domingo, 10 de marzo de 2019

La chica de la tela




La chica de la tela

Almaro





Ya hace varios días que no viene; he estado esperando inútilmente sobre las 9 o cerca de las 4, que eran las horas en que acostumbraba a verla desde la ventana que deja luz al pequeño escritorio donde trabajo en esta agencia de viajes. Ella venía, silenciosa, sola, con su maletita de estudiante, dejaba en el suelo sus pertenencias, sacaba una enorme tela negra, y empezaba, sin decir una sola palabra, a improvisar una serie de movimientos que con el tiempo se iban volviendo más fuertes, más intensos, más conmovedores; después de algunos minutos, iniciaba un monólogo extraño, entre sonidos estridentes y textos de alguna obra teatral, una poesía o alguna canción de tierras lejanas; cantaba, gritaba, gemía, hablaba en susurros, con su voz tenue, melancólica, fuerte, aguda y grave. La primera vez que se instaló frente a mi ventana, pensé que se trataba de alguna chica buscando algún aliento económico con su presentación unipersonal, sin ayuda, sin compañía, solo algunos transeúntes que se dejaban salir de su camino para introducirse en la rutina de esta chica; muchas personas la miraban extrañados al pasar a su lado, e incluso, algunas veces los agentes del orden intentaron detener su ejercicio infructuosamente, porque mientras ajustaban esos movimientos extraños a un delito perseguible, el ejercicio se daba por finalizado; otras veces vi rostros absortos convertidos en sonrisas y en otras ocasiones, vi gente dejar pasar minutos de sus vidas para convertirse en su público gratuito.


Muchas veces la vi repetir su extraña presentación, nunca pidió monedas ni esperaba recibir aplausos, solo ella y su enorme tela negra llegaban y se iban en el mismo silencio absorto. Con el tiempo comprendí que no era la necesidad de la limosna la causa de sus vueltas en el suelo; entonces pensé que se trataba de una actriz de alguna compañía teatral que había decidido abstraerse de su grupo para preparar su presentación; también llegué a pensar que se trataba de una estudiante que por alguna razón extraña, abandonaba la comodidad de los salones de clase y los portentos auditorios y por la dureza de los andenes y el cemento para desarrollar sus corporencias, (que es como le llaman las actrices a las conversaciones que se realizan con el cuerpo) sin más aspiraciones de público que los pocos transeúntes extrañados, los policías al servicio de la cuadra y yo, yo desde mi ventana y mi escritorio de venta de viajes.



Cuando ella convierte la calle en su escuela, su campo de combate, su teatro, o lo que sea, los transeúntes se detienen, miran un poco, pretenden haber comprendido alguna cosa, y luego se retiran; yo no, yo me quedo observando toda la secuencia, paro mis ocupaciones y me deleito con su voz y su danza, con su cuerpo y su cabello, casi tan largo como la tela negra en que se envuelve sobre el suelo frío; Cuando termina cada presentación, está extenuada, sudorosa, cansada; toma con el mismo silencio y la misma calma su maletita de estudiante y se retira, sin aplausos, sin público, solo yo, que ya no puedo concentrarme en estas solicitudes de créditos de viaje. Pienso en qué querrá decir con sus discursos, por qué baila en su tela y se deja envolver sobre ese suelo duro; por qué la gente no se queda hasta el final, a ver qué pasa, cómo termina todo eso; pienso si por algún momento cambiará la escena, dirá otra cosa, saldrá de su sencilla presentación absorta y mirará de frente a mi ventana y sabrá que la observo, que disfruto mirar su cabello negro, su tela interminable y sus ojos intensos, oscuros, brillantes, su movimiento compulsivo y frecuente, su sonrisa y sus labios, su sudor y su maletita de estudiante.


Ahora mismo no puedo concentrarme en estos papeles, solo quiero saber en qué lugar de la ciudad su tela estará envolviendo su cuerpo, y cuanta gente pasará sin mirarla mientras yo deseo que venga de nuevo, para salir de esta oficina lúgubre, a romper definitivamente mi silencio, y hasta quizás acepte algún refresco, o un café; decirle que la observo con la pasión del teatro o de la pantalla del cine; que quiero saber por qué lo hace, qué nos quiere decir, de quién son esos textos, por qué escogió precisamente instalarse frente a mi ventana. Ella no viene y no puedo pensar en otra cosa, mientras se acumulan estas solicitudes de crédito de viaje, de gente que quiere salir de esta ciudad bajo cualquier pretexto; yo en cambio, quiero salir de mi oficina, quedarme en la ciudad y buscarla, porque en algún lugar, estará silenciosa y bella, envuelta entre su tela y su cabello, hablándole a los nadies, conquistando otros ojos, mientras los míos solo quieren mirarla una vez más para poder volar con ella sobre su enorme tela negra, en la que debe viajar todos los días desde su mundo mágico hasta mi ventana.



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La rebelión de Juana y el Feminismo Comunitario


La rebelión de Juana y el Feminismo Comunitario


Mauricio Rodríguez Amaya


"hoy, como hace 200 años, las mujeres de Abya Yala emprenden la lucha por la liberación ante las nuevas cadenas de la explotación y las opresiones; hoy como hace 200 años, miles de juanas están abriendo el camino de la igualdad y el reconocimiento para recuperar la esperanza y la utopía".
Fuente:https://www.google.com


Son días de conmemoración de las luchas infinitas de las mujeres; recordamos el sacrificio de 129 obreras que murieron calcinadas mientras pedían salario, descanso y dignidad; se recuerdan las luchas de miles de mujeres que por el mundo han elevado las banderas de la igualdad y la diferencia; y por supuesto, conmemoramos las jornadas maravillosas cuando Juana Azurduy, al frente de un ejército de indígenas, liberó a Bolivia y de paso a su marido.

 
Un 3 de marzo, de 1816, cuando era prohibido que las mujeres hicieran parte de los ejércitos independentistas, Juana encabezó una rebelión que puso fin al sitio español sobre Bolivia y libertó a don Manuel Asensio Padilla, figura reconocida de las luchas libertarias entre el Chaco y Perú. Juana era de origen mestizo, guerrera desde niña, heredera de la memoria colectiva de las causas gloriosas de Tupac Amaru II y Micaela Bastidas, cuya sangre inundó toda la tierra Inca y Aymara. Juana creó el ejército de las Amazonas, con cientos de hermanas guerreras y madres, cuyas hazañas lograron sobrevivir al olvido patriarcal institucionalizado.
 
Fuente:https://www.google.com

Juana también fue madre y tuvo que ver morir a sus cuatro hijos mayores en medio de la hambruna y la impotencia. No cedió nunca a la presión del dolor y jamás dejó de pelearse un puesto en los ejércitos libertadores. Juana no solo comandó la liberación de Bolivia, sino que contribuyó a las independencias del Perú y la Argentina, al frente de su ejercito de mujeres denominado “Las Leales”; pero el patriarcado criollo, no podía aceptar que una mujer, mestiza y humilde fuera generala de la tropa. Solo hasta 1824, Bolívar le concedió el Rango de Coronela y le ofreció una pensión que luego fue incumplida en 1830 por los gobernantes bolivianos que terminaron echando al piso las causas libertarias de los ejércitos comandados por Azurduy.

Juana es un ícono de la lucha de la independencia, y sobre todo, hace parte del acervo inspirador de las mujeres de Nuestra América que han logrado conquistar espacios reservados por el machismo a los hombres, no sin tener que confrontar cientos de exclusiones y estigmatizaciones. En las tierras de Juana, ahora anda caminando el feminismo comunitario; el feminismo de las hermanas Aymaras, obreras y madres, artistas y rebeldes, de las mujeres de la tierra, bronceadas al sol del desierto y moldeadas con las aguas del Titicaca.

Fuente:https://www.google.com

El feminismo comunitario, aprende desde las memorias colectivas, que son, como lo dice Adriana Guzmán, los ojos que nos sirven para caminar. El feminismo comunitario quiere romper con los ejercicios de poder impuestos por el patriarcado y la colonización, lucha por la tierra contra el control del capitalismo global, promueve una nueva conciencia colectiva en la que la vida articula toda la acción humana y de la naturaleza. El feminismo comunitario, es una forma integral de poder constituyente, una herramienta que enfrenta todas las formas de opresión patriarcal, machista, colonialista y capitalista. El feminismo comunitario no aspira a una revolución futura, porque es en sí mismo una revolución presente, actual, vigente y poderosa. El feminismo comunitario, es al mismo tiempo una teoría social emancipatoria, que nace en el origen de los pueblos y se alimenta de las luchas y las transformaciones contemporáneas. Es un feminismo proletario, porque comprende que el poder de clases es una forma de opresión que se alimenta y radicaliza con el patriarcado y el machismo. El feminismo comunitario confronta al cristianismo y su perspectiva patriarcal, que condena a las mujeres como causantes del pecado. El feminismo comunitario es una apuesta pedagógica descolonizadora, que pretende superar todas las prácticas educacionales en donde no se reconocen las diferencias ni las igualdades entre todos los seres de la naturaleza.
 

Hoy miles de mujeres luchan desde sus comunidades por implementar una nueva sociedad, antipatriarcal, anticolonial, anticapitalista, a partir de los principios y las prácticas del feminismo comunitario; hoy, como hace 200 años, las mujeres de Abya Yala emprenden la lucha por la liberación ante las nuevas cadenas de la explotación y las opresiones; hoy como hace 200 años, miles de juanas están abriendo el camino de la igualdad y el reconocimiento para recuperar la esperanza y la utopía. “Son días, para volver a creer, para volver a soñar”, nos lo dice Adriana Guzmán, precisamente en estos días en que recordamos a Juana Azurduy, a quien los honores le llegaron tarde, a pesar de haber liberado, con un ejército de mujeres, una porción gigante de este continente.
 

Pocos recuerdan a Juana Azurduy, y mucho hicieron por ocultar su legado; le prometieron una pensión vitalicia que solo le llegó por 6 años; nunca reconocieron su rango genuino en la tropa libertadora, sino hasta 2009, cuando fue nombrada Mariscal de Bolivia y en 2015, cuando se le nombro Generala del Ejército Argentino.  Pero a pesar de los olvidos voluntarios y las marginaciones institucionalizadas, Juana Azurduy encabeza un nuevo ejército libertador, el ejército del feminismo comunitario, que promete parir desde la América Nuestra las claves para una nueva humanidad rebelde y liberadora.

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lunes, 25 de febrero de 2019

Gasolina, veneno y espacio público


Gasolina, veneno y espacio público

Mauricio Rodríguez Amaya




“La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes”

  


La radicalización del autoritarismo está cobrando una nueva batalla por el control absoluto del espacio público; mientras, por un lado, los regímenes autoritarios golpean con sevicia a quienes salen a las marchas por sus derechos, como en Barcelona, Colombia o París; por otro lado, se promueven manifestaciones públicas con gran cobertura mediática contra gobiernos que claramente no siguen las directrices del pentágono. Mientras se estimulan conciertos masivos con transmisión directa por más de 6 horas, como en Cúcuta, al mismo tiempo, se reprimen los manifestantes en Ituango o el Cauca; son expresiones diferentes con el mismo objetivo, consistente en controlar el espacio público, en uniformar los discursos e incentivar el odio y el fascismo social.




En Colombia, por ejemplo, mientras las manifestaciones estudiantiles por el derecho a la educación fueron brutalmente reprimidas entre octubre y diciembre de 2018, el mismo régimen garantizó todas las condiciones para que el fascismo se movilizara a favor de la guerra y se exacerbara el odio en una jornada a la que asistió el mismo Presidente de la República, en enero de 2019. Igual sucede en la frontera, igual sucede en Europa, en Estados Unidos y en Haití. La disputa por el espacio público cobra vidas cuando se trata de las movilizaciones callejeras contra regímenes corruptos, pero incentiva la toma de las calles, la quema con gasolina de alimentos o las balas perdidas, cuando se trata de legitimar el odio y la guerra. El fascismo envenena empanadas de las ventas ambulantes en Bogotá, mientras ve morir de hambre a los niños de la Guajira o Haití; Celebra conciertos con artistas de Bolsillo en Cúcuta, pero reprime brutalmente el arte callejero y las mingas indígenas en el Cauca o en la Guajira. El fascismo estimula movilizaciones masivas a favor de la guerra, pero prohíbe las marchas de los campesinos que luchan por la vida en Antioquia.
La doble cara del control del espacio público es evidente; se reprimen las movilizaciones indígenas y negras, feministas y proletarias, ambientalistas y del arte popular; en la otra cara de la misma moneda, el fascismo estimula las manifestaciones artísticas de la élite, celebra la guerra al tiempo que garantiza las movilizaciones de las clases dominantes; como en Bogotá, por ejemplo donde se reprime a quienes protestan contra las ceremonias elitistas de sacrificio animal en la Plaza de “Todos”  La Santa María, mientras la Policía crea corredores exclusivos para que esa misma élite pueda ingresar al disfrute de la sevicia de la sangre en el ruedo.


Lo que está en juego, no es poco; es nada más y nada menos que el control fascista de las calles, de los teatros, de los centros comerciales, incluso de los parques donde aún es mal visto a mujeres que amamantan a sus hijos menores. La icónica fascista del dolor y el control se expresan como omnipotentes, en decisiones policivas y en directrices desde las tarimas; la icónica del odio cobra terreno y las estéticas de la élite se basan el uso machista y patriarcal de los cuerpos de mujeres y hombres. El control fascista del espacio público impone un patrón democratizado, amplificado por la moda y controlado por losa medios de comunicación. El espacio público televisado es la imposición aparentemente diversa del control fascista sobre los cuerpos, las estéticas y el poder político.


Como lo plantearía Boaventura de Sousa Santos, no se trata solo del fascismo político del Siglo XX; hoy enfrentamos también un fascismo social, que desde cierto pluralismo desprecia lo diferente, lo racializado, lo pobre y lo extraño. La sociedad ha sido uniformada por la moda y todo aquello que la controvierte es susceptible de ser cuestionado o agredido. Los casos se multiplican por miles; y esta faceta de la nueva fase del capitalismo global, impone la métrica uniformemente diversa de las prácticas secularizadas del odio, la discriminación y el miedo.


No es un buen momento para quienes han luchado por el acceso democrático al espacio público, es un momento de revés donde el fascismo político y social imponen sus prácticas de adoctrinamiento corporal, y mental. Ni los arboles de los parques se salvan de esta arremetida en ciudades como Bogotá, donde el Alcalde ha decidido incrementar la tala, en una ciudad que se calienta diariamente por el efecto invernadero. No son buenas noticias, ni son buenos momentos. Quizás es necesario observar con detalle este fenómeno controlador del espacio público para que reorientemos los esfuerzos por la reconquista democrática y cosmopoliticista de las calles y los parques, las escuelas y los centros culturales. Es hora de detenerse un poco, tomar distancia y alcanzar a percibir las grietas desde las cuales es posible aun insistir en la brega diaria por el derecho democrático del espacio público.



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jueves, 14 de febrero de 2019

Haití, Venezuela y el uso fascista del humanitarismo


Haití, Venezuela y el uso fascista del humanitarismo

Los imperios hinchan sus pulmones con causas humanitarias cuando de sus aventuras logran las ganancias de la apropiación y el despojo; cuando gracias a las consignas de la libertad o la civilización alcanzan el control de los recursos que hacen “mover sus automóviles”

Mauricio Rodríguez Amaya
www.mauriciorodriguezamaya.blogspot.com

Fuente: El Espectador/AFP

Haití se desangra. Varios días llevan las revueltas populares que han decretado a febrero como el punto definitivo para derrocar al gobierno corrupto de Juvenel Moise, a quien se le acusa de quedarse con más de 3.8 mil millones de dólares que Petrocaribe entregó a su gobierno con destinación a obras de infraestructura y servicios. Los manifestantes mueren a diario. Unos, por las balas asesinas del régimen protegido por El Pentágono, y otros, por el hambre y falta de atención médica. Nada se dice de ayuda humanitaria, nadie levanta la voz de indignación por esta nueva tragedia contra una isla que le enseñó a un continente entero la justa causa de la libertad.

Los ojos de la gran prensa solo miran hacia Venezuela, hablan de ayuda humanitaria a un país cuya economía está bloqueada y saboteada por los mismos que proclaman el humanitarismo. Hablan de enviar aviones repletos de humanidad, hablan de quitar del gobierno al tipo que no se arrodilla, pero callan impunemente frente a los muertos de régimen de Moise, en Haití, donde el Ejército dispara contra sus hermanos a diestra y siniestra, bajo el silencio cómplice de la misma gran prensa que se rasga las vestiduras frente a Venezuela.  Pero ya sabemos que la gran prensa defiende los intereses de las trasnacionales que la patrocina, y por eso, detrás de cada segundo de información sobre Venezuela, están millones de dólares para promover una invasión militar que le entregue a esas empresas el petróleo que nunca debió dejar de estar bajo su poder. Ya sabemos también que la democracia es selectiva y que las causas democráticas sirven para resolver problemas internos de la muy desprestigiada democracia estadounidense.

No solo se trata de la selectividad de los escándalos y las noticias, sino del uso instrumental y selectivo del humanitarismo. Haití, sigue siendo de lejos el país más pobre del Continente; la reconstrucción después del terremoto sigue siendo lenta, los servicios públicos son casi inexistentes y el hambre pulula. No hay campañas internacionales para llevar comida o abrigo a los haitianos, no hay prensa ni gobiernos del norte prometiendo lanzar comida desde aviones o helicópteros, no hay campañas internacionales para devolverle el pan a los niños y a las niñas de la isla; no hay humanitarismo internacional frente a una tragedia humana que envuelve a este país ante el silencio del mundo. Haití sigue abandonada a su suerte, en manos de un gobierno corrupto al servicio de Washington, mientras desde Washington se prometen más de 150 mil millones de dólares para invadir a Venezuela.

Fuente: El Popular.com.ar

Desde tiempos remotos, el humanitarismo ha sido utilizado como pretexto de los invasores, ha servido de bandera legitimadora de la colonización; ya lo decía el célebre humanista francés Ernest Renan, en algunos de sus trabajos repletos de humanitarismo colonial: “La regeneración de las razas inferiores o bastardas por las razas superiores está en el orden providencial de la humanidad… Gobiérnesela con justicia, extrayendo de ella, por el beneficio de un gobierno así,  abundantes bienes, y ella estará satisfecha;  una raza de trabajadores de la tierra es el negro[…]; una raza de amos y de soldados es la raza europea […]. Que cada uno haga aquello para lo que está preparado, y todo irá bien”[1].

En el mismo sentido, se pronunciaba el argentino Domingo Faustino Sarmiento, al servicio de la causa humanista de la gran potencia del norte: “Puede ser muy injusto exterminar salvajes, sofocar civilizaciones nacientes, conquistar pueblos que están en posesión de un terreno privilegiado; pero gracias a esta injusticia, la América en lugar de permanecer abandonada a los salvajes, incapaces de progreso, está ocupada hoy por la raza caucásica, la más perfecta, la más inteligente, la más bella, y la más progresiva de las que pueblan la tierra”[2]. Sin mencionar la reconocida consigna de Monroe, de que la América está destinada a los “americanos”, en sus cartas con el presidente Jefferson quien comentaba sin vacilaciones: “Los ciudadanos de Estados Unidos abrigan los sentimientos más amistosos en favor de la libertad y de la dicha de sus semejantes del otro lado del Atlántico. En guerras de los poderes europeos sobre asuntos que se relacionan con ellos mismos, jamás hemos tomado parte, ni es conforme con nuestra política obrar de otra manera”[3].

Fente: https://www.telesurtv.net/news/Memorias-del-holocausto-indigena-en-America-Latina-20160122-0074.html

Los imperios hinchan sus pulmones con causas humanitarias cuando de sus aventuras logran las ganancias de la apropiación y el despojo; cuando gracias a las consignas de la libertad o la civilización alcanzan el control de los recursos que hacen “mover sus automóviles”, como lo diría el mismo expresidente Obama en su discurso de posesión de su primer gobierno, o como lo ratificaría Donald Trump al momento de hacerse Presidente: “Nosotros, los ciudadanos de Estados Unidos, nos unimos ahora en un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo nuestro pueblo. Juntos podremos determinar el curso de Estados Unidos y del mundo en los años venideros”. 
No puede el humanitarismo seguir siendo utilizado como pretexto al servicio de los intereses internacionales del fascismo; no puede el humanitarismo seguir encubriendo invasiones y genocidios; no puede el mundo seguir viendo cómo la humanidad ve morir los niños haitianos mientras pide asesinar niños venezolanos con las bombas de un nuevo humanitarismo colonial y fascista orientado desde los escritorios que sirvieron de plataforma para auspiciar las intervenciones militares sobre Texas, Nuevo México, Granada, Cuba, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Nicaragua, Chile y Ahora Venezuela. No olvidamos que, a nombre de un humanitarismo selectivo y fascista, Estados Unidos sigue destinado a plagar de miseria el continente entero, como lo diagnosticó Bolívar hace un poco menos de 200 años.
Hay otro humanismo, el de la América Nuestra, el de los rostros cobrizos y amarillos, mulatos y mestizos de los pueblos que siguen luchando por su libertad, por la dignidad del trabajo y la dignificación de la vida. El humanismo de los pueblos de la América que rechazan con vehemencia seguir siendo objeto de las aventuras militaristas de Estados Unidos, de Europa, o de cualquier otra potencia que desde el norte quiere jugar a la guerra en las tierras de nuestro sur global. Cualquiera que sea el promotor de la guerra, no pondrá los muertos; los muertos serán los hijos y las hijas de este sur, que sueña, como diría Martí, con que algún día logremos la segunda y definitiva independencia. Nuestro humanismo es la paz, la autodeterminación de los pueblos y la justicia social; nuestro humanismo, es llevar en el corazón y en la mente, la solidaridad a los hombres y mujeres que en Haití siguen luchando por pan y democracia ante el silencio sórdido del mundo; nuestro humanismo consiste en rechazar el genocidio contra el pueblo de Venezuela, y de paso contra las aventuras del fascismo que quiere renacer en varios rincones de esta tierra herida y renacida mil veces, desde que los “humanistas” europeos vieron con buenos ojos venir a asesinar “salvajes”.

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[1] Citado por Aimé Cesaire en Discours sur le colonialisme (1950). En Retamar (2005).
[2] Retamar (2005), citando a Domingo Faustino Sarmiento.
[3] López-Portillo y Rojas, José (1912). la Doctrina Monroe. Versión PDF.

miércoles, 6 de febrero de 2019

Gracias, Camarada Alvaro


Gracias, Camarada Alvaro

“El hombre es sobre todo espíritu, o sea, creación histórica, y no naturaleza”.
Antonio Gramsci, 1916.

Mauricio Rodríguez Amaya
  
Fuente: Semanario Voz



Todavía recuerdo la mañana en que Alvaro Vásquez Del Real me obsequió esa antología de Antonio Gramsci, editada a principios de los años 70 por Manuel Sacristán para Siglo XXI; el libro traía más de la mitad de las hojas sueltas, pero yo me di a la tarea de mantenerlas juntas hasta donde fue posible contener la libertad de los facsímiles (muy paradójico para una obra que se escribió en gran parte en la cárcel). Fue en la sede de la 32 –cuya nomenclatura ya cambió, porque nuestro norte queda más al sur- cuando fui dirigente de la Juventud Comunista y Alvaro era ese hombre mamagallista y sarcástico que hablaba poco, pero cuya contundencia era sencillamente incomparable. Fue por esos días de las escuelas de secundaria en donde nos dimos a la tarea de llevar a las nuevas generaciones las voces célebres y necesarias de Nicolás Buenaventura, Medófilo Medina,  y Arturo Alape, entre otros intelectuales que bien podrían contarse en la lista prolija de los imprescindibles.  Dar tribuna a las voces de algunos que se fueron del Partido con la tregua del 91 era un acto más o menos temerario; pero Alvaro nunca me recriminó ese hecho, sino que, por el contrario, me buscó en la oficinita que teníamos al fondo de la casa antigua de la 32 para regalarme ese libro descocido y otros varios que recuerdo con menos precisión. “Tome para que vea qué le sirve de eso”, fueron casi las palabras exactas con que Alvaro puso sobre la mesa varios ejemplares de la Editorial progreso y de otras menos conocidas, algunos trabajos propios del CEIS, muy muy antiguos, cuando publicaba textos de pedagogía y educación popular, y la inolvidable antología de Antonio Gramsci.

Toda la vida agradeceré a Alvaro Vásquez por esa concesión reveladora; pero también le agradeceré las palabras que casi a diario nos cruzábamos en la sede, o caminando hacia el sindicato de los petroleros, o en las Escuelas revolucionarias de la JUCO. Nunca olvidaré las intervenciones de Alvaro en la célula petrolera que más bien terminaban convertidas en conferencias magistrales de un marxista impecable, de un mamagallista nato y de un comunista sin adenda alguna.
 
Fuente: google.com


Alvaro hablaba poco de su vida, así que cuando le propuse entrevistarlo para el homenaje que organizamos a Jesús Villegas, quien había muerto poco tiempo antes del acto inaugural del X Congreso de la JUCO, me dijo casi sin pensarlo, “entreviste a Gilberto que él sí sirve para eso”. Y así lo hice; Gilberto Vieira había caminado toda la historia del Partido, muchos de esos pasos al lado de Jesús Villegas y de Alvaro Vásquez y de otros muchos y otras muchas que no conocí y que aún no han sido redescubiertos para las próximas generaciones. Pero Alvaro se negó a conversar conmigo sobre su historia para que fuera incluida en ese material del Power Point del que no logré conservar copia alguna. Sin embargo, en otras ocasiones conversamos sobre la cárcel, sobre el partido clandestino, sobre las masacres en tiempos de la UNO, sobre la violencia incontenible contra la UP, sobre lo estratégico que resultaba aprender y contribuir en la causa de los petroleros y sobre su gusto casi pastoral por inducirme a abandonar el sectarismo que envejece cualquier doctrina revolucionaria.

 
Fuente: Semanario Voz

En efecto, Alvaro había recuperado el espíritu Comunero desde el Tolima al servicio de la clase obrera, había sufrido la cárcel en la época en que el Partido Comunista fue declarado ilegal y la clandestinizacion era la opción de aquellos comunistas para preservar su lucha. Había aprendido sus propias lecciones en la acción parlamentaria, en lo que llamó la democracia marginal; había desatado su pluma desde joven y se había convertido en educador del Partido; caminó la reconstrucción del movimiento obrero y formó una generación de dirigentes sindicales que se dieron a la tarea de construir la CUT; Alvaro fue Secretario General del Partido, y desde esa difícil posición a la que supo renunciar a tiempo, impulsó a manos llenas las tareas de la paz, la lucha contra la violencia sociopolítica institucionalizada y la necesidad de ampliar la lucha de masas en todos los niveles de la sociedad. Álvaro fue siempre un educador, un organizador obrero, un intelectual orgánico, y sigue siendo un político brillante y un mamagallista nato.

Alvaro lo repetía en cada charla, en cada conferencia, en cada conversación coloquial acompañados de Julito, su compañero eterno, camino a la USO: “la respuesta  a la dictadura, son las masas, el partido clandestino tiene la tarea de luchar por su legalidad, y su legalidad es poder estar al seno de las masas; en las épocas de alta violencia sociopolítica, el mejor protector del partido revolucionario son las masas, estar no solo en medio, sino en el corazón de las masas, y cuando el partido se aburguesa o se burocratiza, el mejor catalizador de sus errores son las masas; “sin masas no hay partido, el partido no nació para la clandestinidad ni la burocracia, sino para disputarle abiertamente el espacio político a la burguesía en el corazón de la lucha de masas”, esta no es simplemente una tarea, es el deber ser de cualquier revolucionario comunista.

 
Fuente: Google.com

Hoy quiero recordar las impresionantes lecciones de política que recibí casi a diario de Alvaro Vásquez del Real en ese hermoso periodo de mi vida militante; recordar sobre todo lo vigente y vigoroso que resulta su pensamiento, su mirada precisa sobre la táctica y su capacidad de pensar estratégicamente nuestros proyectos emancipatorios. Y sobre todo, nunca le agradecí como hoy ese gesto simple y afectuoso de regalarme ese libro revelador de Antonio Gramsci. Hace rato no converso con el viejo, y eso, en sus términos, cabalmente puede expresarse así:  “qué calamidad ala”.


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jueves, 31 de enero de 2019

Bicentenario, de qué?


Bicentenario, de qué?

“Pero, así como nuestros pueblos no olvidan sus triunfos, el invasor tampoco olvida su derrota, y han decidido, no por coincidencia, que este 2019, en pleno bicentenario, se hará trizas lo que queda de la memoria colectiva de nuestras luchas por la libertad”.

Mauricio Rodríguez Amaya


fuente:https://www.google.com

No es coincidencia, que precisamente por estos años, las armas de Estados Unidos sueñen con establecerse en nuestros territorios; no es coincidencia, que una guerra fratricida contra los hermanos y hermanas de la América Nuestra aparezca como inevitable. Hace más de doscientos años, una generación de hombres y mujeres soñaron y trabajaron por el propósito de la libertad, recogiendo las banderas de las incontables luchas indígenas y negras por la independencia; hace doscientos años no solo fueron derrotados los europeos que plagaron de miseria y muerte el continente entero, sino también los espíritus invasores que desde Estados Unidos veían en estas tierras la prolongación de su imperio. Hace doscientos años, fueron derrotados Europa y Estados Unidos en las tierras y en los mares de la América Nuestra; pero si nosotros recordamos esa victoria de hace doscientos años, debemos tener seguro que el gringo tampoco olvida su derrota.

Desde las resistencias indígenas, pasando por las incontables independencias negras del cimarronaje africano que vistió de colores y tambores toda nuestra América, hasta las independencias impulsadas por las nuevas generaciones de criollos ricos, el siglo XIX le dio a Nuestra América un aire de libertad que supo saborear con agrado, aunque no por mucho tiempo. Las pugnas internas rompieron nuestra gran nación latinoamericana en pequeñas republiquitas manipuladas por empréstito gringo y británico, condenadas a servir fielmente los intereses de los imperios y a pagar el favor con las enormes riquezas de la tierra y el mar. Pronto los gobiernos de criollos ricos, fieles a los ideales de Europa y Estados Unidos, hijos legítimos del colonialismo y el patriarcado, tomaron el rumbo de las nuevas instituciones, para hacer lo mismo que el poder extranjero, pero ahora a favor de las nuevas familias poderosas que se instalaron para controlar la tierra, la fuerza de trabajo negra e indígena, el desprecio por lo femenino, la exaltación del catolicismo y la copia burda de instituciones republicanas en tierras manejadas como feudos. En pocos años, la nueva estirpe dirigente nos condenó a guerras entre hermanos y hermanas, en el chaco y en el Caribe, en Centro América y en la Pampa; en los primeros años de independencia, se consolidaron los proyectos esclavistas y se declaró la guerra a los pueblos indígenas y negros, tanto en México como en Colombia, en la Pampa Argentina y en bella Venezuela; la guerra fratricida de Rosas y de Mosquera, promovió el exterminio los pueblos originarios y ordenó el destierro, la esclavitud y la muerte de miles de aquellos que se negaron a someterse al modelo civilizatorio colonial, patriarcal y extractivista.


Entonces vale la pena preguntarse, qué conmemoramos? En primera medida, conmemoramos las incontables insurrecciones indígenas y negras por todo el continente, que hoy siguen tronando en las montañas y en los mares para exigir respeto, pan y paz. conmemoramos el empoderamiento de las mujeres que con los feminismos del abya Yala han recuperado su lugar histórico en las luchas contra el poder patriarcal, capitalista y colonial; conmemoramos las trasgresiones del arte popular, de las voces juveniles cansadas de seguir el libreto vetusto de la dominación colonial sobre sus cuerpos y esperanzas. conmemoramos la vida de un continente que se ha tejido a pulso con el dolor y la sangre de miles de hilos cortados en la urdimbre de nuestra historia. conmemoramos la creatividad que no se agota, la agroecología que busca salvar el planeta, la imaginación indígena y la potencia negra. conmemoramos la vida que nos queda en medio de los vientos de guerra y muerte.

Pero, así como nuestros pueblos no olvidan sus triunfos, el invasor tampoco olvida su derrota, y han decidido, no por coincidencia, que este 2019, en pleno bicentenario, se hará trizas lo que queda de la memoria colectiva de nuestras luchas por la libertad. El invasor sabe que no es suficiente con usurpar el poder y producir muertos, sino que tiene claro que debe destruir los símbolos y los valores de las sociedades que ha puesto bajo su dominio. No es gratuita la época en que con fiereza el invasor nos condena a la guerra. Es parte de la destrucción icónica de nuestras identidades nacionales y territoriales; el bicentenario de esas primeras independencias incómodas, resulta una buena época para volver a demostrarnos que tienen la fuerza para plagar de miseria un continente entero.

Este 2019, arranca con una profunda amenaza de recolonización capitalista trasnacional. Las empresas poderosas de la guerra, el petróleo y el oro, han puesto sus ojos en las enormes riquezas venezolanas, y usando todos los libretos de intervención, apoyados por su absoluto control sobre los medios de comunicación y sobre los gobiernos proclives a su agenda, amenazan con una casi inminente toma militar del Estado venezolano. Los gobiernos del continente se han dividido en pros y contras, y los pueblos están fraccionados entre los que se guían por el odio del fascismo mediatizado y los que aún se manifiestan en rechazo a la nueva guerra imperialista. Con un continente dividido, entregado en gran parte al fascismo trasnacional y condenado a sus deudas de corrupción, cumplimos este bicentenario.


La década entera ha estado harta de los intentos belicistas sobre el continente; Honduras, Brasil y Ecuador pueden hablar con precisión de los efectos dominadores del fascismo impulsado por las trasnacionales del capitalismo global. Colombia, que no ha conocido aún una experiencia de aquellas que denominados progresistas sobre la primera década de este envejecido siglo –no tanto por sus años como por sus odios- sigue al servicio ciego de los intereses trasnacionales, siempre violentos, siempre corruptos, siempre insultantes. Gozamos con el despreciable título del hermano lacayo que es capaz de agredir a su propio hermano para gozar con las migajas de la mesa del vecino. La pobreza patriótica de nuestros gobiernos nos ha puesto ante la vergüenza continental como un país sin dignidad ni escrúpulos. Los gobiernos de estas épocas insultan el derecho de los pueblos y prestan sus bases militares para asesinar hermanos; vergüenza producimos en el continente y de vergüenza está plagada la cúpula corrupta que ostenta el poder, para quienes la guerra, contra el que sea, es la cortina perfecta para ocultar sus fechorías. A doscientos años de las primeras independencias, el gobierno de turno, sigue mostrando que no hay límites para el odio y la corrupción y que no están dispuestos ni siquiera a respetar los principios básicos de la democracia republicana que dicen representar. ¿Qué conmemoramos? conmemoramos el proyecto frustrado de la unidad republicana de Bolívar y de Martí, de Leona Vicario y de Juana Azurduy; conmemoramos la cita incumplida de Angostura, y conmemoramos la fragmentación potenciada por la banca trasnacional que hoy sigue haciendo de las suyas en nuestro continente. No los conmemoramos, porque compartamos ese camino de la derrota de la América nuestra; lo conmemoramos porque esos sueños y esos proyectos siguen vigentes en el corolario de las luchas por la tierra y el agua de los pueblos nuestroamericanos que no se rinden ante el poder injurioso del imperio.

Como hace 200 años, los pueblos marginados y mancillados por las familias poderosas que suplantaron el poder español y estadounidense para seguir al servicio de sus instituciones, nunca abandonaron la lucha ni han abandonado la esperanza de un continente nuevo. Desde la gran lección de la independencia Haitiana, la primera de todo el continente, hasta las banderas emancipatorias del zapatismo, de las cholas aymaras, de los combatientes mapuches de Chile y las sonrisas maravillosas del pacífico afrodescendiente, las banderas de la libertad, la dignidad y la paz, siguen ondeando en sus territorios y trincheras.

Hoy Venezuela está amenazada por las bombas que destrozaron a oriente medio con toda y su milenaria historia cultural y política; hoy Venezuela y todo el continente siente la bota militar de nuevo entrando a sus calles y casas asesinando gente para cumplir las metas del imperio, como en Panamá, como en Nicaragua, como en la Chile, como en Guatemala. Hoy, a doscientos años de las independencias, es hora de batir el clamor contra la guerra, es hora de enarbolar la dignidad como bandera y es hora de recordar  lo que José Martí, ese hermano gigante de Nuestra América, nos dijo hace casi 150 años: “El amor, madre, a la patria, no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca“.

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lunes, 21 de enero de 2019

El amor y la época


El amor y la época

Almaro




No son éstas las noches de dormir tranquilo, tú lo asaltas todo. El mundo se revuelca en su inmundicia de guerra incontrolable, y en mi calle no se escucha un suspiro, gente pusilánime que duerme mientras la tierra muere, y la noche sería perfecta para caer en las trampas del sopor, si no fuera por la imagen de tus besos, el aroma que llega de tu cuello o la mirada tierna y fija con la que sonreíste en ese momento frío del primer beso cálido. Tus ojos no dejan de mirarme y tus manos, de dedos largos y perfectos, no dejan de acariciar las manos mías, rústicas y torpes. Tu voz, siempre cálida, sigue hablándome de ti y de lo bonito que es ese mundo que respiras. La luna de esta noche me habla desde su menguante, yo creo escucharla cuando me comenta que me piensas; no es consolación saberlo porque en mi cabeza no caben más ideas que no vengan de tus párpados, de tus labios o de tus dientes mordiendo con amor los labios que deseo.

No son épocas fáciles y miles mueren; yo sueño con nacer contigo en otro mundo, donde valga la pena amar el aroma de la madrugada y el frío de la noche. Donde sea posible sembrar para vivir y morir para sembrar. Sueño ese mundo donde la vida vale la pena, porque la muerte no lo corrompe todo y sueño, que en medio de todo, la muerte cumpla su papel con paciencia y ternura. Sueño con tus ojos acompañándome mientras caminamos y hablamos de locuras, o de autores profanos; sueño con tus labios imaginando un beso y también recorriendo mi rostro hasta mi boca. Sueño con el día en que iremos a la marcha para pedir la paz, y luego haremos el amor como si fuera la última batalla. Sueño con la calma del amor que se merece la respiración de mis días, y el amor que merece pelear la guerra indescifrable de tus caricias. La vida es tan corta, tanto que las mariposas aletean intensamente para mover el mundo a pesar de lo efímera que resulta su existencia. No moriré antes de amarte, porque quizás en ese amor que sueño se esconde el aleteo de las mariposas y el morir paciente de las larvas. No son fáciles las épocas y miles mueren; yo sueño con vivir a tu lado mientras la bomba no toque el centro de la tierra.


lunes, 31 de diciembre de 2018

Arte y escuela en conflicto por la reconfiguración de sujetos y subjetividades


Arte y escuela en conflicto por la reconfiguración de sujetos y subjetividades

“No dejen compañeros de alistar
Un acto de teatro, una canción, una pintura,
Que digan que Colombia vive y sueña”.

Manuel Cepeda Vargas
La Flecha en el blanco


María Fernanda Sarmiento Bonilla[1]
Mauricio Rodríguez Amaya[2]



Presentación

E
l presente documento pretende abordar, de manera concisa, la experiencia de implementación de la Jornada Educativa 40x40 en el Colegio Camilo Torres, a partir de noviembre de 2012 hasta julio de 2013, con el fin de mostrar un cúmulo de aprendizajes colectivos logrados en el arranque de esta maravillosa experiencia.
El  piloto, se consolidó gracias a la intervención de un grupo de organizaciones y artistas, participantes del Nodo de Artistas por la Educación, bajo la coordinación de la Asociación Cultural ADRA. El Nodo jugó un papel decisivo en la materialización del reto de lograr que el arte vivo pudiera insertarse en la vida escolar de los colegios del distrito.
Durante el desarrollo de este pilotaje, participaron 400 estudiantes, más de 30 artistas de todas las disciplinas, 12 organizaciones de reconocida experiencia nacional e internacional y un equipo coordinador y pedagógico, todos y todas, dispuestos a aprender de este emocionante reto. También participaron de la experiencia, el cuerpo directivo del colegio Camilo Torres, toda su planta docente y más de 200 padres y madres de familia, quienes se vieron involucrados en  varias de las iniciativas pedagógicas y de circulación artísticas que se desarrollaron dentro del colegio.


¿Cómo contribuyó esta experiencia a la reconfiguración de sujetos y subjetividades en el Colegio Camilo Torres? ¿Cuáles fueron los principales aprendizajes logrados por todos los sujetos que se fueron involucrando durante el desarrollo de este pilotaje? ¿Puede efectivamente el arte transformar las subjetividades de la escuela, a través de su participación directa en la vida escolar? Estas serán las tres preguntas que intentaremos responder a lo largo del presente escrito, a partir de pequeñas narraciones que nos llevarán paso a paso por la vida misma del proyecto, por sus dificultades, los logros y los retos que nos ofreció el escenario.

1.      La irrupción en el plano escolar a partir del arte vivo
El gran reto planteado por artistas y sus organizaciones con respecto al proyecto de Jornada Extendida (hoy currículo 40X40) consistió en promover que el arte vivo pudiera introducirse en la cotidianidad escolar, a través de diversas estrategias pedagógicas y metodológicas propias de las artes mismas, en el sentido de formar en las artes a partir de las artes. El alcalde mayor comprendió la importancia y la complejidad de este reto, y promovió que el arte vivo ingresara a las escuelas, no solo para ofrecer presentaciones de productos artísticos sino para desarrollar de manera constante procesos de formación y creación de las artes con los niños y niñas de las instituciones educativas.

Pero a pesar de la decisión del gobierno y la materialización de la política en este sentido, no faltaron oponentes a dichas decisiones; por un lado el gremio sindical docente, ha mantenido desde el principio reparos con este criterio, aunque comparta la generalidad de la política del currículo 40x40 horas. También algunos directivos docentes, diversos sectores de la opinión pública y algunos intelectuales, también plantearon sus reparos a la incursión de clases de artes en la escuela desarrolladas por los y las artistas mismos. Pero sin duda, el principal rival encontrado fue la escuela misma, sus sistemas de normas, su amor por el silencio y el orden, su deseo de la tranquilidad inquebrantable, su apego a formas ya tradicionales del proceso de enseñanza aprendizaje. En el caso concreto de nuestra llegada al Camilo Torres, tanto los artistas como los niños y las niñas, sentimos de entrada esa profunda contradicción. Por un lado, algunos niños y  niñas, vieron en el grupo de artistas, aliados potenciales en su irrenunciable lucha por trasgredir las rutinarias reglas del orden y el silencio perpetuos; otros, no prestaron mayor importancia al cambio y un significativo número se negó a participar activamente en las propuestas del arte, porque eran contenidos que no contaban con calificación, y por tanto, no eran importantes; por su parte, los y las artistas-docentes, debieron trabajar duro para encontrar las claves que les permitiera demostrar que lo que se pretendía desarrollar en la jornada extendida, no solo era importante, sino apasionante, novedoso y en cierto sentido, útil.

Copar el colegio en todas sus dimensiones, sacar a los estudiantes de las aulas, para hacer las clases en los patios, en las escaleras, las aulas especializadas o los auditorios, aprovechando un colegio que precisamente ofrece un espacio suficientemente amplio, se convirtió en un primer reto durante el proceso de irrupción artística en el ámbito escolar; pero lo que no se midió con la respectiva profundidad, es que esta pretensión entraba en franca oposición con un sistema escolar que privilegia la educación dentro del aula y reconoce con menos importancia lo que pasa en los demás espacios del colegio; la idea de hacer clase en los espacios no convencionales, estaba enfrentando de entrada todo el modelo disciplinar de la escuela misma, el modelo de control basado en el espacio y el criterio de poder basado en la organización del aula en torno al maestro. Era de entrada una declaración trasgresora que por supuesto no fue bien recibida entre el cuerpo directivo y docente del colegio, pues estábamos poniendo en discusión todo el modelo de orden con el cual se ha garantizado durante años las relaciones de poder intersubjetivas que definen el entorno escolar tradicional.


El arte vivo en la escuela, no solo implicaba la enseñanza de ciertos contendidos  y técnicas en cabeza de artistas, era también darle vida al entorno escolar, llenarlo de sonidos poco armoniosos, irrumpir con la danza el espacio de la quietud y echar por la borda el vacío para coparlo todo con la experiencia estética. Se podrán imaginar el nivel de caos que fuimos capaces de crear y para el cual, ciertamente no teníamos respuestas. Aun así, preferíamos el caos  y la polifonía altisonante, a condenarnos a asumir que solo es posible aprender un contenido o una técnica dentro de un solo espacio destinado exclusivamente para eso.

Esta estrategia además tenía de fondo, confrontar la desidia de muchos de los chicos y chicas con respecto a lo que pasaba en la jornada, pues debe contarse que los estudiantes se enteraron que estarían en jornada extendida, no a través de un proceso de diálogo sino como una directriz indiscutible, como muchas otras a las que se acostumbró la escuela tradicional, lo que llevó a que muchos y muchas se quedaran en el colegio por obligación pero se negaran a participar en los centros de interés que se abrieron para cubrir una población de 400 estudiantes. Entonces, ya que ellos y ellas estaban en el colegio obligados (y hablamos de aquellos que no lograban escaparse) había que ir a donde estaban, salir del salón a buscarles, a invitarles a convencerles de participar en los centros de interés en artes; despertar su interés, promover el entusiasmo y de paso permitir conocernos unos y otros, en medio del caos, la desidia y la pasión por hacer de la escuela un lugar  abierto para el arte vivo.

No fueron pocas las discusiones y las reflexiones generadas por este panorama. Desde el palco de la autoridad escolar, se nos ordenó cancelar el uso de espacios no convencionales para las clases, volver todos al salón, único lugar permitido para aprender; renunciar al ruido en los corredores, lo que implicaba dejar de raspar instrumentos en las clases de música que se hacían en lugares públicos, recuperar el orden y garantizar el control sobre los chicos. Bueno, debemos decir que fracasamos en el cumplimiento de esta orden, durante más de 6 meses nos fue imposible negarnos a promover el arte en todos los espacios vetados para aprender; era imposible hacer capoeira en un salón, o parkour en medio de pupitres; o música sin disfrutar el resonar de los tambores al descubierto. En esto fracasamos, pero por otro lado, nos ganamos la amistad, la solidaridad y el entusiasmo de los y las estudiantes, quienes entendieron que era posible, no solo aprender artes, sino des-ritualizar el lugar de dicho aprendizaje.

Una apuesta por la pedagogía creadora, dialogante y transformadora

Hablamos muchas veces de los enfoques pedagógicos y las apuestas de los procesos de enseñanza construcción colaborativa de conocimientos; así que las rondas entre maestros y maestras, los acompañamientos a los proceso de formación dentro y fuera de las aulas, nos permitió comprender que en juego estabamos construyendo una apuesta pedagógica, a partir de comprender la pedagogía como ese proceso, el camino y el método para la construcción y la búsqueda del conocimiento, con una particularidad, todos y todas, estudiantes y maestros, estábamos aprendiendo y enseñándonos mutuamente; incluso desaprendiendo muchas de las taras que la educación tradicional ha creado en cada uno de nosotros, en su afán incontrolable por los resultados, mientras insistíamos en saborear mucho más los procesos. Asimimos la pedagogía como camino, como la ruta elaborada y planificada para caminar dialogando con estudiantes y compañeros de viaje, y la ruta se basó en aprender caninando; también asumimos que en la pedagogía hay un discurso siempre, que toda práctica pedagógica se alimenta de apuestas epistemológica, y la nuestra se fundamentó en la pedagogía dialogante, las pedagogía del conflicto y la construcción colaborativa del conocimiento, para aproximar, no solo los saberes de los maestros y maestras sino todo ese universo se conocimientos y experiencias vividas por cada uno de los grupos de estudiantes; establecimos varios métodos, aportados desde las experiencias de los y las maestras, buscamos y aprendimos de esa necesidad de aprender de nosotros y nosotras mismas, y en muchos casos reconocimos las dificultades metodológicas a la par que diariamente nos estrellábamos a nuevos descubrimientos; así que entre los métodos heteroestructurantes y autoestructurantes, pudimos construir una experiencia rica en experiencias metodógicas a la que le falta camino para seguirse inventando.



2.     El abordaje del conflicto desde el diálogo
No fueron pocas las dificultades que surgieron en razón de las rupturas propuestas, no solo con respecto al espacio escolar, sino sobre los contenidos y las metodologías aplicadas; era necesario construir espacios de reflexión que nos permitieran entender mejor la vida escolar y en cierta forma buscar que los otros también nos entendieran y entendieran lo que hacíamos. Desde el planteamiento mismo del proyecto, nos habíamos dado a la tarea de planear escenarios de encuentro con los demás estamentos de la comunidad educativa.
En consecuencia, promovimos talleres con docentes, padres y madres, para dialogar sobre la jornada educativa en artes, pero a través de los lenguajes propios del arte. Por ejemplo, con los docentes, escépticos y confesos promotores de la jornada, realizamos un taller sensorial, donde combinamos elementos de la meditación, la danza, la escucha, el juego con objetos y la reflexión sensorial colectiva.  Posteriormente nos arriesgamos a ir a sus clases, a aprender cómo lo hacían, cómo ganaban la atención de sus estudiantes, cómo lograban desarrollar sus temas sin tantas interrupciones. Sin duda, fue una experiencia contradictoria; reconocimos en muchos de ellos y ellas esa mágica capacidad humana de ganar la atención de los otros y las otras a través del respeto y la palabra, redescubrimos en los profes esa faceta apasionante del maestro, dejamos de verlos como meros instrumentos de la represión sistémica y recuperamos esa mirada solidaria de quienes deben atreverse a llevar a los niños y las niñas de lo conocido a lo desconocido. Aprendimos de ellos, sencillamente dialogando sin decirnos nada, nada más que la gratitud de permitirnos compartir su experiencia.


De nuestra parte, nos propusimos apoyar a los docentes en el desarrollo de sus contenidos en matemáticas o ciencias, español o inglés, a partir de ejercicios mismos desde el arte. Logramos que la clase de español de los jóvenes de 11 grado se realizara a través del montaje de una obra de teatro, que combinaba episodios del cuento de Gabriel García Marques llamado “El ahogado más hermoso del mundo”; los estudiantes de inglés, aprendieron a cantar y los de sistemas pudieron construir su propio cortometraje. En clase, los docentes de estas áreas ofrecían tiempo a nuestros artistas-docentes para lograr materializar, por un lado los desarrollos teóricos y técnicos de su especificidad y por el otro, promover la construcción de piezas artísticas desde sus propias áreas de conocimiento. No solo estábamos en nuestras clases de artes después de mediodía, varios de nuestros artistas estaban durante la mañana apoyando las clases de los docentes del colegio, a fin de garantizar esos diálogos imprescindibles entre la ciencia y la estética, entre la educación y la sensibilidad, entre pedagogos y artistas.

La experiencia con los padres y madres, fue igualmente interesante y conmovedora; con ellos y ellas realizamos talleres artísticos, sensoriales y lúdicos, aprovechando herramientas de la danza, el teatro y la literatura; más de 200 familiares de los niños y las niñas, disfrutaron de masajes colectivos, juegos de rondas, talleres de escritura, trabajo de escena, entre otras ejercicios, con el fin de que conocieran lo que estaba pasando en la jornada extendida; era una forma de dialogar con ellos y ellas, desde las artes, sobre sus hijos, sobre las relaciones de familia, sobre la necesidad de ganar otros niveles de comunicación en casa, y sin duda, para redescubrir esas potencialidades artísticas que durante la vida fueron relegándose y sucumbiendo ante la brega diaria por lo necesario, lo útil, lo cotidiano.
Esta forma de dialogar, nos permitió canjear preocupaciones sobre el orden, por reflexiones sobre el papel mismo de las artes en la escuela; su carácter trasgresor fue cediendo frente a su carácter renovador, lúdico y creador. Nos volvimos interlocutores de un debate que solo es posible vivir en la práctica misma de la enseñanza y en el contexto mismo de la escuela.


3.      Un proyecto común y otras estrategias
¿Cómo lograr que los muchachos y muchachas asistieran a clases de arte, más allá de la obligación que implicaba la jornada, más allá de tener que hacerlo para evitar problemas por el control de asistencia, o por una eventual mala calificación? La respuesta de los y las artistas fue unívoca, era necesario hacer que los y las estudiantes dejaran de ser sujetos pasivos del proceso aprendizaje y se convirtieran en protagonistas de una historia, de un proyecto común.

Sobre la base de este criterio, cada maestro y cada maestra, promovió la construcción de un proyecto de grupo de forma concertada con su grupo de estudiantes, para ello, se preguntó por los gustos, los miedos, las pasiones, los talentos. Se reflexionó sobre los problemas cotidianos y sobre las formas creativas de hacerlos visibles. El agua y el aire, las basuras, las drogas, el bulliyng, el primer amor y las nuevas frustraciones, fueron temas de especial interés entre los niños, las niñas y los jóvenes. En ciclo uno, el proyecto giró alrededor de los animales y el amor por la naturaleza; en el grado tercero, la protección del medio ambiente se convirtió en pieza de teatro; en quinto grado, un dragón hecho con cartones, papeles y colores fulgurantes significó el amor por la fuerza, las potencias nacientes y el trabajo colectivo. El proyecto de sexto se llamó “no me gusta”, porque se basó en todo aquello que no les gustaba a estos adolescentes, incluyendo la necesidad de hacer proyectos con la profe de artes. Capoeira y danza urbana,  máscaras y stomp, instrumentos de plástico y de latas, obras en yeso y en acrílico, colores, sonidos y voces, cientos de voces, configuraron un universo de expresiones nuevas, revividas, sentidas y gustosas, a través de los cuales esos niños y esas niñas dejaron de ver el arte como la clase interminable después de las 12, para entenderla como el espacio para la conspiración con el color y la música, el rato agradable para la creación y la iniciativa y el lugar común para expresar lo que se quiere y lo que se sueña, lo que se odia y lo que se teme, lo que somos y lo que queremos ser.

Para algunos artistas, esta terea fue difícil, porque incluso en las artes, también hay una tendencia a imponer lo que se sabe; o a despreciar la planeación, porque según algunos, planear constriñe la creatividad. Así que no todos lograron materializar proyectos colectivos y se limitaron a la externalización de ciertas técnicas y contenidos. El proyecto nos permitió descubrirnos y redescubrirnos, convertirnos en aliados y en cómplices, porque al final de la jornada habíamos logrado entender que podemos hacer parte de una misma historia, de un mismo proyecto. Una nueva subjetividad surgida del deseo de construir algo colectivamente, de convertir el aprendizaje en experiencia sensible y de hacer de la creatividad una posibilidad material a través de la planificación y el trabajo en equipo.
  
4.      Subjetividades en conflicto a través de los aprendizajes compartidos
¿Qué hemos aprendido y qué logramos desaprender en el desarrollo de esta experiencia? Podemos resumir los aprendizajes/des aprendizajes en dos grandes criterios de organización; aprendimos que una pedagogía basada en el diálogo, puede promover aprendizajes activos, basados en la experiencia sensible y no en la mera recepción racional de manuales o fórmulas; que las relaciones intersubjetivas pueden ser motores para la construcción de conocimientos; que en cada sujeto hay una historia y es una historia que merece ser contada, compartida e imaginada por los y las demás; y también aprendimos que el arte vivo en la escuela puede contribuir irrevocablemente a la transformación de las subjetividades que en ella habitan, pero al mismo tiempo transformar la misma subjetividad de la institución escolar.


En primer lugar, aprendimos que no existe una sola fórmula específica en la enseñanza de las artes en la escuela, que por el contrario, contamos con múltiples enfoques y paradigmas pedagógicos aplicables al campo de la formación de las artes, con las artes, desde las artes. Pero logramos encontrar, en la construcción pedagógica un criterio articulador: una pedagogía dialogante, que reconoce que el proceso pedagógico es precisamente eso, un diálogo entre sujetos intervinientes y que desde sus propias perspectivas pueden aproximarse a los proyectos comunes, a los nuevos retos del conocimiento, a nuevas experiencias sensibles, a nuevos campos de  reconocimiento propio y de los demás. Volver al diálogo como forma de aprendizaje, implica conocerse y reconocerse, romper con el monopolio sobre el poder de la palabra y el conocimiento; a través de una pedagogía dialogante, no solo logramos descubrir el mundo de los niños y las niñas, sino autodescubrir nuestras propias potencias y limitaciones. El diálogo nos abre radicalmente al “libro de la vida”, para utilizar  la expresión de  Decroly[3]; dialogar implica poner en evidencia que venimos de realidades comunes y al mismo tiempo distintas, pero que a través del diálogo entre saberes y sujetos, podemos promover la búsqueda de sentidos, se nuevos significados, de nuevas posibilidades de transformación simbólica y cultural de los entornos. El dialogo pedagógico, promueve en intercambio, el conflicto y las posibilidades de proyectos compartidos entre sujetos que sienten, actúan y piensan, en franca referencia a las dimensiones humanas identificadas por Wallon; en resumen, una pedagogía basada en el diálogo posibilita la acción colectiva, el amor y la pasión por lo que se hace dentro y fuera del proceso pedagógico, a la vez que promueve la comprensión de nuevos campos de conocimientos y técnicas venidas del mundo artístico y de la experiencia misma de los sujetos del conocimiento.

Muchos de los experimentos iniciados dentro de los centros de interés, nacieron de las preocupaciones, pasiones, deseos y perspectivas de los y las estudiantes, y solo pudieron desarrollarse en la medida que existía una efectiva relación intersubjetiva creada entre artistas y estudiantes y mediada, por un lado por la experiencia de vida de cada sujeto participante, y por el otro, por un conjunto de conceptos, técnicas y procesos que las diversas disciplinas de las artes. Pero no era suficiente, saberlos, los y las artistas debían ganar el corazón y la razón de sus estudiantes, para que esos conocimientos, en principio abstractos, pudieran encontrar sentido en la experiencia sensible individual y colectiva. Entender que cada uno y cada una constituía una historia propia, valiosa, merecedora de ser conocida y ser contada, era clave para lograr establecer verdaderos vínculos afectivos y cognitivos que favorecieran el amor por las artes y el interés por la apropiación de sus conceptos y sus técnicas. Por eso la planeación, la organización del trabajo del grupo y el establecimiento de reglas de juego claras, constituyó puntos de partida necesarios para garantizar el desarrollo de la experiencia.

Por otro lado, podemos asegurar que el arte vivo contribuye a llenar de sentido la vida individual y colectiva del grupo que participa en los procesos pedagógicos artísticos, a configurar esa idea de la subjetividad que consiste en dar sentido a la acción individual y colectiva, a comprender la historia y la historicidad de los grupos humanos, de aproximarse a los significados acumulados de la experiencia humana misma, para asumirlos, reconfigurarlos, transformarlos[4]. Ahora, así como es posible transformar la subjetividad de los sujetos participantes, a través de la experiencia estética, es indiscutible que el arte vivo contribuye a la transformación misma de la subjetividad de la escuela, entendida como un organismo vivo, donde se trenzan conflictos y que en sí misma constituye un conjunto complejo de horizonte de sentidos. El espacio tiempo-escolar ha sido permeado por la experiencia sensible de la actividad artística, dentro y fuera de las aulas, irrumpiendo lugares despreciados por el aprendizaje, desmitificando el poder de la razón sobre las demás facultades humanas, devolviéndole a las pasiones su facultad trasgresora, emancipadora, creadora; el arte vivo revitaliza ese camposanto del aburrimiento compartido, como diría Estanislao Zuleta, al referirse al campo escolar copado por las practicas pedagógicas tradicionales de corte autoritario. Transformar la subjetividad de la escuela misma, implica poder volver a creer en los seres  humanos más allá de las estructuras sociales predeterminadas y copadas por el dominio de diversas formas y dispositivos de poder. Creer en los seres humanos, implica que no es posible aprender sino aquello que somos capaces de convertir en experiencia sensible, en dolor y pasión y amor y deseo. Buscamos lo que deseamos y deseamos lo que nos inspira, el arte además de razón, es corazón vivo latiendo en millonarias pulsaciones para ganarse el corazón de quienes hasta ahora la escuela les ha imposibilitado aprender a través de los sentidos, más allá de la razón. Hemos contribuido a crear nuevas subjetividades, pero el verdadero reto es transformar estética y sensiblemente el espacio escolar. Ese es el reto que nos queda, esa es la tarea del arte vivo dentro de la escuela, y en ese reto, apenas hemos comenzado.    




[1] Artista escénica de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, maestanda en artes escénicas de la Universidad Federal de Bahía, Brasil. Coordinadora General del Proyecto 40x40 de la Asociación Cultural ADRA.
[2][2] Abogado de la Universidad Autónoma de Colombia, educador popular e investigador; parte del Equipo pedagógico del Proyecto 40X40 de la Asociación Cultural ADRA.
[3] Para una mayor aproximación al concepto de pedagogía dialogante. ZUBIRÍA, Julián. Hacia una pedagogía Dialogante. en Los modelos pedagógicos (2014). Editorial Magisterio, Bogotá.
[4] DE LA GARZA, Toledo Enrique. Subjetividad, cultura y estructura.