jueves, 3 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
La godarria se junta y los liberales se pegan
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martes, 1 de junio de 2010
Mockus Vs. Santos
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viernes, 28 de mayo de 2010
EStás muy cerca de un cambio
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sábado, 22 de mayo de 2010
Nunca votaría por Pertro
Nunca votaría por PETRO Vivan Santos, Mockys, Nohemí y hasta Vargas.
Mauricio Rodríguez Amaya Ya es hora de decir la verdad. ¿A quien se le ocurre que un exguerrillero, pueda dirigir esta patria plagada de medallas militares, de honores a los héroes y tan amigo de la mejor tropa militar del mundo, la gringa?. Nuestro excelentísimo exministro de Defensa, para organizar su auto-defensa mediática, condecoró a cientos de militares por haber asesinado a más de dos mil subversivos (presentes o presuntos) por todo el país. Algunos le llamaron a la hazaña FALSOS POSITIVOS, pero el verdadero nombre de este magnánimo acto de combate contra el enemigo (el que sea) es SEGURIDAD DEMOCRÁTICA, la que le debemos al padre de la patria, al dueño de la finca, al capaz del Hato, al patrón de Nari-ño, el prohombre, jamás igualado y nunca bien ponderado (en las encuestas) Uribe Vélez. Votaré por quién siga esta política, sea un santo, una dama, un filósofo o un Vargas (caso extremo, pero preferible). Nunca votaré por un subversivo que enseñó a leer a terroristas iletrados en las mazmorras (legítimas) del régimen. Jamás pondré mi voto por un terrorista que denunció a los empresarios antioqueños, dizque porque entre ellos había uno que otro comprometido con los paramilitares; semejante afirmación es indigna para cualquier colombiano de bien, que conozca el invaluable aporte a la paz (paz, pas) de Don berna, o la Oficina empresarial de Embigado o los hermanitos Castaño, tan queridos y útiles. En la vida votaría por un terrorista defensor de esa degenerada lista de vagabunderías (que algunos llaman derechos) establecidas en ese manifiesto comunista llamado constitución del noventaiuno, o algo así. Jamás. Estamos en peligro, el enemigo acecha. Es hora de afinar el instinto (principal órgano de uso de la clase dirigente), para preservar la seguridad, la confianza de los inversionistas de la palma de aceite y el país de propietarios (de tierras). El señor Petro, ha estado usurpando la paz de los honorables senadores norteamericanos, para llenarlos de embustes contra nuestro necesitado TLC. Algunos, ellos tan ingenuos, se han dejado engañar de los vejámenes que habló este traidor de la patria. Incluso, varios se creyeron el cuento que en Colombia los sindicalistas son asesinados, o perseguidos: Flagrante Embuste: Basta ver la fórmula presidencial del Doctor Santos, El señor Angelino Garzón, un sindicalista arrepentido a tiempo de su falta de cordura que hoy hace gala de la más natural de sus posturas ideológicas: el arrepentimiento comprometido con la causa de sus nuevos jefes. Este ex – sindicalista es el símbolo de la democracia colombiana, de la coherencia de las ideas y del hecho de que en nuestro país esa clase inferior de los obreros alcanza ciertos niveles de proximidad con la clase superior de los patronos (eso sí, si se esfuerzan; gratis no). Yo votaré por alguien que les quite la venda a los norteamericanos que se oponen a nuestro amado TLC y busque que lo aprueben inmediatamente. Ya me muero por probar esas alitas de pollo fresquitas y crocantes que están esperando nuestro mercado desde 2008. Nunca votaré por un haragán comunista que cree en la haraganería del sindicalismo, que cree que los obreros tienen derechos distintos a trabajar, trabajar y trabajar (sin salario, sin estabilidad y sin prestaciones) como lo exige el justo precio del pecado de Adán. Nadie debe votar por ese señor Petro, ruin embustero que insiste en que, de ser presidente, no nos dejará conocer las bondades de la ropa usada norteamericana sobre la cual tenemos legítimo derecho desde el día en que nuestro amado presidente negoció el TLC. El país está en peligro y ese riesgo hay que eliminarlo, excluirlo, señalarlo o chuzarlo; usar todos aquellos métodos ingeniosos y legítimos que puso en acción nuestro Padre y su sagaz joseobdulio para garantizar el poder de nuestra aurea estirpe. Debemos salir a las calles, a evitar que algunos se dejen engañar por la bazofia amarilla de nos quiere conducir a una hecatombe (no a esa que aún no llega y que si llegara nos evitaría estas elecciones, porque podríamos nombrar presidente vitalicio a nuestro único líder verdadero) para beneficiar a esa clase marginal de pobres, mísera en número y recursos, en este país próspero y de ricos. Así que votaré por algún Santo que nos haga el milagro de continuar la obra de nuestro propio heredero de Escribá de Balaguer; si por alguna razón me equivoco lo haré por Nohemí, la señora esa que pasa vacaciones cada cuatro años en Colombia y que precisamente le coinciden con épocas electorales, o por Vargas, como caso extremo. Ellos son los representantes legítimos del orden natural de las cosas. Es más, en caso de que por alguna causa me viera en la obligación de votar por otro, lo haría por ese Señor Mockus: lo he estado observando y escuchando. Dice cosas que me gustan mucho: apoya el apoyo militar que nuestros hermanos mariners nos ofrecen tan gratuitamente; está de acuerdo con aprobar todos los TLC, para que podamos disfrutar de los beneficios del comercio justo con la Unión Europea y nuestra amada patria norteamericana. Me preocupa el hecho que no viene directamente de las viandas de nuestro padre Uribe. Pero cada vez que lo escucho me convenzo más que no representa ya ningún peligro. Pero que quede claro: que ni muerto, votaré por Petro. |
Carta abierta a Antanas Mockus. Carlos Valdés
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jueves, 6 de mayo de 2010
Pensar con el deseo
Pensar con el deseo: Mockus Y Petro en la segunda Vuelta
Mauricio Rodríguez Amaya
El uribismo se disuelve como lo que es: una ilusión óptica creada por mafiosos, paramilitares y banqueros, para que la gente sintiera una falsa sensación de bienestar, mientras se le quitaban sus derechos al trabajo digno, la salud y la educación. Los banqueros alcanzaron ganancias de más de 5 mil billones de pesos por año, el negocio del tráfico de drogas sigue incólume; ni las rutas, ni los clientes en el extranjero han sido molestados por la Seguridad Democrática. No hay un solo paramilitar condenado por los miles de muertos, las masacres, las tomas ilegales de tierras y su desmovilización no fue más que un reacomodo. Pero la maquinita tuvo su daño, cuando la corte constitucional echó atrás en embeleco reeleccionista del ubérrimo, y la crisis ya no tuvo reverso cuando el presidente bendijo con su casta potestad al santo que debía secundar su obra. El santo que persigue el cetro de su amo, no es ni siquiera una mala fotocopia. Y sin embargo en todo se parece. Durante su paso por el ministerio de Defensa, se cometieron más de 2000 asesinatos extrajudiciales, por los cuales no hay ningún miembro del ejército en prisión, pues los que fueron capturados en poco tiempo volvieron a las calles y a sus puestos. Invadió militarmente a Ecuador, violando todos los protocolos internacionales. En su contra aún pesa una orden de captura. Y ya en campaña, se consiguió su propio joseobdulio: un jj sin intestinos a la hora de hacerle daño a los enemigos de su jefe de turno. La campaña se este poderoso santo se cae sin que nada pare su debacle. El uribismo en su versión más parecida se derrumba en escombros y el desespero no deja dormir tranquilos ni a los que salen, ni a los que sueñan en seguir viviendo del miedo y el horror. La otra uribista, la señora que viste del color que le sirve, tampoco tiene nada que decir, ni que pensar; su campaña no representa nada nuevo, ni viejo en el escenario político. Los genuinos conservadores, los más reaccionarios, están con el santo del ubérrimo, detrás, a ver que les toca en esta tienda. Nada dice interesante la señora, nada propone y su imagen, producto de maquillaje y cámaras, no alcanza el espectáculo que aspira. Ni que decir de Vargas, el de las posturas anti guerri-lleras. No sube, no baja, no anda. Ni hablar de Pardo, a quien se le cobra la ambigüedad de su partido y el daño feroz al país causado por su jefe Gaviria (el Cesar, por si acaso). Estas circunstancias me permiten pensar con el deseo. Y es que a menos de quince días de las elecciones solo dos candidatos irrumpieron con fuerza suficiente para proponer cosas nuevas y radicales, desde dos puntos de vista disímiles y contradictorios. Por un lado, a la derecha está Mockus, el representa el anhelo legalista de una país que ha visto como el ubérrimo se limpió los huesitos y las carnitas con la constitución del 91, que hizo la ley a su antojo y que propuso, a lo Fujimori, acabar las cortes si se seguían entrometiendo en sus pilatunas. Todos conocemos a Mockus, maestro del mackartismo, cuando se trata de atacar a sus opositores; amplio con el sector privado y cerrado con los trabajadores. En sus administraciones, avanzó disciplinadamente en la privatización de la educación y la Salud en Bogotá, a la vez que despidió a más de 13 mil trabajadores, que después de un largo proceso ganaron la batalla legal contra el distrito. Pero ahí está Mockus hoy, proponiéndole a este país devastado por la política del traquetismo, los falsos positivos y la corrupción, recuperar la moralidad administrativa, la lealtad a la ley, y el amor por el respeto a lo ajeno. Sin duda, Mockus desde su óptica, representa un cambio de rumbo para este país desangrado a lo sumo y maltratado al máximo por las peripecias de ubérrimo en su afán de controlarlo todo. El segundo candidato con una marcada posición de cambio es Gustavo Petro. Ganó en franca lid en una consulta de debió ser en marzo y no en septiembre. Ganó a pesar de haber iniciado su campaña en franca minoría. Ganó caminando más y trabajando más, derrotando el triunfalismo de una izquierda facilista y cómoda. Petro ha sido el mejor proponente en los debates televisados y en los foros académicos y universitarios; es el candidato con la más clara estructura discursiva, sabe hacia dónde va, conoce el terreno del debate político y lo hace con claridad y con respeto. El martes volví a verlo en el debate contra el D.A.S. y su exposición fue de nuevo impecable. Petro habla sin miedo: no reconoce como legal el acuerdo de las bases militares, está dispuesto a desmontar las cooperativas de trabajo asociado como intermediarias del empleo; ha planteado la necesidad imperante de quitarle el poder a las mafias (incluyendo la del ubérrimo); es claro en su oposición al TLC y sabe que el camino de la paz es el de la negociación sin descuidad la fuerza del Estado. La mejor segunda vuelta es esa: un Mockus, dispuesto a defender el estatus quo con legalidad, honestidad y transparencia, y un Petro dispuesto a ofrecer a este país un cambio de rumbo necesario y posible. Petro tiene el coraje para ganar en este último tramo, la voluntad no solo de su partido, sino de miles de colombianos indecisos. Mockus supo aprovechar el lugar que la sorpresa ofrece en contiendas electorales que se dan por definidas. Ambos tienen la fuerza suficiente para pasar a la segunda vuelta. Pero insisto, estoy pensando con el deseo, y con ese mismo deseo, en cualquier caso, votaré por Petro. |
martes, 4 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Noemí y Juan Manuel: ¡Únanse!
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