miércoles, 23 de abril de 2014
lunes, 14 de abril de 2014
El Nacional-Chovinismo
El
Nacional-Chovinismo
Por:
Mauricio Rodríguez Amaya
En épocas en que nos considerábamos
inferiores o iguales, por debajo de nuestra verdadera condición humana,
aceptamos inscribirnos en ese despreciable sistema interamericano de protección
de Derechos Humanos; ese sistema
defiende intereses de quienes sin el
alcance de nuestra cultura, pretenden ponerse a nuestro nivel sin que ni su
sangre ni su intelecto los legitime
Cada
vez más solos, más puros, más nacionales; las instancias de justicia
internacional desaparecen ante nuestros ojos como si nunca hubieran existido,
para bien de nuestras propias verdades. Cada vez estamos más convencidos de
nuestro propio destino manifiesto, imbuidos en nuestras locomotoras que llevan
el progreso del subsuelo al puerto sin hacer ninguna parada cerca a nuestras
casas. Cada vez más solos, más nacionales, más orgullosos de nuestra felicidad
a borbotones, la misma que nos permite ganar premios de sonrisas año tras año,
mientras las lágrimas se ocultan para mejorar el paisaje. Entre más pobres y
miserables más engreídos de nuestro rotundo éxito en la brega por alcanzar el
tan prometido paraíso; entre más nacionales más seguros de no hacer parte de
esa plebe que contagia democracias por todo el continente en contra del deseo
de los verdaderos propietarios del progreso. Esa es la fuente de nuestro
renovado nacional-chovinismo, el que predica nuestro honorabilísimo Señor
Presidente, heredero legítimo de Chauvin, muestra incólume de nuestra más noble
pureza intelectual, referente contemporáneo de la justicia y del derecho.
El Nacional-Chovinismo permite
defendernos incluso de nosotros mismos: hace algunos años, cuando no teníamos
conciencia de nuestra prolífica pureza intelectual, algunos manzanillos
diplomáticos firmaron el Pacto de Bogotá; invitaron cancilleres y diplomáticos
de culturas menos desarrolladas y por error y por desgracia, nos rebajamos a su
nivel. En abril de 1948 nos sometimos a un requerimiento injusto con nuestro
portentoso origen superior nacional; aceptamos que las controversias con
nuestros vecinos serían resueltas, sin más mediación ni dilaciones, por la Corte Internacional de
Justicia de la Haya; nada más deshonroso para nuestra sangre y nuestro
intelecto que someternos como iguales con pueblos inferiores, vecinos pero
inferiores; para bien de nuestra superioridad nacional, nuestro Presidente y Guía
Supremo, ha decidido que ese famoso Pacto de Bogotá no existe y nunca debió
haber existido; ha optado por retirarnos de semejante oprobio para imponer ante
nuestros ojos nuestra voluntad superior, por encima de todo esquema que limite
nuestras infinitas condiciones principales.
El Nacional-Chauvinismo
nos protege de los estertores democráticos que a nombre de una supuesta justicia
internacional vienen imponiendo culturas despreciables e impuras; En épocas en
que nos considerábamos inferiores o iguales, por debajo de nuestra verdadera
condición humana, aceptamos inscribirnos en ese depravado sistema
interamericano de protección de Derechos Humanos; ese sistema defiende intereses de quienes sin el alcance de
nuestra cultura, pretenden ponerse a nuestro nivel sin que ni su sangre ni su
intelecto los legitime; llaman derechos humanos a las degradaciones de pueblos
infectos, a las limitaciones de gentes confinadas, a las inmundicias de
culturas basabas en democracias contaminantes; Algunos nacionales de miserable
cuño, han acudido a esas cortes roñosas para intentar detener nuestro futuro
superior, incluso esas cortes han pretendido emitir decisiones contra nuestra
razones de justicia, irrumpiendo abusivamente la superioridad de nuestro
sistema jurídico, cuestionando el poder de nuestras autoridades nacionales,
constituidas por la Fe Católica y por la pureza de la Raza, llamadas a
protegernos de las desviaciones de quienes por error acceden a los puestos de
poder que están destinados para nuestros machos y ricos más ilustres y poderosos.
Sirva de ejemplo el caso Petro, ese semihombre minúsculo que promovió, para
vergüenza de nuestro orgullo nacional, un proceso contra nuestro Estado ante una
Comisión Interamericana. De nuevo, el Conductor de la Patria, cortó de un tajo
semejante vagabundería e impuso lo que la verdad exige: que esa Comisión
Interamericana no existe, que esa decisión pervertida de proteger a Petro no
existe, que ese señor Petro nunca debió haber asumido un cargo de Alcalde
porque esos asientos están destinados para hombres puros, dignos del poder,
representantes de toda nuestra orgullosa estética nacional.
Ni las Cortes de la Haya
existen, ni el Sistema interamericano existe, ni siquiera nuestros vecinos
existen a los ojos de nuestro ilustre Presidente. Solo existimos nosotros y
nuestras verdades, nuestro orgullo nacional y superioridad histórica; En el
mundo existen dos tipos de seres humanos: nosotros, los de supremacía
demostrada, y los demás, los inferiores, los débiles, los que recurren a la denigrante
justicia internacional para intentar defenderse de su propia impotencia
histórica. Hoy se hace más necesaria la defensa de la plataforma
nacional-chovinista porque solo mirándonos a nosotros mismos y negándonos a la
influencia mezquina de pueblos precarios e inferiores, podremos mantener
nuestro orgullo nacional, nuestra pureza patria, nuestro intelecto límpido y
nuestro perfecto e inmutable sistema de justicia.
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miércoles, 9 de abril de 2014
Un presidente gringo
U
n presidente gringo
Por:
Mauricio Rodríguez Amaya
Ha llegado la hora de tener, para bien
de la patria (nuestra y suya) un presidente de altas latitudes norteamericanas,
de modales de corte anglosajón y de sentimientos nobles e imperiales como lo
demuestra su linaje. Ha llegado la hora de tener un presidente Gringo que
piense en su pueblo y nos gobierne a
nosotros.
En una venturosa tarde de
septiembre de 1954, bajo los calores otoñales de Washington refrescados por los
aires provenientes del Potomac, nació un niño que ahora quiere ser Presidente a
varias leguas de distancia del país donde vio la vida. Hijo de un prestigioso economista
y político colombiano, Enrique Peñalosa, creció en el imperturbable norte de
Bogotá, muy cerca donde hace pocos años unos asaltantes, seguramente venidos
del sur, le robaron su bicicleta mientras almorzaba. Se hizo bachiller en el
Refus, en Cota, fuera de la bulliciosa capital, en épocas en que los colegios
públicos bogotanos no eran más que casuchas levantadas con tapia prefabricada y
ladrillos cocidos en San Cristóbal (también al Sur). Luego, muchos años
después, este gringo pudo ser alcalde de la Capital de Colombia, cuando se
presentó ante el electorado como un candidato independiente, protector del cemento,
prometedor de obras estratégicas (como la desocupación de la Candelaria y el
Transmilenio), después de haberlo intentado
dos veces antes desde el Glorioso Partido Liberal, el mismo que le permitió a
su padre ser ministro, embajador y hasta productor de telenovelas, cuando Punch
dominaba el mercado de las lágrimas.
Ahora, este hombre de
presencia gringa y de apellido cachaco, quiere ser presidente; algunos han
dicho de forma equivocada que su inscripción es inconstitucional; esta tesis no es cierta, porque los prístinos
juristas que redactaron nuestra constitución nacional dejaron bien claro que
son colombianos de nacimiento, no solo los que son paridos en esta patria
moribunda y pobre, sino los que prorrumpen a la vida en el extranjero pero
cuyos padres son nacionales colombianos. Cuando Enriquito nació, don Enrique
Peñalosa Camargo era funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo bajo el
manto prolijo del partido liberal de Lleras. Por esto, ese argumento para ensombrecer
el legítimo derecho que tenemos todos a tener, por fin, un presidente gringo,
se cae por su propio peso.
Ha llegado la hora de
tener, para bien de la patria (nuestra y suya) un presidente de altas latitudes
norteamericanas, de modales de corte anglosajón y de sentimientos nobles e
imperiales como lo demuestra su linaje. Ha llegado la hora de tener un presidente
Gringo que piense en su pueblo y nos
gobierne a nosotros. Bolívar se equivocó de cabo a rabo cuando aseguró que los
Estados Unidos parecen estar destinados por la providencia para plagar de
hambre y miseria el pueblo americano; pero errar es de humanos, y no tenía por qué
saber nuestro libertador que de esas mismas tierras brotaría el hombre
iluminado por la providencia para llevarnos al camino del bien común, del
destino manifiesto, de nuestro propio sueño americano.
Para desgracia nuestra,
siempre hemos tenido presidentes criollos, impuros de sangre y nacionales de
nacimiento en estas tierras de tercera clase, concebidos en hospitales
bogotanos o paisas, de pronto algún caucano o un barranquillero; y las
experiencias nunca, pero nunca, han sido del todo satisfactorias; en la médula
del problema está, que la enorme mayoría de todos nuestros gobernantes han
nacido acá con ganas de haber sido de allá. Entonces, la única forma de
revertir semejante tacha ha consistido en gobernar para allá, despreciando a
todos los de acá. Esos presidentes,
desde el nacimiento mismo de esta republiquita liberal y goda, han intentado
quedar bien con quienes consideran sus guías fundamentales, no les pueden
llamar padres, porque no lo son, entonces asumen que deben llamarles jefes. Pero
cuando este pueblito hace reclamaciones por la falta de justicia o de pan, por
la ausencia de soberanía o de decencia, entonces estos presidenticos han
asumido la postura de sus jefes: se han hecho los gringos. No queremos más
presidentes que ante los problemas o las presiones, ante los reclamos y ante
las multitudes descontentas se hagan los gringos, necesitamos un gringo que ya
lo sea desde el primer día, que no tenga que hacerse el gringo porque ya lo es y para que no haya duda que cuando reclame la gente de acá él se comportará como se comportan los de allá.
Peñalosa, nuestro futuro
presidente gringo, tiene buenos respaldos aquí y en su país. Desde su país lo
apoyan los economistas y los bancos que necesitan más cosas de nosotros y
nuestro suelo, para pagar las deudas que nuestros presidentes criollos han incrementado desmesuradamente; acá cuenta con
el apoyo de otros ilustres colombianos, incluyendo a nuestro símbolo nacional,
el Gran Colombiano, el ejemplo paisa, el dueño del ubérrimo y de su propio
ejército, el hombre que logró que el centro (democrático) pudiera ubicarse
definitivamente en la extrema derecha. Decir que Peñalosa es el caballo de
Troya de los uribes y sus ubérrimos, es una figura desproporcionada y arcaica
que remonta a una mitología ya olvidada en estas tierras dond ya no se
estudia Ciencias Sociales en las escuelas públicas. No, definitivamente
Peñalosa no es ningún caballo de Troya, es un símbolo fresco del progreso, es
el Volks Wagen con el que Hitler introdujo a Henry Ford en el mercado de
los automóviles de Europa; es el tanque con el que Texas Co. sembró la
democracia en Irak; es la hamburguesa con que McDonald’s revolucionó la alimentación
de la desnutrida y amarillenta cultura china; es el tomate transgénico con el
que Monsanto nos va a convencer de producir alimentos sin que para ello
tengamos que utilizar la tierra; Peñalosa es el símbolo del progreso americano,
el chico rebelde (o reverde) que cree en
la economía del mercado aunque el mercado no crea en nosotros.
Peñalosa representa a nuestro propio llanero
solitario, llamado por los dioses americanos a eliminar por fin, tanto indio
suelto en estas tierras prodigiosas y ricas, a las que tantas ganas le tienen
desde hace siglos los verdaderos redentores del futuro, los herederos legítimos
de Monroe, la sangre poderosa que por el mundo riega millones de carros, tancados de democracia y
carretilladas de hamburguesas.
sábado, 5 de abril de 2014
Tres huevitos
http://www.semana.com/caricaturas/articulo/tres-huevitos-en-las-elecciones-presidenciales-caricatura-de-leo/382545-3
miércoles, 2 de abril de 2014
Santos, el imbécil
Santos, el imbécil
Mauricio
Rodríguez Amaya
Hace unos años, el actual
Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, aseguró tajantemente “solo los
imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias”; en ese
momento se le cuestionaba su incoherencia política en torno a los temas de la
paz. Solo los imbéciles no cambian de opinión,
decía el candidato, pero pensará lo mismo el Presidente?
Analicemos primero las
circunstancias; El país más rico en diversidad nativa y cultural, hoy avanza
hacia un inmenso desierto de cráteres y huesos; el polvo de carbón consume la
sierra Nevada y de paso las aguas de Santa Marta, que eran azules y turísticas,
hoy son grises y solitarias; detrás de esta tragedia está la Drummond con sus
comerciales de televisión y sus sindicalistas asesinados; las aguas del
Casanare sencillamente desaparecieron de sus cuencas y brotaron como por obra
de magia en los taladros modernos de las petroleras; el agua del Casanare se la
robaron la B.P. y Pacific Rubiales y lo que era ese embrujo verde bajo el azul del cielo que inspirara las letras de
nuestro poeta Arnulfo Briceño, hoy no es más que una estepa hedionda y
cadavérica por falta de la fuente primordial de la vida. En el Huila cuatro
municipios y dos resguardos indígenas desaparecerán para abrirle paso a la
Represa del Quimbo, perteneciente a unos españoles sedientos de ganancias; las
montañas coloridas de Cajamarca pronto serán un solo cráter amarillento y del
oro de Marmato nos quedará el mercurio sobre las aguas cálidas del Cauca. Chocó
es menos que miseria y ni siquiera la esperanza aguanta entre la pobreza
miserable y el oro que se desaparece como el aire. En buenaventura las
sociedades portuarias han instalado una nueva oficina del mercado de la muerte,
para librarse de miles de negros y negras pobres que habitan la zona donde debe
construirse el mega-puerto que inundará nuestro país de muñequitas chinas y
basura electrónica taiwanés; el oro, el petróleo, el agua, las esmeraldas, el
cacao, el azúcar, los chigüiros, las babillas, los verdes y los azules, las
estepas rojizas y las cumbres doradas, sencillamente desaparecieron o están
desapareciendo de nuestra maravillosa
geografía y riqueza natural. Las cosas no
son iguales desde hace más de 20 años que unos economistas decidieron que todos
sobrábamos en esta inmensa espesura de riquezas que cubre más de 1 millón de
kilómetros sobre este planeta también moribundo. Hemos cambiado para mal, y para
mal pareciera que nuestra imbecilidad no nos permite sencillamente cambiar de rumbo;
ya lo dijo un candidato en otras épocas, solo los imbéciles no cambian de
opinión cuando cambian las circunstancias.
Pero si las circunstancias
han cambiado tanto, cómo calificar a un Presidente desastroso que quiere
quedarse con todo y sus desastres? sencillamente se comporta como el imbécil
que no cambia de opinión, aún a pesar de la crudeza de las evidencias que lo
delatan como una verdadera catástrofe política y humana. Santos, se comporta
cuan imbécil que no entiende que el país cambió con él y por su extrema
responsabilidad. Hay que ser suficientemente imbécil para creer que este país
le permitirá continuar promoviendo esta hecatombe y ocultándola gracias a los
favores meretrices de medios pervertidos y periodistas sin escrúpulos ni ética.
Este presidente barrió con la democracia en Bogotá, para abrirle paso a las
basuras que se adueñaron hace muchos años de los desperdicios, y a los que
Petro les quitó el negocio. Pero Santos, el Imbécil, cree que la gente no vio
el golpe de estado, que no se siente indignada por la pérdida del poder
democrático de un gobierno que se fue por el hecho de no haberse robado un
peso. Santos fracasó en cada uno de sus planes, menos en los de abrir las venas
de esta tierra herida para que mafiosos y terratenientes engordaran sus
bolsillos y afilaran sus fauces contra la gente y contra la vida. En Colombia la
gente es menos pobre pero más miserable, ocupamos los últimos puestos en
calidad educativa, el empleo es precario y la salud es el espejo del abandono y
la avaricia con que se gobierna.
Cómo puede pretender
quedarse en el gobierno quien no tiene respuesta con la debacle ambiental
creada por el lenocinio de financistas y multinacionales? Cómo pretende quedarse
en la Casa de Nariño un hombre mediocre y ciego, indolente y cobarde? Santos
nombró en el ministerio de Agricultura a un terrateniente para que pudiera
conservar la acumulación de tierras para las mismas familias; en la cartera de
Trabajo nombró a un verdadero defensor de los empresarios, a quien le premió su
indolencia entregándole una alcaldía robada; la ministra del medio ambiente no
cree que sea grave el desastre ambiental mientras tapa el atraco de las
multinacionales minero-energéticas echándole la culpa al clima; Santos, no
puede quedarse, aunque él esté convencido que le estamos eternamente
agradecidos por convertir este rincón del paraíso en el muladar de las
trasnacionales. Santos es suficiente
imbécil para no darse cuenta que hoy más que nunca este país desprecia su
gestión, le duele la muerte y la pobreza y está indignado por cada una de las
fechorías que planea y permite desde el Solio de Bolívar.
Santos no debería
quedarse, aunque su imbecilidad le permita convencerse de lo contrario; pero si
se queda, si la gente vota por él, por su despreciable gobierno de malandros y
asaltantes, entonces los imbéciles seremos todos los que permitamos, que aún en
medio de estas duras circunstancias, se mantenga en el poder esta clase
miserable que detenta las riquezas a costa de la vida, nuestras riquezas y el agua.
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