domingo, 17 de marzo de 2019

Escuela, adoctrinamiento y censura


Escuela, adoctrinamiento y censura

Mauricio Rodríguez Amaya


“El Estado intervino para regular la manifestación de las ideas de los ciudadanos: (…) Quiere que el pensamiento expresado sea uniforme. Toda originalidad le resulta nociva a los intereses públicos. Está prohibido el lujo, la diversión de pensar, la ostentación de la inteligencia, de la riqueza interior(...). La censura de esa riqueza ha sido inexorable, ha secuestrado, ha quemado, ha destruido.”
Antonio Gramsci, 1916 – Se Pregunta la Censura
  


El miedo se vende fácil. Solo basta con aplicar ciertas gotas de indefensión de la gente frente a un riesgo, y con ello, se propaga como fuego en la pradera. El miedo es fácil de vender en sociedades adormecidas, reprimidas y violentadas; El miedo no necesita sustentarse en cosas reales, simplemente basta con que cree una atmósfera de intimidación y peligro para que los menos precavidos constituyan hordas y cruzadas para contener, quemar, destrozar y eliminar aquellos factores que les han sido presentados como susceptibles de ser temidos.

Por estas épocas, donde la sensación de inseguridad individual y social se incrementa, producto de la publicidad permanente del miedo a todo, - a las comidas, a las calles, a las enfermedades nuevas, a la adultez, a la niñez, a cualquier cosa- las empresas que fabrican miedos han creado un estado de desrealización colectiva, en donde, lo fíctico aparece como real y lo real es ocultado o presentado como irrelevante. La desrealización consiste en ese fenómeno de destrozar la realidad a partir de nuevas creaciones imaginarias que la suplantan o la ocultan.




Por estos días, en nuestra intimidada opinión pública, el fascismo ha sembrado el temor sobre el adoctrinamiento de nuestros hijos en las escuelas públicas, por parte de docentes inescrupulosos que usan su poder en el aula para insuflar ideas subversivas en las prístinas mentes de sus estudiantes. Esta tesis ha sido, como acostumbran, ampliamente difundida por medios de comunicación enriquecidos por el lucrativo negocio de vender miedo. En el fondo de esta campaña se oculta la censura contra los docentes; no es que los maestros y maestras, de manera organizada y consciente hayan emprendido una campaña ideologizadora para controlar mentes imberbes y dominar conciencias; francamente, estamos lejos de una escuela que promueva sistemáticamente ideas críticas, miradas alternas a la realidad formalizada; lejos estamos de una escuela que estimule el libre pensamiento y se aleje de la estandarización, o que propenda por impulsar decididamente la creatividad. Muy lejos estamos de ello; nuestra escuela es la representación de una sociedad colonizada que sigue enseñando los valores de la colonización, es una escuela que, en términos generales, promueve la competencia por encima de la solidaridad y que estimula la uniformidad en detrimento de la diversidad. No solo la gran mayoría de nuestros queridos docentes aún están lejos de optar por una escuela crítica, transformadora y renovada, sino que el famoso adoctrinamiento, denunciado por las élites fascistas, está fuera de toda realidad.  

Se trata de un fenómeno de opinión basado en la desrealización de lo que sucede, con el fin de crear una nueva cortina de humo que le permita a esa élite actuar libre de toda observación de la ciudadanía, atontada por falsos problemas y manipulada por el poder coercitivo de los medios dominantes. Mientras esa élite impone sus negocios por medio del control del Estado, desvía la atención contra los maestros a nombre del tal adoctrinamiento en las aulas. Así mata dos pájaros de un solo tiro: primero, quita la atención frente a los problemas reales de un país carcomido por la corrupción, la violencia institucional y los negocios privados contra la gente, mientras, por otro lado, crea una atmósfera de censura contra los maestros, para estigmatizar su acción, para promover el epistemicidio y la negación de las opiniones que eventualmente puedan ponerse al régimen.

 

La campaña de censura oculta la realidad, al tiempo que crea nuevos ejércitos de inquisidores en pos de la sacrosanta neutralidad axiológica en la aulas, en contra de la labor docente y de paso, contra toda opinión que no esté controlada por la masificación democrática de las instituciones del miedo. Esta práctica es propia de los fascismos sociales y políticos, de los más acérrimos autoritarismos y de las dictaduras más eficientes.

Mientras pasa desapercibido el proyecto de Plan Nacional de Desarrollo del actual gobierno, -que propone incrementar el extractivismo, ampliar la frontera agrícola, privatizar la riqueza natural genética, perseguir las semillas naturales, eliminar el salario mínimo e incumplir los acuerdos que dieron fin al conflicto armado- la artillería mediática se dispone a flanquear a los maestros que se atrevan a cometer el injurioso pecado de pensar. Así que la respuesta debe estar precisamente en no callar, en no doblegarse a los estertores mediáticos de las nuevas antorchas de la inquisición contemporánea. La respuesta será necesariamente la de enfrentar con ideas renovadas y fecundas la imposición democrática del miedo, la masificación del fascismo y la persecución cavernaria contra las ideas; nos corresponde ponernos del lado de las maestras y los maestros, porque el ataque no es solo contra ellos, contra ellas, sino contra toda forma de pensar que se atreva a romper los ribetes de la censura fascista. Nuestra lucha seguirá siendo la lucha de las ideas, la lucha por poderlas expresar libremente, aun contra las barreras impuestas por la censura; el único adoctrinamiento que debemos combatir es el de las fábricas del miedo mediatizado,  que crean espíritus dóciles, manipulables y puestos al servicio de sus propios victimarios.


domingo, 10 de marzo de 2019

La chica de la tela




La chica de la tela

Almaro





Ya hace varios días que no viene; he estado esperando inútilmente sobre las 9 o cerca de las 4, que eran las horas en que acostumbraba a verla desde la ventana que deja luz al pequeño escritorio donde trabajo en esta agencia de viajes. Ella venía, silenciosa, sola, con su maletita de estudiante, dejaba en el suelo sus pertenencias, sacaba una enorme tela negra, y empezaba, sin decir una sola palabra, a improvisar una serie de movimientos que con el tiempo se iban volviendo más fuertes, más intensos, más conmovedores; después de algunos minutos, iniciaba un monólogo extraño, entre sonidos estridentes y textos de alguna obra teatral, una poesía o alguna canción de tierras lejanas; cantaba, gritaba, gemía, hablaba en susurros, con su voz tenue, melancólica, fuerte, aguda y grave. La primera vez que se instaló frente a mi ventana, pensé que se trataba de alguna chica buscando algún aliento económico con su presentación unipersonal, sin ayuda, sin compañía, solo algunos transeúntes que se dejaban salir de su camino para introducirse en la rutina de esta chica; muchas personas la miraban extrañados al pasar a su lado, e incluso, algunas veces los agentes del orden intentaron detener su ejercicio infructuosamente, porque mientras ajustaban esos movimientos extraños a un delito perseguible, el ejercicio se daba por finalizado; otras veces vi rostros absortos convertidos en sonrisas y en otras ocasiones, vi gente dejar pasar minutos de sus vidas para convertirse en su público gratuito.


Muchas veces la vi repetir su extraña presentación, nunca pidió monedas ni esperaba recibir aplausos, solo ella y su enorme tela negra llegaban y se iban en el mismo silencio absorto. Con el tiempo comprendí que no era la necesidad de la limosna la causa de sus vueltas en el suelo; entonces pensé que se trataba de una actriz de alguna compañía teatral que había decidido abstraerse de su grupo para preparar su presentación; también llegué a pensar que se trataba de una estudiante que por alguna razón extraña, abandonaba la comodidad de los salones de clase y los portentos auditorios y por la dureza de los andenes y el cemento para desarrollar sus corporencias, (que es como le llaman las actrices a las conversaciones que se realizan con el cuerpo) sin más aspiraciones de público que los pocos transeúntes extrañados, los policías al servicio de la cuadra y yo, yo desde mi ventana y mi escritorio de venta de viajes.



Cuando ella convierte la calle en su escuela, su campo de combate, su teatro, o lo que sea, los transeúntes se detienen, miran un poco, pretenden haber comprendido alguna cosa, y luego se retiran; yo no, yo me quedo observando toda la secuencia, paro mis ocupaciones y me deleito con su voz y su danza, con su cuerpo y su cabello, casi tan largo como la tela negra en que se envuelve sobre el suelo frío; Cuando termina cada presentación, está extenuada, sudorosa, cansada; toma con el mismo silencio y la misma calma su maletita de estudiante y se retira, sin aplausos, sin público, solo yo, que ya no puedo concentrarme en estas solicitudes de créditos de viaje. Pienso en qué querrá decir con sus discursos, por qué baila en su tela y se deja envolver sobre ese suelo duro; por qué la gente no se queda hasta el final, a ver qué pasa, cómo termina todo eso; pienso si por algún momento cambiará la escena, dirá otra cosa, saldrá de su sencilla presentación absorta y mirará de frente a mi ventana y sabrá que la observo, que disfruto mirar su cabello negro, su tela interminable y sus ojos intensos, oscuros, brillantes, su movimiento compulsivo y frecuente, su sonrisa y sus labios, su sudor y su maletita de estudiante.


Ahora mismo no puedo concentrarme en estos papeles, solo quiero saber en qué lugar de la ciudad su tela estará envolviendo su cuerpo, y cuanta gente pasará sin mirarla mientras yo deseo que venga de nuevo, para salir de esta oficina lúgubre, a romper definitivamente mi silencio, y hasta quizás acepte algún refresco, o un café; decirle que la observo con la pasión del teatro o de la pantalla del cine; que quiero saber por qué lo hace, qué nos quiere decir, de quién son esos textos, por qué escogió precisamente instalarse frente a mi ventana. Ella no viene y no puedo pensar en otra cosa, mientras se acumulan estas solicitudes de crédito de viaje, de gente que quiere salir de esta ciudad bajo cualquier pretexto; yo en cambio, quiero salir de mi oficina, quedarme en la ciudad y buscarla, porque en algún lugar, estará silenciosa y bella, envuelta entre su tela y su cabello, hablándole a los nadies, conquistando otros ojos, mientras los míos solo quieren mirarla una vez más para poder volar con ella sobre su enorme tela negra, en la que debe viajar todos los días desde su mundo mágico hasta mi ventana.



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La rebelión de Juana y el Feminismo Comunitario


La rebelión de Juana y el Feminismo Comunitario


Mauricio Rodríguez Amaya


"hoy, como hace 200 años, las mujeres de Abya Yala emprenden la lucha por la liberación ante las nuevas cadenas de la explotación y las opresiones; hoy como hace 200 años, miles de juanas están abriendo el camino de la igualdad y el reconocimiento para recuperar la esperanza y la utopía".
Fuente:https://www.google.com


Son días de conmemoración de las luchas infinitas de las mujeres; recordamos el sacrificio de 129 obreras que murieron calcinadas mientras pedían salario, descanso y dignidad; se recuerdan las luchas de miles de mujeres que por el mundo han elevado las banderas de la igualdad y la diferencia; y por supuesto, conmemoramos las jornadas maravillosas cuando Juana Azurduy, al frente de un ejército de indígenas, liberó a Bolivia y de paso a su marido.

 
Un 3 de marzo, de 1816, cuando era prohibido que las mujeres hicieran parte de los ejércitos independentistas, Juana encabezó una rebelión que puso fin al sitio español sobre Bolivia y libertó a don Manuel Asensio Padilla, figura reconocida de las luchas libertarias entre el Chaco y Perú. Juana era de origen mestizo, guerrera desde niña, heredera de la memoria colectiva de las causas gloriosas de Tupac Amaru II y Micaela Bastidas, cuya sangre inundó toda la tierra Inca y Aymara. Juana creó el ejército de las Amazonas, con cientos de hermanas guerreras y madres, cuyas hazañas lograron sobrevivir al olvido patriarcal institucionalizado.
 
Fuente:https://www.google.com

Juana también fue madre y tuvo que ver morir a sus cuatro hijos mayores en medio de la hambruna y la impotencia. No cedió nunca a la presión del dolor y jamás dejó de pelearse un puesto en los ejércitos libertadores. Juana no solo comandó la liberación de Bolivia, sino que contribuyó a las independencias del Perú y la Argentina, al frente de su ejercito de mujeres denominado “Las Leales”; pero el patriarcado criollo, no podía aceptar que una mujer, mestiza y humilde fuera generala de la tropa. Solo hasta 1824, Bolívar le concedió el Rango de Coronela y le ofreció una pensión que luego fue incumplida en 1830 por los gobernantes bolivianos que terminaron echando al piso las causas libertarias de los ejércitos comandados por Azurduy.

Juana es un ícono de la lucha de la independencia, y sobre todo, hace parte del acervo inspirador de las mujeres de Nuestra América que han logrado conquistar espacios reservados por el machismo a los hombres, no sin tener que confrontar cientos de exclusiones y estigmatizaciones. En las tierras de Juana, ahora anda caminando el feminismo comunitario; el feminismo de las hermanas Aymaras, obreras y madres, artistas y rebeldes, de las mujeres de la tierra, bronceadas al sol del desierto y moldeadas con las aguas del Titicaca.

Fuente:https://www.google.com

El feminismo comunitario, aprende desde las memorias colectivas, que son, como lo dice Adriana Guzmán, los ojos que nos sirven para caminar. El feminismo comunitario quiere romper con los ejercicios de poder impuestos por el patriarcado y la colonización, lucha por la tierra contra el control del capitalismo global, promueve una nueva conciencia colectiva en la que la vida articula toda la acción humana y de la naturaleza. El feminismo comunitario, es una forma integral de poder constituyente, una herramienta que enfrenta todas las formas de opresión patriarcal, machista, colonialista y capitalista. El feminismo comunitario no aspira a una revolución futura, porque es en sí mismo una revolución presente, actual, vigente y poderosa. El feminismo comunitario, es al mismo tiempo una teoría social emancipatoria, que nace en el origen de los pueblos y se alimenta de las luchas y las transformaciones contemporáneas. Es un feminismo proletario, porque comprende que el poder de clases es una forma de opresión que se alimenta y radicaliza con el patriarcado y el machismo. El feminismo comunitario confronta al cristianismo y su perspectiva patriarcal, que condena a las mujeres como causantes del pecado. El feminismo comunitario es una apuesta pedagógica descolonizadora, que pretende superar todas las prácticas educacionales en donde no se reconocen las diferencias ni las igualdades entre todos los seres de la naturaleza.
 

Hoy miles de mujeres luchan desde sus comunidades por implementar una nueva sociedad, antipatriarcal, anticolonial, anticapitalista, a partir de los principios y las prácticas del feminismo comunitario; hoy, como hace 200 años, las mujeres de Abya Yala emprenden la lucha por la liberación ante las nuevas cadenas de la explotación y las opresiones; hoy como hace 200 años, miles de juanas están abriendo el camino de la igualdad y el reconocimiento para recuperar la esperanza y la utopía. “Son días, para volver a creer, para volver a soñar”, nos lo dice Adriana Guzmán, precisamente en estos días en que recordamos a Juana Azurduy, a quien los honores le llegaron tarde, a pesar de haber liberado, con un ejército de mujeres, una porción gigante de este continente.
 

Pocos recuerdan a Juana Azurduy, y mucho hicieron por ocultar su legado; le prometieron una pensión vitalicia que solo le llegó por 6 años; nunca reconocieron su rango genuino en la tropa libertadora, sino hasta 2009, cuando fue nombrada Mariscal de Bolivia y en 2015, cuando se le nombro Generala del Ejército Argentino.  Pero a pesar de los olvidos voluntarios y las marginaciones institucionalizadas, Juana Azurduy encabeza un nuevo ejército libertador, el ejército del feminismo comunitario, que promete parir desde la América Nuestra las claves para una nueva humanidad rebelde y liberadora.

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lunes, 25 de febrero de 2019

Gasolina, veneno y espacio público


Gasolina, veneno y espacio público

Mauricio Rodríguez Amaya




“La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes”

  


La radicalización del autoritarismo está cobrando una nueva batalla por el control absoluto del espacio público; mientras, por un lado, los regímenes autoritarios golpean con sevicia a quienes salen a las marchas por sus derechos, como en Barcelona, Colombia o París; por otro lado, se promueven manifestaciones públicas con gran cobertura mediática contra gobiernos que claramente no siguen las directrices del pentágono. Mientras se estimulan conciertos masivos con transmisión directa por más de 6 horas, como en Cúcuta, al mismo tiempo, se reprimen los manifestantes en Ituango o el Cauca; son expresiones diferentes con el mismo objetivo, consistente en controlar el espacio público, en uniformar los discursos e incentivar el odio y el fascismo social.




En Colombia, por ejemplo, mientras las manifestaciones estudiantiles por el derecho a la educación fueron brutalmente reprimidas entre octubre y diciembre de 2018, el mismo régimen garantizó todas las condiciones para que el fascismo se movilizara a favor de la guerra y se exacerbara el odio en una jornada a la que asistió el mismo Presidente de la República, en enero de 2019. Igual sucede en la frontera, igual sucede en Europa, en Estados Unidos y en Haití. La disputa por el espacio público cobra vidas cuando se trata de las movilizaciones callejeras contra regímenes corruptos, pero incentiva la toma de las calles, la quema con gasolina de alimentos o las balas perdidas, cuando se trata de legitimar el odio y la guerra. El fascismo envenena empanadas de las ventas ambulantes en Bogotá, mientras ve morir de hambre a los niños de la Guajira o Haití; Celebra conciertos con artistas de Bolsillo en Cúcuta, pero reprime brutalmente el arte callejero y las mingas indígenas en el Cauca o en la Guajira. El fascismo estimula movilizaciones masivas a favor de la guerra, pero prohíbe las marchas de los campesinos que luchan por la vida en Antioquia.
La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes; como en Bogotá, por ejemplo donde se reprime a quienes protestan contra las ceremonias elitistas de sacrificio animal en la Plaza de “Todos”  La Santa María, mientras la Policía crea corredores exclusivos para que esa misma élite pueda ingresar al disfrute de la sevicia de la sangre en el ruedo.


Lo que está en juego, no es poco; es nada más y nada menos que el control fascista de las calles, de los teatros, de los centros comerciales, incluso de los parques donde aún es mal visto a mujeres que amamantan a sus hijos menores. La icónica fascista del dolor y el control se expresan como omnipotentes, en decisiones policivas y en directrices desde las tarimas; la icónica del odio cobra terreno y las estéticas de la élite se basan el uso machista y patriarcal de los cuerpos de mujeres y hombres. El control fascista del espacio público impone un patrón democratizado, amplificado por la moda y controlado por losa medios de comunicación. El espacio público televisado es la imposición aparentemente diversa del control fascista sobre los cuerpos, las estéticas y el poder político.


Como lo plantearía Boaventura de Sousa Santos, no se trata solo del fascismo político del Siglo XX; hoy enfrentamos también un fascismo social, que desde cierto pluralismo desprecia lo diferente, lo racializado, lo pobre y lo extraño. La sociedad ha sido uniformada por la moda y todo aquello que la controvierte es susceptible de ser cuestionado o agredido. Los casos se multiplican por miles; y esta faceta de la nueva fase del capitalismo global, impone la métrica uniformemente diversa de las prácticas secularizadas del odio, la discriminación y el miedo.


No es un buen momento para quienes han luchado por el acceso democrático al espacio público, es un momento de revés donde el fascismo político y social imponen sus prácticas de adoctrinamiento corporal, y mental. Ni los arboles de los parques se salvan de esta arremetida en ciudades como Bogotá, donde el Alcalde ha decidido incrementar la tala, en una ciudad que se calienta diariamente por el efecto invernadero. No son buenas noticias, ni son buenos momentos. Quizás es necesario observar con detalle este fenómeno controlador del espacio público para que reorientemos los esfuerzos por la reconquista democrática y cosmopoliticista de las calles y los parques, las escuelas y los centros culturales. Es hora de detenerse un poco, tomar distancia y alcanzar a percibir las grietas desde las cuales es posible aun insistir en la brega diaria por el derecho democrático del espacio público.



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jueves, 14 de febrero de 2019

Haití, Venezuela y el uso fascista del humanitarismo


Haití, Venezuela y el uso fascista del humanitarismo

Los imperios hinchan sus pulmones con causas humanitarias cuando de sus aventuras logran las ganancias de la apropiación y el despojo; cuando gracias a las consignas de la libertad o la civilización alcanzan el control de los recursos que hacen “mover sus automóviles”

Mauricio Rodríguez Amaya
www.mauriciorodriguezamaya.blogspot.com

Fuente: El Espectador/AFP

Haití se desangra. Varios días llevan las revueltas populares que han decretado a febrero como el punto definitivo para derrocar al gobierno corrupto de Juvenel Moise, a quien se le acusa de quedarse con más de 3.8 mil millones de dólares que Petrocaribe entregó a su gobierno con destinación a obras de infraestructura y servicios. Los manifestantes mueren a diario. Unos, por las balas asesinas del régimen protegido por El Pentágono, y otros, por el hambre y falta de atención médica. Nada se dice de ayuda humanitaria, nadie levanta la voz de indignación por esta nueva tragedia contra una isla que le enseñó a un continente entero la justa causa de la libertad.

Los ojos de la gran prensa solo miran hacia Venezuela, hablan de ayuda humanitaria a un país cuya economía está bloqueada y saboteada por los mismos que proclaman el humanitarismo. Hablan de enviar aviones repletos de humanidad, hablan de quitar del gobierno al tipo que no se arrodilla, pero callan impunemente frente a los muertos de régimen de Moise, en Haití, donde el Ejército dispara contra sus hermanos a diestra y siniestra, bajo el silencio cómplice de la misma gran prensa que se rasga las vestiduras frente a Venezuela.  Pero ya sabemos que la gran prensa defiende los intereses de las trasnacionales que la patrocina, y por eso, detrás de cada segundo de información sobre Venezuela, están millones de dólares para promover una invasión militar que le entregue a esas empresas el petróleo que nunca debió dejar de estar bajo su poder. Ya sabemos también que la democracia es selectiva y que las causas democráticas sirven para resolver problemas internos de la muy desprestigiada democracia estadounidense.

No solo se trata de la selectividad de los escándalos y las noticias, sino del uso instrumental y selectivo del humanitarismo. Haití, sigue siendo de lejos el país más pobre del Continente; la reconstrucción después del terremoto sigue siendo lenta, los servicios públicos son casi inexistentes y el hambre pulula. No hay campañas internacionales para llevar comida o abrigo a los haitianos, no hay prensa ni gobiernos del norte prometiendo lanzar comida desde aviones o helicópteros, no hay campañas internacionales para devolverle el pan a los niños y a las niñas de la isla; no hay humanitarismo internacional frente a una tragedia humana que envuelve a este país ante el silencio del mundo. Haití sigue abandonada a su suerte, en manos de un gobierno corrupto al servicio de Washington, mientras desde Washington se prometen más de 150 mil millones de dólares para invadir a Venezuela.

Fuente: El Popular.com.ar

Desde tiempos remotos, el humanitarismo ha sido utilizado como pretexto de los invasores, ha servido de bandera legitimadora de la colonización; ya lo decía el célebre humanista francés Ernest Renan, en algunos de sus trabajos repletos de humanitarismo colonial: “La regeneración de las razas inferiores o bastardas por las razas superiores está en el orden providencial de la humanidad… Gobiérnesela con justicia, extrayendo de ella, por el beneficio de un gobierno así,  abundantes bienes, y ella estará satisfecha;  una raza de trabajadores de la tierra es el negro[…]; una raza de amos y de soldados es la raza europea […]. Que cada uno haga aquello para lo que está preparado, y todo irá bien”[1].

En el mismo sentido, se pronunciaba el argentino Domingo Faustino Sarmiento, al servicio de la causa humanista de la gran potencia del norte: “Puede ser muy injusto exterminar salvajes, sofocar civilizaciones nacientes, conquistar pueblos que están en posesión de un terreno privilegiado; pero gracias a esta injusticia, la América en lugar de permanecer abandonada a los salvajes, incapaces de progreso, está ocupada hoy por la raza caucásica, la más perfecta, la más inteligente, la más bella, y la más progresiva de las que pueblan la tierra”[2]. Sin mencionar la reconocida consigna de Monroe, de que la América está destinada a los “americanos”, en sus cartas con el presidente Jefferson quien comentaba sin vacilaciones: “Los ciudadanos de Estados Unidos abrigan los sentimientos más amistosos en favor de la libertad y de la dicha de sus semejantes del otro lado del Atlántico. En guerras de los poderes europeos sobre asuntos que se relacionan con ellos mismos, jamás hemos tomado parte, ni es conforme con nuestra política obrar de otra manera”[3].

Fente: https://www.telesurtv.net/news/Memorias-del-holocausto-indigena-en-America-Latina-20160122-0074.html

Los imperios hinchan sus pulmones con causas humanitarias cuando de sus aventuras logran las ganancias de la apropiación y el despojo; cuando gracias a las consignas de la libertad o la civilización alcanzan el control de los recursos que hacen “mover sus automóviles”, como lo diría el mismo expresidente Obama en su discurso de posesión de su primer gobierno, o como lo ratificaría Donald Trump al momento de hacerse Presidente: “Nosotros, los ciudadanos de Estados Unidos, nos unimos ahora en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo nuestro pueblo. Juntos podremos determinar el curso de Estados Unidos y del mundo en los años venideros”. 
No puede el humanitarismo seguir siendo utilizado como pretexto al servicio de los intereses internacionales del fascismo; no puede el humanitarismo seguir encubriendo invasiones y genocidios; no puede el mundo seguir viendo cómo la humanidad ve morir los niños haitianos mientras pide asesinar niños venezolanos con las bombas de un nuevo humanitarismo colonial y fascista orientado desde los escritorios que sirvieron de plataforma para auspiciar las intervenciones militares sobre Texas, Nuevo México, Granada, Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Chile y Ahora Venezuela. No olvidamos que, a nombre de un humanitarismo selectivo y fascista, Estados Unidos sigue destinado a plagar de miseria el continente entero, como lo diagnosticó Bolívar hace un poco menos de 200 años.
Hay otro humanismo, el de la América Nuestra, el de los rostros cobrizos y amarillos, mulatos y mestizos de los pueblos que siguen luchando por su libertad, por la dignidad del trabajo y la dignificación de la vida. El humanismo de los pueblos de la América que rechazan con vehemencia seguir siendo objeto de las aventuras militaristas de Estados Unidos, de Europa, o de cualquier otra potencia que desde el norte quiere jugar a la guerra en las tierras de nuestro sur global. Cualquiera que sea el promotor de la guerra, no pondrá los muertos; los muertos serán los hijos y las hijas de este sur, que sueña, como diría Martí, con que algún día logremos la segunda y definitiva independencia. Nuestro humanismo es la paz, la autodeterminación de los pueblos y la justicia social; nuestro humanismo, es llevar en el corazón y en la mente, la solidaridad a los hombres y mujeres que en Haití siguen luchando por pan y democracia ante el silencio sórdido del mundo; nuestro humanismo consiste en rechazar el genocidio contra el pueblo de Venezuela, y de paso contra las aventuras del fascismo que quiere renacer en varios rincones de esta tierra herida y renacida mil veces, desde que los “humanistas” europeos vieron con buenos ojos venir a asesinar “salvajes”.

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[1] Citado por Aimé Cesaire en Discours sur le colonialisme (1950). En Retamar (2005).
[2] Retamar (2005), citando a Domingo Faustino Sarmiento.
[3] López-Portillo y Rojas, José (1912). la Doctrina Monroe. Versión PDF.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Gracias, Camarada Alvaro


Gracias, Camarada Alvaro

“El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza”.
Antonio Gramsci, 1916.

Mauricio Rodríguez Amaya
  
Fuente: Semanario Voz



Todavía recuerdo la mañana en que Alvaro Vásquez Del Real me obsequió esa antología de Antonio Gramsci, editada a principios de los años 70 por Manuel Sacristán para Siglo XXI; el libro traía más de la mitad de las hojas sueltas, pero yo me di a la tarea de mantenerlas juntas hasta donde fue posible contener la libertad de los facsímiles (muy paradójico para una obra que se escribió en gran parte en la cárcel). Fue en la sede de la 32 –cuya nomenclatura ya cambió, porque nuestro norte queda más al sur- cuando fui dirigente de la Juventud Comunista y Alvaro era ese hombre mamagallista y sarcástico que hablaba poco, pero cuya contundencia era sencillamente incomparable. Fue por esos días de las escuelas de secundaria en donde nos dimos a la tarea de llevar a las nuevas generaciones las voces célebres y necesarias de Nicolás Buenaventura, Medófilo Medina,  y Arturo Alape, entre otros intelectuales que bien podrían contarse en la lista prolija de los imprescindibles.  Dar tribuna a las voces de algunos que se fueron del Partido con la tregua del 91 era un acto más o menos temerario; pero Alvaro nunca me recriminó ese hecho, sino que, por el contrario, me buscó en la oficinita que teníamos al fondo de la casa antigua de la 32 para regalarme ese libro descocido y otros varios que recuerdo con menos precisión. “Tome para que vea qué le sirve de eso”, fueron casi las palabras exactas con que Alvaro puso sobre la mesa varios ejemplares de la Editorial progreso y de otras menos conocidas, algunos trabajos propios del CEIS, muy muy antiguos, cuando publicaba textos de pedagogía y educación popular, y la inolvidable antología de Antonio Gramsci.

Toda la vida agradeceré a Alvaro Vásquez por esa concesión reveladora; pero también le agradeceré las palabras que casi a diario nos cruzábamos en la sede, o caminando hacia el sindicato de los petroleros, o en las Escuelas revolucionarias de la JUCO. Nunca olvidaré las intervenciones de Alvaro en la célula petrolera que más bien terminaban convertidas en conferencias magistrales de un marxista impecable, de un mamagallista nato y de un comunista sin adenda alguna.
 
Fuente: google.com


Alvaro hablaba poco de su vida, así que cuando le propuse entrevistarlo para el homenaje que organizamos a Jesús Villegas, quien había muerto poco tiempo antes del acto inaugural del X Congreso de la JUCO, me dijo casi sin pensarlo, “entreviste a Gilberto que él sí sirve para eso”. Y así lo hice; Gilberto Vieira había caminado toda la historia del Partido, muchos de esos pasos al lado de Jesús Villegas y de Alvaro Vásquez y de otros muchos y otras muchas que no conocí y que aún no han sido redescubiertos para las próximas generaciones. Pero Alvaro se negó a conversar conmigo sobre su historia para que fuera incluida en ese material del Power Point del que no logré conservar copia alguna. Sin embargo, en otras ocasiones conversamos sobre la cárcel, sobre el partido clandestino, sobre las masacres en tiempos de la UNO, sobre la violencia incontenible contra la UP, sobre lo estratégico que resultaba aprender y contribuir en la causa de los petroleros y sobre su gusto casi pastoral por inducirme a abandonar el sectarismo que envejece cualquier doctrina revolucionaria.

 
Fuente: Semanario Voz

En efecto, Alvaro había recuperado el espíritu Comunero desde el Tolima al servicio de la clase obrera, había sufrido la cárcel en la época en que el Partido Comunista fue declarado ilegal y la clandestinizacion era la opción de aquellos comunistas para preservar su lucha. Había aprendido sus propias lecciones en la acción parlamentaria, en lo que llamó la democracia marginal; había desatado su pluma desde joven y se había convertido en educador del Partido; caminó la reconstrucción del movimiento obrero y formó una generación de dirigentes sindicales que se dieron a la tarea de construir la CUT; Alvaro fue Secretario General del Partido, y desde esa difícil posición a la que supo renunciar a tiempo, impulsó a manos llenas las tareas de la paz, la lucha contra la violencia sociopolítica institucionalizada y la necesidad de ampliar la lucha de masas en todos los niveles de la sociedad. Álvaro fue siempre un educador, un organizador obrero, un intelectual orgánico, y sigue siendo un político brillante y un mamagallista nato.

Alvaro lo repetía en cada charla, en cada conferencia, en cada conversación coloquial acompañados de Julito, su compañero eterno, camino a la USO: “la respuesta  a la dictadura, son las masas, el partido clandestino tiene la tarea de luchar por su legalidad, y su legalidad es poder estar al seno de las masas; en las épocas de alta violencia sociopolítica, el mejor protector del partido revolucionario son las masas, estar no solo en medio, sino en el corazón de las masas, y cuando el partido se aburguesa o se burocratiza, el mejor catalizador de sus errores son las masas; “sin masas no hay partido, el partido no nació para la clandestinidad ni la burocracia, sino para disputarle abiertamente el espacio político a la burguesía en el corazón de la lucha de masas”, esta no es simplemente una tarea, es el deber ser de cualquier revolucionario comunista.

 
Fuente: Google.com

Hoy quiero recordar las impresionantes lecciones de política que recibí casi a diario de Alvaro Vásquez del Real en ese hermoso periodo de mi vida militante; recordar sobre todo lo vigente y vigoroso que resulta su pensamiento, su mirada precisa sobre la táctica y su capacidad de pensar estratégicamente nuestros proyectos emancipatorios. Y sobre todo, nunca le agradecí como hoy ese gesto simple y afectuoso de regalarme ese libro revelador de Antonio Gramsci. Hace rato no converso con el viejo, y eso, en sus términos, cabalmente puede expresarse así:  “qué calamidad ala”.


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jueves, 31 de enero de 2019

Bicentenario, de qué?


Bicentenario, de qué?

“Pero, así como nuestros pueblos no olvidan sus triunfos, el invasor tampoco olvida su derrota, y han decidido, no por coincidencia, que este 2019, en pleno bicentenario, se hará trizas lo que queda de la memoria colectiva de nuestras luchas por la libertad”.

Mauricio Rodríguez Amaya


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No es coincidencia, que precisamente por estos años, las armas de Estados Unidos sueñen con establecerse en nuestros territorios; no es coincidencia, que una guerra fratricida contra los hermanos y hermanas de la América Nuestra aparezca como inevitable. Hace más de doscientos años, una generación de hombres y mujeres soñaron y trabajaron por el propósito de la libertad, recogiendo las banderas de las incontables luchas indígenas y negras por la independencia; hace doscientos años no solo fueron derrotados los europeos que plagaron de miseria y muerte el continente entero, sino también los espíritus invasores que desde Estados Unidos veían en estas tierras la prolongación de su imperio. Hace doscientos años, fueron derrotados Europa y Estados Unidos en las tierras y en los mares de la América Nuestra; pero si nosotros recordamos esa victoria de hace doscientos años, debemos tener seguro que el gringo tampoco olvida su derrota.

Desde las resistencias indígenas, pasando por las incontables independencias negras del cimarronaje africano que vistió de colores y tambores toda nuestra América, hasta las independencias impulsadas por las nuevas generaciones de criollos ricos, el siglo XIX le dio a Nuestra América un aire de libertad que supo saborear con agrado, aunque no por mucho tiempo. Las pugnas internas rompieron nuestra gran nación latinoamericana en pequeñas republiquitas manipuladas por empréstito gringo y británico, condenadas a servir fielmente los intereses de los imperios y a pagar el favor con las enormes riquezas de la tierra y el mar. Pronto los gobiernos de criollos ricos, fieles a los ideales de Europa y Estados Unidos, hijos legítimos del colonialismo y el patriarcado, tomaron el rumbo de las nuevas instituciones, para hacer lo mismo que el poder extranjero, pero ahora a favor de las nuevas familias poderosas que se instalaron para controlar la tierra, la fuerza de trabajo negra e indígena, el desprecio por lo femenino, la exaltación del catolicismo y la copia burda de instituciones republicanas en tierras manejadas como feudos. En pocos años, la nueva estirpe dirigente nos condenó a guerras entre hermanos y hermanas, en el chaco y en el Caribe, en Centro América y en la Pampa; en los primeros años de independencia, se consolidaron los proyectos esclavistas y se declaró la guerra a los pueblos indígenas y negros, tanto en México como en Colombia, en la Pampa Argentina y en bella Venezuela; la guerra fratricida de Rosas y de Mosquera, promovió el exterminio los pueblos originarios y ordenó el destierro, la esclavitud y la muerte de miles de aquellos que se negaron a someterse al modelo civilizatorio colonial, patriarcal y extractivista.


Entonces vale la pena preguntarse, qué conmemoramos? En primera medida, conmemoramos las incontables insurrecciones indígenas y negras por todo el continente, que hoy siguen tronando en las montañas y en los mares para exigir respeto, pan y paz. conmemoramos el empoderamiento de las mujeres que con los feminismos del abya Yala han recuperado su lugar histórico en las luchas contra el poder patriarcal, capitalista y colonial; conmemoramos las trasgresiones del arte popular, de las voces juveniles cansadas de seguir el libreto vetusto de la dominación colonial sobre sus cuerpos y esperanzas. conmemoramos la vida de un continente que se ha tejido a pulso con el dolor y la sangre de miles de hilos cortados en la urdimbre de nuestra historia. conmemoramos la creatividad que no se agota, la agroecología que busca salvar el planeta, la imaginación indígena y la potencia negra. conmemoramos la vida que nos queda en medio de los vientos de guerra y muerte.

Pero, así como nuestros pueblos no olvidan sus triunfos, el invasor tampoco olvida su derrota, y han decidido, no por coincidencia, que este 2019, en pleno bicentenario, se hará trizas lo que queda de la memoria colectiva de nuestras luchas por la libertad. El invasor sabe que no es suficiente con usurpar el poder y producir muertos, sino que tiene claro que debe destruir los símbolos y los valores de las sociedades que ha puesto bajo su dominio. No es gratuita la época en que con fiereza el invasor nos condena a la guerra. Es parte de la destrucción icónica de nuestras identidades nacionales y territoriales; el bicentenario de esas primeras independencias incómodas, resulta una buena época para volver a demostrarnos que tienen la fuerza para plagar de miseria un continente entero.

Este 2019, arranca con una profunda amenaza de recolonización capitalista trasnacional. Las empresas poderosas de la guerra, el petróleo y el oro, han puesto sus ojos en las enormes riquezas venezolanas, y usando todos los libretos de intervención, apoyados por su absoluto control sobre los medios de comunicación y sobre los gobiernos proclives a su agenda, amenazan con una casi inminente toma militar del Estado venezolano. Los gobiernos del continente se han dividido en pros y contras, y los pueblos están fraccionados entre los que se guían por el odio del fascismo mediatizado y los que aún se manifiestan en rechazo a la nueva guerra imperialista. Con un continente dividido, entregado en gran parte al fascismo trasnacional y condenado a sus deudas de corrupción, cumplimos este bicentenario.


La década entera ha estado harta de los intentos belicistas sobre el continente; Honduras, Brasil y Ecuador pueden hablar con precisión de los efectos dominadores del fascismo impulsado por las trasnacionales del capitalismo global. Colombia, que no ha conocido aún una experiencia de aquellas que denominados progresistas sobre la primera década de este envejecido siglo –no tanto por sus años como por sus odios- sigue al servicio ciego de los intereses trasnacionales, siempre violentos, siempre corruptos, siempre insultantes. Gozamos con el despreciable título del hermano lacayo que es capaz de agredir a su propio hermano para gozar con las migajas de la mesa del vecino. La pobreza patriótica de nuestros gobiernos nos ha puesto ante la vergüenza continental como un país sin dignidad ni escrúpulos. Los gobiernos de estas épocas insultan el derecho de los pueblos y prestan sus bases militares para asesinar hermanos; vergüenza producimos en el continente y de vergüenza está plagada la cúpula corrupta que ostenta el poder, para quienes la guerra, contra el que sea, es la cortina perfecta para ocultar sus fechorías. A doscientos años de las primeras independencias, el gobierno de turno, sigue mostrando que no hay límites para el odio y la corrupción y que no están dispuestos ni siquiera a respetar los principios básicos de la democracia republicana que dicen representar. ¿Qué conmemoramos? conmemoramos el proyecto frustrado de la unidad republicana de Bolívar y de Martí, de Leona Vicario y de Juana Azurduy; conmemoramos la cita incumplida de Angostura, y conmemoramos la fragmentación potenciada por la banca trasnacional que hoy sigue haciendo de las suyas en nuestro continente. No los conmemoramos, porque compartamos ese camino de la derrota de la América nuestra; lo conmemoramos porque esos sueños y esos proyectos siguen vigentes en el corolario de las luchas por la tierra y el agua de los pueblos nuestroamericanos que no se rinden ante el poder injurioso del imperio.

Como hace 200 años, los pueblos marginados y mancillados por las familias poderosas que suplantaron el poder español y estadounidense para seguir al servicio de sus instituciones, nunca abandonaron la lucha ni han abandonado la esperanza de un continente nuevo. Desde la gran lección de la independencia Haitiana, la primera de todo el continente, hasta las banderas emancipatorias del zapatismo, de las cholas aymaras, de los combatientes mapuches de Chile y las sonrisas maravillosas del pacífico afrodescendiente, las banderas de la libertad, la dignidad y la paz, siguen ondeando en sus territorios y trincheras.

Hoy Venezuela está amenazada por las bombas que destrozaron a oriente medio con toda y su milenaria historia cultural y política; hoy Venezuela y todo el continente siente la bota militar de nuevo entrando a sus calles y casas asesinando gente para cumplir las metas del imperio, como en Panamá, como en Nicaragua, como en la Chile, como en Guatemala. Hoy, a doscientos años de las independencias, es hora de batir el clamor contra la guerra, es hora de enarbolar la dignidad como bandera y es hora de recordar  lo que José Martí, ese hermano gigante de Nuestra América, nos dijo hace casi 150 años: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca“.

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