jueves, 26 de febrero de 2009

con llamado a la unidad arrancó 2do. congreso del Polo

Inicia el Segundo Congreso del Polo

Consolidemos la unidad, que lo es todo para nuestra esperanza: Carlos Gaviria


El presidente del Polo Democrático ratificó en que no será candidato a la presidencia de la república y llamó a la unidad de los demócratas.

Mauricio Rodríguez Amaya

Para el Polígrafo y Bajo la Mole


Bogotá, febrero 26. Ante más de 2000 delegados y delegadas de todo el país y  representantes  internacionales de más de 20 países, Carlos Gaviria Díaz instaló oficialmente el segundo  Congreso del Polo Democrático Alternativo.  En su discurso, el presidente hasta hoy del PDA, insistió en que la unidad del Polo es la clave para poder construir una alternativa de poder democrático en Colombia.  Cuestionó  duramente el secuestro y los delitos de lesa humanidad cometidos por la guerrilla y los grupos paramilitares; reiteró que todos los sectores políticos que conforman el polo repudian  de manera inequívoca el empleo de las armas para la resolución de los conflictos.  Repudió a la vez los falsos positivos y la regresiva política de seguridad del gobierno de Álvaro Uribe.

Gaviria llamó a defender los principios de la constitución del 91, como ejes de la propuesta de gobierno democrático: La democracia, el pluralismo, el multiculturalismo, como axiomas a partir de los cuales es imperativo construir un país a contramarcha del que actualmente tenemos.

Por otra parte, en relación con el tema presidencial, Carlos Gaviria insistió en que no será candidato a la presidencia de Colombia y llamó a escoger dentro del Polo un candidato que recoja las banderas y el ideariode la izquierda colombiana para enfrentar el proyecto uribista. Insistió en la necesidad de hacer alianzas  con otros sectores que compartan el proyecto de país del Polo democrático, pero no con quienes insisten en mantener el actual estado de cosas. No vamos a repetir el Frente Nacional, enfatizó. Sin embargo, no perdió la oportunidad para plantear los ejes programáticos de lo que sería un gobierno del PDA. No renunciaremos a nuestros ideales y no se puede calificar la coherencia como dogmatismo, señaló Gaviria en franca alusión a quienes a sectores que consideran que el Polo ha sido tomado por posiciones sectarias.  

Además del discurso de Carlos Gaviria Díaz, en la instalación del congreso se esperan los discursos de los dirigentes que encabezaron las listas de delegados y en sus intervenciones se podrá observar con claridad los puntos de vista en relación con la búsqueda de alianzas o de una candidatura propia del Polo democrático en las próximas elecciones presidenciales en Colombia. Mañana el congreso funcionará en Comisiones y el Sábado el elegirá a la nueva dirección nacional.




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Mauricio Rodríguez Amaya

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Bogotá, febrero 26. Ante más de 2000 delegados y delegadas de todo el país y  representantes  internacionales de más de 20 países, Carlos Gaviria Díaz instaló oficialmente el segundo  Congreso del Polo Democrático Alternativo.  En su discurso, el presidente hasta hoy del PDA, insistió en que la unidad del Polo es la clave para poder construir una alternativa de poder democrático en Colombia.  Cuestionó  duramente el secuestro y los delitos de lesa humanidad cometidos por la guerrilla y los grupos paramilitares; reiteró que todos los sectores políticos que conforman el polo repudian  de manera inequívoca el empleo de las armas para la resolución de los conflictos.  Repudió a la vez los falsos positivos y la regresiva política de seguridad del gobierno de Álvaro Uribe.

Gaviria llamó a defender los principios de la constitución del 91, como ejes de la propuesta de gobierno democrático: La democracia, el pluralismo, el multiculturalismo, como axiomas a partir de los cuales es imperativo construir un país a contramarcha del que actualmente tenemos.

Por otra parte, en relación con el tema presidencial, Carlos Gaviria insistió en que no será candidato a la presidencia de Colombia y llamó a escoger dentro del Polo un candidato que recoja las banderas y el ideariode la izquierda colombiana para enfrentar el proyecto uribista. Insistió en la necesidad de hacer alianzas  con otros sectores que compartan el proyecto de país del Polo democrático, pero no con quienes insisten en mantener el actual estado de cosas. No vamos a repetir el Frente Nacional, enfatizó. Sin embargo, no perdió la oportunidad para plantear los ejes programáticos de lo que sería un gobierno del PDA. No renunciaremos a nuestros ideales y no se puede calificar la coherencia como dogmatismo, señaló Gaviria en franca alusión a quienes a sectores que consideran que el Polo ha sido tomado por posiciones sectarias.  

Además del discurso de Carlos Gaviria Díaz, en la instalación del congreso se esperan los discursos de los dirigentes que encabezaron las listas de delegados y en sus intervenciones se podrá observar con claridad los puntos de vista en relación con la búsqueda de alianzas o de una candidatura propia del Polo democrático en las próximas elecciones presidenciales en Colombia. Mañana el congreso funcionará en Comisiones y el Sábado el elegirá a la nueva dirección nacional.




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miércoles, 28 de enero de 2009

El Alcalde Papaya y la ciudad de las chivas

Mauricio Rodríguez Amaya
Bajolamole.blogspot.com

En una ciudad lejana, muy lejana (del progreso) gobernaba un hombre moreno, vacilante de espíritu y mediocre de talento. Llegó al gobierno gracias a una expectativa creada por su antecesor, el amor en la causa de quienes lo seguimos y, de cierta forma, por falta de competencia efectiva en elecciones. Prometió continuar la senda construida años anteriores, mejorar la vida de los ciudadanos, en temas medulares como, construir un sistema integrado de transporte, avanzar en el mejoramiento de la infraestructura y mejorar los derechos de la gente, toda ellas aspiraciones muy positivas. Tanto así que a su gobierno le llamó “positivo”, demostrando su profundo poder de ingenio y creatividad, a la hora de crear una marca para la ciudad que dirigiría en adelante.

Pero vinieron entonces a la fiesta de bienvenida, sus mejores amigos, entre ellos un ex presidente de la Patria del Coco, de quien se conocen de sobra sus vínculos con los carteles de la droga. Gordito él, bajito de estatura, pero grande en astucia, logró hacer que la administración del Alcalde Papaya se convirtiera sin más cortapisas, en el gobierno de la gente, de la gente de él, por supuesto. Y fue más, la familia entera del nuevo burgomaestre trabajó ardorosamente en la repartición de las huestes; madre y hermano dirigieron uno a uno cada nombramiento, empresa por empresa, institución por institución, hasta estar lo suficientemente seguros de que sus amigos y los amigos de sus amigos quedaran bien acomodados para ver desde sus poltronas el nuevo espectáculo. Esta práctica meritocrática (pues constituye un buen mérito ser amigo de algún amigo del alcalde Papaya), quedó en el silencio y aquellos que realmente trabajaron para llevar a Papaya a la casa de gobierno se fueron quedando con las migajas y uno que otro título honorario. Reparte y comerás, era la consigna de la ciudad positiva.

Pasó el tiempo y la expectativa creada fue tornándose en un manto de dudas que con los días dio paso a las frustraciones. Al primer año, el alcalde Papaya no había logrado empezar su gestión, de hecho, algunos ciudadanos habían olvidado ya el cambio de gobierno, no recordaban si la ciudad tenía alcalde, o si en las entidades existían directores, o si los funcionarios de la administración gozaban seriamente de los beneficios de los contratos. Poco se hacía por los habitantes, y por cumplir aquello que con tanto aspaviento se prometió el primer día. “No es que no lo queramos, es que el tipo está dedicado a dar papaya”, comentaba la gente en los corrillos, las calles sin asfalto y en las charlas amenizadas en medio de horas eternas de trancones.


Faltaba contar que desde la casa del Gobierno de la República del Coco, el gobernante de la Patria, enemigo declarado de los amigos del Alcalde Papaya, se había dedicado a aprovechar cualquier error, cualquier descuido, cualquier caída, que como se sabe, sobran en medio de la mediocridad y el desorden. , “cobren, cobren, aprovechen lo que sea, papaya puesta, papaya que recogemos”, declaraba y ordenaba diariamente. Exigía ingenio en el cobro a sus secuaces, reprochaba mayor compromiso a los medios de comunicación del régimen del Coco: “denle duro a Papaya, entrevisten a sus opositores, armen el escándalo que sea con el más mínimo de sus papayazos, no bajen la guardia que el tipo es lo suficientemente papayudo como para que no tengamos algo nuevo que decir contra él todos los días”. Así fue y así se hizo. En adelante, cada vez que Papaya concurría a cualquiera de sus innumerables equivocaciones, al minuto, los más instigadores y los menos hábiles en el arte del cobro, saltaban a los micrófonos y las cámaras, a las columnas de prensa y a las sesiones de debates públicos, para exigir retracciones, cambios de rumbo y cumplimiento de lo prometido. Papaya, absorto de la realidad, convencido de su buen gobierno, respondía con alguna otra caída, a veces peor que la primera.


Se hizo fácil la tarea de los promotores del desencanto, pues las salidas en falso del gobierno Papaya se volvieron constantes, como el día aquel en que las calles fueron levantadas sin ningún escrúpulo para poder adelantar las obras en las cuales correrían las Chivas. Hago un paréntesis para contar que el sistema de transporte masivo de la ciudad aquella, lo constituyen prioritariamente uno aparatos articulados llamados chivas, pues tienen la capacidad de correr entre las calles destapadas, entre el barro y los charcos incontables que se producen donde las lozas de asfalto se levantan paulatinamente o se entierran hasta que no queda rastro de los materiales de la obra. También se les llama chivas porque la gente que tiene la necesidad de recurrir a este servicio, bebe correr, saltar, empujar, avanzar atropelladamente a quien se encuentre delante de la fila, arrumar a los ancianos y coscorronear a los niños; y ya adentro, se deben hacer todos los esfuerzos para acomodarse sobre otros, o sobre las otras, montarse sobre las barandas porque las sillas son casi inexistentes, colgar la cabeza por las ventanas o esconder las manos en las bolsas de los vecinos. Las chivas llevan tanta agente acumulada al tiempo, que en algunos casos los pasajeros alcanzan a tener los mismos pensamientos; entre ellos, el más común: ¿Cuándo hará algo Papaya por mejorar esta indignación?... Solo algo más. La gente no se baja o se sube, los empellones de la masa informe de beneficiaros, te sube o te baja, depende del descuido.

Volvamos. Vino el día en que las pocas calles fueron cerradas para abrir las obras de las nuevas chivas, y como si fuera poco se aumentaron las restricciones a los ciudadanos que contaban con un carro propio, sin distingo de raza, estrato o credo. Para que la gente pudiera acceder al servicio de chivístico, se clausuraron rutas de buses y busetas; pero las chivas ya no daban a basto con la nueva oferta; la ciudad se hizo un caos. Papaya pensaba, y muy en serio, que ahora que no habrían calles debido a las obras iniciadas, debía haber menos carros. Y claro, no pensó en los efectos reales sobre la vida de los ciudadanos, ni en las bajas en el empleo, ni en las pérdidas empresariales, ni el tormentoso servicio de las pocas chivas existentes. Como era de esperarse, contra estas medidas calló el mundo entero, pero no solo los áulicos del gobierno del Coco, sino también los transeúntes que no podrían usar sus propios carros, y los de a pié, que verían como su sistema de transporte se rebosaría aún más de los cotidianamente acostumbrado.

La última vez que tuve noticias del gobierno del Alcalde Papaya, estaba hablando de edificar ahora sí, un metro. Pero parece que no hará más que reconstruir el monorriel que lleva a la sabana, porque si para meter las chivas que le hacen falta al lucrativo negocio de unos cuantos, ha afectado la ciudad entera, no me imagino lo que pensará hacer para convencernos de las bondades de su nueva obra. Queda esperar y ver cómo, por un lado, agoniza la expectativa de quienes creyeron en un gobierno que acentuara los cambios y que no han visto más que dispersión y mezquindad y, por el otro, ver a quienes gozan del banquete de papayas servido por el burgomaestre y a partir de los cuales se alimentan ahora los nuevos discursos electorales que se avecinan en la patria del Coco.

P.D. cualquier parecido con la realidad, nos podría dejar algo positivo.


miércoles, 21 de enero de 2009

Obama: tez negra, corazón blanco




Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com
Enero 21 de 2008

El mito de un presidente negro, no implica un cambio en la mentalidad del Estado norteamericano, pero sí ayuda a mejorar las condiciones de la intervención en las “colonias”, basta observar algunos apartes de su discurso de posesión.



América del Norte, -o como diría el sociólogo Boaventura de Sousa Santos, Europa en América- es el heredero de toda la tradición moderna eurocéntrica, blanca y protestante. Su mentalidad se ha construido sobre los valores de la mentalidad burguesa de Inglaterra: pragmatismo, utilitarismo, individualismo y liberalismo económico. Es la síntesis de las ideas de Smith, Calvino, Locke y Bentham y más recientemente los aportes de Ford, Roosevelt y Friedman, por mencionar solo algunos. El sueño americano se soporta en la idea de que la fortuna es la fuente de la justicia y el éxito consiste en la acumulación de bienes; quienes acceden a la fortuna y al éxito, son los hombres que gozan del buen designio. Hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antecesores y a nuestros documentos fundacionales, aseguró el Presidente Obama en el discurso de su posesión.

La modernidad norteamericana ha exacerbado el individualismo, el racismo y el fetichismo del dinero: No vamos a pedir perdón por nuestro estilo de vida, ni vamos a vacilar en su defensa, sentenció el primer presidente negro de Estados Unidos. Pero la imposición de este estilo de vida le ha costado al mundo su desgaste, su calentamiento y su destrucción prematura. El sur provee las riquezas y el norte establece el derroche como modelo de consumo. Esta cruda realidad encuentra en el nuevo mandatario una respuesta contundente: utilizaremos el sol, el viento y la tierra para alimentar nuestros automóviles y hacer funcionar nuestras fábricas.

Barack Obama, es un exitoso político del Partido Democráta que con cierta facilidad logró llegar al Senado norteamericano y desde entonces ha contado con la fortaleza de conseguir los aliados necesarios para ser Presidente. No es presidente por ser negro, Obama es presidente por ser rico. Su riqueza billonaria lo coloca en la lista de los 600 hombres más ricos del mundo. Sin embargo, parte estratégica de su impecable campaña electoral consistió en aprovechar su tez, al punto que intelectuales y opinadores del mundo no-blanco, consideran ésta como una condición de cambio en la dirección del imperio. Un poco de ingeniudad, pero también de conformismo y comodidad.

Es innegable el avance de los y las inmigrantes en las luchas políticas y de resistencia en el corazón de los Estados Unidos. Movilizaciones que en abril y mayo del año anterior, mostraron un viraje significativo en el contenido político de las reivindicaciones de esta población, a pesar de no lograr cambios sustanciales en la política migratoria norteamericana. Este target electoral estaba en dudas y solo faltaba poner un candidato más parecido a sus colores (negros, mestizos, indígenas) para cautivar sus votos y dinero y menguar significativamente el alcance de sus reclamos. Obama fue entendiendo la importancia de esta población para colocar la balanza a su favor, al punto que en el discurso de posesión, aseguro: …sabemos que nuestra herencia multiétnica es una fortaleza, no una debilidad. Y así es, pues el trabajo de los inmigrantes representa el 15% del Población Económicamente Activa (PEA) norteamericana, a pesar que solo uno de cada cinco tiene nacionalidad estadounidense y que la mitad de ellos recibe menos de 20 mil dólares al año.




Obama, insiste – con menos tiza- en los elementos estructurales de la política de seguridad del imperio; la seguridad emana de la justicia de nuestra causa, dice. Y este principio de autolegitimación le ha servido tanto a demócratas como a republicanos, forjar más de un capítulo guerrerista contra los demás pueblos del mundo. Para efectos de nuestro trabajo, presentemos solo algunos ejemplos de demócratas blancos que han defendido la misma tesis: Truman, responsable nada más y nada menos que de los miles de muertos y víctimas futuras de Hiroshima y Nagasaki; Kennedy, planeó y realizó la invasión a Cuba en 1961, inició el brutal bloqueo contra la Isla, y en Vietnam impuso el uso del Napalm y otras armas químicas, que luego se fueron esparciendo en pequeñas guerras por todo el mundo, incluida Colombia. Y Clinton, a quien le debemos el Plan Colombia con el cual se financia actualmente la guerra interna, y que dio al traste con las aspiraciones de una negociación política que diera término definitivo al conflicto armado colombiano. Blancos o negros, los presidentes norteamericanos, siguen en el lugar de los juzgadores del destino del mundo. Siguen suponiendo, para aferrarse a sus estrategias militares, que el mundo los odia: Nuestra nación está en guerra frente a una red de gran alcance de violencia y odio, afirmó Obama, en medio de la esperanzas de paz de pueblos enteros que han sido usurpados para saciar los intereses de Estados Unidos.

En Política económica, el color de la tez de Barack Obama no significa cambios en la dirección del imperio, por el contrario asegura que se defenderá el estilo norteamericano, quizás con más mesura, pero alimentando la base de su riqueza: El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no solo del tamaño de nuestro producto nacional bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad de ofrecer oportunidades a todos los que lo deseen, no por cariad sino porque es la vía más segura hacia el bien común, aseveró el nuevo presidente norteamericano. Sea por caridad o por convicción, las oportunidades aún no llegan a México después de 15 años de TLC; por el contrario, su economía sigue el camino de la miseria y la sobre explotación. En Chile, los milagros anunciados no aparecen y más fabricas siguen cerrando, más trabajadores quedan por fuera del aparato productivo y más pobres se apoderan de las plazoletas y las calles. Gracias a las oportunidades ofrecidas por Estados Unidos, Nuestra América ha recorrido el camino de la sumisión, la explotación de materias primas y mano de obra barata, la miseria y el analfabetismo. Las oportunidades llevadas a Irak para ampliar el alcance de la prosperidad norteamericana, han costado más de 30 mil muertos, un país hecho añicos y entregado por trozos.

Obama, deja abiertas expectativas interesantes para mirar el futuro de su gobierno y que de cumplirse podrían contribuir al mejoramiento de las condiciones del planeta y de la vida humana: primero, la posibilidad de que sea cierto que Estados Unidos deje de destruir la soberanía alimentaria de las naciones: nos comprometemos a colaborar con vosotros para que vuestras granjas florezcan y dejar que fluyan aguas limpias. Esperemos qué dirán Monsanto, Nestle, Du Pont, entre otras multinacionales al respecto. Aunque el entusiasmo puede durar hasta saber si serán -o seguirán siendo- nuestras tierras las que servirán para alimentar sus automóviles y fábricas.

Segundo: Es posible que Estados Unidos dé un viraje hacia la búsqueda de la paz mundial, para lo cual deberá renunciar a muchos de sus intereses. Incluso es pensable que cuestione seriamente a gobiernos como el de Álvaro Uribe –quien debe estar muy preocupado después de ayer– si cumple su disposición de condenar a aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia. Aunque también no será extraño que les dé la mano cuando el imperio los requiera.

Vale la pena mirar a Obama por lo que representa de fondo, por sus orientaciones políticas, por sus compromisos económicos y por quienes lo rodearán en su gobierno. No es el color de la piel en este caso el que define el rumbo de su mandato; serán, la orientación del Partido Demócrata, la economía norteamericana y mundial y las aspiraciones geopolíticas del imperio, las claves que definirán el rumbo del primer presidente negro norteamericano.