viernes, 26 de marzo de 2010

Ser Falso es Positivo



Ser Falso es Positivo

Reflexiones que podrían ser para tu blog, si te parece

¿Qué heredamos de la cultura precolombina en territorios de América?

 

Manuel Caicedo Paz

Santiago de Cali

Programa Camino al Barrio, TV Comunitaria

www.bajolamole.blogspot.com

 

Si nos atenemos a lo fundamental, espectacular y grandilocuente de las instituciones políticas que nos rigen, ¡nada! Los vencedores suelen siempre -como ocurre nada más hoy con los asentamientos judíos en territorios palestinos ocupados a sangre y fuego-, borrar en lo posible todo vestigio del pasado, fundamentalmente con dos objetivos: a) impedir que la persistencia de las estructuras preexistentes esté recordando la infamia, y b) aplicar borrón y cuenta nueva en el devenir histórico de la comunidad agredida. Al fin y al cabo, toda invasión y arrasamiento de otro pueblo parte de considerarlo inferior, atrasado, y en consecuencia el ingreso triunfal de la contraparte no solo es una azaña militar transitoria sino, en esa lógica, el advenimiento del progreso, la civilización, la forma de vida superior. Ninguna agresión contra otras naciones suele justificarse en la idea de llevar el atraso, la pobreza y la decadencia, sino en valores absolutamente trascendentes, épicos (Testigo de excepción Don Alonso de Ercilla, escritor monarquista del siglo xvi, y su largo poema La Araucana).

 

El caso de la presencia europea en América da cuenta cabal de estas dinámicas: más allá del anecdotario casi fabuloso en que se ha convertido la perplejidad de conquistadores y avanzados ante la majestuosa y exuberante naturaleza americana, lo cierto es que, a poco andar por estas tierras, y cuando aún no se hibridaba la sistemática resistencia que años después habría de caracterizar la historia continental de aquellos tiempos -es decir, cuando aún era posible, digamos ingenuamente, establecer vínculos de amistad propuestos en la mayoría de los casos por el liderato de los pueblos invadidos, como Anacaona y Caupolicán, para no ir más lejos-, el asombro cuasi místico no debió impedir a los civilizados ocupantes apreciar en toda su magnitud la colosal proeza arquitectónica, sanitaria, política, social, cultural y religiosa -atenida esta última a sus dioses tutelares- creada por quienes -¡oh ironía!- habría de tildárseles luego como bárbaros, déspotas, incultos, paganos y otros epítetos del vademécum imperial, arma poderosa del dominio posterior.

 

Vista semejante imponencia de las formas -remember Machu Pichu, Tlaxcala, Guatemala, Santa Martha y más portentos-, y en ellas la estricta aplicabilidad de sus meandros -tempranísima versión de arquitecturas funcionales posmodernas-, cualquiera con dos dedos de frente debió intuir que se encontraba ante civilizaciones avanzadas, solo posibles entre hombres y mujeres de elevada inteligencia, vasta formación tecno/científica, arraigados hábitos de trabajo y esfuerzo, así como sólidas formas políticas que, en conjunto, traducían estables y progresistas sociedades.

 

España, que sufría una insoportable guerra de diez siglos con la vecindad extra continental morisca -de la que había recibido, aún a troche y moche, ingentes aportes culturales en lo hablado, pulido y construido-, bien habría podido remozar sus ímpetus de potencia cultural y espiritual disminuidos en la prolongada contienda, e incorporar buenamente, a su atractivo acervo multiétnico, esta ignota resonancia de colores rutilantes, que sin duda habría venido a iluminar la ya oscurecida y decadente mensajería espiritual de la península. ¡Goza la mente imaginando la enorme consecuencia positiva que habría resultado del sincrético proceso, en la formación de una más poderosa  civilización conjunta!

 

Pero no fue ese el derrotero: rindiendo culto a los hados de la infamia, se procedió a preparar y ejecutar, fría y profesionalmente, una barbarie arrasadora -contra los bárbaros, vea usted- que no solo liquidó una inaudita herencia propiedad de la humanidad entera, sino que privó a esta de un nuevo advenimiento, de un nuevo florecer, cuyo potencial impacto en el destino humano está por medirse. La destrucción de todo vestigio en las civilizaciones invadidas, su reducción a monumentos para asombro de la humanidad contemporánea o -en el mejor de los casos- su débil referencia mediante tradición oral y lenguajes arqueológicos -tenue evocación cifrada que no consigue desentrañar la magnitud de la epopeya destruida- constituyó una pérdida -para no decir crimen, eludiendo lenguajes tremendistas- de la cual la humanidad ya no podrá reponerse.

 

¿Y que decir entonces de la herencia comportamental, ámbito de preocupación en nuestros días? ¡Enigma! Qué tipo de hombres y mujeres habrían resultado si el 14-92 hubiese resultado un verdadero encuentro de culturas, no es fácil de intuir; al fin y al cabo, tal personalidad así emanada recibiría sin esguinces la influencia del quehacer contemporáneo, en aras de cuyos dioses iracundos -mercado, individualismo a ultranza, egoísmo sin límites, hechizos héroes televisivos, abandono de utopías- habría ofrendado en holocausto buena parte de su construcción seglar. En cambio, brillantes creaciones sociológicas colectivistas -la minga, las borracheras y otros usos agoreros- apenas dejan asomar sus virtudes en hombros de necesidades cotidianas insatisfechas por grandes mayorías, manera de paliar en parte toda clase de carencias.

 

¿Cómo encontrar en el indigenato de hoy sumas alegrías a la manera occidental, tan arraigada ya en nuestra psiquis? ¿Cómo no cargar el peso de la terrible desconfianza hacia la mestiza y otras etnias, si se interrumpió abrupta, salvajemente su decurso histórico, sus instituciones políticas, su infraestructura y base económica pero, sobre todo, su vasta cultura milenaria, su música y otros goces del espíritu?

 

Pero en la que hoy llamamos malicia indígena, mezcla de fingimientos, melancolías y provechos indebidos -dicen quienes indebidamente se aprovechan de toda riqueza societal-, de odios y resquemores, tiene también su cuota el escenario de la tal independencia: cuando ya es un hecho que el invasor ha sido derrotado por patriotas en armas -largo ciclo del reloj con que iniciamos esta nota-, acobardado como todo poderoso en batahola de sucesos victimiza a población civil y castiga su opinión, obligando al populacho a silencios espectrales, a diálogos por señas en las esquinas asediadas de la fría Santa Fe; abundan los falsos positivos por presuntos apoyos a la gesta de Bolívar, pero 1810 y los Morales rompen temporal y parcialmente esa modorra expresiva, despertando júbilos y juramentos contenidos que muy pronto, malaya sea, serán sofocados por la contraofensiva imperial. Será hasta los prolegómenos del agosto memorable, nueve años más tarde, cuando de nuevo la euforia permita explosiones de contento. Días antes, sin embargo, los rostros embozados en las ruanas y tupidos chales, los ojillos apenas asomados y perplejos, solo veían una densa polvareda que venía del norte, oliendo aún a Boyacá, sin saber quien regresaba: si el Ejército Libertador, vencedor del dicho puente,  o las hordas imperiales, triunfantes otra vez. La terrible incertidumbre de previas calendas numerosas dejaría su imborrable impronta en los siseos de dicción que, 140 años después, recogerá magistralmente el escritor mexicano Carlos Fuentes,  receptor consciente de esa herencia colosal. Tal siseo, mirando de reojo y no a la cara, medio cubierta con la mano derecha que porta la punta del chal, aumentará una gestualización inconfundible que tiene su remoto origen en la inenarrable opresión de posconquista.                                    

 




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jueves, 25 de marzo de 2010

viernes, 12 de marzo de 2010

Gloria, Hernando y Lucho: un Voto decente


Gloria, Hernando y Lucho:
No es un voto seguro, pero sí decente



Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com

En una democracia marginal como la nuestra, mucha gente se orienta por lo que la gran prensa indique, y si es en temas electorales, muchos y muchas optan por votar por el más seguro, dizque con el propósito de “no perder el voto”. De las consecuencias de este desatino ni hablar. Mi voto no será seguro, (porque la competencia está durísima) pero será un voto de conciencia, un voto decente, una apuesta por personas que harán mucho por recuperar la democracia, luchar por la paz y cambiar el rumbo de un país que está quedando en ruinas.

Al Senado, votaré por Gloria Inés Ramírez; maestra, dirigente sindical, excelente madre e intachable comunista. Ella representa una mirada honesta y una práctica ejemplar de la política de la izquierda colombiana. Gloria Inés Ramírez, es una mujer valiente que ha sufrido las asechanzas del régimen; que vivió el exilio, pero volvió para enfrentar con la frente en alto el poder del ubérrimo desde el Senado de la República. Este será su segundo periodo en el parlamento y estoy seguro que no dará el brazo a torcer en la defensa de los derechos y la paz.

A la Cámara por Bogotá, votaré por Hernando Gómez Serrano; entrañable amigo, orador inagotable, gran conversador y con un excepcional conocimiento sobre la realidad del país, la región y Bogotá. Cualquiera que se haya gozado una conferencia de Hernando Gómez Serrano sobre megaproyectos, planes estratégicos o sobre el POT de la capital, o quien haya tenido el gusto de caminarse la ciudad con él, con sus historias y sus enseñanzas, la tendrá difícil si piensa votar por otro. Si llega a la Cámara, no tengo duda que hará historia en el Parlamento colombiano.

Votaré con Lucho en la consulta presidencial del Partido Verde; porque ha sido un político honesto; reversó la privatización de la educación y la salud durante su alcaldía de Bogotá, y porque habla sin rodeos, directo al hígado, y con la frescura de quien no tiene nada que temer, ni nada que deber. Lucho, de ganar la consulta, le dará un tono nuevo a esta campaña presidencial, tan aburrida y prefabricada.

Colombia requiere que su congreso funcione en el Parlamento y las regiones y no la Picota, que los legisladores y legisladoras trabajen para que se fortalezca la democracia y no para servir de escuderos del presidente de turno. Colombia puede cambiar de rumbo; esta decisión está en las manos de cada uno y cada una de los votantes. El reto es duro, pero no imposible.

jueves, 4 de marzo de 2010

Bogotá Está parada, y el alcalde ahí




Bogotá está parada, y el alcalde ahí



Son varias las causas: un gremio que se niega a regalarse a los monopolios, una ciudadanía que no asume una postura frente a los hechos, una ciudad repleta de carros, trancones obras inconclusas y un alcalde inútil.



Por: Despertandogente


Me permito proponer algunos puntos de vista sobre los factores que en este momento tienen paralizada la ciudad y algunas propuestas que pudieran servir, no para solucionar el problema, sino para enredar un trisito más la cuerda.



En primera medida, los autodenominados pequeños empresarios del transporte público en Bogotá, constituyen uno de los gremios (por no decir mafias) más fuertes de la capital. Cada alcalde pasa primero por ellos, luego por los votos. Viven del trabajo al destajo de los choferes; no pagan impuestos de acuerdo con el valor real de sus rentas, porque sencillamente no se pueden medir sus ganancias en la forma como actualmente está organizada la prestación de su servicio; gozan de un negocio redondo: Invierten en un bus, y en adelante viven de quienes se ven obligados a comprarles el cupo, llevarles diaria o semanalmente las ganancias, mantener el vehículo y asumir los partes que les claven al día. Un chofer de bus se gana 40 pesos por pasajero, el resto queda en los bolsillos del humilde dueño del busesito. Pero ahora andan preocupados; los monopolios del transporte vienen por todo en Bogotá, se cansaron de tanta estorbosa máquina que inunda las calles sin que representen ganancias para ellos. El monopolio es la clave de la estructura económica que defienden alcalde y ministro tan aunadamente. Los pequeños andan preocupados, porque están amenazados de salir del baile, y han decidido parar hasta que las condiciones de su absorción por los más poderosos se haga en unas condiciones de mayor rentabilidad. Los propietarios por sus números, los choferes por orden del patrón y los demás por que les toca, tienen parada a la ciudad, hasta que el más rico les diga bueno, o el alcalde ceda en su pretensión de venderlos con todo y chatarras.



El segundo factor, en mi opinión más grave, consiste en una ciudadanía desmovilizada, pero no por la falta de buses sino por el exceso de opinión pública, que es el nombre real de la falta de opinión propia. Una ciudadanía que se deja manipular sin escrúpulo de los errecenes o los caracoles que les cantan al oído que el paro es producto del terrorismo, que los vándalos son hijos de choferes, y que el pobre ministro vino a salvar al alcalde inútil de tan inmisericorde porfía. Hacer paros en estos días, ¡a quien se le ocurre, en medio de tanta seguridad democrática! ¡Por Dios!. Ciudadanos y ciudadanas que cierran los sentidos a la realidad, se cuelgan de lo que sea para llegar al trabajo, caminan horas enteras por el miserable mínimo que impuso el gobierno en diciembre. Se creen el cuento mentiroso de alcalde y noticieros de que el paro se levantó el martes, y el miércoles y ahora sí mañana. Ciudadanos y ciudadanas que no opinan, que son materia dócil y manipulable del dictamen que se generaliza en las cadenas de radio y en la televisión. Qué podríamos hacer para que entiendan de una vez por todas que estamos en paro. En paro, sencillamente así: En paro.



Del tercer factor de inmovilidad, ni hablar: basta ir por la décima, la del trancón eterno; o ver la desastrosa desaparición de la calle 26, la misma que construyó el abuelo del alcalde inútil; por cada calle un trancón, por cada obra inconclusa cientos de carros y miles de personas soportando con hastío el inmenso mar de autos inmóviles y contaminantes. No es dignidad, ni se puede llamar calidad de vida, la manera absurda como los bogotanos y bogotanas deben soportar las obras que exige el progreso. Del metro ni un centímetro, del Sistema de Integrado, solo desintegración de los más chiquitos a favor del pez grande, de la fase tres del Transmilenio solo el desfase en la entrega de las obras. Las calles de barro siguen siendo de barro, invertimos en echar el cemento sobre el cemento; el gobierno está decidido a montar como sea, al costo que sea, la infraestructura que requieren las multinacionales para que Bogotá sea un puerto de paso de mercancías y materias primas; vemos sin mirar y la vista no nos alcanza para comprender que a los gobiernos de Uribe y de Samuel les importa un bledo la indignidad de los bogotanos, el abuso diario y la falta de planeación efectiva a favor de los pobres.



Y por último, pero no menos importante: Bogotá está paralizada por un alcalde inútil. Este personaje mediático y desinteligente (como diría el filólogo y comentarista Carlos Antonio Vélez), no le importa la ciudad sino su imagen. Esta es la hora en la que el alcalde no ha asistido a ninguna reunión directa con los transportadores. Tiene a funcionarios de segunda y de tercera, en la mesa de negociación, en la que no se puede negociar porque no está el dueño de la marca. Este alcalde mediocre, entregó millones de millones a los amigos del ministro Andrés (el de transporte, aclaro), para que se llenaran los bolsillos sin que cumplieran con sus respectivas concesiones. Este galán de poca iniciativa, no atiende a los problemas de la gente, los agrava; aplica picante para bajar el reconcomio. Cansada la gente de trancones y trancones, él se inventa otros para que no exista duda sobre su estupidez. El alcalde inútil tiene la ciudad parada por las obras y la falta de capacidad para enfrentar con altura una negociación de intereses económicos. Pero, para completar, ha decidido sitiar la ciudad con los chapetones del ESMAD y el ejército (no ha podido meter la armada, porque las pirañas no caben por el Arzobispo). Más violencia en las calles; provocadores profesionales que a nombre de la Ley y el orden público, pueden, en cuestión de minutos, fomentar la más enconada batalla campal, claro, unos a piedra y ellos a bala, como debe ser, en un estado de derecha. El alcalde de Bogotá no renuncia (aún), pero tampoco busca alternativas para volver a la normalidad. Cerrado a la banda por la legitimidad que le ofrece la violencia oficial, anda amenazando a los huelguistas, a los mismos que no ha querido escuchar directamente. Bogotá está sitiada, amenazada y en paro; y el alcalde ahí, mirando pasar la vida desde el Liévano, sin atreverse a constatar con sus propios ojos lo que ya se le salió de las manos: la ciudad entera.



Las soluciones realmente son pocas: una podría ser que el Alcalde cesara en su intento de vender los pequeños a los grandes a precios irrisorios y ridículos; pero esto lo metería en problemas con los monopolios y su amigo el ministro. Otra podría ser que el alcalde renunciara, para que el Polo tuviera tiempo de corregir en algo la mediocridad y el daño; pero los costos políticos ya son insalvables, y mientras se hunde el alcalde en su tontería, se entierran con él las posibilidades de que el Polo demuestre que es capaz de gobernar la ciudad más importante de Colombia.



Por donde se vea las opciones son pocas, y parece que por hoy, la gente seguirá echando quimba la mitad del día, los taxistas seguirán haciendo de las suyas, aprovechándose del cansancio y las necesidades de sus pasajeros; Los pequeños transportadores seguirán en la casa o en las barricadas, y la prensa seguirá insistiendo en que el paro ya fue levantado. Sobre el alcalde inútil, no tenemos la menor idea a que dedicará el día; seguramente estará en la casa, con su mamita, esperando que se levante el paro.

martes, 16 de febrero de 2010

Uribe es nocivo y perjudicial para la salud. Decreto-Ley 129 de Enero de 2010



 

"El presidente Uribe es nocivo y perjudicial para la salud. Decreto-Ley 129 de Enero de 2010"

 

 

 

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GRACIAS PRESIDENTE URIBE





Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade todo su gabinete.


Contrario a lo que piensan algunos desconsiderados que lo tildaron de populista por su noble intención de visitar Haití, yo no sólo estoy de acuerdo con que el presidente Uribe viaje a ese país, sino que creo que debe instalarse allá por varios años.

Sé que es un gran sacrificio para Colombia, pero entendámoslo: ya gozamos el privilegio de tenerlo durante dos períodos y ahora es justo compartirlo con otros países que también merecen salir del subdesarrollo.
Seamos solidarios de verdad. Haití necesita una ayuda verdadera. No se trata de pequeños paliativos: no se trata de que Galy Galiano organice un concierto en beneficio de los haitianos o de que Claudia Hoyos vuelva a vestirse de pilandera para recaudar fondos. Sé que en Colombia sobra gente solidaria como Marlon Becerra, que seguramente ofrecerá diseños de sonrisa a los damnificados con muy buenos descuentos.

Pero no nos engañemos: esas no son ayudas estructurales. Son limosnas. El único de esos gestos que me parece justificable es el de René Higuita, que aprovechará su partido de despedida este domingo para recaudar fondos que ayuden en la reconstrucción de Haití; a su vez, unos damnificados jugarán fútbol en Puerto Príncipe para recaudar fondos que ayuden a la reconstrucción de René Higuita.

Salvo ese caso, los demás son débiles.. Si el propósito verdadero es hacer de Haití ya no digamos un pueblo que supere un terremoto, sino un país moderno, que ingrese al Primer Mundo y que respete las leyes y la Constitución, no podemos ser mezquinos: debemos desprendernos del presidente Uribe y compartirlo con ellos.

No es fácil para mí solicitarlo. Lo hago reteniendo las lágrimas. Pero su misma doctrina me enseñó a tener el corazón grande, y por eso tomo impulso para decírselo:

Presidente Uribe: diríjase cuanto antes a Puerto Príncipe. Monte allá una tienda de campaña, usted, que vive de campaña, y traslade a todo su gabinete a esa tierra devastada para sacarla adelante.

No deje uno solo de sus ministros acá, salvo, quizás al de Hacienda: la mueca de tragedia con la que siempre anda es lo que menos necesitan ver los damnificados en estos momentos.

Salvo él, vaya con todos.

Y aplíquele a ese sufrido pueblo la misma receta milagrosa con que cocinó nuestro despegue definitivo.

Ordénele al ministro de Obras que inicie las tareas de reconstrucción de Puerto Príncipe cuanto antes; que construya autopistas y carreteras de doble calzada; que edifique rápidamente el aeropuerto, tal y como lo hizo con el de Bogotá; solicítele que haga todo de forma clara y expedita a través de unas licitaciones transparentes que pueda ganar el doctor William Vélez. Porque el doctor Vélez también debe ir allá, a Haití, a colaborar con su ímpetu empresarial.

Para apaciguar socialmente a la población, convenza a el 'Píncher' Arias de que retire su candidatura y se vaya con usted a organizar la repartición de tierras: que otorgue subsidios y expida incentivos a los menos necesitados para que en Haití reine la paz social.

Llévese a Tomás y Jerónimo para que ayuden a organizar el asunto de las basuras; anime a César Mauricio Velásquez para que evangelice a la población, casi toda entregada al vudú; pídale a Luis Carlos Restrepo que trate siquiátricamente a las víctimas del terremoto; convoque a los hijos de Name, de Dáger, de Turbay, para que ocupen las embajadas de Haití en el mundo, y lo representen con dignidad y preparación.

Y llévese a Valencia Cossio, Presidente, que seguro le será útil. Él ya estuvo una vez allá, ayudando: trepado en una de las bases de un helicóptero, con el mechón canoso trepidando en el aire, tiraba a manos llenas raciones de comida y demás estímulos, como si allá abajo no hubiera damnificados sino congresistas de la U.

Lo hizo con tanta destreza, que vale la pena que se instale del todo en Puerto Príncipe y reeduque a la clase política de Haití: que les enseñe a ser decentes, a no comprar apoyos, a no ser nepotistas.

Presidente: váyase con los detectives del DAS, que son expertos en chuzar y pueden servir para poner vacunas; y llévese, de paso, a algunos miembros de las Fuerzas Armadas: estoy seguro de que encontrarán en esa isla gran materia prima para sus próximos falsos positivos.

Aproveche que la doctora Guerra acaba de dejar el ministerio y llévesela para allá, que Haití merece tener un satélite propio; y permita que con ella se instale la Comisión Nacional de Televisión, que ese sufrido pueblo merece entretenerse con un canal, y sólo ellos pueden hacerlo realidad.

Allá hay bastante prado, Presidente, para que monte a caballo; y bonitos ríos, para que chapotee en ellos con todo su gabinete.

Quedaremos a la deriva, es cierto; y nadie podrá reemplazarlo. ¿Juan Manuel Santos, acaso? No, Presidente: nos sacrificamos de nuevo: es mejor que se lo lleve con usted, para que ayude a recuperar la seguridad de la isla. Ellos lo necesitan más que nosotros. Acá ya todo está bien a ese respecto.

Presidente Uribe: sabemos que no le gusta descansar. Y usted ya ha hecho demasiado por nosotros. Siga trabajando, ni más faltaba; pero esta vez ya como un prohombre internacional, más allá de las fronteras. Será duro para los colombianos. Pero comprenderemos con estoicismo que la luz de su faro debe alumbrar otras aguas; más ahora, cuando el agua está tan cara.

viernes, 12 de febrero de 2010

Libertad de Opinión: Invitación


Bogotá

Foro Internacional de Caricaturistas por la paz y la libertad de opinión 2010


Cordial Invitación
www.bajolamole. blogspot. com

Me permito reproducir esta cordial invitación enviada por varias de las personas más creativas de nuestro medio.

Pueden consultar mayor información en
www.bacteriaopina. blogspot. com

martes, 2 de febrero de 2010

Hacerse matar por Cien mil pesos no da la base




Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com

Además de sumarme a las miles de voces sensatas que han rechazado de plano el anuncio del Uberrimo sobre su política de empleo para los jóvenes de Medellín -voces que han desnudado el perverso enfoque guerrerista con que se devana las sienes en su onanismo insólito el señor presidente; manifestaciones de indignación sobre la pobreza de ideas y la vileza de intereses del facho que gobierna; declaraciones prudentes que llaman a la cordura al mandatario, con la ingenuidad de quien cree que las vacas vuelan-. Además de sumarme a esas voces, quiero permitirme dar un punto de vista sobre economía básica, de esa economía que se usa en las finanzas familiares o en las tiendas de barrio, al respecto de la cuota correspondiente a salario establecida por el presidente a los jóvenes que decidan convertirse en sapos.

Mi abuela materna tuvo durante años una pequeña venta de helados, ella acostumbraba decir que los refrescos debían venderse a cierto precio, porque el ofrecimiento por debajo “no daba la base del negocio”, para referirse a las eventuales pérdidas. La empresa quebró al fin de cuentas, no por las reglas de oferta y demanda, sino por el desmesurado deleite de cinco nietos a quienes nos salía gratis el esfuerzo financiero de la nona. No da la base, repetía resignada cada vez que se veía compungida a convertir su producto en nuestro suculento obsequio.

Pues por estos días, en que Medellín se encuentra en un enfrentamiento cruel entre paramilitares sin jefes y narcotraficantes con más ínfulas, en donde el sicariato ha crecido y los muertos pululan en las barriadas, donde Don Berna dejó a su deleite a los nuevos cabecillas paramilitares que hoy se presentan como bandas, o águilas negras o paracos gaitanistas, etc.; donde las flores de la ciudad no dan abasto con tantas tumbas por estos días, El presidentico paisa se le ocurrió poner en riesgo la vida de los estudiantes, convertir las escuelas en campos de guerra y volver a su lógica de vincular a la sociedad civil al conflicto.

Este apostata de la justicia, este justiciero de mano dura para sus enemigos y corazón grande para los mancusos, los bernas y los joséobdulios (me acabo de percatar que este último aún no está preso), creó un nuevo empleo para subsanar el desastre de su seguridad democrática, y volver a los años de las CONVIVIR: el sapeo estudiantil clasificado. Para acceder a un trabajo de estos se requiere, poner en riesgo la vida y la de toda la familia, denunciar al cual más cualquier comportamiento que a criterio del empleado le parezca análogo del terrorismo; para ser un buen sapo, se requiere el mayor desprecio por la vida, por el futuro y por los suyos, quien se emplee en el área no tendrá que pensar en pensión, porque seguramente terminará muerto producto de los informes que provea.
El sueldo, más pírrico que el mínimo. Más perverso que la propuesta misma: cien mil pesos. Quien sapee en las calles o en las aulas de clase, se ganará cien mil pesos, devaluados y sin derecho a prestaciones, sin horas extras, porque horas extras será las que empiece a vivir quien se comprometa en este empleo. Regalar la vida por cien mil pesos, parece ser la consigna del presidentico paisa, que tanto quiere a sus coterráneos, que tanto dice amar a los estudiantes de su natal provincia; hacerse matar por cien mil pesos, cree el decrépito tirano que es una alternativa saludable para los jóvenes de Medellín a quienes el crimen habrá de cobrarles el servicio prestado con sus propias carnitas y sus propios huesitos.

Sicariar en las calles de la capital paisa, costaba hace unos años (en las épocas de Escobar Gaviria, cuando el Ubérrimo era el consentido de los capo) algo cercano a los dos millones; seguramente el precio ha bajado después de que el negocio quedó monopolizado por los castaño, los de la terraza o don Berna. Pero no debe estar por debajo de los quinientos mil pesitos. Supongamos que el sueldo del sicario por actividad cumplida no pase de los quinientos mil. Quien asesina a este precio, desprecia su vida misma. Estará dispuesto a seguirlo haciendo, hasta gratis de ser necesario, si medio se entera de que algunos muchachitos de la escuela de arriba (basta revisar donde están los colegios de las comunas paisas), están dando dedo al zoco para ganarse los cien mil miserables pesos que les prometió el presidente.

Este negocio, como diría mi abuela, no da la base. El sicario que se gana cinco veces lo que le dan al sapo, sabe matar, por gusto o por hambre, o por ambas. El niño sapo, no tiene la menor idea del peligro que le asecha y el precio de su esfuerzo puede ser una bala; Al presidente no parece importarle nada de esto. Al presidente le interesa el odio y los muertos, no la paz. A Este crápula de sonrisa pedante y mirada de odre no le importan los jóvenes; solo quiere echarle más candela al infierno que vive Medellín, en medio de nuevos reacomodos y cuentas por cobrar de los capos de la mafia y los asesinos asalariados de los grupos paramilitares.

Para un escolar de una comuna paisa, este negocio no le da la base. Es común que algunos muchachos den su vida por unos cuantos millones, que al fin de cuentas dejará a su familia para mitigar la miseria en que se vive cotidianamente; esto es cierto; pero difícilmente se harán matar los paisas por un salario que no cubre ni el carro que lo conducirá a la tumba. Este negocio nefasto y pervertido, no da la base.

miércoles, 20 de enero de 2010

Época del Bicentario: ¿qué tanto hemos aprendido?

Epoca del Bicentenario


¿Qué tanto hemos aprendido?




Por :Mauricio Rodríguez Amaya


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El 20 de julio de 1810 es considerado, en nuestra historia como el primer grito de los hombres y mujeres de estas tierras por la libertad. Esta brega se inició mucho antes, desde la resistencia indígena pasando por la valerosa acción de los artesanos encabezados por José Antonio Galán, quien erigió su hazaña desde una febril mañana de aquel mayo glorioso de 1781. Sin embargo, fue en 1810 cuando se sintieron los primeros estertores de la derrota definitiva de chapetones y virreyes, mientras la nueva clase de criollos, apoyada en libertos naturales y cimarrones venidos de ultramar, crecía vertiginosamente en madurez y experiencia para dirigir por su cuenta los destinos de un país naciente.



1810 representa la síntesis de años de trabajo diario e incansable de hombres y mujeres que durante un largo periodo, menos célebre entre los libros de historia, se dieron a la tarea de ir construyendo las bases de la independencia, no solo del gobierno, sino también de las letras, las ciencias, el arte y la cultura; actuaban bajo condiciones de opresión permanente, que obligaba a que las labores insurrectas se realizaran en el más entrañable secreto, mimetizados entre bibliotecas fecundas de plegarias medievales o entre los lentes del primer observatorio astronómico, venido con la Expedición botánica, a servir de caldera a los ánimos de una generación dispuesta a morir por la causa de la libertad.




1810 marca una ruta conflictiva contradictoria, en la cual la división entre criollos y la fragmentación colonial, -atada a los rezagos de un feudalismo vetusto- dio al traste con el sueño posible de la unidad de la patria, y lo que fue un epígrafe de futuro provisorio y libre, se convirtió en el epitafio de sus propios creadores. La experiencia posterior a la huida cobarde del virrey y su séquito de borlas espantadas, aquel 20 de julio, es ante todo aleccionante y triste: los nuevos dueños de tierras y esclavos (criollos ricos y clérigos) se apegaron a las cadenas que ataban al pasado servil y repulsaron el cambio hacia una república moderna; corrompi9dos por sus nuevas conquistas los terratenientes rompieron en trazas incontables las venas de la patria y lo que pudo ser un solo pueblo fue divido por odiosas diferencias alimentadas por falsos odios contra el resto de la raza hermana. La guerra vino a sellar el sino triste del fratricidio. Victoriosos unos un día, caían en la tarde como moscas, tras una zarpa vengativa que cambiaba en horas decretos y epigramas; los héroes de la noche eran en la mañana la ferviente muestra de abyección y vergüenza.



Mientras tanto, el oprobio ultramarino ganaba aire tras la recuperación de la corona en manos de sus antiguos dueños. Volvieron para usurpar lo liberado y en el mantel en el que se les sirvió la bienvenida, que más bien tenía el acento fúnebre de una vergonzosa abdicación, cayeron las cabezas en orden de importancia, de quienes hicieron lo posible en medio de tanto odios y reyertas.



Duró cinco años este experimento, y a pesar de las cabezas cortadas y los cuerpos calcinados a manera de escarnio, en las almas y las conciencias del pueblo ya había sido sembrada la semilla de la patria libre. Y un pueblo que ha conocido la libertad ya no puede dormir tranquilo si la ve asaltada. El nuevo asalto imperial solo duró unos cuantos años de terror y miseria; la pasificación, que era la demolición de las instituciones republicanas nacientes para levantar las vigas de la corona derrumbada y sombría, no logró contener el ímpetu de un pueblo ultrajado pero no rendido, asolado por la hambruna pero nunca abatido, y aún usando las faldas de sus mujeres ante la desnudez y la miseria, remontaron las montañas y cruzaron los valles para dar el cañonazo feroz con el que se sellaba para siempre la independencia de la patria naciente y el sueño de ser insignes guías de nuestra propia historia. Todo esto se logró después de un 20 de julio. Los agostos triunfantes y los años siguientes deben su gloria a la gallardía, la entereza y la honra de quienes, un 20 de julio abrieron la zenda de la independencia para que no volviera a ser clausurada.




¿Qué tanto queda de aquello que llamamos independencia? No había bajado el alborozo por la patria nueva, cuando los caudillos criollos repletos de medallas y laureles, se aprestaban a imponer las banderas de los Estados Unidos en las nuevas naciones. Bolívar observó con desamparo la treta que se fraguaba contra la libertad, y preocupados por su reacción, los nuevos lacayos planearon su muerte. Escapó el padre de la Gran Colombia a la intentona homicida, pero no pudieron nuestros pueblos frenar el espíritu entreguista de una estirpe demasiado enseñada a obedecer y sumamente preocupada por expandir sus fortunas aún a costa de las patrias libres. Santander nos endeudó hasta siempre con el Norte; Mariano Ospina Rodríguez promovió una frenética campaña de anexión a los Estados Unidos, que de no haber sido por la intervención histórica del General Mosquera, seguramente habría consumado su genuflexo idilio. Rafael Nuñez trajo a los marines de la patria gringa para defender su degenerada regeneración y el favor fue pagado años después por otro conservador de bajo cuño: José Manuel Marroquín, quien pagó con Panamá los favores recibidos por el gobierno Yanky durante el exterminio fratricida de guerra de los mil días. Tras las bayonetas vinieron las multinacionales y con ellas la expoliación de la madre tierra y el hambre para los colombianos. Incontables son las maniobras entreguistas de los gobiernos de turno durante el siglo XX, salvo contadas excepciones. Militarismo, dominación de la economía e ideología del consumismo, son las principales consecuencias de la entrega al poder imperial de los Estados Unidos de Norteamérica. Solo por esto días el títere de turno ha entregado las bases militares en manos extranjeras, necesarias para preparar sus nuevas aventuras contra los gobiernos que en esta porción del continente trabajan por hacer posible el sueño de Bolívar y Nariño, San Martín y Manuela. Tenía razón Iriarte al plantear que las republiquetas que nacieron de nuestra independencia se parecen a sus genuinos fundadores. Si se parecieran a Nariño y a Bolívar, serían los Estados Unidos de Hispanoamérica.



La libertad está en ciernes; estamos amarrados al empréstito externo, y con este se manipula la política y el pensamiento. Las escuelas se empeñan por repetir las doctrinas que conducen al destino manifiesto, la televisión goza con la copia y los gobiernos se entregan antes que les pidan. Por eso, el bicentenario es una época para conmemorar aprendizajes y derrotas, de vivas victoriosas y lágrimas de muertes y tristezas. La época del bicentenario es para pensar sobre lo que hemos hecho con la patria de Nariño y Galán, Santander y Policarpa, de Caldas, de Torres y doña Antonia Santos. Vale la pena pensar si hemos hecho lo honrosamente correcto con la obra de la independencia, si hemos hecho de la patria el hogar deseado y el terruño que ofrecerá la sabia de nuestros nietos y bisnietas. La época del bicentenario es también una oportunidad para mirar el presente, no con la vista puesta en las fiestas de reverberaciones sobre lo acontecido hace ya tantos años, sino con la mirada en el futuro, que es el futuro de la humanidad. La época del bicentenario debe servir para reflexionar si nuestro pueblo tiene la dimensión histórica del reto que le corresponde, en medio de una patria mancillada y dolida por los azotes del tirano de turno o del protervo imperio que los manda.



Recuperar el camino de la independencia, no es cuento del pasado ni oblación de héroes: es el compromiso de quienes soñamos con un mundo libre de las tiranías remotas y cercanas, es nuestro compromiso con una generación que aspira abrazar la naturaleza como a nuestra propia madre y percatarnos que la hemos abandonado en manos avarientas y toscas al calor y al amparo. Volver a pensar la independencia, es cuestión de orientar la mirada en el horizonte, donde está la esperanza.







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miércoles, 13 de enero de 2010

El Alacrán: Invitación



 

 

Vuelve El Alacrán

Época del Bicentenario

 

Obtuso por su demencia

Inserta el capo su daño

a la patria en este año

Doscientos de independencia

 

Para alimentar la farsa

De la prensa y el gobierno

Se cocina un nuevo infierno

que al bribón de nari ensalza

 

Y contra la dictadura

Del virulento rufián

Se levanta El Alacrán

con su aleve punzadura.

 

Viene el primer número de El Alacrán en este nuevo periodo 2010. El 28 de enero pondremos en circulación este empeño; de antemano, agradecemos a quienes han enviado previamente sus notas para la publicación y alentamos a quienes tienen en la punta de la pluma sus ideas para que redoblen los esfuerzos en la preparación del número. Sobre las preguntas recibidas, queremos aclarar que las notas deben ser breves pero contundentes, rogamos concisión sin sacrificar el ímpetu ni el talento.  Recordemos, como pensaba Vargas Vila, que la fuerza de un escritor no reside en su talento, sino en su carácter. También preguntan sobre los temas, y diremos que basta  con mirar alrededor para encontrar cientos de posibilidades de tener una mirada herética y una opinión distante de la falacia oficial y de la condición de insomnio en que pretende mantenernos la gran prensa.

 

Estamos muy complacidos  con el material recibido y tenemos mucha expectativa con el que nos han prometido algunos colaboradores. Sabemos que hay mucho por decir y más cosas por hacer y cada día que ganemos en esta terquedad nos será de gran provecho para evitar carreras de última hora. El 15 de este mes cerraremos definitivamente la recepción de las notas y nos pondremos en las tareas propias de la impresión.

 

De nuevo gracias a quienes han atendido y atenderán este cordial convite. A todos y todas, les pedimos estar prestos al acto del 28.

 

 

 

Mauricio Rodríguez Amaya

www.bajolamole. blogspot. com

 

 




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