, Du Pont, entre otras multinacionales al respecto. Aunque el entusiasmo puede durar hasta saber si serán -o seguirán siendo- nuestras tierras las que servirán para alimentar sus automóviles y fábricas.

Segundo: Es posible que Estados Unidos dé un viraje hacia la búsqueda de la paz mundial, para lo cual deberá renunciar a muchos de sus intereses. Incluso es pensable que cuestione seriamente a gobiernos como el de Álvaro Uribe –quien debe estar muy preocupado después de ayer– si cumple su disposición de condenar a aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia. Aunque también no será extraño que les dé la mano cuando el imperio los requiera.

Vale la pena mirar a Obama por lo que representa de fondo, por sus orientaciones políticas, por sus compromisos económicos y por quienes lo rodearán en su gobierno. No es el color de la piel en este caso el que define el rumbo de su mandato; serán, la orientación del Partido Demócrata, la economía norteamericana y mundial y las aspiraciones geopolíticas del imperio, las claves que definirán el rumbo del primer presidente negro norteamericano.

martes, 6 de enero de 2009

La humanidad sangra por Palestina

Por Germán Ávila

El ataque israelí en contra de la franja de Gaza no puede calificarse de manera diferente a una carnicería: mas de 500 muertos (23 civiles sólo el lunes), 2.200 heridos del lado Palestino contra cinco muertos del lado de Israel y no mas de quince heridos, un número difícil de establecer de desplazados desde el inicio de los ataques aéreos el 27 de diciembre pasado agravado con los bombardeos desde la costa mediterránea, la incursión y el bloqueo terrestre muestran un panorama desolador y una crisis humanitaria solo comparable a otras generadas por los mismos israelíes.

Las imágenes de niños asesinados por los bombardeos y ametrallamientos dirigidos claramente en contra de la población civil se han vuelto cotidianas, las justificaciones por parte del gobierno de Tel Aviv dejan un amargo sabor y el clamor de cientos de gobiernos que tímidamente buscan un cese al fuego a fuerza de reunirse entre ellos no muestra un final cercano ni mucho menos equitativo para las partes.

Meron Reuben, embajador de Israel en Colombia afirma en entrevista concedida al diario EL TIEMPO antes del inicio de la ofensiva terrestre el pasado 3 de enero, que "Israel hace la diferencia entre el pueblo palestino y Hamas", pero cientos de civiles asesinados, escuelas y hospitales bombardeados, residencias con mujeres y niños bajo fuego de artillería parecen desmentir esta afirmación o por lo menos ponen otra realidad en la mesa y es que Hamas y el pueblo palestino no son tan fácilmente diferenciables, pues Hamas, Al Fatah y Hezbolla (entre otros) pueden ser una expresión de quienes se han levantado en contra de lo que ya se llama de manera mecánica "la ocupación" del territorio Palestino por parte de los israelíes, llevando esto a la conclusión entonces de que para acabar con esas expresiones insurgentes deben acabar con el pueblo palestino en su conjunto, lo que muestran que están dispuestos a hacer y que esas poses pseudo-humanitarias carentes de contenido al diferenciar entre los unos y los otros no son mas que artificios diplomáticos.

Mientras tanto la justificación del gobierno presidido por Ehud Olmert es que Israel se ha cansado de los 8 años de constantes ataques con cohetes desde Gaza a su territorio y que están protegiendo su pueblo al buscar la erradicación de Hamas, que es quien gobierna esta zona de Palestina. De primera mano parecería un argumento, aunque no convincente ni justificable, por lo menos para considerar, sin embargo al revisar las cuentas de esos "constantes ataques" se encuentra que los 1.500 muertos del lado de Israel están muy bien "compensados" con los mas de 4.700 del lado Palestino desde el año 2000 hasta antes de iniciado el bombardeo el 27 de Diciembre.

Teniendo en consideración los ataques suicidas que son los mas publicitados y que indiscutiblemente causan zozobra en la población judía, no es precisamente una postura pasiva la de estos, pues sólo como ejemplos se puede mostrar el ataque que desde la costa de Beit Lahya hace un barco israelí el 9 de junio de 2006 y donde murieron los 7 miembros de una familia (padre, madre y cinco niños) en el área de Waha o la destrucción de la única planta eléctrica que hay en Gaza hecha el 28 del mismo mes y como "respuesta" al secuestro del cabo Gilad Shalit.

Uno de los elementos a tener en cuenta es que los hechos ocurridos desde el 27 de Diciembre hasta la fecha tienen un cariz que no cabe ser catalogado como una confrontación entre dos fuerzas en iguales condiciones de combate, el argumento de los cohetes qassam palestinos, cuyo poder real de destrucción es muy poco, los fusiles AK 47 y las granadas y morteros antitanque, queda muy mal parado al lado de los misiles y bombas lanzados desde los buques, aviones y tanques de las fuerzas militares mejor armadas de todo el medio oriente (y una de las del mundo); como muestra de semejante desigualdad se ve el caso de Mohamed Barrakeh, quien murió producto de los disparos recibidos porque "estaba lanzando piedras contra un puesto militar israelí" en las inmediaciones de la población de Gush Katif.


Todas estas acciones son perfectamente justificadas por el Ministro de Defensa de Israel Ehud Barak, quien ya fue Primer Ministro entre 1999 y 2001tras una prolija carrera en el campo militar, habiendo participado en varias operaciones encubiertas contra blancos palestinos, incluyendo la famosa "Primavera Juvenil" en Beirut en 1973 que valió hasta para una película de Steven Spielberg. Sin embargo, sea Barak, Sharon, Golda Mehir u Olmert, siempre hay quien justifique la agresión, como ocurrió con el brutal ataque contra Libano el año 2006, que dejó cientos de civiles muertos y a Beirut en ruinas, lo cual fue perfectamente maquillado por la persecución del grupo Hezbolla.

La comunidad internacional se muestra "consternada", pero salvo tímidos intentos de unos pocos presidentes europeos y del medio oriente, nadie toma una postura realmente seria contra esa masacre, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió con el único objetivo de rechazar de manera radical los ataques a la población civil y la postura israelí de no permitir veedores internacionales en el conflicto, además del sitio que estableció sobre la franja de Gaza y que tiene completamente aislados a un millón y medio de personas (eso sin contar con la situación de Cisjordania o el muro que rodea Palestina), pero mas allá de eso no pasará nada; de nuevo habrá protestas desde lejos y un silencio cómplice desde los mas poderosos, nuevamente el dios de los católicos, junto con el de los protestantes, Alá y todas las otras deidades útiles en la política, vuelven el rostro hacia otro lado mientras aplastan a los que son sus hijos en tiempos de paz y prosperidad, aun cuando estos se aferran a ellos como única esperanza y fortaleza para una lucha desigual que solo parece acabarse cuando se sacie la sed de sangre.


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Publicado por German Avila para NOTICIAS DE COLOMBIA el 1/06/2009 06:54:00 PM


domingo, 28 de diciembre de 2008

Dosmilnueve, guardarriba



Mauricio Rodríguez Amaya
Mauro_rodriguez1@yahoo.com
www.bajolamole.blogspot.com

Dosmilocho anunció la crisis, guardabajo, como dijo el poeta, y tres panes costarán como tres hijos. Dosmilocho de desamparos y esperanzas. Dosmilnueve, guardarriba, de decisión fecunda por el cambio, la dignidad y la justicia

Dosmilocho fue de desamparos, porque la muerte vino en falsos positivos, asesinatos extrajudiciales y más medallas a sus mercaderes. De desamparos, porque el hambre sigue impune y en las mesas triunfa la ausencia y el pan duro. Porque el ladronaje financiero despojó de viviendas a miles de colombianos y colombianas. De desamparos también porque el invierno azotó a ricos y pobres (casi por igual), y porque las ayudas a los miles de damnificados se siguen quedando en los almacenes de las grandes marcas. Cae la economía porque suben los bancos, el DANE dice que no hay desempleo porque la gente ha dejado de buscarlo, no porque lo haya conseguido. En las pirámides quedaron enterradas las expectativas del dinero fácil de miles de ingenuos colombianos, el gobierno se quedó con el resto del lavado: las marcas, los proveedores y parte importante de los beneficios. Los ministros, propietarios de sus propias mentiras, sostienen que la crisis no vendrá, pero es precisamente porque ya está aquí: ataca los ahorros, amenaza con liquidar bancos y desaparecer los dineros de la gente, con eliminar el empleo ya precario, y hasta les sirve de excusa para no aumentar el miserable mínimo.

Pero en medio de tantas desilusiones y desdichas, también el dosmilocho trajo consigo nuevas esperanzas, de las que nos aferramos como si fueran el madero en el océano, o el oasis en medio de la nada. Esperanzas, porque empieza a debelarse la venda que turba al pueblo para conocer quien lo gobierna. Dosmilocho de esperanza, por que la realidad ratificó que la Seguridad no es más que el miedo y que la Democracia sigue libre, medio clandestina, entre trabajadores, indígenas, negros y estudiantes. Un año de esperanzas porque la Justicia , en medio de amenazas, llevó a la cárcel a muchos de los que hacen parte de la alianza de asesinos y mafiosos. De esperanza, porque volvieron a su casa un importante número de secuestrados y retenidos, y porque sus hijos verán la navidad junto a sus padres. De esperanzas, porque la minga de los Pueblos es robusta y ansiosa. Esperanzas, menor en número que las desventuras, pero como toda esperanza, irreductible.

Dosmilnueve, guardarriba, es año para prepararse, para cambiar el rumbo, para derrotar el régimen de ladrones y verdugos. Para enfrentar la crisis con dignidad y valentía, para hacer de la vergüenza nuestro escudo, y del esfuerzo nuestra gallardía. Dosmilnueve, guardarriba, para que vuelvan los panes a la mesa y el calor a todos los hogares. Dosmilnueve guardarriba para que crezcan como flor silvestre los abrazos y los amparos, y para que el odio entre colombianos y colombianas sea superado por la reconciliación y el buen afecto. Para que los niños tengan escuelas y para que las escuelas puedan tener maestros. Para que las universidades vuelvan a ser libres y para que profesores y estudiantes puedan hacer del conocimiento disciplina conciente y no servicio al poder absolutista. Dosmilnueve, guardarriba, para que la prosperidad no se quede en los bancos y logre bajar a las ciudades, las calles y las casas. Para que la muerte venga solo por causas naturales y no para sumar estrellas en los uniformes militares. Para que la buena fe no sea traicionada y para que haya empleo en campos y ciudades. Para que la mentalidad mafiosa que estimula el dinero fácil, no vuelva a envilecer nuestras conciencias y el trabajo digno nos provea los frutos del esfuerzo. Trabajo pan y paz. Tierra, dignidad y Soberanía. Respeto, justicia y democracia: para lograrlo será necesario asumir este dosmilnueve guardarriba.

Foto: surimages international photo agency

jueves, 4 de diciembre de 2008

del narcoterrorismo al narcofascismo

Del narcoterrorismo

al narcofascismo

Alineación al centro

Mauricio Rodríguez Amaya

Mauro_rodriguez1@yahoo.com

El narcotráfico entró por la puerta de atrás en los setentas y hoy está instalado en la Casa de Nariño. En Colombia gobierna un capo, que representa la continuidad del poder establecido por Pablo Escobar treinta años antes.

Pablo Escobar impuso en Colombia el mayor imperio narcotraficante en su historia. A mediados de la década de los 70 el Cártel de Medellín se estableció como epicentro de la actividad narcotraficante y paramilitar en Colombia y desde el oriente impulsó la más sangrienta cacería contra los demás cárteles, los grupos políticos no cooptados y, por su puesto, contra la izquierda. Esta historia, conocida por todos y vuelta a la luz por estos días a propósito de los quince años del asesinato de Escobar, constituyó la configuración de una nueva clase empresarial y política que fue desplazando a los oligarcas tradicionales, por un lado, y afianzando sus alianzas con los capitales internacionales de drogas, armas e información, por el otro.

La táctica desplegada por esta clase emergente puede consiste en una efectiva combinación de formas de lucha, que vinculaba al tiempo, el jugoso negocio del tráfico internacional de drogas, las obras sociales de bajo costo para lavar el dinero recogido, la participación electoral en todo el país y el terrorismo como medio de destrucción de los enemigos y desestabilización política. Al terrorismo de Estado, vieja herramienta de mantenimiento del statu quo, se sumó un nuevo aliado: el terrorismo narcotraficante desplegado por sicarios, paramilitares y elementos de la fuerza pública vinculados hasta los tuétanos con el nuevo negocio. Este es, palabras más, palabras menos, el origen del narcoterrorismo en Colombia. A Finales de los 80, el Pentágono, en los documentos de Santa Fe IV, dio este nombre a la actividad de las guerrillas colombianas, con el fin de desestimar su actividad política y facilitar la deslegitimación necesaria en la estrategia de quitarle el agua al pez.

Pero el narcoterrorismo es la táctica dominante del poder de la nueva clase política-empresarial narcotraficante. No hemos olvidado las masacres en el Magdalena Medio, Urabá y el Meta; los cientos de bombas en Medellín, Cali y Bogotá principalmente; el carro-bomba del DAS; el asesinato de políticos destacados en la lucha contra el narcotráfico, entre ellos varios candidatos presidenciales; la guerra sucia contra la Unión Patriótica, ni a los policías asesinados para intercambiar placas por millones, en las oficinas del cártel.

La muerte de Escobar representa la caída del jefe, pero no el desplome de la cúpula narcopolítica que había logrado ascender en la vida nacional gracias a las jugosas ganancias del negocio de la droga y de la eliminación física de sus oponentes en la arena político-electoral. Y es por esta razón, que a pesar de la muerte de los principales jefes (o dueños) del cártel de Medellín, sus discípulos y amigos no perdieron el terreno avanzado en más de 10 años de votos, sangre y coca. Y la mejor muestra de este fenómeno lo representa Alvaro Uribe Vélez, amigo personal de Pablo Escobar y de los hermanos Ochoa, exdirector de la Aeronáutica Civil (1980), cuando la mafia necesitaba rutas aéreas para adentro y fuera del país; ex alcalde de Medellín, cuando Escobar era Representante a la Cámara; narcotraficante Nro. 82 según datos del Departamento de Estado de los EEUU; senador de la República entre 1986 y 1994, exgobernador de Antioquia, y actual presidente de la república.

Uribe tuvo la capacidad de darle continuidad al proyecto político del cártel de Medellín, y adicionalmente, logró establecer alianzas de gran trascendencia con los enemigos de Escobar, conocidos como los PEPES (los enemigos de mi amigo, son mis amigos). Con Uribe se juntaron las principales fuerzas del narcoterrorismo colombiano, las distintas ramificaciones de las nuevas cúpulas narcotraficantes y las fuerzas paramilitares creadas bajo la égida de los Ochoa, Rodríguez Gacha y los Castaño. Uribe reorganizó la élite empresarial y política del narcotráfico, supo aliarse astutamente con el gobierno de Bush, lo que le permitió no ser cuestionado por sus consabidos vínculos con la mafia y se convirtió en un aliado estratégico del monroísmo en América Latina.

Pero la estrategia política de esta clase es más radical y perversa, pues no consiste solo en darle mantenimiento al negocio del tráfico internacional de las drogas, sino que tiene que ver con la consolidación de un Estado totalitarista de corte fascista. El proyecto de esta nueva cúpula busca garantizar su mantenimiento en el poder de forma indefinida, por medio de un jefe irrebatible, de un estado centralizado en función del jefe único, violencia organizada y cacería de brujas contra los oponentes, cortinas de humo para evadir los cuestinamientos de fondo, control total de la información social y los medios que la producen y una agresiva estrategia de terror que justifique la antidemocracia y el crimen oficial.

Este nuevo régimen puede denominarse como narcofascismo, pues la construcción del estado totalitario, se funda en las gabelas y favorecimientos que requieren las elites narcotraficantes para poder ampliar la rentabilidad de su negocio, con la particularidad de eliminar las barreras que la democracia impone, la concentración y monopolio del poder. El narcofascismo es la nueva articulación de las mafias con la política de seguridad norteamericana; de los capos con una clase empresarial y política corrupta; de la antigua represión estatal con las nuevas formas de terrorismo mediático, psicológico, físico y económico. El narcofascismo es la apuesta de una clase dominante altamente violenta y cada vez más enriquecida con los beneficios del neoliberalismo, las drogas y la guerra.

Por estos días, muchos buscan formas diversas de recordar las bondades y perversidades del capo Pablo Escobar Gaviria; unos se rasgan las vestiduras por los favores recibidos (o prestados) y otros pasan de agache para que nadie recuerde sus lazos familiares o filiales. Unos y otros llevan la cruz a cuestas de un país desangrado y empobrecido, envilecido por la ansias del dinero fácil y manipulado por los medios de comunicación dominante. Pero también, por esta época del año, el capo que hoy gobierna está pasando sus peores días; el primo de Escobar Gaviria que dirige la casa desde la cocina, busca broncas internacionales para distraer al público de incautos, y miles de colombianos ven cómo los mafiosos (favorecidos con el régimen de Uribe) se quedan con sus pocos ahorros y recursos. Este país de miles de tragedias, tiene como alternativa la memoria, es tiempo para no perder de vista la desdicha creada por una elite que desde Escobar hasta Uribe, han hecho del delito su forma de justicia, del terrorismo su manera de resolver las crisis y del asalto su práctica bursátil.





viernes, 14 de noviembre de 2008

Colombia: la guerra de los 21.840 días

Colombia: la guerra de los 21.840 días

 miércoles 9 de abril de 2008

Por Mauricio Rodríguez Amaya

Si el siglo XIX se cerró con la sanguinaria Guerra de los Mil Días que costó la vida de más de 100 mil compatriotas, el Siglo XX no logró resolver la guerra que se inició el 9 de abril de 1948; al parecer, tampoco la primera década del siglo XXI encontrará el camino de la paz

Doce guerras civiles marcaron nuestro pasado durante el siglo XIX, y en todas, liberales y conservadores cosecharon con sangre indígena y mestiza el atraso fecundo y arraigaron la ira en nuestras almas. Desde que Obando y López se levantaron contra Bolívar, hasta el ascenso de Marroquín, el derrocamiento de Sanclemente, y el vergonzante regalo de Panamá a los estadounidenses, se pueden contar 80 años de guerras, largas y cortas, pero todas sanguinarias y dolorosas; 80 años de confrontaciones entre terratenientes, clérigos, nuevos ricos, artesanos y militares, dispuestos a reclamar con la sangre del pueblo sus prebendas económicas y políticas. Un siglo de muerte y pobreza.

Pero el triste y oscuro siglo XX, no contó con la suerte de vivir otra historia. Masacres y torturas, aldeas quemadas y niños decapitados, fetos extrañados de sus madres y abuelos muertos de agonía o balazos, hacen parte de la cotidianidad de un siglo que anduvo los gélidos senderos de la anterior centuria. Y en medio de esta historia; llegó un 9 de abril la muerte de Gaitán, el caudillo liberal que prometía a los ojos de enormes mayorías cambios de fondo a favor de los pobres. Su muerte estremeció al "mundo político", pero los muertos se contaron "en el mundo social", es decir, entre quienes se disputaban los votos o los tiros en las llanuras, los valles o las cordilleras colombianas.

Varios autores han identificado este trágico episodio con el inicio de "La Violencia", y desde entonces, no hay un solo día de nuestra historia en la que no se cuente una vida menos a costa del conflicto. Durante estos 21840 días de guerra, la democracia ha sido mutilada sin pausa ni cansancio; La Unión Nacional de Oposición - UNO, fue exterminada en los 70 y en los ochenta y noventa se fraguó y cometió el genocidio contra la Unión Patriótica; en 1970, Misael Pastrana le ganó las elecciones a Rojas Pinilla, gracias a un corte de luz, que trajo consigo desde las tinieblas más de 60000 votos, suficientes para fraguar el fraude. En 1989, tres precandidatos a la presidencia fueron asesinados para garantizar el triunfo del "futuro". Hoy, el Presidente más patriota de Colombia, gana elecciones y reelecciones con la ayuda tácita de amigos que reciben ayuda directa y efectiva de los paramilitares.

Con La Violencia se justificaron Los Pájaros, Los Chulavitas, el MAS, las ACCU, las AUC y las Águilas Negras, todos ellos, con el apoyo directo de militares y políticos, terratenientes y empresarios; Los paramilitares han tenido como tarea perseguir campesinos, desterrar colombianos y abultar los latifundios de los ya gordos predios de los mismos ricos. Las cifras de esta táctica son incalculables y la memoria gime ante el cínico silencio de las cúpulas.

Somos hijos de un país en guerra, pero estoy seguro que nuestros hijos no merecen vivir la misma historia. La paz es la consigna y la acción más importante de quienes nacimos en esta desangrada patria. La paz es nuestro horizonte de lucha y nuestro fin más preciado. La guerra solo sirve a quienes en su nombre se enriquecen, se benefician y gobiernan. La paz es la tarea de las mayorías, contra el embrujo guerrerista de un grupo de familias, empresas y individuos. Las futuras generaciones colombianas, no merecen seguir el trágico destino ya vivido, pero solo de nosotros depende que la lucha por la paz se haga efectiva.

Este nuevo abril, debe servir para afianzar las fuerzas de la búsqueda de la paz negociada, de la salida política al conflicto. De renunciar al silencio para empuñar las banderas de la vida, para derrotar la muerte, en un país copioso en fosas olvidadas y árido en comida.



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martes, 22 de julio de 2008

Desagravio a la libertad


Mauricio Rodríguez Amaya

mauro_rodriguez1@ yahoo.com





Nuestra herencia libertaria es corta, y sin embargo, está llena de glorias y pesares. Pletórica de líricas y heráldicas y también de muertes y dolores. Cuando Antonio Nariño tenía 16 años, participó vivamente del movimiento comunero que desde Vélez lideraba el rebelde Galán, otro Antonio, por cierto. Luego estuvo preso y desde la caverna conoció los frutos de sus luchas, un 20 de julio, cuando “el chispero” Carbonell llamó a la plebe a no perder esa hora memorable, a costa de volver a las cadenas y los grillos, que amarraban el cuerpo de Nariño.

Y también la ciencia se tornó libertaria. Años antes, la expedición botánica había decidido enfrentar el dogma y combatir la ignorancia. Sus eruditos convirtieron un observatorio astronómico en obelisco de la libertad, siempre en secreto, pues de los sabios nunca se sospecha. Así se materializaron 30 años de soberana resistencia. Algunos insisten en culpar un florero, pero lo cierto es que la libertad se fue fraguando poco a poco, casa a casa, tertulia por tertulia, tarde a tarde. En el alma del criollo y del indio nació el deseo, y con él la necesidad, la responsabilidad y la causa. En los ojos ya no brillaba tanto la tragedia como la esperanza, el yugo se fue sobrellevando mientras se materializaba la revolución y las gargantas acalladas a espada y crucifijo, guardaban el mejor estertor para probar alguna vez el grito de la independencia.

Esa es la historia de la libertad, trágica y bella; la misma que sufrió con la traición y el odio de los hermanos de la Nueva Granada; que vio morir a sus mejores hijos en el patíbulo del “pacificador"; y que volvió de la muerte para florecer la patria desde los campos y las cumbres boyacenses.

Ese tesoro que es de todos no es de nadie, y ahora lo usurpan lo tiranos, lo vanaglorian los dictadores, lo vilipendian los homicidas oficiales y lo venden los ricos. Nuestra riqueza mayor se hace trizas en manos de unos cuantos serviles del caudillo, que remeda al napoleón español en su postura y ciencia del gobierno. Para exacerbar su déspota conducta, prensa hablada y escrita convierte el país en una cárcel de papeles y noticias, convocan marchas para asegurar la dictadura y compran conciencias con camisetas y permisos (los mismos que se niegas si se trata de la enfermedad de un hijo, por ejemplo).

La patria es una cárcel troglodita, solo se habla de aquello que le agrada al carcelero, de sus victorias sólamente, claro. A nombre de la libertad priman grilletes; en nombre de la libertad asesinan a los hombres libres. En nombre de la libertad somos esclavos del monopolio informático, de las cadenas de nuestra patria boba, embelesada por la falacia del capataz baladrón de la república. En nombre de la libertad marcharán miles de ignorantes y a la cabeza sus verdugos, los cancerberos del régimen tiránico.

No marcharé esta vez, porque soy libre, porque la libertad merece un desagravio, porque los pueblos libres prefieren su más pequeña esperanza a la obligación de soportar un país por cárcel. No saldré a respaldar a los verdugos, no saldré a marchar junto a los mismos que desaparecen, torturan y asesinan; Quien conoce la libertad podrá perderla temporalmente, pero siempre luchará por ella, pero quien no la conoce no habrá visto su luz y la caverna enceguecerá su vista y su conciencia. No marcho, porque la libertad merece un desagravio, que la recuerde digna y soberana, a pesar de su ajada vestidura. No marcho, porque ser libre me lo exige, porque la libertad pide a gritos que la salvemos de las garras tiránicas del capo. No marcho, porque Colombia se merece libre, porque la patria nos lo pide a gritos, porque el futuro no merece esto, porque mis hijas no merecen esto. No marcho, porque soy libre y porque la libertad merece un desagravio.