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Enero 21 de 2008
El mito de un presidente negro, no implica un cambio en la mentalidad del Estado norteamericano, pero sí ayuda a mejorar las condiciones de la intervención en las “colonias”, basta observar algunos apartes de su discurso de posesión.
América del Norte, -o como diría el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, Europa en América- es el heredero de toda la tradición moderna eurocéntrica, blanca y protestante. Su mentalidad se ha construido sobre los valores de la mentalidad burguesa de Inglaterra: pragmatismo, utilitarismo, individualismo y liberalismo económico. Es la síntesis de las ideas de Smith, Calvino, Locke y Bentham y más recientemente los aportes de Ford, Roosevelt y Friedman, por mencionar solo algunos. El sueño americano se soporta en la idea de que la fortuna es la fuente de la justicia y el éxito consiste en la acumulación de bienes; quienes acceden a la fortuna y al éxito, son los hombres que gozan del buen designio. Hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales, aseguró el Presidente Obama en el discurso de su posesión.

En Política económica, el color de la tez de Barack Obama no significa cambios en la dirección del imperio, por el contrario asegura que se defenderá el estilo norteamericano, quizás con más mesura, pero alimentando la base de su riqueza: El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no solo del tamaño de nuestro producto nacional bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por cariad sino porque es la vía más segura hacia el bien común, aseveró el nuevo presidente norteamericano. Sea por caridad o por convicción, las oportunidades aún no llegan a México después de 15 años de TLC; por el contrario, su economía sigue el camino de la miseria y la sobre explotación. En Chile, los milagros anunciados no aparecen y más fabricas siguen cerrando, más trabajadores quedan por fuera del aparato productivo y más pobres se apoderan de las plazoletas y las calles. Gracias a las oportunidades ofrecidas por Estados Unidos, Nuestra América ha recorrido el camino de la sumisión, la explotación de materias primas y mano de obra barata, la miseria y el analfabetismo. Las oportunidades llevadas a Irak para ampliar el alcance de la prosperidad norteamericana, han costado más de 30 mil muertos, un país hecho añicos y entregado por trozos.
Segundo: Es posible que Estados Unidos dé un viraje hacia la búsqueda de la paz mundial, para lo cual deberá renunciar a muchos de sus intereses. Incluso es pensable que cuestione seriamente a gobiernos como el de Álvaro Uribe –quien debe estar muy preocupado después de ayer– si cumple su disposición de condenar a aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia. Aunque también no será extraño que les dé la mano cuando el imperio los requiera.
Vale la pena mirar a Obama por lo que representa de fondo, por sus orientaciones políticas, por sus compromisos económicos y por quienes lo rodearán en su gobierno. No es el color de la piel en este caso el que define el rumbo de su mandato; serán, la orientación del Partido Demócrata, la economía norteamericana y mundial y las aspiraciones geopolíticas del imperio, las claves que definirán el rumbo del primer presidente negro norteamericano.
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