martes, 10 de mayo de 2016

Sindicalistas colombianos hablarán de paz



Centrales Obreras hablarán de Paz


Con el respaldo de la Universidad Nacional, los y las trabajadoras colombianas, discutirán alternativas para fortalecer los derechos del trabajo en los contextos de pos-conflicto.
Mauricio Rodríguez Amaya


Con el respaldo de la Maestría en Sociología de la Universidad Nacional, las centrales sindicales de Colombia, CUT, CTC y CGT, realizarán el Foro y la Audiencia Pública “El papel del Trabajo en la Construcción de la Paz”, el 19 y 20 de Mayo de 2016. Estos eventos pretenden construir una agenda común para promover cambios estructurales para garantizar los derechos del trabajo, como herramienta necesaria para la construcción de la paz.
Al evento asistirán sindicalistas de más de 30 organizaciones nacionales, estudiantes, académicos, representantes de los gremios económicos, del gobierno nacional y de organizaciones nacionales e internacionales. La Facultad de Ciencias Humanas ha dispuesto El Edificio de Posgrados (Edificio Salmona) para la realización del Foro. Esta es una excelente oportunidad para el diálogo entre distintos sectores académicos y políticos en relación  a un tema medular para la construcción de la paz, pues sin mejorar las condiciones del trabajo será imposible consolidar cualquier iniciativa del pos-conflicto.

La Audiencia Pública


El 19 de mayo, a partir de las 8:00 a.m. el Representante a la Cámara, Alirio Uribe Muñoz, presidirá la Audiencia Pública “El papel del trabajo en la construcción de la paz”, que busca involucrar al Congreso de la República en los debates sobre el trabajo en el contexto actual; a la Audiencia asistirá la nueva Ministra del Trabajo, Clara López Obregón, quien ha planteado la necesidad de fortalecer el trabajo decente para la paz, dentro de las prioridades que impulsará durante su gestión. También asistirán representantes de los gremios económicos, quienes escucharán las inquietudes de los parlamentarios asistentes, con el ánimo de encontrar fórmulas comunes para detener la precarización y la tercerización laboral en Colombia. También han sido invitados los parlamentarios Inti Asprilla, Jorge Enrique Robledo, Alexander López, Iván Cepeda, Senén Niño, Claudia López y Horacio Serpa, entre otros, dada la importancia de crear una agenda nacional para la protección de los derechos de trabajo.

El Foro Nacional


El foro es un evento de corte principalmente académico, presidido y coordinado por la Maestría de Sociología y la Facultad de Ciencias Humanas, de la Universidad Nacional, en ella intervendrán varios académicos que desde distintas ópticas han venido contribuyendo a la búsqueda de cambios para mejorar las condiciones laborales en el país. El evento académico es coordinador por el Dr. Juan Carlos Celis, docente de la Maestría en Sociología y Miembro de la Red de Estudios del trabajo; dentro del grupo de expertos y expertas que participarán, se encuentran, Carmen Tangarife; Ricardo Ruiz; Edgar Valero Julio, Laura Porras Santanilla, Luciano Sanín, Yessika Hoyos Morales, Diego Martínez y Cesar Giraldo y Samuel Vanegas, entre otros.


Una Agenda Común para el trabajo y la paz

Sin consolidar y fortalece el espectro de los derechos del trabajo en Colombia, será difícil consolidar procesos de paz duraderos; por eso, las centrales obreras, consideran necesario promover, entre otros temas,  una política pública para el trabajo decente y la formalización laboral; derrotar la precarización y la tercerización ilegal, limitar el uso de pactos colectivos y contratos sindicales en detrimento de la negociación colectiva, promoción de la negociación de industria o por ramas de la economía y generar medidas para la protección de los sindicalistas y sus organizaciones.

Inscríbase y Consulte la programación completa en: http://coljusticia.com/index.php/2016/05/02/foro-nacional-el-trabajo-para-la-paz/ 

Informes:
Central Unitaria de Trabajadores: 3237550

Centro de Solidaridad: 2838139
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Programación Audiencia-Foro "El papel del trabajo en la construcción de la Paz


AUDIENCIA PÚBLICA
“EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ”.
Convocante: Congreso de la República.
Lugar: Auditorio: Virginia Gutiérrez, Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia
Mayo 19 de 2016

8:00 a.m.        Instalación AUDIENCIA PÚBLICA: “EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ”. Alirio Uribe Muñoz. Parlamentario Polo Democrático, proponente de la Audiencia.
Por la Universidad Nacional, Dr. Ricardo Sánchez Ángel, Decano Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de Colombia.
Por la Red de Estudios del Trabajo, Dr. Oscar Fresneda Bautista; Profesor e investigador, Universidad Externado de Colombia.
Intervención de la Escuela Nacional Sindical, Carlos Julio Díaz, Director  General.

8:40 a.m.        Intervenciones de parlamentarios y parlamentarias asistentes.
                        Intervención del Sr. James McGovern, Parlamentario de EE.UU.
9:30 a.m.         Intervenciones del Gobierno Nacional:
Clara López Obregón, Ministra del Trabajo
10:00 a.m.      Intervención de la OIT, Dra. Valkyrie Hanson, Directora Técnica principal Oficina en Colombia.
10:15 a.m.       Intervenciones de los Representantes de los Trabajadores.
Luis Alejandro Pedraza, Presidente de la  Central Unitaria de Trabajadores – CUT
Luis Morantes, Presidente de la Confederación de Trabajadores  de Colombia – CTC
Julio Roberto Gómez, Presidente de la Confederación General del Trabajo – CGT.

11:00 a.m.       Intervención por los gremios económicos:
Bruce Mac Master, Presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia - ANDI.
Sergio Clavijo, Asociación Nacional de Instituciones Financieras – ANIF

11: 30 a.m.     Intervenciones de los asistentes. Los participantes inscritos para intervenir, podrán hacer uso de la palabra durante cuatro minutos.
12:30 p.m.      Presentación de Conclusiones de la Audiencia Pública; Dr. Alirio Uribe Muñoz, Representante a la Cámara
1:00 p.m.         Receso para Almorzar


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FORO NACIONAL
“EL PAPEL DEL TRABAJO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ”
Lugar: Auditorio: Virginia Gutiérrez, Edificio de Posgrados de Ciencias Humanas

Mayo 19 de 2016
2:00 p.m.        Hacia una Agenda Nacional “Trabajo y Paz”
Conformación de Grupos de Trabajo (Cada grupo contará con un número de personas que discutirán propuestas alrededor de cada eje de trabajo, las cuales serán recogidas y presentadas por una comisión relatora).
Grupo 1: (Aud. Virginia Gutiérrez). Instrumentos nacionales e internacionales para promover una Política Pública de Trabajo Decente y formalización laboral en Colombia. Intervenciones de apertura: Carmen Tangarife, Escuela Nacional Sindical - ENS; Ricardo Ruiz, Abogado, Corporación para el Desarrollo de la Educación Social – CORPEIS; Mauricio Rodríguez Amaya, Centro de Solidaridad.
Grupo 2: (Aud. Margarita González) Negociación colectiva por rama e industria y fortalecimiento del movimiento sindical: Intervenciones de apertura: Marely Cely Silva, Corporación Justicia y Libertad; Fabio Arias Giraldo, Secretario General de la CUT.
Grupo 3: (Aud. Camilo Torres – Fac. de Derecho) Propuestas para garantizar el ejercicio efectivo de la actividad sindical en Colombia. Facilitadores: Intervenciones de apertura: Yessika Hoyos Morales, Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo - CAJAR; Juan Carlos Celis Ospina, Universidad Nacional de Colombia – RET; Diego Martínez, Secretario del Comité Permanente de Derechos Humanos – CPDH.
Grupo 4: (Salón Oval) Economía popular, Trabajadores informales y derechos del trabajo: Cesar Giraldo, Universidad Nacional de Colombia. Samuel Vanegas, Universidad  Javeriana – RET.
5:00 p.m.         Cierre de la Sesión.
Mayo 20 de 2015
Universidad Nacional Auditorio Virginia Gutiérrez
(Edif. Postgrados de Ciencias Humanas)

8.00 a.m.        Panel: “Cambios institucionales y jurídicos para  la materialización de los derechos constitucionales del Trabajo en Colombia”
Nicolás Escandón Henao, Corporación Colombiana para la Justicia y el Trabajo – COLJUSTICIA.
Edgar Valero Julio, Profesor Departamento de Sociología Universidad Nacional de Colombia – Red de Estudios del Trabajo.
Laura Porras Santanilla, Red de Estudios del Trabajo – Universidad del Rosario.
Luciano Sanín, Escuela Nacional Sindical – ENS.
Cesar Giraldo, Universidad Nacional de Colombia
Moderador: Mauricio Rodríguez Amaya, Centro de Solidaridad

10:30 a.m.      Construcción de una Agenda Nacional “Trabajo y Paz”: Presentación de las conclusiones de los grupos de Trabajo.
                        Instalación de la Mesa de Impulso Nacional “Trabajo y Paz”.
Conclusiones y Clausura.
2:00 p.m.        Asistencia de los y las participantes al I Foro Nacional Financiero por la Paz
Convocantes:
Universidad Nacional de Colombia – Facultad de Ciencias Humanas -
                                                                               Maestría en Sociología                                                                             
CENTRAL UNITARIA DE TRABAJADORES - CUT
CONFEDERACIÓN DE TRABAJADORES DE COLOMBIA – CTC
CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO – CGT

Entidades que apoyan:
Centro de Solidaridad AFL-CIO - Corporación Colombiana para la Justicia y el Trabajo, COLJUSTICIA – Red de Estudios del Trabajo, RET - Corporación Justicia y Libertad - Escuela Nacional Sindical, ENS – Universidad Externado de Colombia - Revista Nueva Gaceta - Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo, CAJAR – Comité Permanente de Derechos Humanos, CPDH – Corporación para el Desarrollo de la Educación Social, CORPEIS.   

domingo, 1 de mayo de 2016

Haití

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almaro

Vino con el mar, y se fue con él; desde el astillero, su vestido blanco combatía los vientos; morena de soles y ojo brillantes como luces del puerto, su sonrisa esplendida, diáfana, interminable; sus labios finos y gruesos, su boca era misterio poderoso de imperios coloniales. Caminó contra el viento; mi tarea, recibirla de su travesía y acompañarla complaciente al hotelito que desde antes había escogido para su estadía; el día hervía y el sol estaba inmarcesible sobre todas las sienes negras y blancas, mulatas y mestizas. El puerto es el lugar en que se conjugan los mundos, done se atesoran los vocablos precisos y el sitio donde todo tiene un valor para traficantes y mercachifles.

Su español era escaso y mi ingles inexistente. Sus pocas palabras eran inescuchables en el bullicio del mercado, los pesqueros y los piratas, entre las ventas de la calle y el paso constante de los automóviles. La guerra había empezado lejos, así que su llegada a estas calles escondidas, era inevitable. Ella venía a prevenirnos de las intrigas  de los asesinos y al mismo tiempo a refugiarse de su propia muerte. Yo era solo el desconocido encargado de llevarla al hotel que serviría de escondite y de lugar de interminables reuniones y planes de defensa. Salimos de la repelencia y del bullicio, logramos un café cercano, tranquilo, poca luz, tenue de música y mustio de presencias; ahí pude verla  perfectamente bella a la luz precisa de la ventana. Dije algunas cosas para ganar confianza, sonreía, sonreía como sonríe la noche repleta de lunas y de estrellas, sonreía como sonríen las perlas en los mares de Kyona.

Haití fue tomada años antes y liberada por sus abuelos y sus tatarabuelas; pero cada cuanto, los invasores volvían sobre ella para intentar recapturarla y humillarla como en los tiempos del cepo y de la hoguera; esta vez, las calles sangraban y lloraba el cielo a cántaros interminables la tragedia extendida por los bríos de la naturaleza indómita, que adolorida daba vueltas sobre su propio vientre; ni el terremoto aplazó la guerra y en las calles se confundían los cuerpos grises del cemento y las almas ensangrentadas de la guerra; Ella venía a recobrar sus fuerzas, a indicar estrategias, a buscar acalanto y a sonreír en esta tarde solaz ante mis ojos perdidos en los suyos. Fueron tres horas arañando idiomas y destrozando lenguas imprecisas. Un Vino acompañó la cena, y la noche fue intensa, negra como sus pupilas, fría como la incertidumbre de la guerra y plácida como la  caminata sobre la calle del hotel.

Noches enteras  vine a verla, a aprender y a escuchar, a presentir que algo de su sonrisa maravillosa y eterna era para mí. Ella era la paz, ella venía a prevenirnos y a prepararnos. Era hija de Obá, pero se estremecía con la sevicia de los invasores, no deseaba un lucero como cárcel, no quería defraudar su linaje ni su espada; hubo una noche en que su piel morena fue acariciada por las aguas sórdidas de la mar; hubo un beso del que solo una estrella fue testiga, hubo un abrazo que solo los vientos presenciaron distantes; hubo un sueño, en donde vi su alma mientras ella contemplaba imperturbable los luceros donde viajan las almas que Obá castiga cuando en la guerra pierden la batalla.


Una mañana volvió a su barco, camuflada en faldones y camisas de algodón rosado, clandestina, imperceptible,  volvía a la resistencia cargada de esperanzas. Se fue con las olas y los vientos, volvió a su tierra a enfrentar invasiones y pecados, a pelear por tierras libres, azotadas y liberadas mil veces. Yo no pude separarme del puerto hasta que el barco desapareció ante la mirada del tiempo; con ella se fue el sol y la noche me acompañó un buen rato mientras el éxtasis de la ciudad dejaba espacio para las brisas del mar frío; yo volví también a mis luchas, con la imagen detenida de ese beso recóndito, volvía a enfrentarme a mis propios enemigos, como ha mandado Obá, volvía con la esperanza que ella y su pueblo ganen de nuevo esta guerra, o a verla quizás en algún lucero, si Obá la condena al exilio de las noches, ante la pérdida de la batalla. 
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Trabajo para la Paz



Mauricio Rodríguez Amaya
#trabajoesPAZ


Más de treinta años de retrocesos en políticas de protección del trabajo han transformado la realidad laboral en Colombia; como paradoja fundamental, la Constitución del 91, trajo consigo la promesa de proteger los derechos sociales y la implementación del Estado Social de Derecho, al tiempo que desarrolló el marco constitucional para la libertad de Empresa, el incremento de la inversión extranjera, la reducción de la protección de derechos sociales al amparo del neoliberalismo internacional.

La reducción del Estado, la privatización de las empresas industriales y comerciales del Estado, de la educación y de los servicios de salud, lanzaron a las calles un enorme ejército de desempleados que cuando volvieron al mundo del trabajo lo hicieron en condiciones de precariedad, tercerización e informalidad. Ninguna de estas políticas  hubiera alcanzado resultados tan eficaces y rápidos si no estuvieran acompañadas de una intensa ola de violencia antisindical que ha cobrado la vida de más de 5000 sindicalistas, otro tanto desaparecidos y un sinnúmero condenados y condenadas al desplazamiento interno y al Exilio. La guerra se convirtió en el pretexto para aniquilar sindicatos y sindicalistas, destrozar convenciones colectivas y desaparecer las conquistas obreras alcanzadas durante la segunda mitad del Siglo XX.


El nuevo contexto de superación de la guerra, ofrece un campo de expectativas y oportunidades para los y las trabajadoras colombianas; expectativas de superar el conflicto armado en el territorio colombiano y oportunidades de desarrollar un nuevo marco de conflictos sociales y políticos sin recurrir a la eliminación física de los oponentes. La paz en Colombia no será la superación de la desigualdad y las injusticias; la Paz en Colombia es un nuevo marco político para asumir los conflictos estratégicos que están por resolverse en la sociedad Colombiana; uno de ellos, es indiscutiblemente, la lucha por materializar los derechos individuales y colectivos del Trabajo.


Colombia requiere un nuevo marco normativo e institucional que cumpla por fin las promesas del Estado Social de Derecho y las aproxime a las expectativas  sociales creadas por el proyecto constitucional de 1991. Una Política Pública para el Trabajo Decente y la formalización Laboral, puede contribuir a construir una agenda que en el mediano plazo recupere la fuerza institucional en la defensa de los derechos del trabajo, genere un nuevo marco de relaciones entre obreros y empleadores que no esté mediado por la violencia y nuevas condiciones donde se acepte que los derechos de los trabajadores son tanto o más importantes que los de la libre empresa. La paz es una oportunidad, el trabajo es la herramienta fundamental para hacer posible la paz.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Los pueblos originarios del Cauca en marcha por el Estado Multinacional


Los pueblos originarios del Cauca en marcha por el Estado Multinacional

Mauricio Rodríguez Amaya
www.bajolamole.blogspot.com


El 24 de noviembre de 2015, inició una nueva multitudinaria movilización de hombres y mujeres desde el Cauca hasta la capital de Colombia, para exigir que los representantes del Estado- nación, reconozcan y respeten definitivamente lo derechos a la justicia y a la autodeterminación de los pueblos originarios. Poco se sabe y poco se ve en los grandes medios sobre esta, la tercera marcha de este nivel en los últimos diez años. Los medios no cuentan todo y lo poco que cuentan esta leído bajo el lenguaje y las claves simbólicas de la hegemonía centralista, euro-céntrica y aristócrata v de la élites políticas colombianas: unos indígenas marchan hacia Bogotá, las minorías éticas reclaman una justicia solo para ellos, los indígenas quieren defender los delitos de Feliciano, y así, otros tantos enunciados y calificativos se ven y se leen en la prensa oficial.

Pero quiénes son los que caminan desde el Cauca? Por qué una supuesta minoría se atreve a exigir el derecho a su propia justicia, cuando existe un marco general para todos los habitantes del Estado-nacional colombiano? Tienen derecho los diferentes, los diversos, a otras justicias? Desde mi punto de vista, el modelo de organización del derecho nacional moderno está en crisis, por dos grandes razones; primero, por su pretensión homogenizadora de las diversidades culturales que componen el Estado, y dos, por su negación consecuencial de los otros derechos, de las otras justicias. Si bien es cierto, que la Constitución colombia aportó cambios indiscutibles en el reconocimiento de los derechos propios de otros pueblos, de otras nacionalidades que comparten el mismo estado colombiano, también es cierto que aún hace falta materializar muchas de las promesas constitucionales referentes a la inclusión y a la convivencia de las diferentes justicias.

Somos herederos de una fuerte tradición moderna que constituyó al Estado-Nación en el eje articulador de las leyes, de los poderes territoriales y en cierto modo, de las culturas y sus referentes simbólicos expresivos. Como recuerda, García Linera (La potencia Plebeya, 2005) cuando Simón Bolívar fundó el Estado Liberal en Bolivia, reconoció derechos políticos a los ciudadanos de origen español pero no reconoció los mismos derechos a los indios. Era menester ponernos al día, por lo menos formalmente a las exigencias de los conquistadores, quienes habían reconstituido nuestras complejidades socioculturales desde la perspectiva europea,  quienes habían negado la existencia de otras culturas deferentes a la suya a través de la fuerza o la persuasión (o de la persuasión después de la fuerza). Había que parecernos al conquistador y en lo posible alejarnos de la condición cultural y política de los derrotados. Bolívar, por supuesto, es un ícono de su época en términos políticos, sus paradigmas histórico culturales no distan sustancialmente de las coronas que derrotó en la guerra, es un heredo de los procesos de aculturación e imposición cultural sobre el suelo de nuestra América. Y en esta realidad quizás se finque su intención de construir Estados lo más parecidos posibles a los conquistadores que derrotaba, con todos su modelo cultural  y su “sistema de creencias, prejuicios y valores dominantes que había ordenado los comportamientos colectivos antes del proceso independentista: la racialización de las diferencias sociales a través de la invención estatal del “indio”, no sólo como categoría tributaria, sino, ante todo, como el “otro negativo”, ordenador de los esquemas simbólicos con los que las personas daban sentido al mundo, incluidos los propios indios” (Linera, 2005, Pág. 271).

La negación del otro, del derrotado, del diferente del indio, descansa en la médula del Estado Nacional moderno; y contra ese paradigma de negación, es que se levanta nuestra potencia plebeya de los pueblos originarios del Cauca. Contra un sistema legal que niega las otras culturas, las autonomías, los otros derechos, las otras cosmovisiones posibles sobre la vida, sobre el territorio y sobre el poder. Pero la nueva marcha indígena no es solo una protesta contra el modelo monopolista del Estado nacional moderno; también es una apuesta por el reconocimiento y por la redistribución, como diría Boaventura de Sousa Santos; por el reconocimiento de su propia subjetividad e historicidad, de su propia existencia y su propia cosmogonía; y por la redistribución del territorio, de la riqueza, del poder y del derecho a la cultura (a las culturas), a compartir el espacio histórico del Estado y sus sistemas legales y de poder; la marcha indígena por los 700 kilómetros que separan al Cauca de Bogotá, es solo uno de los primeros pasos hacia el Estado Multinacional colombiano. Un estado de las culturas nacionales, reconocidas, empoderadas, constituyentes de su poder y de su historia.


jueves, 9 de abril de 2015

Reivindicamos la política, la vida y la paz. Carta a los aplausos de Vallejo

Reivindicamos la política, la vida y la paz. Carta a los aplausos de Vallejo
Son indiscutibles las razones por las que Fernando Vallejo merece ser leído y escuchado con absoluto respeto. La admiración que convocan sus obras está bien plasmada en los muchos premios que le han sido otorgados y en los corazones de las personas que esperan sus nuevas palabras para ovacionarle.
No obstante, las acostumbradas posturas de Vallejo contra todo y contra todos aparecen en el año 2015 de un modo especial por todos los cambios posibles y riesgos que reúne nuestro tiempo como interpelaciones decisivas para quienes reivindicamos la política, la vida y la paz. Los muchos aplausos que concitó, sobre todo de personas jóvenes, con lo que dijo en uno de los eventos más grandes que se han hecho en Bogotá sobre la cultura y la paz implican una discusión que tenemos que dar como generación sobre lo que somos ahora y sobre lo que seremos en el futuro.
Aplausos para Vallejo. Las palabras del autor de la celebrada novela “La virgen de los sicarios”, un título que es como un tatuaje de nuestra época, fueron un repudio a los personajes que ocupan las primeras planas de los medios de comunicación como un catálogo de asociaciones entre apellidos, crímenes e ilegitimidades. Y son un repudio a la clase política y su falta de vergüenza, y una denuncia justa de muchas cosas que sabemos y con las que nos hemos tenido que acostumbrar a vivir. Dichas por Vallejo, el respetado Vallejo, fueron además un conjuro, una cachetada efectiva como quisiéramos darle miles a miles, una que en serio les puede llegar, como no ocurre con nuestras iras anónimas.
Pero las palabras de Vallejo tienen otro alcance, aplausos. En la mirada de un país en el que todo merece ser repudiado, excepto la responsabilidad individual, porque 'yo no dañé nada', hay un abismo de indignidad en el que se cuestiona sólo la moral ajena y no hay una autocrítica que invite a construir una Colombia distinta ala que se dice repudiar. El abismo al que conduce la idea de que después de ver y reconocer el horror que ha sido nuestra historia, a través de la narrativa engañosa que se ha impuesto por la TV y por muchos libros, deberíamos repudiar a la política como causante de todos nuestros problemas, como la caja de Pandora de la que han salido todos los males de nuestra sociedad.
Más acá de las diatribas de Vallejo, no se puede esperar que algún día caigan del cielo la justicia, ni la democracia ni otras tantas cosas necesarias para lograr una Colombia mejor para los millones que requieren vivir en dignidad. No se puede esperar ninguna de estas cosas ni la “justicia para las víctimas” que reclama Vallejo si, al mismo tiempo, se permite la degradación de la política como campo e instrumento de transformaciones reales.
La razón por la que esta carta es para los aplausos más que para Vallejo es porque él no es ni el primero, ni el último ni el único que convoca los aplausos contra la política misma como una supuesta forma de salvarnos de la corrupción. Y la razón por la que esta carta es urgente es porque en este momento, en 2015, cuando se avanza en los diálogos de paz como nunca antes, estamos ante la pregunta acerca de qué vamos a hacer como generación frente a los cambios que se avecinan, tarde o temprano. Lo quiera Vallejo o no, con su repudio de la política y de la participación, la paz se vislumbra como un escenario de consolidación del poder corrupto que ha querido imponerse en nuestro territorio, sin herencia de rebeldías ni de resistencias, sin nuestras energías como posibilidad ni alternativa, ni la de hijos que no vale la pena tener.
Involucrarse, amar, meterse, participar, crear y colaborar con otros y otras para que se pueda crear y vivir dignamente, y para que se pueda soñar con otro mundo posible y se pueda hacerlo realidad a través de hechos concretos, no es ni será jamás un campo despejado de felicidad asegurada. Es cierto y duele, aplausos, que esa lista diaria de muertos y de horrores corroboran lo terrible que puede ser la política, pero el riesgo de nuestra época y que hace del discurso de Vallejo una alerta tan sonora es que por quedarnos en el esfuerzo ético de hacer visible la tragedia y denunciarla, perdamos la posibilidad de reconocer la dignidad que subyace a la mucha política que se ha hecho en Colombia y en el mundo, y a la que le debemos la mucha dignidad y esperanza que hoy guardamos en el corazón muchos jóvenes, hombres y mujeres, que reivindicamos la política. No podemos desconocer la gran lucha que ha mantenido viva la posibilidad de una solución política del conflicto, a pesar del gran negocio que ha significado para los más poderosos exterminar poblaciones enteras, negar los derechos fundamentales e imponer un modelo injusto y excluyente en nuestro país, bajo la excusa de la existencia del conflicto mismo.
La violencia se estableció tanto en Colombia que ideas expresadas por Vallejo, como la que parece reclamar que se restaure la Ley del Talión  aumentada, terminan siendo aplaudidas y alabadas. Es por eso hoy, más que nunca, es urgente la construcción de la paz con las voces de todas y todos, no como un concepto vacío sino desde nuestras acciones cotidianas.
La certeza que nos asiste radica en el rescate de la ética y de la política misma, de la política comprendida como un instrumento y campo para la felicidad y la emancipación, que son posibles cuando van de la mano de nuevas formas y prácticas éticas de la política para la humanidad y la naturaleza.
Aplausos de irreverencia y de rebeldía, de amor por los animales, de rechazo a la corrupción y las violencias es lo que requiere Colombia: la reflexión que deviene en polémica superficial es como una lectura marchita y estéril. De las mismas ganas de cambiar las cosas y desde la misma indignación está consolidándose una generación que quiere asumir los desafíos de su tiempo, que busca ser radical en la esperanza, con la memoria bien puesta en el dolor tanto como en la dignidad, que reivindica la política, la vida y la paz. Aplausos para la generación que somos y que podemos ser.

Firmamos:
José Antequera Guzmán
Fernanda Espinosa Moreno
Francisco Javier Cuadros
Donka Atanasova
Mauricio Rodríguez Amaya
Juan Ballestas
Lorena Aristizabal
Carlos Alberto Benavides
Andrés Camacho
Alhena Caicedo
David Flórez
Marcela Tovar
Omar Vera
Brayan Jiménez Rodríguez
Natalia Munevar
Camilo Álvarez
Juan Carlos Villamizar
David Villanueva
Alejandro Quiceno
Gabriel Becerra
Gabriel Delgado
María Fernanda Sarmiento Bonilla

 Siguen firmas

viernes, 20 de febrero de 2015

Las Ocho guerras


Las ocho guerras


Mauricio Rodríguez Amaya
Julio, 2028

H
ace quince años, el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo nos invitó a un evento de conmemoración de su 35 aniversario, en esta multitudinaria reunión, se dejó planteada una pregunta: ¿cómo será el país de los próximos quince años? Bueno, no teníamos como saberlo, no conocíamos la paz, por lo menos la firma de acuerdos que permitieran la superación del conflicto armado, éramos parte de la generación que no conocía un solo día sin violencia; y peor aún, no teníamos ni idea que habríamos de vivir el largo periodo de las ocho guerras.

La historia cambió, dio vuelcos incomprensibles y  vertiginosos; parimos un nuevo destino en medio de miles de incertidumbres, conflictos necesarios y aprendizajes complejos. Después de la firma de los acuerdos de paz, el país tomó un nuevo aire; las alas de los pueblos se multiplicaron y las calles se llenaron de gente para exigir cambios profundos, los colores se tomaron las calles y las calles se llenaron de protestas y las protestas estaban hinchadas de programas y los programas eran el futuro. Pero, como era de esperarse, muchos aún no comprendían los giros de la historia, y al contrario, hicieron todo cuanto estuvo en sus manos para evitar los cambios.  Así llegó esa época apasionante y dolorosa, que los historiadores contemporáneos llaman el período de las ocho guerras. Paradójicamente, la guerrilla más antigua del mundo dejaba las últimas armas, mientras cientos de personas por todo el territorio colombiano las tomaban por primera vez. Todos sabemos que el periodo de las ocho guerras fue menos largo pero mucho más intenso que la época anterior, y en cierta forma sin él, no estaríamos hoy hablando de los cambios que logramos. Primero vino la guerra de la tierra, en la que miles de campesinos saltaron sobre millones de hectáreas despobladas y dedicadas al engorde financiero; familias enteras se inmolaron para que fuera posible recuperar la pequeña propiedad campesina en el país con la mayor concentración latifundista; muchos murieron, aún en este momento no ha sido posible indicar cuantos, pero la guerra se ganó y no hubo suficientes balas ni bombas para despoblar un país que estaba siendo reconquistado y repoblado por la esperanza y la vida; pero si la guerra de la tierra fue cruenta, la guerra del agua fue más dolorosa. Empresas multinacionales eran las dueñas de las minas, el petróleo  y el agua, y fueron necesarias las más de 300 asambleas populares, las consultas abiertas, los millones de votos, para que se entendiera la necesidad de recuperar el control directo de la explotación de los recursos naturales y particularmente, el control sobre el agua. Pueblos enteros, miles de personas dejaron su vida en paréntesis, hasta no resolver el problema de la expulsión de la trasnacionales del agua y de las minas; las gentes en las plazas por más de cuatro meses en el año de las causas perdidas, lograron que el Estado reconociera la propiedad legítima sobre la tierra, el agua y los recursos naturales; fue la gente bajo las carpas, las lluvias matutinas y el inquebrantable solsticio de ese invierno, lo que lograron recuperaran el control sobre sus territorios, sus culturas sus imaginarios colectivos, sus vidas. Vino la guerra de los desocupados y las miles de manifestaciones atropelladas en las ciudades capitales; y esos desocupados se juntaron con los sindicatos y ganaron mejores condiciones para el empleo y el trabajo digno;  vimos venir la guerra del aire, y la ganamos,  y nunca tanta gente entendió como en esos meses su derecho al oxígeno limpio; y vivimos la guerra del petróleo y no se vendió un solo galón más de combustible privatizado; fuimos testigos de la guerra del indio y los territorios crecieron y volvimos a disfrutar de los sitios sagrados y se recuperaron cientos de estos lugares que habían sido avasallados por las excavadoras del carbón y los metales; sufrimos la guerra de los puertos, también conocida como la guerra negra, porque por todo el borde descomunal del pacífico, miles de hombres y mujeres de tez morena y corazones cálidos decidieron recuperar el rumbo de su propia historia. Esos días en que se pararon los puertos de pacífico,  sufrimos los avatares del desabastecimiento, pero en medio de las necesidades, todos sabíamos que era necesario aguantar, y así fue posible, volver a probar las bondades de nuestro suelo y nuestras montañas, de nuestros mares y ríos que se recuperaban vertiginosamente de la debacle próxima que produjo las guerras.

Luego vinieron esos días difíciles, cuando la represión endureció sus tácticas ad portas de la caída del régimen del Infame Monumental; soportamos con dignidad las duras circunstancias en esa breve guerra de los colores, y pudimos conocer el primer gobierno de los pueblos libres de la Colombia entera; el día de la marcha de los colores, sentíamos que nos estábamos descubriendo a nosotros mismos, que no había viaje hacia atrás y que era el momento de asumir la tarea de  inundar todas las literaturas con nuestra propia historia.
Estos quince años, desde el día en que el Colectivo nos indagó sobre el futuro, han sido la cantera de otra vida, la vida de otros pueblos, la esperanza que resurgió de las tristezas y de la muerte; han sido la vida repensándose y la tierra produciendo de nuevo alimento y amor; el agua fluye y es de todos, se puede respirar sin pagar el odioso impuesto del aire; se puede caminar por el mundo y tener el pecho henchido de orgullo por estas ocho guerras que cambiaron nuestras vidas para siempre.


lunes, 2 de febrero de 2015

No hubo acuerdo en CARGOBÁN




CARGOBAN OPTÓ POR LA ILEGALIDAD
Se agotó sin acuerdo la etapa de arreglo directo en la negociación colectiva entre CARGOBAN y Unión Portuaria, los trabajadores someterán el Pliego a un  Tribunal de Arbitramento

Apartadó, Febrero 4 – La Unión Portuaria, lamenta la decisión de la Empresa Cargoban de negarse a un arreglo directo que dé vida a una convención colectiva que proteja los derechos establecidos por la ley de los trabajadores de esta compañía. El sindicato dejó constancia de su voluntad  de negociación, de buscar fórmulas y acuerdos que fueran dándole forma a un arreglo directo.

La Unión Portuaria ratifica que no es posible que la empresa CARGOBAN, continúe contratando a los trabajadores sin garantizar el principio constitucional de estabilidad, con contratos de tres meses que no cumplen con los preceptos de ley después de la tercera prórroga. Más de 300 trabajadores llevan más de 10 años vinculados a la empresa a través de esta modalidad precaria. Tampoco es posible que CARGOBAN insista en sobreexplotar a los trabajadores imponiendo jornadas de trabajo muy superiores a las establecidas por la ley; más de 84 trabajadores se ven sometidos a jornadas de más de 90 horas en labores en fondeo, y  en embarcadero los obreros portuarios deben someterse a 16 o más horas de trabajo continuo; Cargoban no paga un solo recargo ni por tiempo suplementario, ni por dominicales, festivos, horario nocturno, tampoco reconoce el descanso obligatorio remunerado de sus trabajadores de la operación portuaria en agua y en tierra. CARGOBAN viola la normatividad colombiana abiertamente, al imponer jornadas laborales muy lejos del límite legal permitido.

El sindicato propuso fórmulas para garantizar el derecho de alimentación y las condiciones en que se consumen los alimentos de los trabajadores que laboran en agua y en tierra; sin embargo, la empresa se negó a reconocer el derecho de alimentación de los trabajadores quienes deben consumirlos sin las más mínimas condiciones de salubridad.  CARGOBAN, se niega a reconocer un salario básico para sus trabajadores, insiste en el pago al destajo, desconociendo la jurisprudencia internacional de la OIT y en contravía de las necesidades de avanzar en la formalización del trabajo en los puertos, tal como lo estableció el Plan de Acción Laboral Obama-Santos. Estabilizar los ingresos, regularizar el empleo, mejorar las condiciones de vida, seguridad e higiene en el lugar de trabajo, son obligaciones de las empresas portuarias de acuerdo con las recomendaciones y convenios internacionales OIT que regulan la actividad portuaria.

La Unión portuaria exige el respeto de las garantías sindicales de sus trabajadores afiliados en CARGOBAN, solicita a la empresa cesar definitivamente los despidos de los sindicalizados, la discriminación de que son objeto algunos trabajadores sindicalizados a quienes se les cancelan los turnos de trabajo, a fin de evitar su actividad sindical. La violación a la libertad sindical acarrea responsabilidades en materia civil y penal; no puede CARGOBAN crear una masacre laboral con el fin de destruir la presencia del sindicato Unión Portuaria. También exigimos que cese la utilización del pacto colectivo como mecanismo de limitar el derecho de asociación.

Asamblea Informativa
Sábado 7 de Febrero 2015
Turbo, Auditorio Empresa Solidaria
9:00 a.m.

Comisión Negociadora
Unión Portuaria de Colombia
¡Empleo digno, puerto en paz!

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jueves, 22 de enero de 2015

Continúan negociaciones en CARGOBAN


Continúan negociaciones en CARGOBAN

Sindicato alerta sobre los altos costos que se pueden producir para  la compañía por la inadecuada asesoría en la Mesa de Negociaciones



Apartadó- El 21 de enero de 2015, se inició la segunda ronda de conversaciones entre los representantes de la Unión Portuaria y los delegados de CARGOBAN. De nuevo, la reunión se centró en el tema del reintegro de los trabajadores que han sido despedidos desde el momento de la presentación del pliego. Desde que la Unión Portuaria presentó su Pliego en noviembre de 2014, la empresa ha decidido no renovar el contrato a 28 sindicalistas, de los cuales ha recontratado a quienes se sometieron a la obligación de renunciar a su afiliación sindical. Sin duda, CARGOBAN adelanta una asidua persecución sindical, para evitar el éxito de los reclamos de los trabajadores. Pero contrario a las pretensiones de esta compañía, los trabajadores seguimos unidos, impulsando la negociación colectiva, recibiendo día a día nuevas afiliaciones y preparándonos para enfrentar el eventual fracaso de la etapa de arreglo directo.

Ya estamos viendo algunos cambios que son producto de la negociación y de los reclamos sindicales; durante la última semana, CARGOBAN ha empezado a ofrecer refrigerios a los trabajadores que hacen el sellado en UNIBAN, a quienes nunca antes se les había reconocido con alimentos el esfuerzo de más de 18 horas diarias de trabajo sin descanso. En pocos días, CARGOBAN deberá implementar jornadas de trabajo legales, gracias a la presión de la Unión Portuaria y a las exigencias del Ministerio del Trabajo para que esta empresa supere el estado de ilegalidad en que se desarrollan los turnos de trabajo.

Falta mucho por ganar, CARGOBAN es una compañía que durante años ha logrado mantener intacto su esquema ilegal de contratación. Pero gracias a la acción colectiva de los trabajadores, lograremos tener por fin contratos a término indefinido, estabilidad laboral, salario decente, jornadas de trabajo dignas, descansos remunerados, recargos nocturnos, pagos de dominicales y festivos, vacaciones, entre otras cosas establecidas por la ley que jamás se han visto en CARGOBAN.

No deja de preocuparnos la actitud de los asesores de CARGOBAN en la mesa de negociaciones, quienes se han puesto una venda en los ojos para no ver las ilegalidades  en que operan las relaciones laborales en esta empresa. No quieren escuchar razón alguna a pesar de tener conciencia sobre los altos costos económicos que pueden producirse para la compañía ante las ilegalidades en que funciona su esquema laboral. Por esta razón, el Sindicato buscará en los próximos días una reunión directa con los dueños y socios directivos de CARGOBAN y UNIBAN, para plantearles la gravedad de la actual modalidad ilegal de contratación.  

CONVOCATORIA
ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DE TRABAJADORES PORTUARIOS
Domingo 25 de enero de 2015
9:00 A.M.
Turbo, (auditorio empresa solidaria)

Comisión Negociadora
Unión Portuaria de Colombia


¡Empleo digno, puerto en Paz!

miércoles, 14 de enero de 2015

Inició negociación de Pliego entre CARGOBAN Y LA UNIÓN PORTUARIA

SE INICIÓ ETAPA DE ARREGLO DIRECTO ENTRE
CARGOBAN Y UNIÓN PORTUARIA


E
l 14 de enero de 2015 se inició la etapa de arreglo directo de la negociación del Pliego de Peticiones presentado por la organización sindical Unión Portuaria a la Empresa CARGOBAN. El pliego fue presentado el 25 de noviembre, pero debido a varias tácticas dilatorias de la empresa para impedir la negociación, solo hasta hoy fue posible arrancar la discusión del pliego de peticiones. Sin embargo, esta negociación se inicia en un ambiente hostil contra los trabajadores, pues desde la presentación del pliego, CARGOBAN ha despedido más de 16 obreros y ha ejercido presiones indebidas contra los sindicalizados, para obligarlos a renunciar al sindicato; la Unión Portuaria ha manifestado abiertamente su rechazo a las medidas represivas contra los trabajadores adelantadas por CARGOBAN, rechaza las agresiones y amenazas contra los líderes sindicales y exige el reintegro inmediato de los despedidos.

En las próximas jornadas se abordarán prioritariamente el reintegro de los despedidos, la cesación de los hostigamientos y los contenidos del pliego de peticiones, donde se resaltan como principales aspectos: estabilidad laboral, contratación directa de los trabajadores de CARGOBAN con contratos laborales a término indefinido; establecimiento de jornada laboral, salarios justos, recargos y nivelación salarial, respeto al debido proceso en cuestiones disciplinarias, subsidios de alimentación, transporte, uniformes y calzado, entre otros aspectos relevantes para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores. Para la Unión Portuaria, es un principio que el mejoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores, la estabilidad laboral, el respeto a las jornadas y horarios de trabajo, redunda directamente en empresas más productivas para la región y el País. Llamamos a los trabajadores a sindicalizarse a la Unión Portuaria, porque la unión hace la fuerza, y los convocamos a estar atentos a los avances de este proceso de negociación.

Apartadó, Urabá; Enero 14 de 2014
Unión Portuaria

Subdirectiva Turbo