sábado, 10 de noviembre de 2018

Universidad, amor y revolución


Universidad, amor y revolución

“Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”. (Manifiesto Liminar, Córdoba 1918).

Mauricio Rodríguez Amaya

 
Violentos, terroristas, vagos, insensibles con la precaria economía nacional, incendiarios, vulgares, profanos, demonios; estas y otras voces pululan en los medios y en los púlpitos, desde donde  los poderosos que defienden el establecimiento intentan convencernos que estos piquetes de energía con los que hoy nos despierta el movimiento universitario, son solo manifestaciones pasajeras en insensatas de agentes encubiertos del nuevo enemigo internacional o interno (cualquiera que sea su nombre) para poner en riesgo las instituciones que los poderosos han creado con tanto esfuerzo, a costa de ignorancia, violencia y fe. Basta abrir un canal oficial, encender la radio, o soportar un titular de prensa, para ver el alud unísono de insultos y señalamientos orientados a desprestigiar la fuerza vital del estudiantado, sus justas consignas y sus formas creativas de encender la pradera.
 
Son épocas de mentiras y verdades a medias; son épocas en que el odio es más importante que la sensatez y la arrogancia es más admirada que la justicia. Es una época de fascismo social; en las calles se oyen las voces del régimen vetusto que pide a gritos que se levanten los bloqueos, que cesen las marchas, que los estudiantes abandonen la estridencia de sus consignas, que vuelva el orden aquel en que las calles le pertenecían a los automóviles y a los policías. Pero no hay vuelta atrás, un estudiantado creativo y renovador ha decidido no dejar detener la rueda de la historia que han puesto a andar; se han lanzado al paro nacional y han ocupado las calles y las tarimas, los palcos y los balcones; han osado recibir sus clases en las calles bloqueadas y también han debido enfrentarse con gallardía a la tiránica violencia con que el gobierno resuelve a bala lo que los estudiantes exigen con argumentos.

En estas épocas, el fascismo ha cambiado de cara, pasando de sus tácticas autoritarias a la más diversas y democráticas formas de discriminación, estigmatización y miedos; y preciso en estas épocas, cuando se caminaba a pasos agigantados hacia atrás, el movimiento estudiantil emerge desde las universidades públicas y privadas para intentar detener esta carrera loca hacia el pasado; para darle perspectiva al futuro y para exigir que éstas y las generaciones futuras tengan el legítimo derecho al estudio, a la crítica, al verbo sanador de la poesía y al remedio impredecible de la ciencia. Ya van dos meses que el paro y las manifestaciones exigen el financiamiento de la educación superior; van más de 60 días en que el estudiantado va entre marchas y campamentos, entre asambleas deliberativas y decisivas jornadas para definir el futuro del movimiento. Se pide presupuesto, se exigen reformas a los modelos de enseñanza e incluso se levantan propuestas para construir constituyentes universitarias.  
En efecto, el movimiento universitario, no solo exige financiación; en el corazón del debate están los cambios académicos y curriculares, nuevos programas universitarios, transformaciones a los modelos de enseñanza, acciones reales para conectar a la universidad con la comunidad, reescribir nuestras historias y repensarnos colectivamente el devenir. No se trata de una pelea solo por dinero, es también la brega para que la universidad deje de ser la pizarra legitimadora de este orden de cosas decadente; se lucha para la que la universidad reconozca y hable la lengua de los pueblos, de las culturas, de las historias populares que tejen sus destinos emancipatorios; se trata de poner nuestra universidad a la altura de las exigencias de las ciencias y la técnica, para superar las taras del extractivismo, el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo; se trata de refundar la idea misma de universidad, desde las voces otras y los colores otros, los que en las distintas geografías de la América Nuestra siguen disputándose el derecho a vivir y re-existir labrando tesoneramente la sobrevivencia de la especie humana.
 
La disputa por la universidad siempre será una disputa contra los saberes dominantes que convierten la vida en recursos y a los humanos en medios; esa disputa por el saber propio y el reconocimiento de nuestra propia historia, es lo que realmente asusta al establecimiento; pensarán ellos en sus agobiantes poltronas de Palacio, que aquello del dinero es negociable, pero lo que no están dispuestos a entregar son sus miradas omnímodas del mundo, su decidida vocación por la servidumbre y su emblemática apología de la violencia. Así que lo que está construyendo hoy el movimiento universitario, -si logramos atenderlo con todos los oídos, las ganas y el corazón-  puede ser una gran oportunidad para repensarnos la vida misma, la democracia, la protección de los bienes comunes, la sociedad en donde sentir sea más importante que obedecer y donde amar sea necesario, aunque no sea estrictamente productivo.   
 
En la universidad se tejen los amores y se tejen las revoluciones; se tejen los romances del campamento, y el súbito beso sobre la capucha; se teje el honor de la palabra y el deseo de abrazarnos en medio de la bruma y de los gases. En la universidad se teje el deseo de hacer trizas este orden ruinoso que nos condena al atraso y nos deja en ridículo ante el juicio prolijo de las naciones. En la universidad se tejen los amores que caminarán juntos o separados esos días de tropel y de asambleas, de besos furtivos y de abrazos fraternos; recordarán las paredes universitarias, ese entresijo de discursos y versos con el que nos enamoramos de la vida y de las luchas, las asambleas y los campamentos serán memoria del deseo inalterable de mandar a la mierda una sociedad que renunció a la esperanza y que ahora espera sentada los titulares de la prensa mentirosa. En la universidad se tejen los amores y eso amores serán por siempre revolucionarios, porque el amor es revolucionario, cuando es verdadero.  
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viernes, 26 de octubre de 2018

La ANDES, una secundarista de 24 añitos


La ANDES, una secundarista de 24 añitos


Mauricio Rodríguez Amaya



En el octubre lluvioso de 1994, cerca de 600 estudiantes secundaristas de todas las regiones colombianas nos encontramos durante tres días, bajo el abrigo inspirador del Colegio Camilo Torres de Bogotá, para darle inicio a una historia de la que aún seguimos enamorados y tenemos el amor y el honor de contarla; en ese octubre rojo y gris tomamos la decisión de darle vida a la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria, la ANDES. 


No teníamos claro cómo lograríamos mantener una propuesta nacional con nuestros escasos recursos y nuestros liminares conocimientos de la política y la vida; aun así, arrancamos el reto de construir una organización que articulara y promoviera las luchas estudiantiles regionales; el Congreso de Secundaria del 94 era un encuentro de colectivos estudiantiles y de referentes organizativos territoriales. Estábamos estrenando la ley 115 y algunos habíamos iniciado la tarea de reconstruir los consejos estudiantiles, que la estigmatización y la violencia habían desaparecido casi por completo. Algunos veníamos de procesos regionales significativos, como en nuestro caso, pues un año antes habíamos creado la Coordinación Regional de Estudiantes de Secundaria (CRES) en Cúcuta y logramos vincular a líderes estudiantiles de más de 20 colegios públicos y privados en un movimiento que recordaba las históricas luchas de los 70, de las cuales, por supuesto, no teníamos mayor conocimiento. Recuerdo la fuerza del movimiento secundarista de Medellín y del Atlántico, de Bucaramanga, de Cali y de Yumbo, en donde se habían articulado procesos escolares con impacto regional.

Recuerdo la diversidad del Congreso y lo dificultoso que resultaba poner de acuerdo tal complejidad; el Congreso era una polifonía de  las militancias de la juco y los trosquistas, los colectivos anarquistas y los objetores de conciencia, los jóvenes liberales y de las juventudes misioneras de la Pastoral Social; pero la mayoría de los y las participantes venían de ninguna experiencia política o de ninguna escuela militante; venían del arte callejero y el teatro estudiantil;  estaban también los poetas y las poetisas, las artistas plásticas y los deportistas, estaban los distraídos y los desinteresados, había de todo, y todos compartíamos el mismo sueño, juntarnos para luchar mejor, unirnos para recrearnos y aprender a ser jóvenes en medio de la tradición conservadora y la limitada democracia escolar. Habíamos iniciado un sueño, habíamos emprendido el reto de hacer un grano de historia en la inmensa marea de las resistencias y las alternativas.


Después vino la etapa difícil, que consistía en garantizar que el proyecto no se hundiera entre la efervescencia juvenil y la falta de recursos materiales para sacar adelante las tareas; sin duda el magisterio fue un aliado determinante; en muchas regiones, los sindicatos de maestras y maestros nos dieron la mano de forma solidaria y permanente; también fue clave hacer amigos en otras latitudes y vincularnos a las luchas latinoamericanas y caribeñas; irrumpimos, un año después en Neiva con un Encuentro del Objetores de Conciencia, en el que el Glorioso Ejército Nacional nos tildó de guerrilleros por haber puesto en el fondo del escenario la bandera de Norte de Santander (Luego tuvieron que corregir el señalamiento, aunque dudo mucho que hayan implementado algún plan de estudios sobre los símbolos de los departamentos colombianos); también nacieron las escuelas nacionales de liderazgo y realizamos la Primera Marcha estudiantil de Tunja hasta Bogotá, en abril del 99, cuando el país estero estaba paralizado para intentar detener la política ultraconservadora del establecimiento.


La Andes se volvió un protagonista indispensable en las luchas nacionales por la educación, en las movilizaciones por el presupuesto, en las jornadas interminables contra la guerra y contra el Servicio Militar Obligatorio; fue un referente determinante para la creación de la  Asamblea Nacional de Jóvenes por la Paz y nunca ha dejado de gritar en las calles y en las escuelas, “presupuesto presupuesto para la educación, no más armas ni dinero para la represión”.


Muy temprano, terminado el Congreso del 94, cuando la tecnología solo nos ofrecía Paint para pensarnos la imagen, una caracola se fue volviendo un Sol, nuestro sol andino, el solecito que las muchachas pintaban en su rostro para iluminar nuestras marchas y nuestras consignas. Ese solecito sigue iluminando los rostros bellos del estudiantado secundarista y nos sigue indicando el camino de las luchas nuestras, de las luchas del agua y de la tierra, de los tejidos luminosos de dignidad que campean por toda la América Nuestra. Ese solecito se incrustó en nuestro corazón como un tatuaje. Basta ver cuando en estos años nos encontramos viejos amigos de la secundaria y el silencio y las miradas son más que suficientes para saber que ese solecito sigue brillando  en nuestra memoria personal y colectiva.




Hoy acompañé a mi sobrino a tomar el bus que lo llevaría a la XIII Escuela de Liderazgo Estudiantil para la Paz, precisamente en la tierra del Sol, en el corazón de Boyacá, ahí donde nuestros abuelos y nuestras abuelas enfrentaron con asidua entereza las fuerzas pervertidas del genocidio colonial, y no sin bajas, lograron salvaguardar al Sol, Dios Mayor de las tierras Andinas y los mares de agua dulce que nacen en Tota; Así que desde allá y desde acá, que brille el Sol de la ANDES por muchos años más para que siga iluminando la esperanza de las nuevas generaciones.



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lunes, 22 de octubre de 2018

PRONUNCIAMIENTO DE LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA-CONCEJO INDÍGENA DE GOBIERNO


PRONUNCIAMIENTO DE LA SEGUNDA ASAMBLEA NACIONAL DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA-CONCEJO INDÍGENA DE GOBIERNO
Octubre, 11,12,13 y 14 de 2018, San Cristobal de las Casas, México
tejemos la vida, pues es la encomienda que recibimos de nuestros antepasados.”
A las Redes de Apoyo al Concejo Indígena de Gobierno - A la Sexta Nacional e Internacional - A los pueblos de México y el mundo
Hermanas, hermanos:

Desde la Segunda Asamblea Plenaria del Congreso Nacional Indígena y el Concejo Indígena de Gobierno, llevada a cabo del 11 al 14 de octubre en el CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, nos dirigimos respetuosamente a las y los compañer@s, que conforman las Redes de Apoyo al CIG, a los pueblos de este país y del mundo para vernos, consultarnos y emprender nuevos pasos para la construcción del nuevo mundo que necesitamos.
Lo decimos con urgencia, porque los que somos pueblos originarios, en nuestra lucha en contra de la profunda enfermedad causada por el capitalismo, tejemos la vida, pues es la encomienda que recibimos de nuestros antepasados. Eso, para nosotros es construir la vida y hacerla crecer en cada rincón, con una esperanza que apueste por la memoria y por los tiempos venideros. Nos tejemos en colectivo como pueblo y en ese trabajo nos tejemos también como personas.  



Somos redes en nuestras localidades donde buscamos en colectivo tener una sola palabra que sea espejo de nuestra madre tierra, de su latido y de su vida. Somos redes de redes en nuestras comunidades y regiones que son colectivos de colectivos, donde encontramos una sola otra palabra, que entre los nuestros, escuchamos con atención porque sigue siendo lo que decidimos libremente ser, eso es nuestra lucha permanente y por eso la respetamos y honramos, haciéndola nuestro gobierno, no ahorita sino siempre, porque de nuestras diferencias surge el acuerdo colectivo. O sea, de nuestro ser diferentes surgimos como uno solo, como los pueblos que somos y es por eso que también honramos nuestras diferencias.
Así, cuando por acuerdo del Quinto Congreso Nacional Indígena decidimos conformar un Concejo Indígena de Gobierno, no fue vacilando, ni pretendiendo que todos sean como nosotros, ni queriendo decir a nadie qué hacer, sino para decir al mundo que no es cierto que el gobierno deba ser para destruir, sino para construir. No es cierto que el gobierno deba ser para servirse, sino para servir. Debe ser espejo de lo que somos cuando soñamos decidiendo nuestro destino, y no la mentira que nos suplanta para decir en nuestro nombre que quiere ver muerto todo a su alrededor.
A eso que tejemos, le llamamos organización y es el territorio que defendemos, es la lengua que hablamos y nos negamos a perder, es la identidad que no olvidamos y que engrandecemos con la lucha. Pero resulta que es también lo que los dueños del dinero necesitan para destruir y convertir en más dinero, para hacerlo mercancías con la explotación, con la pobreza, la enfermedad y con la muerte de muchos otros millones de personas que no son de nuestros pueblos y que viven en las ciudades y en el campo. O sea, tampoco es cierto que la muerte, la represión, el despojo y el desprecio sea sólo para nosotras y nosotros los originarios.



Por eso, ejercer la autonomía con nuestras formas ancestrales de caminar preguntándonos, es la única puerta para poder seguir haciendo de la vida, nuestro camino irrenunciable, pues afuera todo se acomodó para afianzar el terror y la ganancia de los poderosos. En ese contexto, aunque nuestra libre determinación sea reconocida en sus leyes viciadas, no hay forma de que se detenga, o siquiera se frene la acumulación capitalista basada en nuestro exterminio. Esto será posible hasta que se desmonte la finca, la hacienda, la fábrica, el campo de concentración o el cementerio, en lo que han convertido nuestro país y nuestro mundo.
El Concejo Indígena de Gobierno es la forma de honrar nuestras diferencias, para encontrar ahí la palabra en la que nos reflejemos, y que sea un verdadero gobierno. Lo otro, eso a lo que arriba llaman Estado Mexicano, es sólo una mentira hecha para imponer, reprimir y ocultar la muerte que ya se nos desborda haciendo evidente el engaño. Es decir, no son más que una banda de rateros que fingen ser institución de derecha o de izquierda. En cualquier caso, traen la guerra consigo y por más que la maquillen también se les desborda, porque el patrón es el patrón.
Pero abajo, no tenemos más que defender la vida con o sin las mentiras del gobierno que sale, del gobierno que entra, porque las palabras sobran cuando se amenaza a los pueblos Binniza, Chontal, Ikoots, Mixe, Zoque, Nahua y Popoluca del Istmo de Tehuantepec con sus proyectos trasístmicos y la expansión de las Zonas Económicas Especiales, a los pueblos Mayas con su proyecto de tren capitalista que despoja y destruye a su paso la tierra. Las palabras sobran ante la anunciada siembra de un millón de hectáreas con árboles frutales y maderables en el sur del país, ante la ilegal y amañada consulta para la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, o ante la oferta para que sigan invirtiendo las empresas mineras que tienen concesionadas grandes extensiones de los territorios indígenas. Las palabras sobran cuando sin consultar a nuestros pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional  de Pueblos Indígenas, comandado por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia.
Las palabras sobran cuando vemos el cinismo con que son entregados los pueblos de México a los intereses de Estados Unidos a través del Tratado de Libre Comercio, mismo que promete ratificar el futuro gobierno de López Obrador, quien en uno de sus primeros discursos no dudó en ratificar la continuidad en la actual política monetaria y fiscal, es decir, continuidad en la política neoliberal, la cual será garantizada con el anuncio de que las corporaciones militares seguirán en las calles y con la pretensión de reclutar 50 mil jóvenes para las filas armadas que han servido para reprimir, despojar y sembrar el terror en toda la nación.
Cuando nuestras demandas fueron parar esta guerra y que los derechos de los pueblos indígenas se reconocieran en la constitución mexicana, traducidos en los Acuerdos de San Andrés, fuimos traicionados porque el patrón que no vemos y que es a quien sirven los que dicen gobernar, ordenó tender sobre nosotros muchas leyes que hacen legal robarnos con violencia la tierra, programas para dividirnos y hacernos pelear entre nosotros, sembrar el desprecio y el racismo hacia todas las direcciones. Entonces, las palabras sobran también cuando con cinismo hablan de reconocer en sus leyes profundamente podridas los Acuerdos de San Andrés o nuestra libre determinación, sin siquiera tocar el asesino montaje capitalista que es el Estado Mexicano.
De aprobarse los Acuerdos de San Andrés en el actual contexto, estando vigentes las sucesivas reformas al artículo 27 constitucional, que han transformado la tierra en mercancía y han puesto las riquezas del subsuelo en manos de las grandes empresas, sin acabar con los regímenes de concesiones de aguas, minería, bienes nacionales e hidrocarburos, sin imponer límites al poder imperial derogando el actual Tratado de Libre Comercio y limitando severamente a las grandes corporaciones trasnacionales, sin destruir el control que los grandes cárteles de la delincuencia ejercen, apoyados en las corporaciones militares, sobre nuestros territorios, estaremos viviendo, en el mejor de los casos, una burda ilusión, que nos oculta la embestida del dinero contra nuestros pueblos.
Nosotros, en el Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno, no tenemos duda y no seremos parte de ninguna transformación exponencial capitalista, que con sus prácticas viciadas, tiene su mirada puesta en nuestros territorios. No seremos parte de su mentira sedienta de nuestra sangre y nuestro extermino.
Es por eso, que acordamos seguir construyendo la organización que se convierta en un gobierno propio, autónomo y rebelde, con compañeras y compañeros de otras geografías, para romper en colectivo la inercia que nos imponen, para ver entre todos por donde viene la tormenta y en medio de ella no dejar de tejer, hasta que nuestro tejido se junte con los otros, que brotan por todos los rincones de México y el mundo para que se hagan concejos, que juntos, seamos concejo de gobierno con las redes del apoyo al CIG. Que se desdoblen con sus propias formas y su propia identidad en el campo y la ciudad sin importar las fronteras.
Acordamos consultar en nuestras comunidades, pueblos, naciones, tribus y barrios las formas y modos de construir junto con las redes de redes, chiquitas y grandes, una coordinación que nos enriquezca en el apoyo y la solidaridad, que haga de nuestras diferencias nuestra fuerza, en redes de resistencia y rebeldía con la palabra que nos hace ser uno solo, de manera respetuosa y horizontal.
Y como es de por si nuestro modo, cada paso depende de lo que mero abajo acordemos, por lo que llevaremos a nuestras regiones estos resolutivos para ser consensados, y que la palabra colectiva que nos hace ser lo que somos, nos marque el ritmo, el modo y la dirección. 
Nuestros pasos dependerán también de lo que mero abajo en colectivo decidan los otros y las otras, los maestros, estudiantes, mujeres, trabajadores del campo y la ciudad, de todos lo que en medio de la guerra capitalista también han decido tejer la organización que eche abajo la muerte y la destrucción en la que los capitalistas solo ven ganancias. Si es su decisión, de abajo y autónoma, les llamamos a que consulten de manera seria y comprometida al interior de sus organizaciones y colectivos si es o no necesario para ustedes conformar su Concejo de Gobierno.
Si así lo deciden, en consecuencia a nuestro llamado para hacer retemblar la tierra con la organización de abajo y a la izquierda, siempre contarán con nuestra palabra compañera, desinteresada y solidaria. Compañer@s no serán pasos fáciles, ni rápidos, pero estamos convencidos de que se nacerán profundas grietas para desmontar el poder de arriba.
 En su momento y de acuerdo a la consulta que realicemos en nuestras comunidades, el CNI-CIG discutiremos la incorporación a algo más grande, que sea capaz de incorporar nuestras luchas, pensamientos e identidades. Algo más grande que se haga fuerte con las visiones, modos, formas y tiempos de cada quien. 
Hermanas, hermanos es esta nuestra palabra colectiva, que sigue llamando a la organización de abajo para defender la vida, y sanarnos junto con nuestra madre la tierra.   
Desde CIDECI-UNITIERRA, San Cristóbal de las Casas, Chiapas
A 14 de octubre de 2018
Por la Reconstitución Integral de Nuestros Pueblos
Nunca Más Un México Sin Nosotros
Congreso Nacional Indígena
Concejo Indígena de Gobierno
Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Fuente: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2018/10/14/pronunciamiento-de-la-segunda-asamblea-nacional-del-congreso-nacional-indigena-concejo-indigena-de-gobierno/

lunes, 8 de octubre de 2018

Nuestros domingos cortos


Nuestros domingos cortos

Almaro



Los domingos son los días más largos de los siete siglos que dura una semana, recuerdo mientras leo pacientemente a William Torres y lo imagino  saltando a bostezos los clasificados de la prensa dominical. Los domingos son días de descanso largo, de encuentros familiares y almuerzos robustos en la mesa de la abuela; las tardes de domingo son para la televisión inservible o los oficios aplazados durante años que otra vez quedarán a la espera de otra época. Los domingos son los días más largos, menos cuando los domingos son nuestros domingos y el tiempo se nos vuelve efímero, veloz, y el pretexto previo de los lunes siempre se hace breve.

En esos domingos juntos, el día empieza tempranito y mientras yo voy por un café tu terminas de hilar los últimos sueños de la mañana; luego vienen las caricias tempranas y algún beso de bienvenida; pronto el desayuno llenará el espacio de las palabras y el silencio nos llevará bajo las cobijas; iremos a caminar después de recorrer suavemente nuestros cuerpos, vamos sueltos de ropas, porque el sol del domingo es más intenso, agradecido de las gentes que viajan a los parques o las plazas para calentar la memoria y dejar pasar inútilmente el día. Buscamos refugio en un café de calle, o entramos en un museo del cual no teníamos la menor idea; dejamos que nos devore la memoria de los anaqueles,  resolvemos las cábalas de los libros viejos con números romanos; vamos de la mano, despacio, buscando una librería de fábulas por descubrir, o el teatro o el cine, para dejarnos llevar de alguna buena historia; o sencillamente un parque, para contar en nuestras manos las hojas amarillas o las semillas infinitas de un falso pimiento; caminamos, conversamos y en menos de lo que deseamos, el domingo fenece apacible, apocopado, plenamente corto.  Los domingos son, contigo, una caricia que se escapa fácil entre nuestras manos.



Esos domingos juntos, esos domingos cortos, los añoro, aunque duren menos que los domingos otros. Esos domingos de subirnos a una montaña, o de aguas cálidas o de brisas de páramos; esos domingos cortos, son intensamente repletos de la magia que hace que caminar juntos sea siempre una historia inspiradora, un bálsamo de aliento, una esperanza. Los lunes, cuando ya no estás, esos lunes en cambio, si son verdaderamente largos lunes.

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miércoles, 20 de junio de 2018

Te veo en las Calles


Te veo en las calles

 Almaro

S
é que habíamos prometido vernos pronto en la copa de un nevado, bajo la cristalina golpiza de una cascada o bajo el sol intenso de una mar desprovista de sombras. Pero no logro ver el nevado, ni la playa, ni la cascada. No logro hallarte en esos lugares que hoy vuelven a estar en riesgo, porque los que gobiernan desprecian el agua del nevado, destruyen la montaña de la cascada y envenenan la mar. Solo logro verte en la calle, en la marcha que pide agua, en la multitud que quiere democracia y en la protesta contra los explotadores de la tierra. Veo tus manos trazando en la pared un mensaje a los jóvenes revolucionarios, te veo sobre la ventana de un auto alzando las banderas de la paz y la esperanza. Veo tus ojos tras la capucha que esconde el rostro para poder mostrar la indignación; mis ojos no pueden dejar de ver tu sonrisa caminando de la mano con tus camaradas exigiendo el pan, el agua, el derecho a un mundo donde vivir valga la pena. Te veo rechazando desde la tribuna el asesinato del estudiante víctima de la intolerancia policiaca, te veo llevando la pancarta en donde se lee paz, mientras tus labios, sedientos, la gritan en coro. Te veo en la protesta y el tropel, te veo en medio de la muchedumbre y el mitin, te veo en la reunion preparatoria de la marcha y en la marcha preparatoria de la próxima lucha.
Vienen tiempos difíciles, difíciles para la montaña y para el amor, para la cascada y el nevado; las balas volverán a ocupar el silencio del desierto y las amenazas caerán de nuevo mientras se envenena la tierra con glifosato. Vienen las bombas del fracking y de la guerra, todo indica que la pequeña paz, recién nacida, se quedará de nuevo a las puertas de un hospital viendo morir a sus abuelas y estas a sus hijos. Vienen tiempos de violencia y lágrimas, y aun no logro verte en el nevado, escapada de las tribunas y las marchas; Estás ahí, en medio de la gente que ha recuperado su dignidad; te veo venir encabezando la manifestación; te veo con tu piel convertida en dibujo y te veo llevando la banderita verdeamarilla o la camiseta roja de la sangre roja; veo tu cabello recogido peinado combativamente para que pueda ver el sello precioso de tu juventud y tu cuello. Te veo dirigiendo la reunión del consejo de estudiantes y la junta del barrio, te veo organizando la asamblea y adornando la sede, escribiendo con el corazón las consignas sobre papelitos que serán repartidos en el mitin y te veo hablándome al oído, diciéndome casi en silencio, solo después de un beso, “no me esperes en el nevado, es el tiempo de vernos en las calles”. 



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jueves, 14 de junio de 2018

Petro, el trabajo, el Agua y la Paz


Petro, el trabajo, el Agua y la Paz

"Si Petro cumple con la agenda del trabajo, la protección del agua y de la paz, Colombia podría pasar del lastre del atraso a la vanguardia del desarrollo; los territorios tendrían derecho a la palabra y la palabra de los pueblos sería decisiva. Las montañas y los ríos tendrían una segunda oportunidad y la democracia podría construirse sin el miedo al francotirador". 



Mauricio Rodríguez Amaya


Conozco a Petro hace más de dos décadas; cuando él era Representante a la Cámara y yo era dirigente de la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria, nos acompañó en varias escuelas y eventos políticos, lo acompañamos cuando quiso ser Alcalde de Bogotá por primera vez y su campaña pasó casi desapercibida, luego volvió al Congreso para enfrentar sin miedo la parapolítica y la corrupción. Nos volvimos a encontrar en el Polo Democrático en orillas diferentes y votamos por él es su campaña presidencial de 2010. También fui testigo de su gobierno en Bogotá, y la forma como logró darle síntesis a la agenda social iniciada ocho años atrás y que no pudieron detener, a pesar de la persecución fascista de Vargas Lleras, Ordoñez y Uribe Vélez.  





La Agenda política de Petro ha sido coherente en lo que conozco de su carrera, ha enfrentado la corrupción desde varias tribunas, supo denunciar incluso esa misma corrupción cuando El POLO la orquestó en Bogotá; ha sido contundente en su denuncia de la toma mafiosa del Estado y no ha dejado de construir con la gente una agenda de derechos, basada en la sobrevivencia del planeta, el derecho a la dignidad humana y la posibilidad de construir una sociedad más incluyente y equitativa. Es un hombre billante y académicamente riguroso, no sobrestima su capacidad y sabe rodearse de personas que piensan colectivamente las agendas y los discursos. Su Programa Progresistas se basa en lo construido con los años, con las luchas dadas de toda la vida y con los aprendizajes que le permiten combinar con audacia en sus discursos teorías y opiniones políticas. es de esos políticos que al escucharlos uno se siente en clase de economía o de Historia, o de ambas. 





Sin duda, la agenda de Petro está lejos de ser Socialista. Por lo menos del Socialismo estatista clásico que conocimos en la Europa del Este y que repetimos sin miramientos contextales en algunas latitudes de nuestra América Latina. La agenda política de Petro combina, no sin las respectivas contradicciones, la necesidad de crecer en empresas y negocios con la protección adecuada de los bienes comunes de la naturaleza; habla de productividad y también de empleo decente; conversa con las nuevas tecnologías pero no desprecia los saberes ancestrales de nuestros pueblos originarios, habla de energías limpias pero reconoce el poder imprescindible del petróleo para la economía global contemporanea; En lo particular, hay tres temas que hacen que la decisión de votar por Petro sea hoy el producto de la voluntad y de la razón: Primero, Un gobierno de la Colombia humana puede poner de relieve la necesidad de proteger el agua, de ordenar el territorio alrededor de la conservación de nuestras fuentes hídricas; Segundo, en la Colombia humana, se reversaría la reforma laboral del neoliberalismo, que destruyó el trabajo decente y nos condenó a la precariedad, la tercerización y la violencia contra los sindicalistas; Tercero, Petro es quien puede garantizar que el Estado cumpla la palabra dada en el Acuerdo para la terminación del Conflicto armado con las FARC y al tiempo podría proponer caminos para resolver con el diálogo la confrontación con el ELN, incluso Propone fórmulas creativas para reducir la capacidad ofensiva de los grupos paramilitares, que aliados al narcotráfico y la clase política más retardataria, amenazan con mantenernos en el capítulo casi eterno de la guerra.



 Si Petro cumple con la agenda del trabajo, la protección del agua y de la paz, Colombia podría pasar del lastre del atraso a la vanguardia del desarrollo; los territorios tendrían derecho a la palabra y la palabra de los pueblos sería decisiva. Las montañas y los ríos tendrían una segunda oportunidad y la democracia podría construirse sin el miedo al francotirador. Por supuesto que habrán perdedores si Petro Gana. Perderán las mafias el control del Estado, perderán las redes de narcóticos el control de ciertos territorios, perderá el latifundio improductivo y perderán los que se oponen a salir del atraso del extractivismo. Perderá la clase corrupta y perderá el fascismo. Perderán los dueños de la guerra y los financiadores de la muerte.




Este es un voto de aprecio personal y de compromiso colectivo. Es un voto de confianza y un voto de trabajo, pues será responsabilidad de todos y de todas hacer que el gobierno de Petro cumpla con lo dicho. Colombia está a pocas horas de iniciar un rumbo que aún no conoce, y eso asusta; pero esta vez, sabemos bien lo que significa el retorno del fascismo y no hay futuro que pueda ser peor que ese que ya vivimos y todavía nos duele. Es el momento del trabajo, del Agua y de la Paz.

 
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jueves, 31 de mayo de 2018

Aún podemos derrotar la Guerra


Aún podemos derrotar la Guerra

"le queda la tarea a la gente de a pie, a los que se cansaron de trabajar sin horas extras, a los ahogados de los créditos impagables de la educación privada, a los campesinos hartos de las explosiones de la sísmica o las bombas, a las mujeres cansadas de la exclusión patriarcal, a las madres que guardan de sus hijos asesinados las fotos y el deseo de conocer la verdad".


Mauricio Rodríguez Amaya
@MauricioRodríguezAmaya.blogspot.com

Hemos construido un país basado en el odio, en la confrontación armada y en la destrucción física y epistémica del enemigo. La guerra ha sido un sello particular de nuestra política. Pareciera que sin guerra no sabemos cómo organizar el Estado, cómo distribuir los recursos públicos ni cómo construir consensos y disensos democráticos. Hace pocos meses abandonamos una de las más largas, que costó más muertes fuera de ella que en los combates y en las confrontaciones directas entre los ejércitos en disputa;  Los fusiles fueron acallados, pero no hemos sido capaces de pensar diferente a la época en que esos fusiles lo definían todo.  

Hemos pasado la primera vuelta de las elecciones presidenciales y las sorpresas nos son pocas. En números planos, más allá de un eventual fraude, gana un candidato que a voces es la encarnación de quienes se apoderaron de las tierras, desplazaron millones de colombianos, entregaron miles de títulos mineros, promovieron el paramilitarismo y sembraron cientos de fosas. Gana quien mejor sabe vender el miedo, miedo al vecino, miedo a lo diferente, miedo a las alternativas, miedo al cambio. En eso se sustenta la agenda de quienes saben bien cómo enriquecerse haciendo exactamente lo mismo, a quienes saben combinar muy bien la retórica del odio, la práctica de la violencia institucionalizada y la economía parasitaria del narcotráfico y el extractivismo.


No sorprende que en una sociedad precarizada por la pérdida de los derechos del trabajo, violentada en la dignidad por siglos de violencia, enferma de paranoia contra los diferentes, banalizada por la publicidad y aceitada por el afán de lucro, gane el que mejor recoge la esencia de lo que esa sociedad es y conoce. No sorprende que la gente vote por medio almuerzo aunque eso represente perder el refrigerio de sus hijos, o que voten por la minería, aunque sueñen con ir a la finca o la montaña; no sorprende que se inclinen al odio, aunque cada domingo religiosamente se prometan a sí mismos perdonar a los que los ofenden. Pero lo que sí sorprende es que algunos de quienes  han luchado contra ese modelo de corrupción y explotación se hagan a un lado en un momento de definiciones cruciales que podrían ponernos en la ruta de las economías emergentes y en la posibilidad de superar la guerra devastadora.  Sorprende que los adalides de la corrupción dejen solo al candidato que en segunda vuelta puede derrotar a los corruptos. Sorprende que los que ayudaron a construir la paz se hagan a un lado para facilitar el retorno de quienes prometieron hacerla trizas. Sorprende que los que han denunciado la violencia de las mafias, dejen el camino abierto a las mafias para que ganen con sus mayorías aceitadas.



No es el momento de hacerse a un lado, sino de asumir los retos de una disputa histórica entre el poder tradicional de la guerra y la posibilidad de una era de paz; entre quienes se enriquecieron recibiendo las coimas del extractivismo y quienes proponen hacer transformaciones para recuperar la economía con producción y conocimiento. Es el momento de dar la disputa por un cambio de rumbo, que puede tener apuestas alternativas e incluso contra-hegemónicas. Algunos líderes, contrario al llamado del momento histórico, han abandonado la pelea por los cambios en esta etapa de  las definiciones. Quizás porque esos cambios no son su agenda, quizás porque aún siéndolo, temen más a los desconocido de los cambios que a lo conocido de la guerra que también les permitió  fama y prestigio. Algunos de esos líderes han abandonado a la suerte la opción de cambio; entonces, le queda la tarea a la gente de a pie, a los que se cansaron de trabajar sin horas extras, a los ahogados de los créditos impagables de la educación privada, a los campesinos hartos de las explosiones de la sísmica o las bombas, a las mujeres cansadas de la exclusión patriarcal, a las madres que guardan de sus hijos asesinados las fotos y el deseo de conocer la verdad. Esta pelea se hará sin los rostros reconocidos y mediatizados que en el momento de las definiciones abandonaron insolidariamente el cambio. Se hará con millones de rostros anónimos donde se marca la indignación y la dignidad de no desfallecer cuando sus caudillos les han dado la espalda. El cambio habrá que caminarlo sin las grandes lumbreras que se ocultaron por sobrevivencia o por estrategia; el cambio se caminará a pie, preguntando, viviendo las inclemencias del clima y el silencio de la prensa. Así como nos ha tocado siempre, con el corazón en la mano y un buen libro en la mochila, nos corresponde caminar preguntando lo que no sepamos e imaginando para explicar el mundo que nos corresponde construir; nos corresponde derrotar la guerra a los que no hemos renunciado a dejar definitivamente atrás el camino marcado por las cicatrices de las bombas y las minas. Aún podemos soñar y caminar, y mientras se camine y se sueñe, hay esperanza.


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lunes, 21 de mayo de 2018

La Casa del Caracol


LA CASA DEL CARACOL
Almaro




Durmió el caracol 300 años, encerrado en su hogar de piedra;  cuando el sueño acabó y vino la necesidad de ver la luz, salió de su morada intacta, levantó no sin dificultad los pseudópodos entumecidos por el descanso casi eterno. Sacó la cabeza y sintió la rudeza del sol sobre sus  acrisolados ojos. Miró a su alrededor buscando recuerdos en su memoria insondable que le permitieran ubicarse en su presente subrepticio y lejano.


Estupefacto con los brillos irreconocibles, los vientos inmutables y el frío de las rocas, más eternas aún; dio un primer paso, buscó de nuevo entre su memoria calcárea algo que le aferrara con la vida, con el destino inmemorial de despertar después de tanto tiempo. Nada halló, nada vio que le perteneciera. Todo había cambiado, todo cuanto conocía había fenecido  y todo había nacido de nuevo sobre los estrépitos rocosos de los muertos.  Había que decidir entre volver al caparazón incorruptible o arriesgarse a traspasar la piedra. Era menester tomar decisiones inmediatas y soportar el rigor del camino que el destino asumiera. Volvió sobre su vientre, nada sintió que ya no conociera, nada vio que ya no hubiera repetido noche tras noches durante los últimos 300 años. Volvió  a la luz, ya con ahínco, ya con ganas, nada le parecía más extraño que volver a su cueva infinita. Vino entonces un primer paso, el definitivo; el viento de la noche arreció sobre el acantilado, las mareas alcanzaron con su brisa el canto de las rocas, una llovizna fría desafió el ímpetu de la coraza y el caracol volvió a refugiarse.

Durmió, agobiado por el fracaso y adormecido por la paciencia de la espera. Así pasaron 300 años más, hasta que la calidez del alba iluminó la concha y tuvo la fuerza para volver a intentarlo definitivamente. Por fin, salió de su concha, sintió el frío que nunca había conocido su espalda, sintió la brisa sobre sus ojos entre abiertos para resistirla, sintió el piso áspero de la roca y se aferró a ella con sus jugos biliares, abandonó su casa y caminó libre por primera vez, conquistó la cima de la piedra y pudo presenciar por mucho tiempo el magnífico manifiesto de las rocas sobre las cuales el mar escribe diariamente su propia historia. Leyó los aires y probó la brisa, su casa quedó abajo, muy abajo, ya no era menester volver a ella, la muerte llegaría en pocas horas y refugiarse de nuevo ya no valía la pena.


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