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jueves, 10 de junio de 2010
LA REELECCIÓN
martes, 8 de junio de 2010
Con el dolor del alma, votaré por mockus
Con el dolor del alma, votaré por Mockus Mauricio Rodríguez Amaya No es fácil asumir una postura en este debate electoral tan complejo. Primero, porque la esperanza de que Antanas Mockus encabezara una propuesta de unidad que le quitara el poder al ubérrimo, redujera la influencia de las mafias, y trabajara en devolverles la tierra a los campesinos, se volvió agua cuando despreció el apoyo de Polo a su aspiración presidencial en la segunda vuelta. Segundo, porque la decisión tomada por el POLO tampoco me convence. De todas las posibilidades que ofrece el panorama, creo que la más mala es la abstención activa, o no votar, para ser más claro. Meter la cabeza en la tierra y dejar que el mundo pase por encima, no es la actitud de un Partido que tiene claro su papel como constructor de un nuevo poder en Colombia. Hay decisiones que duelen y esta es una de esas, que van directo al hígado. Yo también pensé que el desplante de los verdes al Polo, era razón suficiente para no votar por su candidato. Y es más que lógico; el Polo abrió la posibilidad de una diálogo programático al que el candidato Antanas se cerró de plano; se juntaron, la distancia diametral entre la izquierda y Peñaloza, el revanchismo de Lucho y la prepotencia de Mockus, para cerrarle el paso a un nuevo escenario en la política colombiana. Comparto la tesis de los que dicen que no es un problema de ingenuidad, ni siquiera de un buen cálculo electoral, es simple prepotencia, arrogancia, imbecibilidad y ceguera. Mockus tuvo la oportunidad de ser el candidato de la UNIDAD contra la IMP-UNIDAD, pero perdió esa opción por sus propios actos. Sin embargo, no puedo estar de acuerdo con los que dicen que este portazo en la cara al Polo, convierte irreductiblemente a Mockus en un uribista furibundo, porque de ser así, ni siquiera se le hubiera ocurrido al Partido de la izquierda hacerle una propuesta programática. Precisamente por un análisis serio, que nos indica serias diferencias con el ubérrimo, es que el Polo vio posible y deseable un acercamiento programático, sin desconocer de entrada diferencias irreconciliables, por ejemplo, en el modelo económico y social que representa el profesor Antanas. Yo creo que en algunos casos, Mockus puede resultar peor que Uribe, pero lo que es incontrovertible es que el ámbito político y ético planteado por los verdes sí dista mucho de la inmundicia del actual gobierno y su candidato de cartera. Antanas Mockus no es la mafia, no representa al paramilitarismo ni a los terratenientes que los patrocinan, no viene de las huestes de la Gata, de Carranza ni los Castaño; no lo asesoran los herederos del cartel de Escobar, y eso lo diferencia históricamente del uribismo. Debido al gobierno de Uribe y sus secuaces, no sé si sea posible que podamos estar peor en campos como la salud, la pobreza, el desempleo y la educación, así que cualquier cosa que haga Antanas en estos temas ya será mejor que lo que nos deja el ubérrimo. Suponer que Mockus es Uribe, es engañarse para sentirse mejor con el desplante, pensar así, solo tiene un efecto balsámico que poco tiene que ver con la realidad. No votar por Mockus por el portazo, sería justo si en el debate no estuviera el uribismo. Si no se tratara de cortarle el poder a quienes han hecho del crimen su forma de política, de la impunidad su mejor aliada y del cinismo su mejor faceta. No podemos olvidar que el otro candidato es el responsable de 1770 asesinatos extrajudiciales que fueron presentados como guerrilleros en las calles de los barrios pobres, o en el camino a una promesa de trabajo, o sencillamente asesinados para ganar medallas, permisos o vacaciones. No podemos olvidar que el otro candidato es el heredero de uno de los gobiernos más sucios y criminales de nuestra historia republicana. No debemos olvidar que el otro candidato aspira a seguir estrictamente las directrices del Pentágono para conducirnos a una guerra fratricida contra el pueblo hermano de Venezuela. No debemos perder de vista que el otro candidato es la continuidad del mismo mal, en una versión deformada y caricaturesca. Esos crímenes deben ser pagados en la cárcel y ello será más fácil si ese candidato no es, precisamente, el próximo presidente de Colombia. No votar en la segunda vuelta es dejarle el camino libre al hampa, para que, amparada en una abstención inercial y en una legalidad cuestionable, se empotre en el poder por otros cuatro y ocho años. Votar en blanco, es más decoroso, pero el efecto sobre el resultado es exiguo; lo menos peor, es votar por Mockus, aunque no me guste, aunque me sienta ofendido por su prepotencia; aunque haya despreciado mi voto y el de otro millón y medio de colombianos que creíamos en la posibilidad de la unidad para impulsar temas estratégicos. Estoy convencido que aún con todos los votos del Polo, no es suficiente para que el candidato del Partido Verde gane las elecciones, pero mi voto no responde a un cálculo pragmático, es ante todo un anónimo acto de protesta cuantificable y visible contra la mafia que nos gobierna. Me duele en el alma reconocerlo, pero en la segunda vuelta presidencial, votaré por Antanas Mockus para Presidente. ______________________ |
¿Mockus cayó en su propia trampa?
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jueves, 3 de junio de 2010
miércoles, 2 de junio de 2010
La godarria se junta y los liberales se pegan
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martes, 1 de junio de 2010
Mockus Vs. Santos
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viernes, 28 de mayo de 2010
EStás muy cerca de un cambio
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sábado, 22 de mayo de 2010
Nunca votaría por Pertro
Nunca votaría por PETRO Vivan Santos, Mockys, Nohemí y hasta Vargas.
Mauricio Rodríguez Amaya Ya es hora de decir la verdad. ¿A quien se le ocurre que un exguerrillero, pueda dirigir esta patria plagada de medallas militares, de honores a los héroes y tan amigo de la mejor tropa militar del mundo, la gringa?. Nuestro excelentísimo exministro de Defensa, para organizar su auto-defensa mediática, condecoró a cientos de militares por haber asesinado a más de dos mil subversivos (presentes o presuntos) por todo el país. Algunos le llamaron a la hazaña FALSOS POSITIVOS, pero el verdadero nombre de este magnánimo acto de combate contra el enemigo (el que sea) es SEGURIDAD DEMOCRÁTICA, la que le debemos al padre de la patria, al dueño de la finca, al capaz del Hato, al patrón de Nari-ño, el prohombre, jamás igualado y nunca bien ponderado (en las encuestas) Uribe Vélez. Votaré por quién siga esta política, sea un santo, una dama, un filósofo o un Vargas (caso extremo, pero preferible). Nunca votaré por un subversivo que enseñó a leer a terroristas iletrados en las mazmorras (legítimas) del régimen. Jamás pondré mi voto por un terrorista que denunció a los empresarios antioqueños, dizque porque entre ellos había uno que otro comprometido con los paramilitares; semejante afirmación es indigna para cualquier colombiano de bien, que conozca el invaluable aporte a la paz (paz, pas) de Don berna, o la Oficina empresarial de Embigado o los hermanitos Castaño, tan queridos y útiles. En la vida votaría por un terrorista defensor de esa degenerada lista de vagabunderías (que algunos llaman derechos) establecidas en ese manifiesto comunista llamado constitución del noventaiuno, o algo así. Jamás. Estamos en peligro, el enemigo acecha. Es hora de afinar el instinto (principal órgano de uso de la clase dirigente), para preservar la seguridad, la confianza de los inversionistas de la palma de aceite y el país de propietarios (de tierras). El señor Petro, ha estado usurpando la paz de los honorables senadores norteamericanos, para llenarlos de embustes contra nuestro necesitado TLC. Algunos, ellos tan ingenuos, se han dejado engañar de los vejámenes que habló este traidor de la patria. Incluso, varios se creyeron el cuento que en Colombia los sindicalistas son asesinados, o perseguidos: Flagrante Embuste: Basta ver la fórmula presidencial del Doctor Santos, El señor Angelino Garzón, un sindicalista arrepentido a tiempo de su falta de cordura que hoy hace gala de la más natural de sus posturas ideológicas: el arrepentimiento comprometido con la causa de sus nuevos jefes. Este ex – sindicalista es el símbolo de la democracia colombiana, de la coherencia de las ideas y del hecho de que en nuestro país esa clase inferior de los obreros alcanza ciertos niveles de proximidad con la clase superior de los patronos (eso sí, si se esfuerzan; gratis no). Yo votaré por alguien que les quite la venda a los norteamericanos que se oponen a nuestro amado TLC y busque que lo aprueben inmediatamente. Ya me muero por probar esas alitas de pollo fresquitas y crocantes que están esperando nuestro mercado desde 2008. Nunca votaré por un haragán comunista que cree en la haraganería del sindicalismo, que cree que los obreros tienen derechos distintos a trabajar, trabajar y trabajar (sin salario, sin estabilidad y sin prestaciones) como lo exige el justo precio del pecado de Adán. Nadie debe votar por ese señor Petro, ruin embustero que insiste en que, de ser presidente, no nos dejará conocer las bondades de la ropa usada norteamericana sobre la cual tenemos legítimo derecho desde el día en que nuestro amado presidente negoció el TLC. El país está en peligro y ese riesgo hay que eliminarlo, excluirlo, señalarlo o chuzarlo; usar todos aquellos métodos ingeniosos y legítimos que puso en acción nuestro Padre y su sagaz joseobdulio para garantizar el poder de nuestra aurea estirpe. Debemos salir a las calles, a evitar que algunos se dejen engañar por la bazofia amarilla de nos quiere conducir a una hecatombe (no a esa que aún no llega y que si llegara nos evitaría estas elecciones, porque podríamos nombrar presidente vitalicio a nuestro único líder verdadero) para beneficiar a esa clase marginal de pobres, mísera en número y recursos, en este país próspero y de ricos. Así que votaré por algún Santo que nos haga el milagro de continuar la obra de nuestro propio heredero de Escribá de Balaguer; si por alguna razón me equivoco lo haré por Nohemí, la señora esa que pasa vacaciones cada cuatro años en Colombia y que precisamente le coinciden con épocas electorales, o por Vargas, como caso extremo. Ellos son los representantes legítimos del orden natural de las cosas. Es más, en caso de que por alguna causa me viera en la obligación de votar por otro, lo haría por ese Señor Mockus: lo he estado observando y escuchando. Dice cosas que me gustan mucho: apoya el apoyo militar que nuestros hermanos mariners nos ofrecen tan gratuitamente; está de acuerdo con aprobar todos los TLC, para que podamos disfrutar de los beneficios del comercio justo con la Unión Europea y nuestra amada patria norteamericana. Me preocupa el hecho que no viene directamente de las viandas de nuestro padre Uribe. Pero cada vez que lo escucho me convenzo más que no representa ya ningún peligro. Pero que quede claro: que ni muerto, votaré por Petro. |
Carta abierta a Antanas Mockus. Carlos Valdés
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