martes, 8 de septiembre de 2026

La retórica de Abelardo y la lengua del tercer Reich

 

 

Fuente: https://laud.udistrital.edu.co/

La retórica de Abelardo y la lengua del tercer Reich

 

Mauricio Rodríguez Amaya

@mao_rodriguez1

 

En pocas semanas hemos vivido varios episodios que no constituyen simple coincidencia sino una articulada estrategia de crear un nuevo discurso, un lenguaje que se ajuste al nuevo modelo totalitario; negación y creación, son las dos funciones fundamentales de este discurso, tal cual como lo hizo el nazismo del tercer Reich en Europa, a partir de 1933. Ya Víctor Klemperer, desnudó la estructura retórica y argumental con la cual, el nazismo construyó su hegemonía sobre Europa.  Pareciera que esta práctica se intenta reeditar como milagro contemporáneo en Colombia.

No hablar de campesinos, no mencionar la reforma agraria, no mencionar la palabra niñas; son solo algunas de las nuevas decisiones lingüísticas, que, aunque se presentan por separado, responden a un nuevo patrón totalitario: Negar el lenguaje que genera derechos y que define subjetividades.

La alusión a cristo Rey, la imposición de la metáfora del heroísmo, la figura poderosa del dinero y la vuelta al espectáculo de la muerte. Se trata de imponer otras fuerzas simbólicas y lingüísticas que generen identidad, cohesión social y poder. No dirigen el Estado, lo amedrantan. Se crean nuevas icónicas del discurso institucional, literal y simbólico: la exacerbación de la presencia religiosa, la idea de la voluntad divina como generadora del poder de quienes gobiernan, la defensa de una fe única e incuestionable, como en las épocas medievales de la santa inquisición. La muerte como respuesta y el espectáculo de la victoria sobre los cadáveres, muestran una segunda característica del nuevo patrón totalitario: crear un lenguaje basado en la omnipotencia de dios como legitimador funcional de la acción totalitaria y violenta.


El campesino y la campesina no pueden ser borrados del leguaje institucional, por más que así lo promuevan desde el estado-púlpito, porque es una obligación legal y constitucional su reconocimiento. De acuerdo con el Art. 64 de la Constitución Política, el campesinado es sujeto de derechos y de especial protección, tiene un particular relacionamiento con la tierra basado en la producción de alimentos en garantía de la soberanía alimentaria, sus formas de territorialidad campesina, condiciones geográficas, demográficas, organizativas y culturales que lo distingue de otros grupos sociales.

El Estado reconoce la dimensión económica, social, cultural, política y ambiental del campesinado, así como aquellas que le sean reconocidas y velará por la protección, respeto y garantía de sus derechos individuales y colectivos, con el objetivo de lograr la igualdad material desde un enfoque de género, etario y territorial, el acceso a bienes y derechos como, la educación de calidad con pertinencia, la vivienda, la salud, los servicios públicos domiciliarios, vías terciarias, la tierra, el territorio, un ambiente sano, el acceso e intercambio de semillas, los recursos naturales y la diversidad biológica, el agua, la participación reforzada, la conectividad digital, la mejora de la infraestructura rural, la extensión agropecuaria y empresarial, asistencia técnica y tecnológica para generar valor agregado y medios de comercialización para sus productos. 

Además de constituir una categoría de rango constitucional, el campesinado se ha construido como un sujeto colectivo en la historia de la humanidad. El campesinado es una fuerza potente de la historiografía latinoamericana, de la ciencia política y de la sociología. No es un capricho lingüístico: es una realidad socialmente existente que como tal, requiere respuestas de políticas públicas ante sus dinámicas y problemáticas. Negarlos, es negar a cerca del 30% de la población colombiana. Negar al campesinado es nada más y nada menos que la negación de nuestra historia desde sus capítulos inaugurales. Sus luchas, sus aportes a la construcción de la nación y su capacidad individual y colectiva para conquistar derechos y garantías para su pervivencia. Pero además, en términos de gestión pública, implica negar un trazador presupuestal creado por la constitución política; es decir, un indicador de cumplimiento de metas que trasversaliza toda la gestión de las entidades de Gobierno. Quien niega al campesinado es la entidad encargada de impulsar las políticas hacia el campesinado, lo cual reviste una mayor gravedad, porque muestra que en esencia, durante este gobierno, no se cumplirán las obligaciones constitucionales de reconocimiento del campesinado y la creación de políticas para fomentar la apropiación individual y colectiva de la tierra, la producción alimentaria, la asistencia técnica, los derechos del trabajo, el acceso a la educación y a la ciencia y los demás derechos individuales y colectivos. Negación del sujeto es negación del derecho, esta es una formula implícita en el lenguaje totalitario. Ahora bien, hay un complejo empresarial de la tierra en Colombia, terratenientes, empresas extractivistas, promotores del monocultivo, hacendados de tierras de engorde; estos sí empresarios del campo, no campesinos. Lo que indica el discurso del Gobierno es que los recursos irán al beneficio de estos empresarios y sus empresas, así como ya pasó en el pasado reciente de Agroingreso Seguro. Por eso el cambio del lenguaje no es simple cuestión retórica, es una necesidad implícita en la decisión de que los recursos del Gobierno, lleguen de nuevo a los más poderosos y no al campesino y sus familias.


Lo mismo sucede con la negación de la palabra niñas en el lenguaje institucional de la entidad encargada de la protección, de las niñas, los niños y adolescentes. El Código de Infancia y adolescencia vigente (ley 1098 de 2006) ya había saldado está discusión sobre el reconocimiento de las niñas en el ordenamiento jurídico colombiano, y por eso estableció tres categorías como sujetos de especial protección especial del Estado: niños, niñas y adolescentes. por su parte, el acuerdo de paz incluyó en la constitución colombiana un conjunto de normas para la terminación del conflicto armado y la construcción de una paz estable y duradera; entre estas normas, creó el Sistema Integral De Verdad, Justicia, Reparación Y No Repetición (SIVJRNR). Este sistema integral tiene un enfoque territorial, diferencial y de género, que corresponde a las características particulares de la victimización en cada territorio y cada población y en especial a la protección y atención prioritaria de las mujeres y de los niños y niñas víctimas del conflicto armado. Este enfoque de género y diferencial debe aplicarse a todas las fases y procedimientos del Sistema, en especial respecto a todas las mujeres que han padecido o participado en el conflicto. Así que la negación de las niñas del leguaje institucional es una afrenta a la constitución y a más de 4,5 millones de colombianas menores de 12 años, que constituyen el 48% de la población infantil del país.


No se trata solo de negar, sino de crear una retórica convincente de puritanismo medieval teocrático que justifique todo el accionar. Las fotos ante los muertos, la alusión a Cristo Rey, el repetido matoneo contra personas, ideas y exfuncionarios, como si se tratara de destripar el pasado para imponer una anti historia diseñada a la medida de sus propios versículos, al estilo de los regímenes más autoritarios. Este lenguaje del tercer reich, al tiempo que condena sin pruebas y sin proceso, destripa personas, proyectos y procesos comunitarios; intenta imponer una hegemonía comunicacional hipócrita. Hablan de recortes y de ahorro, pero su práctica habla de presunción del derroche y del lujo; prima  la auto adulación y el aplauso cerrado entre los mismos, mientras persiguen para aniquilar a quienes consideran sus enemigos. Crecen las amenazas a líderes sociales, mientras se eleva la retórica antiterrorista en sus discursos apocalípticos y mesiánicos.

Nada hay nuevo en su estrategia totalitaria, ni la retórica excremental, ni el reeditado aniquilamiento verbal de los antecesores. Solo son réplicas del autoritarismo y del capricho. Pero es clave advertir que, de estas prácticas iniciales, a la violencia física, hay solo un paso. El matoneo, el destripamiento moral es solo la antesala de la persecución violenta, del campesino sin tierra, de las niñas sin derechos, de los condenados sin fórmula de juicio. La etapa que viene, será difícil, sobre todo para quienes han defendido la reforma agraria, los derechos de las poblaciones más vulnerables. Otra vez, será la fuerza popular y la memoria colectiva, la que sea capaz de parar esta narrativa del exterminio, que evoca al cristo rey mientras promueve la expiación de quienes ellos mismos han definido como condenados.


jueves, 3 de septiembre de 2026

La Huella de Petro y los retos del movimiento popular

 


Un balance con perspectiva

La Huella de Petro y los retos del movimiento popular

 

Mauricio Rodríguez Amaya

@mao_rodriguez1

Septiembre 3, 2026


El Gobierno del Presidente Gustavo Petro, dejó huellas indisolubles en materia de política social en Colombia, la reducción de la pobreza y la desigualdad, el mejoramiento de las condiciones y derechos del trabajo, la gestión centrada en los territorios y el fomento de las economías para la vida, son algunos de los legados fundamentales del Gobierno del Cambio. Muchos caminos quedaron por recorrer o a mitad de la marcha; pero, aun así, la política social implementada en estos cuatro años no tiene precedentes en el siglo XXI. Por eso será imborrable.

A pesar de los esfuerzos de la ultraderecha que ha retomado el gobierno nacional, por borrar de un tajo los avances de la política social del Gobierno de Petro, los resultados logrados podrán sostenerse en el tiempo, sobre todo si la población colombiana está dispuesta a defender conquistas claves, sobre todo en materia de reforma agraria, trabajo y fomento asociativo. Aun así, la batalla no será fácil. La agenda del nuevo gobierno se orienta hacia los escenarios ya conocidos: incrementar la violencia en los territorios, recortar derechos sociales, aumentar el endeudamiento externo y recortar el gasto público que se dirige a los más pobres. Así que la disputa de los próximos años será por defender las conquistas alcanzadas y sobre todo, recuperar el espacio perdido en varias regiones y ciudades para las fuerzas progresistas que puedan retomar la agenda de cambios que ya se inauguró en el Gobierno Petro.

Algunos datos que ilustran esta postura:

1.    Pobreza Monetaria Extrema: Durante el Gobierno del presidente Petro redujimos la pobreza monetaria extrema del 13,8% al 9,6%. Esto significa que cerca de 2 millones de personas salieron de esa condición y hoy tienen mejores oportunidades y condiciones de vida.

 

2.    Pobreza Monetaria: Cerca de 3,9 millones de colombianos salieron de la pobreza monetaria durante el cuatrienio. Lo logramos combinando las transferencias monetarias con el apoyo a la productividad en las ciudades y en el campo para millones de personas y sus familas.

 


3.    Transferencias Monetarias: Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, más de 4,5 millones de hogares recibieron transferencias monetarias. El 71 % de los beneficiarios fueron mujeres cabeza de hogar, quienes llevaron alimento a sus familias y brindaron mejores oportunidades a sus hijos e hijas, muchos de ellos menores de seis años o en condición de discapacidad.

 

3.1.        Colombia Mayor: Entre 2025 y 2026, llevamos dignidad a más de 3 millones de adultos mayores. En 2022 el programa beneficiaba a cerca de 1,7 millones de personas con un incentivo de 80.000 pesos. Hoy son 3 millones de beneficiarios que reciben un apoyo de hasta 230.000 pesos para alimentación, vivienda y bienestar. Los adultos mayores de Colombia hoy viven con mayor dignidad.

 


3.2.        Renta Ciudadana: En el gobierno del presidente Gustavo Petro, más de 3 millones de hogares recibieron el apoyo de Renta Ciudadana. Este programa entrega transferencias de hasta 500.000 pesos de manera bimestral a los hogares más pobres, priorizando mujeres cabeza de hogar con niños menores de seis años o personas con discapacidad. Gracias a estos recursos, miles de familias mejoraron sus ingresos y recuperaron la esperanza.

 

3.3.         Renta Joven: Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, más de 370.000 estudiantes de educación superior recibieron el apoyo de Renta Joven. Este programa permitió que miles de jóvenes de los hogares más vulnerables permanecieran en la universidad y continuaran construyendo su proyecto de vida. Así fortalecimos la educación pública y ampliamos las oportunidades para la juventud colombiana.

 


4.    Fomento Asociativo y fortalecimiento de las Economías para la Vida. En el gobierno del presidente Gustavo Petro, la economías popular, solidaria y comunitaria, jugó un rol decisivo en la transformación de las condiciones económicas y sociales en todos los departamentos del país. Apoyamos más de 44,000 unidades productivas, asociativas e individuales con un presupuesto cercano a los 450,000 millones de pesos. Solo en este año, realizamos 70 encuentros populares de economías para la vida, que llevaron unidades productivas de más de 300 municipios de Colombia. Esta política fortaleció la productividad territorial, pero sobre todo la asociatividad solidaria como clave del cambio. Mas de un millón de personas ingresaron a sistemas asociativos de base, al tiempo que se crearon más de 60 procesos de integración de organizaciones, entre mesas, comités, federaciones y confederaciones, entre otras diversas formas de la asociatividad en Colombia. Creamos la Alianza Nacional de Economías para la Vida, que articula a la mayoría de estas organizaciones de integración, para crear un espacio organizativo nacional que las integre y las fomente.

 


5.    Promoción de la Soberanía Alimentaria: En el gobierno del presidente Petro redujimos la inseguridad alimentaria en Colombia. Más de 770,000 familias salieron de esta condición. Con el programa Alimentos para la vida, junto al Ministerio de Agricultura, llevamos más de 8,000 toneladas de papa a familias vulnerables, en condición de pobreza y pobreza extrema. También logramos llevar más de 4 millones de huevos en canastas a las familias más pobres de Colombia. Impulsamos la producción agraria, rural y la pequeña producción familiar de alimentos. Iniciamos la senda del asistencialismo alimentario a la producción, transformación y comercialización de alimentos a través de la integración de los esfuerzos de miles de familias y comunidades. Más de 500 mil familias hicieron parte de la política de soberanía alimentaria.

 

6.    Reforma Agraria: El Gobierno del Presidente Petro impulsó la más intensa reforma agraria en Colombia; una deuda por más de 150 años con todo el campesinado del país. Se entregaron más de 700 mil hectáreas y se formalizaron más de 2,5 millones de hectarias al campesinado. La revolución agraria contó con apoyo técnico, maquinaria y estimulo asociativo para la producción de alimentos, lo cual tuvo un impacto muy positivo en los precios de los alimentos y el mejoramiento de las condiciones de vida de más de 6 millones de familias campesinas y rurales. Se crearon  más de 200 comités de defensa de la Revolución por la Vida en todos los territorios del país, y se consolidaron redes de productores y organizaciones de comercialización agroalimentaria en todo el país.

7.    Infraestructura Social para el cambio: En el gobierno del presidente Gustavo Petro desarrollamos proyectos de infraestructura social y comunitaria para mejorar la vida de las comunidades. Más de 1,9 billones de pesos invertidos en más de 700 proyectos de infraestructura social que incluyen placa huellas, vías campesinas, mercados, plazas, puntos de abastecimiento solidario, permitieron mejorar la vida de más de 300 municipios de Colombia. 

 

7.1.        Puntos de Abastecimiento Solidario – PAS: Durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, construimos 109 Puntos de Abastecimiento Solidario. Estas obras fortalecen la soberanía alimentaria, impulsan la producción campesina y facilitan la comercialización directa de los alimentos. Con una inversión cercana a 500.000 millones de pesos, fortalecimos al campesinado colombiano.




Se requiere un balance integral del conjunto del Gobierno, para visibilizar el conjunto de resultados en política social, producción, desarrollo territorial y fomento de la asociatividad solidaria. Pero estos datos iniciales permiten mostrar una ruta inaugural de la gestión de un gobierno que centró sus esfuerzos en los sectores pobres y la clase media. Y digo inaugurales, porque este punto de partida, servirá de experiencia para consolidar hacia los próximos años la agenda de acción colectiva en ciudades y zonas rurales por todo el país.

Corresponde ahora a los pueblos, a sus organizaciones, sus comunidades y sus familias, avanzar en las conquistas sociales que por años hemos reclamado en las calles y por primera vez, pudimos materializar, al menos un gran número, en el primer gobierno popular de la historia de Colombia, solo comparado al gobierno popular del General Melo en el Siglo XIX, en los años fundacionales de la república que hoy somos. Las reformas de Petro, no le pertenecen a un grupo de funcionarios, sino a millones de colombianos y colombianas que las hicieron realidad en todos los territorios del país. Las fuerzas más oscuras y destructivas de la nación al tomado un breve impulso alcanzando el nuevo gobierno, pero será la fuerza popular el catalizador detonante de la defensa de los cambios y la agenda que sigue. La huella de Petro se hará imborrable, porque hay pueblo para resistir la etapa que sigue.